"Dios es rico en Misericordia"
( Epistula Santi Pauli ad Ephesios Cap.2 Ver.4 )
INTRODUCCION
Divina Misericordia , es como actualmente se le conoce a la devocion iniciada por las revelaciones de Jesus a Santa Faustina Kowalska , que conciste en reavivar la devocion a la Misericordia Divina , esto aunque es tan antiguo desde la caida del hombre ( el pecado original ) , pasando por las paginas de la Sagrada Escritura . Por ahora solo nos fijaremos en alfgunos casos tanto del Antiguo y Nuevo testamento , concluyendo con la actual devocion .
El Antiguo Testamento
El concepto de « misericordia » tiene en el Antiguo Testamento una larga y rica historia ( como ya se dijo anteriormente " tan antiguo desde la caida del hombre " ) . Efectivamente, Israel fue el pueblo de la alianza con Dios, alianza que rompió muchas veces. Cuando a su vez adquiría conciencia de la propia infidelidad —y a lo largo de la historia de Israel no faltan profetas y hombres que despiertan tal conciencia— se apelaba a la misericordia. A este respecto los Libros del Antiguo Testamento nos ofrecen muchísimos testimonios. Entre los hechos y textos de mayor relieve se pueden recordar:
El comienzo de la historia de los Jueces
" Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos de Yavé. Se olvidaron de Yavé su Dios y sirvieron a los Baales y a los Aserás. Entonces estalló contra Israel la cólera de Yavé. Los dejó caer en las manos de Cusán-Riseataim, rey de Edom, y los israelitas estuvieron sometidos a Cusán-Riseataim por ocho años. Los israelitas clamaron a Yavé , y Yavé hizo que surgiera para ellos un salvador que los libró: fue Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb." ( Jueces 3: 7-9 )
La oración de Salomón al inaugurar el Templo :
" Salomón estaba de pie delante del altar de Yavé, frente a toda la comunidad de Israel . Levantó entonces sus manos al cielo, y dijo: “¡Yavé, Dios de Israel ! Ningún dios arriba en los cielos, abajo en la tierra es semejante a ti, porque tú respetas tu Alianza y tu fidelidad para con tus servidores cuando caminan delante de ti con todo su corazón. Mantuviste la promesa que habías hecho a tu servidor David, mi padre, y hoy has llevado a cabo por ti mismo lo que habías prometido. Ahora Yavé, Dios de Israel , mantén la promesa que hiciste a tu servidor David, mi padre: Si tus hijos velan por su conducta, si caminan delante mío como tú has caminado ante mí, entonces nunca te faltará un descendiente que se siente delante de mí en el trono de Israel . Ahora, Dios de Israel , que se cumpla esa promesa que hiciste a tu servidor David mi padre. ¿Podría Dios en realidad habitar en la tierra? ¡Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, cuánto menos lo podrá esta Casa que he construido! Sin embargo, Yavé mi Dios, pon atención a la oración y a la súplica de tu servidor, escucha el grito alegre y la oración que tu servidor hace hoy ante ti. Que tus ojos estén abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre este lugar del cual has dicho: Allí habitará mi Nombre. Escucha la oración que hará tu servidor en este lugar. Escucha la súplica de tu servidor y de tu pueblo Israel cuando vengan a orar a este lugar. Escúchala desde lo alto del cielo, del lugar donde tú habitas, escucha y perdona. Si alguien peca contra su hermano y éste lo obliga a hacer un juramento solemne, cuando aquél venga a hacer ese juramento en tu Casa delante de tu altar, escúchalo desde lo alto del cielo e intervén. Juzga a tus servidores, condena al culpable y haz recaer sobre su cabeza su falta, pero haz justicia al inocente proclamando su inocencia. Cuanto tu pueblo Israel haya pecado contra ti y sea aplastado por sus enemigos, si se vuelve a ti y da gloria a tu Nombre, cuando te dirija su oración y su súplica en esta Casa, escúchalo desde lo alto del cielo. Perdona el pecado de tu pueblo Israel y devuélvelo al país que diste a sus padres. Cuando tu pueblo haya pecado contra ti y se cierre el cielo y no haya más lluvia, si viene a este lugar a orar y a rendir gloria a tu Nombre, si renuncia al pecado por el que lo humillaste, escúchalo desde lo alto del cielo y perdona el pecado de tus servidores y de tu pueblo Israel . Tú le indicarás el buen camino por donde deben caminar, tú harás caer la lluvia sobre la tierra que diste como herencia a tu pueblo. Cuando haya en el país una hambruna, una peste, una plaga en el trigo, langostas, saltamontes, cuando el enemigo ponga sitio a una de sus ciudades, o también cuando haya una catástrofe o una enfermedad, si un hombre, si Israel tu pueblo viene a orarte y a suplicarte, si reconoce su falta desde el fondo de su corazón y extiende sus manos hacia esta Casa, entonces tú desde lo alto de los cielos donde habitas, escucha y perdona. Tú conoces su corazón, pues tú y nadie más que tú conoce el corazón de todos los hombres: premia a cada uno según sus obras. De esta manera, a lo largo de su vida te temerán en este país que diste a sus padres. Cuando un extranjero que no es de tu pueblo Israel , pero que venga de un país lejano debido a tu Nombre, porque oyó hablar de tu gran Nombre, de tu mano poderosa y de los grandes golpes que propinas— si viene a orar en esta Casa, escúchalo desde lo alto del cielo donde habitas, y acoge la solicitud de ese extranjero. De ese modo todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre, te temerán como lo hace tu pueblo Israel , y sabrán que tu Nombre permanece en esta Casa que he construido. Cuando tu pueblo vaya a la guerra contra sus enemigos por el camino por donde tú lo hayas enviado, si se vuelve hacia esta ciudad que tu elegiste, a esta Casa que construí para tu Nombre, escucha de lo alto del cielo sus oraciones y sus súplicas y hazle justicia. Cuando hayan pecado contra ti —porque nadie está sin pecado— cuando estés encolerizado con ellos, los entregues a sus enemigos y sus vencedores los lleven cautivos a su país, lejos o cerca, si del fondo de su exilio se arrepienten, si se convierten y te dirijen sus oraciones en ese país adonde fueron deportados, si te dicen: Hemos pecado, hicimos lo que es malo, cometimos un crimen, si del fondo de su destierro se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma, si te dirijen sus oraciones volviéndose al país que habías dado a sus padres, hacia la ciudad que has elegido y hacia esta Casa que edifiqué en honor de tu Nombre, escucha desde el cielo donde habitas . Perdona a tu pueblo sus faltas y todos los pecados que ha cometido contra ti; haz que sus vencedores tengan piedad de él, porque ellos son tu pueblo y tu propiedad personal, a los que sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. Y tus ojos estarán atentos a la súplica de tu servidor, a la súplica de tu pueblo Israel y los escucharás en todas sus peticiones. Porque tú, Señor Yavé, los has puesto aparte de todos los pueblos de la tierra para que sean tu herencia, tal como lo dijiste por boca de Moisés tu servidor cuando sacaste a nuestros padres de Egipto”.
(1 Reyes 8:22-53)
Las Palabras del profeta Miqueas :
¿Qué Dios hay como tú, que borra la falta y que perdona el crimen; que no se encierra para siempre en su enojo, sino que le gusta perdonar? Una vez más te compadecerás de nosotros, pisotearás nuestras faltas. Tira, pues, al fondo del mar todos nuestros pecados. Concede a Jacob tu fidelidad, a Abraham tu misericordia, como lo juraste a nuestros padres desde los días antiguos.
( Miqueas 7:18-20 )
Las consoladoras garantías ofrecidas por el Profeta Isaias :
Ahora Yavé les dice: “Vengan, para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean colorados, quedarán blancos como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, se volverán como lana blanca. Isaias 1:18
Entre otras ocaciones mas como : La súplica de los hebreos desterrados ( Baruc 2, 11-3, 8) , la renovación de la alianza después de la vuelta del exilio.( Nehemias 9 ) .
Tanto el mal físico como el mal moral o pecado hacen que los hijos e hijas de Israel se dirijan al Señor recurriendo a su misericordia. Así lo hace David , con la conciencia de la gravedad de su culpa ( 2 Sam 11:12 , 24:10. ) , Y así lo hace también Job , después de sus rebeliones, en medio de su tremenda desventura. A YHWH Dios se dirige igualmente Ester , consciente de la amenaza mortal a su pueblo ( Est 4, 17) . Entre otros ( Nehemias 9, 30-32; Tobias 3, 2-3. 11-12; 8, 16-17; 1 Macabeos 4, 24.)