Un estudio muestra la viabilidad de usar parasoles en órbita contra el calentamiento global
¿Ha llegado la hora de experimentar con el clima del planeta?
Mientras, los líderes políticos mundiales, cumbre tras cumbre, no se deciden a frenar el calentamiento global, un número creciente de científicos imagina cómo enfriar el planeta para mitigar los efectos del cambio climático. En lo que llaman geoingeniería, algunos proponen inyectar aerosoles en las nubes para aumentar la refracción de los rayos solares. Otros apuestan por fertilizar los océanos para que puedan capturar más CO2. Y, ahora, un estudio demuestra la viabilidad de la alternativa más grandiosa de todas: instalar una especie de sombrillas gigantes en el espacio para que sombreen la Tierra.
La forma más racional de combatir el cambio climático es atacar sus causas: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero, a falta de racionalidad política, la geoingeniería se ha ido abriendo paso. En los últimos años, tanto la Royal Society británica como la estadounidense Academia Nacional de Ciencias elaboraron sendos informes en los que, tras insistir en que sería mejor prevenir que curar, repasan las distintas alternativas para trastear el clima global.
Una de ellas es una técnica de gestión de la radiación solar que parece más propia de la ciencia ficción que de la ciencia a secas. No por casualidad, apenas tiene hueco en los dos informes. Se trata de reducir la cantidad de energía solar que llega al planeta colocando algo en la trayectoria entre el Sol y la Tierra. Pero ese algo debería ser tan grande como para poder sombrear el planeta. Y si es tan gigantesco, habría que saber dónde colocarlo y cómo.
"Desde nuestro planeta se vería como un puntito, algo parecido a una mancha solar", dice el experto en astrodinámica de la Universidad de Cranfield (Reino Unido), el español Joan-Pau Sánchez. Con la colaboración de su colega aeroespacial Colin McInnes, de la universidad escocesa de Strathclyde, Sánchez ha estudiado la viabilidad de colocar una especie de sombrilla entre el Sol y la Tierra.
Partiendo de que la radiación solar media global es de 1.367 vatios por metro cuadrado, los climatólogos han estimado que haría falta reducir esa cifra en un 1,7%. Con ese porcentaje como referencia, los investigadores ensayaron miles de configuraciones del tamaño, ubicación y masa de su sombrilla sobre un modelo climático para lograr cancelar el cambio climático, volviendo a la situación de 1980.
Lo primero que tenían que averiguar Sánchez y McInnes era dónde colocar la sombrilla. Estudios anteriores habían señalado al llamado punto de Lagrange L1 entre el Sol y la Tierra. Aunque el matemático ítalo-francés Joseph-Louis Lagrange (de ahí su nombre) lo explica mejor, se trata de una de las zonas (hay cinco puntos lagranguianos) donde la atracción de la gravedad del planeta y el astro se anulan, por lo que allí podría orbitar otro cuerpo más pequeño sin que se viera arrastrado por alguno de los dos gigantes. El L1 entre el Sol y la Tierra se encuentra a 1,5 millones de kilómetros de la segunda.
¿Ha llegado la hora de experimentar con el clima del planeta?
Mientras, los líderes políticos mundiales, cumbre tras cumbre, no se deciden a frenar el calentamiento global, un número creciente de científicos imagina cómo enfriar el planeta para mitigar los efectos del cambio climático. En lo que llaman geoingeniería, algunos proponen inyectar aerosoles en las nubes para aumentar la refracción de los rayos solares. Otros apuestan por fertilizar los océanos para que puedan capturar más CO2. Y, ahora, un estudio demuestra la viabilidad de la alternativa más grandiosa de todas: instalar una especie de sombrillas gigantes en el espacio para que sombreen la Tierra.
La forma más racional de combatir el cambio climático es atacar sus causas: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero, a falta de racionalidad política, la geoingeniería se ha ido abriendo paso. En los últimos años, tanto la Royal Society británica como la estadounidense Academia Nacional de Ciencias elaboraron sendos informes en los que, tras insistir en que sería mejor prevenir que curar, repasan las distintas alternativas para trastear el clima global.
Una de ellas es una técnica de gestión de la radiación solar que parece más propia de la ciencia ficción que de la ciencia a secas. No por casualidad, apenas tiene hueco en los dos informes. Se trata de reducir la cantidad de energía solar que llega al planeta colocando algo en la trayectoria entre el Sol y la Tierra. Pero ese algo debería ser tan grande como para poder sombrear el planeta. Y si es tan gigantesco, habría que saber dónde colocarlo y cómo.
"Desde nuestro planeta se vería como un puntito, algo parecido a una mancha solar", dice el experto en astrodinámica de la Universidad de Cranfield (Reino Unido), el español Joan-Pau Sánchez. Con la colaboración de su colega aeroespacial Colin McInnes, de la universidad escocesa de Strathclyde, Sánchez ha estudiado la viabilidad de colocar una especie de sombrilla entre el Sol y la Tierra.
Partiendo de que la radiación solar media global es de 1.367 vatios por metro cuadrado, los climatólogos han estimado que haría falta reducir esa cifra en un 1,7%. Con ese porcentaje como referencia, los investigadores ensayaron miles de configuraciones del tamaño, ubicación y masa de su sombrilla sobre un modelo climático para lograr cancelar el cambio climático, volviendo a la situación de 1980.
Lo primero que tenían que averiguar Sánchez y McInnes era dónde colocar la sombrilla. Estudios anteriores habían señalado al llamado punto de Lagrange L1 entre el Sol y la Tierra. Aunque el matemático ítalo-francés Joseph-Louis Lagrange (de ahí su nombre) lo explica mejor, se trata de una de las zonas (hay cinco puntos lagranguianos) donde la atracción de la gravedad del planeta y el astro se anulan, por lo que allí podría orbitar otro cuerpo más pequeño sin que se viera arrastrado por alguno de los dos gigantes. El L1 entre el Sol y la Tierra se encuentra a 1,5 millones de kilómetros de la segunda.
