Hay plantas cuyos frutos no deberías comer, porque si lo haces vomitarás hasta que tu cuerpo se deshidrate del todo.
Y otras te quemarán la piel con solo rozarlas.
Capucha de monje letal

La flor de la planta en cuestión, Aconitum, recuerda a la capucha de un monje y hay quien lo llama así.
Pero también se la conoce por otros nombres más siniestros: Casco del diablo o Reina de los venenos.
Y es que una de las sustancias que contiene ralentiza el corazón y puede terminar matando a la víctima.
Por ello, la Aconitum se encuentra entre las plantas más mortíferas del mundo.
Su parte más venenosa son las raíces, aunque las hojas tampoco son inofensivas.
Tanto unas como otras contienen una neurotoxina que puede ser absorbida a través de la piel.
Si tocas la planta, los primeros síntomas de intoxicación serán el hormigueo y el entumecimiento.
Y en caso de ingestión presentarás vómitos severos y diarrea.
El perejil gigante

En algunos casos, los químicos de ciertas plantas entran en contacto con la piel humana y después reaccionan ante la luz del sol, produciendo quemaduras.
Se debe a un fenómeno llamado fototoxicidad.
Es lo que ocurre, por ejemplo, con el perejil gigante (Heracleum mantegazzianum).
Quizá es la que tiene la peor reputación, pero otras especies más conocidas, como la planta de la zanahoria o el apio también pueden provocar ampollas.
La Ricinus communis

El aceite de ricino, de sobra conocido por aquellos que necesitan limpiar sus intestinos con urgencia, se produce a partir de las semillas de esta planta.
Pero una vez se haya extraído el aceite laxante de las semillas de color marrón moteado, lo que queda en ellas es un poderoso cóctel de toxinas: la ricina.
Esta sustancia mata al interferir en el metabolismo celular, el proceso químico básico necesario para sostener la vida.
Así, al bloquear la creación esencial de proteínas, las células acaban muriendo.
Como consecuencia las víctimas sufren vómitos, diarrea y convulsiones durante una semana antes de morir a causa del fallo de varios órganos.
Y otras te quemarán la piel con solo rozarlas.
Capucha de monje letal

La flor de la planta en cuestión, Aconitum, recuerda a la capucha de un monje y hay quien lo llama así.
Pero también se la conoce por otros nombres más siniestros: Casco del diablo o Reina de los venenos.
Y es que una de las sustancias que contiene ralentiza el corazón y puede terminar matando a la víctima.
Por ello, la Aconitum se encuentra entre las plantas más mortíferas del mundo.
Su parte más venenosa son las raíces, aunque las hojas tampoco son inofensivas.
Tanto unas como otras contienen una neurotoxina que puede ser absorbida a través de la piel.
Si tocas la planta, los primeros síntomas de intoxicación serán el hormigueo y el entumecimiento.
Y en caso de ingestión presentarás vómitos severos y diarrea.
El perejil gigante

En algunos casos, los químicos de ciertas plantas entran en contacto con la piel humana y después reaccionan ante la luz del sol, produciendo quemaduras.
Se debe a un fenómeno llamado fototoxicidad.
Es lo que ocurre, por ejemplo, con el perejil gigante (Heracleum mantegazzianum).
Quizá es la que tiene la peor reputación, pero otras especies más conocidas, como la planta de la zanahoria o el apio también pueden provocar ampollas.
La Ricinus communis

El aceite de ricino, de sobra conocido por aquellos que necesitan limpiar sus intestinos con urgencia, se produce a partir de las semillas de esta planta.
Pero una vez se haya extraído el aceite laxante de las semillas de color marrón moteado, lo que queda en ellas es un poderoso cóctel de toxinas: la ricina.
Esta sustancia mata al interferir en el metabolismo celular, el proceso químico básico necesario para sostener la vida.
Así, al bloquear la creación esencial de proteínas, las células acaban muriendo.
Como consecuencia las víctimas sufren vómitos, diarrea y convulsiones durante una semana antes de morir a causa del fallo de varios órganos.