


Mercurio es el planeta del Sistema Solar más próximo al Sol y el más pequeño. Forma parte de los denominados planetas interiores o rocosos y carece de satélites. Se conocía muy poco sobre su superficie hasta que fue enviada la sonda planetaria Mariner 10 y se hicieron observaciones con radar y radiotelescopios.

¿Podría chocar Mercurio con la Tierra?
Sí… pero es bastante improbable. Te contamos los resultados de la última investigación sobre este fenómeno.
Los catastrofistas y agoreros tienen donde elegir: calentamiento global, asteroides, cometas, supervolcanes… Pero normalmente no suelen considerar una amenaza que deja en pañales las anteriores: la colisión de la Tierra contra otro planeta del Sistema Solar. ¿Podría pasar? Pues sí, pero las posibilidades son más pequeñas aún de lo que se creía, según un estudio realizado en la Universidad de Hawai en Manoa.
El responsable de la buena nueva es el físico Richard Zeebe, que tuvo la oportunidad de trabajar con el supercomputador Cray durante seis semanas seguidas. Así realizó 1.600 simulaciones del futuro del Sistema Solar, y en ninguna tenía lugar tan terrorífico escenario. Como explica Zeebe en The Astrophysical Journal, la órbita de la Tierra será muy estable durante, al menos, los próximos 5.000 millones de años.

Otros modelos anteriores sugerían que la atracción gravitatoria de Júpiter podía desviar la órbita de Mercurio con consecuencias fatales, como que este chocara con la Tierra o desviara las trayectorias de Marte o Venus hacia nuestro planeta. Por ejemplo, el astrónomo Jacques Laskar, del Observatorio de París, hizo en 2009 2.501 simulaciones y en una de ellas sí se producía la colisión.
Zeebe defiende la precisión de su estudio, aunque concede que Mercurio podría causar problemas de aquí a unos cientos de millones de años: en tres de sus simulaciones se estamparía contra el Sol y en siete tendría un encuentro fatal con Venus, sin afectar de modo alguno a la Tierra.
La responsable de la primera gran extinción en la Tierra
(Ni meteoritos, ni erupciones volcánicas. La respuesta es mucho más sencilla)
Los científicos creen lo que acabó con más del 90% de las especies marinas y el 75% de las especies terrestres hace casi 440 millones de años (Paleozoico-era primaria) fueron las erupciones volcánicas masivas. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad de Vanderbilt (EE.UU.) ha resuelto este misterio, afirmando que los volcanes masivos entraron en erupción cientos de miles de años antes de la extinción más grande sobre la faz de la Tierra, por lo que ni los meteoritos ni las erupciones fueron las causantes sino más bien la implacable evolución. Esta es la explicación.
Los primeros organismos que gobernaron la Tierra durante más de 3.000 millones de años eran microbios. Posteriormente, algunos de ellos descubrieron cómo capturar la energía del sol, lo que les dio la energía necesaria para adoptar formas multicelulares: los ediacaranos, la primera forma de vida completa en la Tierra. Esto sucedió hace unos 600 millones de años en la era conocida como Período Ediacárico.
“No sabemos mucho acerca de los ediacaranos porque no producen conchas o esqueletos. Como resultado, casi todo lo que sabemos acerca de ellos viene de huellas de sus formas preservadas en arena o ceniza”, aclara Simon Darroch, líder del estudio que ha examinado la comunidad Ediacarana más joven conocida, expuesta en estratos de ladera en el sur de Namibia, Granja Swartpunt.

Estos organismos se extendieron por todo el planeta; muchos eran extremadamente pasivos y permanecían en el mismo lugar toda la vida, absorbiendo productos químicos del agua a través de sus membranas externas para alimentarse, por lo que el escenario que se dibuja en este periodo debió ser un remanso de paz.
“La gente ha tardado en reconocer que los organismos biológicos también pueden conducir una extinción masiva. Pero nuestro estudio comparativo de varias comunidades de ediacaranos, los primeros organismos multicelulares, apoya firmemente la hipótesis de que se trataba de la aparición de animales complejos capaces de alterar sus entornos, que definimos como 'ingenieros del ecosistema', que dieron lugar a la extinción del Ediacárico”, explica Darroch.
La evolución siguió su curso y tras 60 millones de años los animales comenzaron a moverse de forma independiente y a alimentarse de otros organismos. Llegamos a la explosión cámbrica con la aparición de los vertebrados, moluscos, artrópodos, medusas... todas estas nuevas especies cambiaron el medio ambiente, obstaculizando cada vez más la supervivencia de los ediacaranos.
"Hemos encontrado que la diversidad de especies en este sitio fue mucho menor, y no había evidencia de un mayor estrés ecológico, que en sitios comparables que tienen entre 1 y 1,5 millones de años más”, informa Darroch, quien presenta un vínculo más que patente entre la evolución de estos y la extinción de los ediacaranos.
“Hay una poderosa analogía entre la primera extinción en masa de la Tierra y lo que está sucediendo hoy en día. La extinción de finales del Ediacárico muestra que la evolución de los nuevos comportamientos pueden cambiar fundamentalmente el planeta entero, y nosotros somos los más poderosos 'ingenieros del ecosistema' que la Tierra ha conocido”, finaliza Darroch. El estudio se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Extinción masiva
Una extinción masiva es un tipo de Extinción terminal en la cual desaparecen sin descendencia un 10 % o más de las especies a lo largo de un año, o bien un 50 % o más de las especies en un periodo comprendido entre uno y tres millones y medio de años, cuando en momentos normales las extinciones se producen a un ritmo de entre dos y cinco familias biológicas de invertebrados marinos y vertebrados cada millón de años. Desde que la vida empezó en la Tierra se han detectado cinco sucesos en el eón Fanerozoico tras los cuales se han extinguido más de las mitad de las especies existentes.

Intensidad aparente en la extinción de géneros marinos (no especies). No representa el total de la biodiversidad, sino su disminución en cada momento geológico.
En ocasiones las extinciones masivas se confunden con un Evento Ligado a la Extinción, del inglés "Extinction-Level Event" o ELE, que sería el suceso, más o menos largo, provocador de dichas extinciones. Estos eventos son generalmente desconocidos, pero existen evidencias de colisiones con meteoritos de varios kilómetros, erupciones volcánicas masivas, supernovas cercanas, las acciones de una o más nuevas especies, combinaciones de las anteriores, etc. Del mismo modo, está bajo discusión si en el Holoceno vivimos la sexta gran extinción y si la desaparición de la Fauna de Ediacara fue la primera.
Historia
José A. de Azcárraga (1997) resumen las cinco extinciones masivas que ha padecido la Tierra, aunque Xabier Orue-Etxebarria indica que pudo existir al menos una sexta. A continuación se resumen los principales datos de dichas extinciones indicando la duración estimada y la causa o causas tenidas por más probables actualmente.

En la tabla se puede comprobar que las más destructivas fueron las tres primeras, pero los datos son escasos. Así en la transición entre los períodos Ordovícico y Silúrico, ocurrieron dos extinciones masivas llamadas extinciones masivas del Ordovícico-Silúrico. Su causa probable fue el período glaciar. El primer evento ocurrió cuando los hábitats marinos cambiaron drásticamente al descender el nivel del mar.
El segundo ocurrió entre quinientos mil y un millón de años más tarde, al crecer el nivel del mar rápidamente. Otra hipótesis postula la explosión de una supernova muy cercana cuyos rayos gamma mataron la base de la cadena trófica.
Por su parte la del Triásico-Jurásico fue algo menos destructiva, pese a ello desaparecieron varios grupos de arcosaurios, de los cuales solo sobrevivieron los Crocodilia, los Dinosauria y los Pterosauria. También destaca la extinción casi total de los sinápsidos no mamíferos como el Thrinaxodon (aunque sobrevivieron géneros como Oligokyphus).
Causas
Estas extinciones se han atribuido generalmente a causas endógenas de la propia biosfera, a la acción de supervolcanes y al impacto de asteroides entre otras.
Existe la teoría que atribuye todas, o casi todas, las grandes extinciones a impactos meteoríticos. Se ha establecido estadísticamente que, aproximadamente cada 100 millones de años de media impacta un asteroide kilométrico contra la Tierra.
Si se tiene en cuenta que la vida pluricelular lleva unos 600 millones de años debería haber habido entre cinco y seis grandes extinciones desde entonces. Y esas son las que realmente han ocurrido. Las otras posibles causas atribuidas a grandes glaciaciones globales o a erupciones masivas se consideran entre los efectos secundarios que un gran impacto podría producir, por lo que no serían más que sinergias de esa misma catástrofe cósmica.
Otras causas apuntan a las fluctuaciones del campo magnético terrestre, llevadas a cabo mediante su sucesión de cambios de polaridad, que provocan una fuerte disminución de la protección de la Tierra frente a la fuerte radiación cósmica durante los períodos en los que se producen.
También se considera como causa probable de extinciones menores o incluso de las más masivas a explosiones de supernovas cercanas. De hecho existe otra teoría que dice que dado que cada 25 millones de años aproximadamente la Tierra entra en la zona densa de la galaxia (los brazos espirales) ésta se ve sometida a un mayor riesgo de explosiones violentas o al azote de vientos estelares intensos.
Así mismo, la nube de Oort tiene un mayor riesgo de verse deformada y perturbada por el paso de estrellas cercanas con el consiguiente envío de cometas y asteroides hacia el sistema solar interior, como refleja la hipótesis Shiva.
Prospectiva
Muchos biólogos piensan que estamos a las puertas de la extinción masiva del Holoceno, que será causada por el ser humano. Wilson (2002) estima que con el actual ritmo de destrucción humana de la biosfera la mitad de las formas de vida se extinguirán en 100 años. Otros científicos consideran que estas estimaciones son exageradas.
Los volcanes tuvieron la culpa de la cuarta gran extinción
La mitad de las especies que poblaban la Tierra desaparecieron hace 200 millones de años a causa de megaerupciones volcánicas que arrojaron millones de kilómetros cúbicos de lava.
Un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets y la Universidad de Columbia acaba de establecer, por primera vez, que la gran extinción de finales del Triásico, hace unos 200 millones de años, coincide en el tiempo con una serie de "mega erupciones" volcánicas que arrojaron a la superficie más de tres millones de km. cúbicos de lava. Entonces, y en un lapso de unos pocos miles de años, desaparecieron la mitad de las especies que poblaban la Tierra. El estudio aparece publicado en el último número de Science.
Los científicos la conocen como la cuarta gran extinción. Sucedió hace unos 200 millones de años, en la frontera temporal entre el Triásico y el Jurásico y causó la desaparición del 50% de las especies vivas del planeta. Cuando el mundo empezó a recuperarse, fue la estirpe de los dinosaurios la que ocupó los nichos ecológicos que habían quedado vacíos tras la catástrofe. A partir de ese momento ellos, los dinosaurios, heredaron la Tierra y dieron comienzo a un reinado de 135 largos millones de años que no terminaría hasta que sobrevino otra gran extinción, la quinta, hace 65 millones de años.
Y si bien todo el mundo está de acuerdo en que la quinta gran extinción tuvo mucho que ver con la caída de un meteorito de unos diez km. de diámetro, las cosas no están tan claras con respecto a la cuarta. Los científicos, de hecho, no terminan de ponerse de acuerdo sobre su causa y son varias las teorías que intentan explicar lo que sucedió.
Ahora, y tras examinar durante años numerosos yacimientos desde Estados Unidos al Norte de Africa, un grupo de investigadores ha conseguido enlazar la abrupta desaparición de la mitad de las especies que poblaban la Tierra hace 200 millones de años con una serie de gigantescas erupciones volcánicas. Erupciones que causaron cambios climáticos tan drásticos y rápidos que la mayor parte de las criaturas, sencillamente, no consiguieron adaptarse a las nuevas condiciones.
No es la primera vez que se intenta relacionar un episodio de extinción masiva con un periodo de intensa actividad volcánica. Sin embargo, hasta ahora no había sido posible establecer una relación temporal directa entre los depósitos minerales dejados por esas "mega erupciones" y las catástrofes biológicas. O, dicho de otro modo, nadie había conseguido demostrar que esas extinciones masivas coincidían en el tiempo con las erupciones volcánicas.
Ahora, un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets y la Universidad de Columbia acaban de publicar en Science un estudio que proporciona la fecha más precisa que se tiene hasta ahora de aquella gran extinción masiva (201.564.000 millones de años) y demuestra que coincide casi exactamente con un flujo masivo de lava procedente de las entrañas del planeta. "Esto quizá no responda a todas las preguntas sobre el mecanismo exacto de la propia extinción -asegura Paul Olsen, geólogo de la Universidad de Columbia y coautor del artículo- pero la coincidencia en el tiempo con el vulcanismo está prácticamente demostrada".
El nuevo estudio reúne evidencias de trabajos anteriores y las reinterpreta a la luz de las nuevas técnicas para la datación de rocas. El autor principal de la investigación, Terrence Blackburn, utilizó, en efecto, el decaimiento de los isótopos de uranio para llegar a la datación exacta del basalto, un tipo de roca dejada por las erupciones. El basalto analizado en el estudio procede de la Provincia Magmática del Atlántico Central (CAMP), una serie de erupciones masivas que comenzaron hace cerca de 200 millones de años, al mismo tiempo que casi todas las tierras emergidas del planeta se agrupaban en un único y enorme supercontinente.
Cuatro súbitas oleadas
Aquellas erupciones arrojaron a la superficie más de tres millones doscientos mil km. cúbicos de lava en cuatro súbitas oleadas y en un intervalo de pocas decenas de miles de años, dando origen a una grieta en el supercontinente que, con el tiempo, terminó por convertirse en el actual Océano Atlántico. Restos de aquella inmensa colada de lava se encuentran, hoy, repartidos entre las dos américas y Africa.

Las erupciones volcánicas se llevaron a una buena parte de los reptiles que por aquél entonces dominaban el mundo.
Otros estudios habían sugerido ya la existencia de una relación entre las erupciones de CAMP y la cuarta gran extinción, pero hasta ahora las dataciones de los basaltos tenían un margen de error demasiado grande, entre uno y tres millones de años. Los métodos aplicados por Blackburn, sin embargo, reducen ese margen a unos pocos miles de años, una cantidad de tiempo que, en la escala de la Geología, equivale a un simple parpadeo.
Blackburn y sus colegas demostraron que la primera gran erupción se produjo en lo que hoy es Marruecos y que las dos siguientes, en las actuales Nueva Escocia y Nueva Jersey, llegaron 3.000 y 13.000 años después, respectivamente.
Así, y en apenas unos pocos miles de años, las condiciones del planeta se fueron deteriorando debido a una serie de "golpes" volcánicos sucesivos que envenenaron la atmósfera y cambiaron el clima para siempre, llevándose por delante a los últimos grandes anfibios y a una buena parte de los reptiles que por aquél entonces dominaban el mundo.
Volcanes en erupción
Un volcán (del nombre del dios mitológico romano Vulcano) es una estructura geológica por la que emergen magma en forma de lava, ceniza volcánica y gases provenientes del interior de la Tierra. El ascenso de magma ocurre en episodios de actividad violenta denominados erupciones, que pueden variar en intensidad, duración y frecuencia, desde suaves corrientes de lava hasta explosiones extremadamente destructivas. En ocasiones, por la presión del magma subterráneo y la acumulación de material de erupciones anteriores, los volcanes adquieren una forma cónica. En la cumbre se encuentra su cráter o caldera.
Los volcanes existen en la Tierra, en otros planetas y satélites, algunos están formados de materiales considerados fríos y se denominan criovolcanes. En ellos, el hielo actúa como roca mientras que el agua fría líquida interna actúa como magma; esto ocurre en la luna de Júpiter llamada Europa.
Volcán Tungurahua

El volcán Tungurahua expulsando cenizas fue fotografiado desde Cotalo, en Ecuador.

Volcán Hudson

Columnas de humo y cenizas que salen del volcán Hudson, en Chile.

Volcán Grimston

Esta imagen, tomada por la NASA, muestra la columna de cenizas del volcán Grimston, en Islandia, que alcanzó Escocia e interrumpió varios vuelos aéreos, provocando el caos en media Europa.

Volcán Kilauea

La lava surge violentamente del volcán Kilauea en Hawaii, una de las zonas volcánicas más bellas del planeta.

El volcán
Etna
en erupción

El
Etna
, que se infla y se desinfla por la presión de su magma interno, cada año se expande más de un centímetro en dirección al mar.

Noche en el volcán
Etna
durante una erupción

Debido a la reciente actividad volcánica y a su población, el
Etna
ha sido designado como uno de los 16 volcanes de la década por las Naciones Unidas. En 2007 sufrió varias erupciones, como la que se muestra en esta imagen.

Glaciar Eyjafjallajokull

Vista aérea de la columna de cenizas que surgen del volcán al sur del glaciar Eyjafjallajokull en Islandia.

Volcán Sakurajima

Imagen del volcán Sakurajima, en Japón. Este volcán sigue muy activo, las últimas erupciones han sido en mayo de 2014. Expulsó una gran cantidad de ceniza formando columnas que llegaron a alcanzar los 3 km de altura.

Noche en el volcán Tungurahua

Erupción volcánica del Tungurahua, en Ecuador. Desde 1999 permanece en constante actividad. Durante 2014 se han registrado varias erupciones de distinto nivel, las últimas en el mes de mayo.

Volcán Semeru

Volcán Semeru, el más alto de Java y uno de los más activos y letales. En algunas erupciones ha llegado a expulsar bombas a más de 300 metros de distancia del cráter.

Volcán Popocatépetl

Imagen del cráter del volcán Popocatépetl, en México. Desde que se reactivó, en 1994, no ha parado de producir fuertes explosiones.

Volcán Tolbachik

Imagen de una erupción del volcán Tolbachik, uno de los más activos de Rusia. Está formado por 2 conos superpuestos, el volcán Ostry Tolbachik y el escudo de Plosky Tolbachik. Ha tenido numerosas erupciones, por lo que la lava caliente se va acumulando encima de la que ya se ha enfriado.

Volcán Pacaya

El Volcán Pacaya, en Guatemala, lleva en actividad constante desde 1965 tras permanecer varios años dormido.

Monte Sinabung

El monte Sinabung, un volcán de más de 2.000 metros de altura, tras cientos de años en calma vuelve a tener actividad. En 2010 y 2014 se han registrado pequeñas erupciones.

Glaciar Eyjafjallajökull

Imagen de la erupción del volcán que hay bajo el glaciar Eyjafjallajökull en Islandia, tomada en 2010 por el centro aeroespacial alemán, agencia designada para las actividades de vuelos espaciales y temas relacionados.

Volcán
Etna

Erupción del
Etna
fotografiada desde Sicilia, Italia. Es uno de los volcanes más activos del mundo, con erupciones constantes, aunque no supone riesgo para la población por el momento. En la cumbre tiene cuatro cráteres distintos.

El volcán mexicano Popocatépetl

El volcán Popocatépetl, en México, registró el lunes 17 de junio una explosión que generó una columna eruptiva de ceniza de más de 4 kilómetros de altura sobre el nivel del cráter del volcán.
Más detalles sobre esta erupción aquí.

Volcán Ol Doinyo Lengai

Ol Doinyo Lengai es un volcán de Tanzania con una peculiaridad, su cima la forman dos cráteres. Mientras uno permanece inactivo, el otro sí que presenta actividad.

Volcán Sangeang Api

El satélite de la ESA Proba-V capturó esta imagen del volcán indonesio en plena erupción en mayo de 2014. Expulsó ceniza y dióxido de azufre a la atmósfera en tal cantidad, que los vuelos al archipiélago tuvieron que ser suspendidos. En la foto se aprecia muy bien las columnas de ceniza tan densas que originó dicho volcán.
La Tierra se acerca a su sexta extinción masiva
Las tasas de extinción han alcanzado niveles sin precedentes desde que los dinosaurios se extinguieran hace 66 millones de años. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de científicos del Instituto Woods para el Medio Ambiente de Stanford (EE.UU) y de la Universidad Autónoma de México (México) concluye sin lugar a dudas que nuestro planeta está comenzando una nueva etapa de extinción masiva que amenaza incluso la supervivencia de la propia humanidad. El estudio ha sido publicado en la revita Science Advances.
Los científicos utilizaron anotaciones fósiles y recuentos de extinción de varios registros, comparando una estimación muy conservadora de las extinciones actuales con la llamada “tasa de fondo” (la extinción registrada como promedio durante los últimos 60 millones de años) dos veces mayor que la utilizada anteriormente.
El trabajo evidencia que aun con estimaciones muy prudentes, las especies están desapareciendo hasta 100 veces más rápido de lo normal: “si se permite que continúe, la vida tardaría muchos millones de años en recuperarse, y nuestras propia especie probablemente desaparecería pronto”, explica Gerardo Ceballos, líder del estudio.

La exploración forestal, la apropiación de tierras para la agricultura, las especies invasoras, la acidificación de los océanos o las toxinas que envenenan nuestro ecosistema son algunas de las causas que propician la destrucción de los hábitats naturales. Todo ello con un impacto directo en nuestras especies. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, cerca del 41% de todas las especies de anfibios y el 26% de los mamíferos se encuentran en peligro de extinción.
“Insistimos en que nuestros cálculos muy probablemente subestiman la gravedad de la crisis de extinción, ya que nuestro objetivo era colocar un realista límite inferior en el impacto de la humanidad sobre la biodiversidad”, aclaran los autores.
Si estas especies desaparecieran también lo harían sus beneficios para el planeta como la polinización de los cultivos y los humedales; la pérdida de la biodiversidad se cierne sobre la humanidad. Sin embargo, aún hay esperanza: “Evitar una sexta extinción masiva real requerirá rápidos esfuerzos, en gran medida intensificados para conservar las especies ya amenazadas, y para aliviar las presiones sobre sus poblaciones, en particular la pérdida de hábitat, la sobreexplotación con fines económicos y el cambio climático”, sentencian los investigadores.
FUENTE
“No es la más fuerte de las especies la que sobrevive y tampoco la más inteligente. Sobrevive aquella que más se adapta al cambio.”
Charles Darwin




