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Los libros raros: 4-Historia Natural de Plinio el Viejo

Ciencia Educacion1/21/2016
La Historia Natural es la única obra que ha llegado de Plinio como texto de primera mano. Su título indica el carácter enciclopédico que su autor quiso dar ya que pretende compediar la Historia de la Naturaleza en todos sus aspectos y grados de elaboración a los que una cultura somete. Esta compilación reúne con un celo admirable una multitud de observaciones sacadas de los escritores más diversos; va pasando ante el lector todo lo que tiene relación con la cosmología, la geografía, la antropología, la zoología, la botánica, la medicina, la meteorología, la magia y el arte. Todos estos campos de conocimiento tenían su propia literatura pero nadie antes que él se atrevió a dar una visión general y exponerla en una obra única.

En principio la formaban 36 libros aunque en su forma actual, la Historia Natural consta de 37; el primero incluye un prefacio descriptivo y tablas de los contenidos, así como una lista de sus fuentes, que originalmente precedía a cada uno de los libros editados por separado. Este libro fue añadido posteriormente y su confección se debe a Plinio el Joven quien heredó todos sus manuscritos al morir su tío.

Breve biografía sobre el autor


Cayo Plinio Segundo nació en Comum, hoy Como, actual Italia, en el año 23 de nuestra era y falleció en Stabies, hoy Castelllammare di Stabia, en el año 79. Fue un escritor latino de cuyas obras se conserva su Historia natural, obra enciclopédica que durante la Edad Media fue considerada máxima autoridad en materia científica. Tras estudiar en Roma, a los veintitrés años inició su carrera militar en Germania, que habría de durar doce años. Llegó a ser comandante de caballería antes de regresar a Roma, en el año 57, para entregarse al estudio y el cultivo de las letras. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio del emperador Vespasiano. Agudo observador, fue autor de algunos tratados de caballería, una historia de Roma y varias crónicas históricas, hoy perdidas. Únicamente se conserva su Historia natural (77), que comprende 37 libros y está dedicada a Tito. Escrita en un lenguaje claro y con un rico vocabulario, contiene gran cantidad de información sobre las más diversas disciplinas y constituye un importante tratado enciclopédico que recopila todo el saber de la Antigüedad.


Plinio el Viejo


Plinio aparentemente publicó los primeros diez libros por su propia cuenta en el año 77, y se ocupó de revisar y ampliar el resto durante los dos años restantes de su vida. Su trabajo fue probablemente publicado con escasa o ninguna revisión por su sobrino, Plinio el Joven. Al parecer introdujo el libro I en el que compiló los índices y la lista de autores consultados que, en la ordenación del sabio naturalista, iban al comienzo de cada capítulo además de introducir unos leves retoques a la obra. Así en la versión final en la historia de un delfín doméstico y en la descripción de las islas flotantes del lago de Vadimonio (VIII 20, IX 33), parece olvidar que ambas se encuentran en la obra de su tío (II 209, IX 26). La falta de una revisión final puede explicar parcialmente las muchas repeticiones, y algunas contradicciones, errores en los pasajes tomados de los autores griegos, y la inserción de adiciones marginales en lugares incorrectos en el texto.

Casi llegó a terminar su gran obra Naturalis Historia, en la que consiguió reunir gran parte del saber de su época. Este trabajo había sido planificado bajo la dirección de Nerón. Las informaciones que recoge llegan a ocupar no menos de 160 volúmenes, cuando Larcio Licino, el legado pretor de la Hispania Tarraconense, intenta en vano comprarlos por una gran suma de dinero. Dedicó esta obra a Tito Flavio Vespasiano en el año 77.

Los códices más antiguos entre los que se encuentra el códice Salmacitense (que contiene los libros I al XV) corresponden a los escritos entre los siglos V al XI. Otros más recientes se conocen como recentiores entre los que se halla el códice Toledano, manuscrito del siglo XIII.



Se tiene la certeza de al existencia de quince ediciones incunables de esta obra realizada por seis estudiosos distintos. La editio princeps de la obra fue publicada por J. de Spira en Venecia en 1469 con una tirada de 100 ejemplares. Sólo un año después, en 1470 Giovanni Andrea Bussi ya había vuelto a editar la obra que fue reimpresa en Venecia en 1472 por Nicolas Jenson. En Parma Niccolò Perotto, arzobispo de Manfredonia y Siponto y miembro de la Academia de Bessarion preparó otra impresión de la Naturalis historia entre 1470 y 1473 en Parma. Filippo Beroaldo el Viejo hizo otro tanto en 1476 siendo reimpresa en 1479, 1480, 1481, 1483, 1487 y 1491. Los últimos de la época incunable seríanA. y J. Britanico en sendas ediciones en 1496 y Giovanni Battista Palmieri en 1497 y 1499.

El detalle del contenido de cada libro es el que sigue:

Libro I: Prefacio, tabla de contenidos, y bibliografía

Libro II:Astronomía y meteorología

Libro III:Geografía del Mediterráneo occidental

Libro IV:Geografía del Mediterráneo oriental

Libro V:Geografía de África, Oriente Medio y Turquía

Libro VI:Geografía de Asia

Libro VII:Antropología y Psicología humana

Libro VIII:Zoología de los animales terrestres

Libro IX:Zoología de los animales marinos

Libro X:Zoología, Ornitología o animales aéreos, reproducción animal y los cinco sentidos

Libro XI:Zoología, insectos, Zoología comparada e intento de taxonomía

Libro XII:Botánica, plantas exóticas, perfumes, especias de India, Egipto, Mesopotamia, etc.

Libro XIII:Botánica, incluyendo las plantas acuáticas

Libro XIV:Botánica, la vid y el vino

Libro XV:Botánica, el olivo, el aceite y sus usos, fruta y nogales

Libro XVI:Botánica, incluyendo más árboles y hierbas

Libro XVII:Arboricultura, frutales y zumos

Libro XVIII:Cómo llevar una granja

Libro XIX:Jardinería y plantas ornamentales, más vegetales, hierbas y arbustos

Libro XX:Herboristería, más plantas y arbustos de jardín

Libro XXI: Flores y floricultura

Libro XXII:Botánica, plantas misceláneas

Libro XXIII:Botánica, plantas medicinales y propiedades o virtudes de diversas plantas, vinos, vinagres y frutos

Libro XIV:Medicina, propiedades medicinales de árboles y hierbas

Libro XXV:Medicina, propiedades medicinales de hierbas, farmacología

Libro XXVI:Medicina, arbustos medicinales

Libro XXVII:Medicina, hierbas medicinales en orden alfabético

Libro XXVIII:Medicina, usos médicos de productos animales

Libro XXIX:Medicina, usos medicinales de productos animales (continuación)

Libro XXX: Preámbulo sobre magia; más usos medicinales de productos animales

Libro XXXI:Medicina, usos medicinales de productos del mar: sales, plantas, esponjas etc.

Libro XXXII:Medicina, usos medicinales de animales marinos

Libro XXXIII:Mineralogía y metalurgia del oro, plata y mercurio

Libro XXXIV:Mineralogía y metalurgia del bronce; estatuaria

Libro XXXV:Mineralogía, usos de la tierra, pigmentos, discusión sobre el arte de la pintura y el uso del sulfuro

Libro XXXVI:Mineralogía, lapidario; escultura, arquitectura, obeliscos, pirámides, laberintos cretenses, arcilla, arena, piedra, vidrio, uso del fuego;

Libro XXXVII:Mineralogía, cristal de roca, ámbar, gemas, diamantes, piedras semipreciosas, etc.

Algunas fuentes


La obra de Plinio no fue, en absoluto, improvisada, sino que durante gran parte de su tiempo recogió acontecimientos naturales que plasmó en sus páginas. Para muestra basta decir que el autor afirma haber recogido 20.000 hechos recolectados de unos 2.000 libros y unos 500 autores selectos tanto de la época romana como de civilizaciones anteriores como la egipcia o la griega. Las listas que todavía existen de sus fuentes ascienden a 146 latinos y 327 no latinos (mayoritariamente griegos), así como otras fuentes de información. Plinio hace notar que de todos ellos, un centenar les había sido mucho más útiles que el resto. Puede que sólo esos 100 leyera directamente.

Una fuente principal de Plinio es Marco Terencio Varrón. En los libros geográficos, Varrón se complementa con los comentarios topográficos de Agripa que fueron completados por el emperador César Augusto, aunque ofrece datos posteriores que indican que aprovechó su cercanía a la administración imperial para actualizarlos, al menos en el caso de Hispania. Para su zoología confía en gran parte en Aristóteles y en Juba de Mauritania, el erudito rey de Mauritania, studiorum claritate memorabilior quam regno (v. 16). Juba es además su principal guía en botánica, y Teofrasto aparece también nombrado en los índices.



En la historia del arte las fuentes griegas originales en las que se apoyó fueron Duris de Samos, Jenócrates de Sitio y Antígono de Caristo. La tradición atribuye a Duris las anécdotas (XXXIV 61, Lysippum Sicyonium Duris begat nullius fuisse discipulum etc); la noticia de los sucesivos desarrollos del arte, y la lista de trabajadores en bronce y pintores, a Jenócrates, y una larga lista de datos diversos a Antígono. Las últimas dos fuentes se mencionan en relación a Parresio (XXXV. 68, hanc ei gloriam concessere Antigonus et Xenocrates, qui de pictura scripsere), mientras que Antígono es nombrado en los índices de XXXIII - XXXIV como escritor en el arte toreutic.

Los epigramas griegos contribuyen su parte en las descripciones de cuadros y estatuas de Plinio. Una de las fuentes de menor importancia para los libros XXXIV - XXXV es Heliodoro, el autor de un trabajo sobre los monumentos de Atenas. En los índices a XXXIII - XXXVI ocupa un importante lugar Pasiteles de Nápoles, el autor de un trabajo en cinco volúmenes sobre famosas obras de arte (XXXVI. 40), que probablemente incorpora la sustancia de los tratados griegos más tempranos; sin embargo, Kalkmann niega que Plinio estuviese en deuda con Pasíteles al respecto y sostiene que Plinio utilizó el trabajo cronológico de Apolodoro, así como un catálogo contemporáneo de artistas.



El conocimiento de Plinio de las fuentes griegas fue probablemente debido principalmente a Varrón, a quien cita a menudo. Varrón probablemente se ocupó de la historia del arte en conexión con la arquitectura, que estaba incluida en sus Disciplinae. Para varios artículos sobre obras de arte de la costa de Asia Menor y las islas adyacentes, Plinio debe mucho al general, hombre de estado, orator e historiador Cayo Licinio Muciano, quien murió antes del 77. Plinio menciona las obras de arte coleccionadas por Tito Flavio Vespasiano en el Templo de la Paz y en sus otras galerías, pero mucha de su información en cuanto a la ubicación de tales trabajos en Roma se debe a sus lecturas y no a observación personal.

Traducción al castellano


En lengua castellana sin embargo la primera traducción completa de la obra tardaría en llegar (la italiana fue elaborada por Cristoforo Landino y publicada por Nicolas Jenson en 1476). El comienzo fue esperanzador con la Glossa litteralis in primum et secundum naturalis historie libros, impreso por Eguía en Alcalá en 1524 y las Observationes in loca obscura aut deprávala Historiae Naturalis Caii Plinii, cunt retractionibus quorumdam locorum Geographiae Pomponii Melae de Hernán Núñez de Guzmán “el Pinciano” quien destacó por sus estudios sobre Plinio, acometiendo la elaboración de las correciones y comentarios a la Historia Natural, explicando en las Universidades de Alcalá y Salamanca unos cursos monográficos sobre el autor, fruto de las cuales fue la publicación de la obra anterior aparecidas entre 1543 y 1545, declarándose en el prólogo a sus notas a Plinio deudor de los trabajos del humanista veneciano Ermolao Barbaro.

Entre 1567 y 1576 Francisco Hernández, médico de Felipe II tradujo completamente la obra, además de completarla de sus propias observaciones realizadas en el nuevo mundo, aunque no llegó a ser publicada y de ella sólo se conservan los libros del 1º al 25º.


Una de las ediciones en castellano

De imprecisiones, inexactitudes y monstruos


Hasta el siglo XVI su Historia Natural fué casi la única autoridad en materia médica. Esta falta de avances científicos sembró numerosos malentendidos y prejuicios. Como Plinio no era especialista en muchas disciplinas, esta obra presenta varias inexactitudes.

Plinio describe a la Tierra sola y rígida en medio de un universo móvil, la Luna se alimenta de aguas dulces y el Sol de aguas amargas, siendo este último el alma del mundo, que todo lo ve y todo lo oye. También cree en numerosas supercherías, en cíclopes de un único ojo, en seres que, carentes de boca, se alimentan sólo con el perfume de flores y frutos, también afirma que una mujer dió a luz un elefante y un esclavo trajo al mundo una serpiente.

En su obra, además de los animales reales, aparecen varios montruos míticos (Algunos aparecerían posteriormente en la Antología de la Literatura Fantástica de Jorge Luis Borges, por ejemplo). Algunos de ellos son el Catoblepas, un extraño animal similar a un toro pero con una cabeza desproporcionadamente grande y pesada, lo que le obligaba a mirar siempre hacia abajo, de ahí el origen de su nombre. Una larga melena cubría sus ojos, que eran rojos y estaban inyectados en sangre. Si llegaba a levantar la mirada sería mortal, ya que cualquiera que mirara a sus ojos moriría inmediatamente. Su aliento también era peligroso, pues se alimentaba principalmente de plantas venenosas. Supuestamente vivía junto a un manantial al oeste de Etiopía, posiblemente la fuente del Nilo.


El Catoblepas


Una criatura humanoide conocida como Blemia vivía, según Plinio, en el continente africano. No tenían cabeza y la boca y los ojos los tenían en el pecho. Los blemios fueron en realidad un pueblo nubio nómada que habitó entre Persia y el Alto Egipto entre el segundo milenio a.C. hasta el siglo V. También se hallaba el terrible Basilisco, una serpiente pequeña pero letal procedente del norte de África. En griego antiguo "basilisco" significa "pequeño rey", y por eso se le dio este nombre a la criatura, de la cual se creía que llevaba una corona sobre la cabeza. Esta bestia se acercaba a la presa con el cuerpo erguido en vez de arrastrarse por el suelo como las demás serpientes y escupía fuego por la boca.

La mejor manera de defenderse contra ella era ponerle delante un espejo, ya que al ver sus propios ojos se moría de miedo. Seguramente la invención de esta criatura se basó en los relatos de los viajeros sobre la cobra egipcia, que ataca erguida a sus víctimas y cuyo veneno es mortal y tiene una especie de corona en la cabeza.


El Basilisco, probablemente inspirado en las cobras de la realidad


Otro animal realmente curioso era la llamada Mantícora, que vivía en Etiopía, tenían tres hileras de dientes y cara y orejas de hombre aunque del color de la sangre, los ojos azules, el cuerpo de león y una cola de escorpión terminada en un aguijón. Corría con mucha rapidez y le encantaba la carne humana y era capaz de devorabar a sus víctimas enteras.


Mantícora


Su voz se parecía a la de la flauta o la trompeta. Podía lanzar dardos venenosos para inmovilizar a sus víctimas y su tamaño variaba entre el del león y el del caballo. En realidad esta criatura pertenecía a la mitología persa. Seguramente su origen viene de los cuentos indios, se supone que en su origen sería un tigre.

Por otra parte, según la enciclopedia también existían los llamados Abarimon, que vivían junto a los animales de la región y por su salvajismo no se podían capturar. Se trataba de humanos con los pies crecidos al revés. Existen leyendas que los pies invertidos de esta raza se debían a unas sandalias que usaban, y por esta razón podían correr a grandes velocidades. El país de los Abarimon se encontraba en el gran valle del Monte Imaus, un lugar donde el aire estaba encantado y por ello si una persona lo respiraba por mucho tiempo le sería imposible respirar otro tipo de aire.Esta raza ficticia no podía abandonar el valle con vida, este efecto también protegía la ubicación exacta del valle.

En la Historia Natural de Plinio aparecen muchos otros monstruos mitológicos, como los sátiros, , el ave fénix y otros, que en su momento fueron citados en esta obra como certezas.


Blemia


Mas allá de eso, el autor creó un verdadero monumento literario, no sólo por sus contenidos científicos sinó también por su valor lingüístico, ya que muchas de sus locuciones fueron empleadas para reconstruir modernamente la lengua latina por su abundancia de términos, la variedad de giros idiomáticos y lo hermoso del lenguaje utilizado.
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