En 1809 el polímata Johann Goethe, con 62 años, publica “Las afinidades electivas”, una bellísima novela centrada en las relaciones humanas. Al poco tiempo dirá que es su mejor obra.
Desde los 19 Goethe experimenta en su ático, y lee fervientemente, no sólo la obra química de su tiempo, sino también a los antiguos alquimistas como Paracelso. Lo que busca es el principio que mantiene unida a la naturaleza.
La obra causó un revuelo enorme de la época. Una señora llegó a decirle en la calle “su novela es muy inmoral”, a lo que él respondió “la verdad no puede nunca ser inmoral”. ¿A qué se refería?
Las afinidades electivas son una cualidad de algunas sustancias de buscar la unión con algunas en vez de otras. Por ejemplo, si tenemos una molécula AB, formada por las partículas A y B, y luego agregamos una cierta partícula C, se produce un disturbio en la armonía de AB, e inevitablemente alguna debe ser desechada.
La situación se vuelve más interesante si se juntan dos moléculas complejas. Esos casos se denominan doble afinidad electiva, y serían algo como AB+CD – AC+BD.
Lo que Goethe dice en la novela es, básicamente, que las relaciones humanas son iguales a las reacciones químicas. El matrimonio es un papel, y no hay ningún papel que detenga a A de marchar con C si hay una afinidad electiva entre esas dos personas.
Las afinidades electivas son ahora un término en desuso, que se ha reemplazado con la energía libre de Gibbs. La energía libre de Gibbs es la energía total utilizable que queda luego de una reacción química.
William James Sidis, el famoso prodigio, había propuesto que los organismos vivos utilizan, para sus movimientos psíquicos, la energía que permanecía inutilizable en las reacciones químicas espontáneas.
Según este punto de vista, las mentes enamoradas serían aquellas cuyas energías psíquicas buscan la unión a toda costa, de manera irracional, por el simple hecho de que sus composiciones moleculares son afines.
Esto sería el amor.
Desde los 19 Goethe experimenta en su ático, y lee fervientemente, no sólo la obra química de su tiempo, sino también a los antiguos alquimistas como Paracelso. Lo que busca es el principio que mantiene unida a la naturaleza.
La obra causó un revuelo enorme de la época. Una señora llegó a decirle en la calle “su novela es muy inmoral”, a lo que él respondió “la verdad no puede nunca ser inmoral”. ¿A qué se refería?
Las afinidades electivas son una cualidad de algunas sustancias de buscar la unión con algunas en vez de otras. Por ejemplo, si tenemos una molécula AB, formada por las partículas A y B, y luego agregamos una cierta partícula C, se produce un disturbio en la armonía de AB, e inevitablemente alguna debe ser desechada.
La situación se vuelve más interesante si se juntan dos moléculas complejas. Esos casos se denominan doble afinidad electiva, y serían algo como AB+CD – AC+BD.
Lo que Goethe dice en la novela es, básicamente, que las relaciones humanas son iguales a las reacciones químicas. El matrimonio es un papel, y no hay ningún papel que detenga a A de marchar con C si hay una afinidad electiva entre esas dos personas.
Las afinidades electivas son ahora un término en desuso, que se ha reemplazado con la energía libre de Gibbs. La energía libre de Gibbs es la energía total utilizable que queda luego de una reacción química.
William James Sidis, el famoso prodigio, había propuesto que los organismos vivos utilizan, para sus movimientos psíquicos, la energía que permanecía inutilizable en las reacciones químicas espontáneas.
Según este punto de vista, las mentes enamoradas serían aquellas cuyas energías psíquicas buscan la unión a toda costa, de manera irracional, por el simple hecho de que sus composiciones moleculares son afines.
Esto sería el amor.