El historiador realizará, junto al filósofo Darío Sztajnszrajber, un encuentro en el que abordarán, desde sus respectivas disciplinas, y siempre con la divulgación como norte, la cuestión de la identidad nacional
Por Pablo Wittner
¿Por qué, divulgar?
Creo que por haber padecido cierta forma de enseñanza de la historia, tanto en la secundaria como en el profesorado. Me parecía que era un bien social más repartido, una cosa que nos pertenecía a todos, que estaba en manos de pocos y, en general, estaba mal contada.
¿Cómo te enseñaban historia en la escuela?
De una manera bastante irreal, de próceres perfectos. Tampoco cumplían con el propósito declamado de la ejemplaridad: uno no podía tomar el ejemplo de gente tan perfecta porque uno era imperfecto. La ejemplaridad, luego fui entendiendo, es mucho más simple: no se trata de cruzar los Andes o de tener una vida tan abnegada, sino de tomar valores de esa persona, como la coherencia, la honestidad, la empatía, el patriotismo, el interés.
¿Puede ser que esa irrealidad y esa perfección de los personajes alejara el interés de los estudiantes?
Sí, ni hablar. Y creo que ésa era una de las intenciones: quedársela para ellos, alejarnos a nosotros y quedarse con la historia, porque lo que uno percibía era algo aburrido, tedioso, que no tenía nada que ver con la cotidianeidad de uno, y además algo inútil, completamente inútil, porque… ¿para qué servía saber una fecha, un horario de una batalla, si no nos explicaban el contexto de esa batalla? Una historia tremendamente militar, con poco contexto mundial. Parecía que la Argentina era un país tan excepcional que no tenía contexto, que nada sucedía en conexión con el mundo. Y la realidad es muy diferente, más bien opuesta.
¿Cambió eso hoy?
Sí, cambió mucho porque, primero, la escuela dejó de ser la fuente monopólica del saber. La gente tiene otros medios para enterarse de las cosas, para discutir, para debatir. Los chicos acceden a documentales o, por ejemplo, material de Pakapaka, cuyo contenido podrá ser discutido, pero al menos instala el interés y el conocimiento de algunos personajes. Los chicos demandan a sus docentes conocer quién era Juana Azurduy, quién era Atahualpa Yupanqui o Florentino Ameghino, cosa que está bastante lejos de lo que nos pasaba a nosotros cuando éramos chicos.
Y nacen nuevos héroes…
Me parece maravilloso, me pone muy feliz. Veo algunos compañeritos de mi hija, que tienen seis años, que piden para su torta a San Martín en lugar de El hombre araña, lo cual es extraordinario y me pone muy feliz.
¿Cómo surgió esta actividad que harán con el filósofo Darío Sztajnszrajber?
Esto nace de la amistad que tenemos con Darío y de una misma concepción de la divulgación. Evidentemente, hay una conexión extraordinaria entre la Historia y la filosofía, y nos pareció interesante hacer algo juntos. Nos llevamos muy bien, hemos participado en mesas redondas, en programas de radio, y creemos que puede ser un buen aporte sobre un tema nodal de la historia argentina como es la identidad, que tanto se cuestiona y sobre la que tanto se ha hablado a lo largo de nuestra historia: qué significa, si existe el ser nacional, si hay un ser nacional único… Porque somos un país multicultural, queramos admitirlo o no. Yo lo admito con mucho gusto y mucho orgullo.
¿Cómo va a ser la dinámica?
Una clase, una charla. Vamos a ir hablando entre nosotros, casi un diálogo. Por momentos va a tener más protagonismo la filosofía, por momentos la historia, dependiendo de qué estemos hablando, pero sabemos que cada disciplina puede aportar mucho a lo que va a decir el otro. Eso nos entusiasmó para hacer algo que valga la pena. Lo tomamos como un divertimento: pasarla bien y que la gente se lleva algo para pensar.
Hace una década, que setecientas personas pagaran para escuchar hablar a un historiador y a un filósofo era inimaginable, ¿no?
Sí, absolutamente.
¿Y por qué ahora es imaginable?
Porque hay un cambio cultural importante. Hay una apertura cultural, la gente está con ganas de pensar, y está la posibilidad de que la filosofía y la historia salgan de los círculos cerrados. La manera de comunicar de Darío y la que tengo yo acercan a la gente, quitan del medio al aburrimiento o a no entender, porque ambos tenemos un lenguaje muy claro, recurrimos a todos los medios posibles para discutir nuestra disciplina. Éste es un hecho que hace que la gente se amigue con esta forma de difundir estas materias.
Si bien hay mucha gente a favor de la divulgación, también hay críticos, y algunos opinan que hacer accesible la información conlleva un deterioro…
Si hacés bien la divulgación, no hay deterioro. Si te ocupás de las pavadas y la simplificás, sí. Pero para mí, al contrario. Es muy complejo divulgar la historia y la filosofía, no tiene nada de sencillo. No se trata de simplificar, sino de hacerla accesible. No tienen por qué ser un secreto medieval, como en los gremios de la Edad Media que no divulgaban cómo fabricar la seda por una cuestión económica. Lo que les molesta a estas corporaciones es que el saber se haga accesible, porque creen que al ser accesible, pierden estatus: su inaccesibilidad y el hecho de estar por encima de los mortales tambalea, y esto es lo mejor que puede pasar. Nadie está por encima de nadie por que sepa más que el otro. Sí hay jerarquías que tienen que ver con el saber pero eso no implica que estemos por encima de nadie.
¿Cómo ves este momento de la Argentina y cómo creés que lo van a ver los libros de historia dentro de algunas décadas?
Es un presente altamente interesante, particularmente este momento preelectoral, de definición del futuro, del cambio o no de modelo. En cuanto a cómo lo van a ver, acá tenemos un anticipo muy importante. Me he tomado el trabajo de evaluar que éste ha sido uno de los períodos de la democracia más historiados. La cantidad impresionante de libros que han salido sobre el kirchnerismo no tiene igual, de un lado y del otro. Ni siquiera sobre el menemismo se ha escrito tanto. Historia y fuentes no nos van a faltar para historiar estos doce años, donde también habrá que ocuparse de lo que hizo la oposición. Es interesante que cuando a uno le preguntan sobre el período, parece que la pregunta se dirigiera únicamente a qué hizo el gobierno. Cuando uno historia períodos de nuestro país, siempre se fija en la historia de los que están en el poder y de los que están en la oposición. Creo que eso también va a ocurrir, así que habrá que hablar de una época compleja, interesante, con avances y retrocesos.
La Identidad: Un encuentro entre la historia y la filosofía
Miércoles 14 de octubre a las 20hs.
¿Quiénes somos? ¿Somos lo que creemos que somos? ¿Qué nos une? ¿Qué significa ser argentino? ¿Es la patria algo que nos antecede o algo que se construye? ¿Es lo mismo patria y nación? ¿Qué significa hoy la nación argentina? ¿Cómo se va definiendo hoy nuestra identidad?
Felipe Pigna y Darío Sztajnszrajber abordan desde la historia y la filosofía la cuestión de la identidad nacional.
Por Pablo Wittner
¿Por qué, divulgar?
Creo que por haber padecido cierta forma de enseñanza de la historia, tanto en la secundaria como en el profesorado. Me parecía que era un bien social más repartido, una cosa que nos pertenecía a todos, que estaba en manos de pocos y, en general, estaba mal contada.
¿Cómo te enseñaban historia en la escuela?
De una manera bastante irreal, de próceres perfectos. Tampoco cumplían con el propósito declamado de la ejemplaridad: uno no podía tomar el ejemplo de gente tan perfecta porque uno era imperfecto. La ejemplaridad, luego fui entendiendo, es mucho más simple: no se trata de cruzar los Andes o de tener una vida tan abnegada, sino de tomar valores de esa persona, como la coherencia, la honestidad, la empatía, el patriotismo, el interés.
¿Puede ser que esa irrealidad y esa perfección de los personajes alejara el interés de los estudiantes?
Sí, ni hablar. Y creo que ésa era una de las intenciones: quedársela para ellos, alejarnos a nosotros y quedarse con la historia, porque lo que uno percibía era algo aburrido, tedioso, que no tenía nada que ver con la cotidianeidad de uno, y además algo inútil, completamente inútil, porque… ¿para qué servía saber una fecha, un horario de una batalla, si no nos explicaban el contexto de esa batalla? Una historia tremendamente militar, con poco contexto mundial. Parecía que la Argentina era un país tan excepcional que no tenía contexto, que nada sucedía en conexión con el mundo. Y la realidad es muy diferente, más bien opuesta.
¿Cambió eso hoy?
Sí, cambió mucho porque, primero, la escuela dejó de ser la fuente monopólica del saber. La gente tiene otros medios para enterarse de las cosas, para discutir, para debatir. Los chicos acceden a documentales o, por ejemplo, material de Pakapaka, cuyo contenido podrá ser discutido, pero al menos instala el interés y el conocimiento de algunos personajes. Los chicos demandan a sus docentes conocer quién era Juana Azurduy, quién era Atahualpa Yupanqui o Florentino Ameghino, cosa que está bastante lejos de lo que nos pasaba a nosotros cuando éramos chicos.
Y nacen nuevos héroes…
Me parece maravilloso, me pone muy feliz. Veo algunos compañeritos de mi hija, que tienen seis años, que piden para su torta a San Martín en lugar de El hombre araña, lo cual es extraordinario y me pone muy feliz.
¿Cómo surgió esta actividad que harán con el filósofo Darío Sztajnszrajber?
Esto nace de la amistad que tenemos con Darío y de una misma concepción de la divulgación. Evidentemente, hay una conexión extraordinaria entre la Historia y la filosofía, y nos pareció interesante hacer algo juntos. Nos llevamos muy bien, hemos participado en mesas redondas, en programas de radio, y creemos que puede ser un buen aporte sobre un tema nodal de la historia argentina como es la identidad, que tanto se cuestiona y sobre la que tanto se ha hablado a lo largo de nuestra historia: qué significa, si existe el ser nacional, si hay un ser nacional único… Porque somos un país multicultural, queramos admitirlo o no. Yo lo admito con mucho gusto y mucho orgullo.
¿Cómo va a ser la dinámica?
Una clase, una charla. Vamos a ir hablando entre nosotros, casi un diálogo. Por momentos va a tener más protagonismo la filosofía, por momentos la historia, dependiendo de qué estemos hablando, pero sabemos que cada disciplina puede aportar mucho a lo que va a decir el otro. Eso nos entusiasmó para hacer algo que valga la pena. Lo tomamos como un divertimento: pasarla bien y que la gente se lleva algo para pensar.
Hace una década, que setecientas personas pagaran para escuchar hablar a un historiador y a un filósofo era inimaginable, ¿no?
Sí, absolutamente.
¿Y por qué ahora es imaginable?
Porque hay un cambio cultural importante. Hay una apertura cultural, la gente está con ganas de pensar, y está la posibilidad de que la filosofía y la historia salgan de los círculos cerrados. La manera de comunicar de Darío y la que tengo yo acercan a la gente, quitan del medio al aburrimiento o a no entender, porque ambos tenemos un lenguaje muy claro, recurrimos a todos los medios posibles para discutir nuestra disciplina. Éste es un hecho que hace que la gente se amigue con esta forma de difundir estas materias.
Si bien hay mucha gente a favor de la divulgación, también hay críticos, y algunos opinan que hacer accesible la información conlleva un deterioro…
Si hacés bien la divulgación, no hay deterioro. Si te ocupás de las pavadas y la simplificás, sí. Pero para mí, al contrario. Es muy complejo divulgar la historia y la filosofía, no tiene nada de sencillo. No se trata de simplificar, sino de hacerla accesible. No tienen por qué ser un secreto medieval, como en los gremios de la Edad Media que no divulgaban cómo fabricar la seda por una cuestión económica. Lo que les molesta a estas corporaciones es que el saber se haga accesible, porque creen que al ser accesible, pierden estatus: su inaccesibilidad y el hecho de estar por encima de los mortales tambalea, y esto es lo mejor que puede pasar. Nadie está por encima de nadie por que sepa más que el otro. Sí hay jerarquías que tienen que ver con el saber pero eso no implica que estemos por encima de nadie.
¿Cómo ves este momento de la Argentina y cómo creés que lo van a ver los libros de historia dentro de algunas décadas?
Es un presente altamente interesante, particularmente este momento preelectoral, de definición del futuro, del cambio o no de modelo. En cuanto a cómo lo van a ver, acá tenemos un anticipo muy importante. Me he tomado el trabajo de evaluar que éste ha sido uno de los períodos de la democracia más historiados. La cantidad impresionante de libros que han salido sobre el kirchnerismo no tiene igual, de un lado y del otro. Ni siquiera sobre el menemismo se ha escrito tanto. Historia y fuentes no nos van a faltar para historiar estos doce años, donde también habrá que ocuparse de lo que hizo la oposición. Es interesante que cuando a uno le preguntan sobre el período, parece que la pregunta se dirigiera únicamente a qué hizo el gobierno. Cuando uno historia períodos de nuestro país, siempre se fija en la historia de los que están en el poder y de los que están en la oposición. Creo que eso también va a ocurrir, así que habrá que hablar de una época compleja, interesante, con avances y retrocesos.
La Identidad: Un encuentro entre la historia y la filosofía
Miércoles 14 de octubre a las 20hs.
¿Quiénes somos? ¿Somos lo que creemos que somos? ¿Qué nos une? ¿Qué significa ser argentino? ¿Es la patria algo que nos antecede o algo que se construye? ¿Es lo mismo patria y nación? ¿Qué significa hoy la nación argentina? ¿Cómo se va definiendo hoy nuestra identidad?
Felipe Pigna y Darío Sztajnszrajber abordan desde la historia y la filosofía la cuestión de la identidad nacional.