El biólogo y divulgador presenta en el Konex un ciclo de cinco encuentros en el que, junto al doctor en neurociencias Mariano Sigman, buscará ayudarnos a comprender el funcionamiento del cerebro. Lo cual es, en definitiva, conocernos más a nosotros mismos.
Por Pablo Wittner.
¿Qué te impulsó a divulgar todo ese conocimiento que se encerraba en libros polvorientos y círculos intelectuales?
La ciencia es una manera de mirar el mundo, seguramente el mayor invento de la humanidad. Pero de ninguna manera debe ser privativa de los científicos profesionales: nadie debe estar ajeno al asombro y la maravilla que significan comprender un poquito más del universo, o robarle secretos a la naturaleza. Por otro lado, no todos hacemos lo que se llama “ciencia aplicada”: no necesariamente inventamos vacunas o diseñamos nuevos materiales. Una forma de aplicar nuestro conocimiento en la sociedad es también compartirlo, contarlo con la misma pasión que tenemos en generarlo. Está bien: los detalles de una disciplina son siempre muy complicados de compartir, pero las preguntas principales, la zanahoria que nos hace ir felices al laboratorio todos los días, sí pueden y deben comunicarse de la manera más amplia.
¿Divulgador se nace o se hace?
¡Las dos cosas! Hay gente que tiene cierta facilidad para contar la ciencia de manera amena y, aun así, rigurosa, pero sin la formación o la experiencia adecuadas, tanto científica como comunicacional, es difícil llegar a buen puerto.
Sin embargo, son pocos los científicos que realizan tareas de comunicación pública…
Es cierto. Por un lado, nuestros próceres de la ciencia lo consideraban una pérdida de tiempo, y su influencia todavía es una sombra importante sobre nuestras tareas. Además, tradicionalmente no se nos evaluaba por este tipo de tareas, por lo que muchos consideraban que no valía la pena hacerlo. Afortunadamente hoy esto está cambiando. Por un lado, los científicos más jóvenes están considerando que contar lo que se hace es parte de la tarea y, además, en nuestros informes podemos mencionar tareas de divulgación; obvio que nadie pretende obtener un puntaje importante por esto, ya que nuestro rol principal es investigar, formar estudiantes, hacer avanzar el conocimiento, pero ya es un logro poder rendir cuentas de la comunicación pública de la ciencia.
¿Qué tiene de interesante para la “gente común” la neurociencia?
La neurociencia estudia el funcionamiento del sistema nervioso, y eso incluye todo, todísimo: nuestro estado de ánimo, la memoria, la percepción, el movimiento, la conciencia… en definitiva, todo lo que nos hace ser “nosotros”. Entender al cerebro humano es, en cierta forma, entendernos a nosotros mismos, lo cual es decididamente fascinante, aun cuando nos descubramos ciertas fallas o límites.
¿Cómo va a ser este ciclo?
Daremos 5 clases con un pantallazo de lo que está sucediendo en la neurociencia, especialmente en sus aspectos cognitivos, aquellos relacionados con pensar y conocer el mundo. Obviamente vamos a comenzar por una introducción general al mundo del cerebro y de las neuronas, para luego volcarnos más hacia cuestiones específicas como la percepción, el sueño, la toma de decisiones y la conciencia. Queremos que sean charlas participativas, con ejemplos cotidianos, con muchos experimentos -algunos contados y otros realizados en vivo con el público-, además de remitirnos a referencias de otras disciplinas, incluyendo fuentes artísticas como literatura, cine o música. La neurociencia -o la ciencia en general- es una aventura fascinante, en la que caben el asombro, la diversión y la interpretación del mundo, pero siempre a partir de la experimentación científica. Comprender los alcances de un experimento es seguramente uno de los descubrimientos más fascinantes que nos puede ocurrir. Ese momentito en que descubrimos un secreto y por ese instante pasa a ser sólo nuestro es algo muy parecido a la felicidad, y queremos compartir esos momentos con los participantes.
Vamos a hablar de ciencia, sí, con todo el rigor que eso merece, pero aprovechando al máximo los recursos de la comunicación. En divulgación científica, como en la revolución, hay que endurecerse pero sin perder la ternura jamás.
Si se animan a hacer salas de casi 700 personas hablando de ciencia es porque algo cambió en el mundo, ¿no? ¿Qué se siente formar parte de un mundo en el que eso sucede, y encima ser protagonista?
Es algo realmente maravilloso. Nos estamos animando a contar la ciencia de otra manera, seria pero no solemne, y a aprovechar al máximo los recursos que nos brindan los diferentes formatos. Los últimos años han visto una especie de boom de la comunicación pública de la ciencia en nuestro país, gracias a los periodistas científicos profesionales, los divulgadores, los científicos que se animaron a dar “el mal paso”, y también a espacios novedosos: los canales públicos de televisión como Encuentro y TecTV, ferias de una magnitud y calidad absolutamente inéditas en nuestro medio como Tecnópolis, programas de radio, colecciones de libros particularmente exitosas… y el Konex.
¿Cómo ser interesante a la hora de contar algo que siempre pareció aburrido?
Uno de los trucos es tratar de apelar, siempre que se pueda, a situaciones de la vida cotidiana, algo con lo cual el público pueda sentirse identificado, y relacionarlo con alguna temática científica específica. Por supuesto que los recursos que se pongan en juego –el humor, la ficción– ayudan. El problema ocurre cuando queremos ir con la antorcha del conocimiento a evangelizar infieles: del otro lado no hay nadie… Nadie quiere ser evangelizado, ni con la antorcha del conocimiento ni con ninguna otra. En mi experiencia siempre es preferible meter ciencia de contrabando, suavemente, donde no se la espera.
Del Cerebro: Recuerdos, sueños y emociones
Martes 15, 22, 29 de septiembre a las 20 hs.
Martes 6 y 13 de octubre a las 20hs.
Abono para el curso completo: $600
Entradas para cada clase: $150
http://www.ticketek.com.ar/del-cerebro-recuerdos-suenos-y-emociones/ciudad-cultural-konex
Por Pablo Wittner.
¿Qué te impulsó a divulgar todo ese conocimiento que se encerraba en libros polvorientos y círculos intelectuales?
La ciencia es una manera de mirar el mundo, seguramente el mayor invento de la humanidad. Pero de ninguna manera debe ser privativa de los científicos profesionales: nadie debe estar ajeno al asombro y la maravilla que significan comprender un poquito más del universo, o robarle secretos a la naturaleza. Por otro lado, no todos hacemos lo que se llama “ciencia aplicada”: no necesariamente inventamos vacunas o diseñamos nuevos materiales. Una forma de aplicar nuestro conocimiento en la sociedad es también compartirlo, contarlo con la misma pasión que tenemos en generarlo. Está bien: los detalles de una disciplina son siempre muy complicados de compartir, pero las preguntas principales, la zanahoria que nos hace ir felices al laboratorio todos los días, sí pueden y deben comunicarse de la manera más amplia.
¿Divulgador se nace o se hace?
¡Las dos cosas! Hay gente que tiene cierta facilidad para contar la ciencia de manera amena y, aun así, rigurosa, pero sin la formación o la experiencia adecuadas, tanto científica como comunicacional, es difícil llegar a buen puerto.
Sin embargo, son pocos los científicos que realizan tareas de comunicación pública…
Es cierto. Por un lado, nuestros próceres de la ciencia lo consideraban una pérdida de tiempo, y su influencia todavía es una sombra importante sobre nuestras tareas. Además, tradicionalmente no se nos evaluaba por este tipo de tareas, por lo que muchos consideraban que no valía la pena hacerlo. Afortunadamente hoy esto está cambiando. Por un lado, los científicos más jóvenes están considerando que contar lo que se hace es parte de la tarea y, además, en nuestros informes podemos mencionar tareas de divulgación; obvio que nadie pretende obtener un puntaje importante por esto, ya que nuestro rol principal es investigar, formar estudiantes, hacer avanzar el conocimiento, pero ya es un logro poder rendir cuentas de la comunicación pública de la ciencia.
¿Qué tiene de interesante para la “gente común” la neurociencia?
La neurociencia estudia el funcionamiento del sistema nervioso, y eso incluye todo, todísimo: nuestro estado de ánimo, la memoria, la percepción, el movimiento, la conciencia… en definitiva, todo lo que nos hace ser “nosotros”. Entender al cerebro humano es, en cierta forma, entendernos a nosotros mismos, lo cual es decididamente fascinante, aun cuando nos descubramos ciertas fallas o límites.
¿Cómo va a ser este ciclo?
Daremos 5 clases con un pantallazo de lo que está sucediendo en la neurociencia, especialmente en sus aspectos cognitivos, aquellos relacionados con pensar y conocer el mundo. Obviamente vamos a comenzar por una introducción general al mundo del cerebro y de las neuronas, para luego volcarnos más hacia cuestiones específicas como la percepción, el sueño, la toma de decisiones y la conciencia. Queremos que sean charlas participativas, con ejemplos cotidianos, con muchos experimentos -algunos contados y otros realizados en vivo con el público-, además de remitirnos a referencias de otras disciplinas, incluyendo fuentes artísticas como literatura, cine o música. La neurociencia -o la ciencia en general- es una aventura fascinante, en la que caben el asombro, la diversión y la interpretación del mundo, pero siempre a partir de la experimentación científica. Comprender los alcances de un experimento es seguramente uno de los descubrimientos más fascinantes que nos puede ocurrir. Ese momentito en que descubrimos un secreto y por ese instante pasa a ser sólo nuestro es algo muy parecido a la felicidad, y queremos compartir esos momentos con los participantes.
Vamos a hablar de ciencia, sí, con todo el rigor que eso merece, pero aprovechando al máximo los recursos de la comunicación. En divulgación científica, como en la revolución, hay que endurecerse pero sin perder la ternura jamás.
Si se animan a hacer salas de casi 700 personas hablando de ciencia es porque algo cambió en el mundo, ¿no? ¿Qué se siente formar parte de un mundo en el que eso sucede, y encima ser protagonista?
Es algo realmente maravilloso. Nos estamos animando a contar la ciencia de otra manera, seria pero no solemne, y a aprovechar al máximo los recursos que nos brindan los diferentes formatos. Los últimos años han visto una especie de boom de la comunicación pública de la ciencia en nuestro país, gracias a los periodistas científicos profesionales, los divulgadores, los científicos que se animaron a dar “el mal paso”, y también a espacios novedosos: los canales públicos de televisión como Encuentro y TecTV, ferias de una magnitud y calidad absolutamente inéditas en nuestro medio como Tecnópolis, programas de radio, colecciones de libros particularmente exitosas… y el Konex.
¿Cómo ser interesante a la hora de contar algo que siempre pareció aburrido?
Uno de los trucos es tratar de apelar, siempre que se pueda, a situaciones de la vida cotidiana, algo con lo cual el público pueda sentirse identificado, y relacionarlo con alguna temática científica específica. Por supuesto que los recursos que se pongan en juego –el humor, la ficción– ayudan. El problema ocurre cuando queremos ir con la antorcha del conocimiento a evangelizar infieles: del otro lado no hay nadie… Nadie quiere ser evangelizado, ni con la antorcha del conocimiento ni con ninguna otra. En mi experiencia siempre es preferible meter ciencia de contrabando, suavemente, donde no se la espera.
Del Cerebro: Recuerdos, sueños y emociones
Martes 15, 22, 29 de septiembre a las 20 hs.
Martes 6 y 13 de octubre a las 20hs.
Abono para el curso completo: $600
Entradas para cada clase: $150
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