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El concepto de lenguaje en "Ser y Tiempo" de Heidegger

Introducción a conceptos generales de “Ser y Tiempo”

§ 1. Establecimiento breve del porqué de este ensayo

De todos los conceptos que hacen su aparición en el célebre libro de Martin Heidegger, “Ser y Tiempo”, ¿Por qué elegir el lenguaje como centro de este ensayo? Bueno, hay varias razones, pero creo que la principal ha de ser la importancia que juega esta idea en la vida cotidiana del “ser-ahí”, ya que, el lenguaje, como vamos a discutir más adelante, es el “estado de ex-presada” de “el habla”. Pero, antes de empezar a hablar del lenguaje en sí, me gustaría introducir algunos conceptos del libro para hacer más amena la lectura de este texto.
Quiero aclarar que este texto se toma la licencia de no tomar en cuenta la segunda sección del libro, “El ser-ahí y la temporalidad”, porque el autor considera que no viene al caso hablar de la temporalidad del lenguaje, que a pesar de ser algo sumamente interesante, no responde al objetivo de este breve ensayo.

§ 2. El “ser-ahí” y su forma de ser

Primero y principal es importante introducirnos a nosotros mismos y a ninguno de nosotros: El “Ser-ahí” o “Dasein”, como prefieran llamarlo, va a ser de el centro de esta vorágine de ideas que presenta Heidegger. ¿Que es el “ser-ahí”? El “ser-ahí” es el ente hombre y la (su) existencia, es ente porque “es-en-el-mundo” de forma óntica y el ser de este ente es su existencia. Es bueno siempre recordar que el “ser-ahí” hace goce de una característica que hace que lo diferencian de otros entes, este tiene una capacidad de pre-comprender al ser, osea, una comprensión “Pre-ontológica” del ser, que le da una forma de ser diferente a la de los demás entes. Gracias a esto, Heidegger concluye que el uso de las clásicas “categorías” era inaplicable al “ser-ahí” ya que este “es” de una forma distinta a como “es”, por ejemplo, una mesa. Entonces, a partir de aquí, la esencia del “ser-ahí” dejará de ser la “sustancia”, analizable en categorías (algo propio solo de los entes que “son-ante-los-ojos”), y pasa a ser la “existencia”, analizable en “existenciarios”. Estos “existenciarios” son estructuras que todos los “ser-ahí” comparten entre sí, desde un punto de vista ontológico.
Ahora que les presente el concepto de “existenciarios”, creo que es mejor ir directo hacia el que es el existenciario más importante de todos: El “ser-en-el-mundo”. Este existenciario, simboliza la característica más importante del “ser-ahí”, el estar “abierto” al (su) mundo. Es importante entender que el mundo aquí no tiene ningún sentido espacial que contiene la totalidad de entes ni algo óntico como tal, sino más bien que es la órbita del, por así decirlo, andar en torno del “ser-ahí”, el contexto donde se desarrolla la vivencialidad del “ser-ahí”. Es bueno recalcar que este mundo se divide en dos: El mundo circundante, donde el “ser-ahí” “se-cura-de” los útiles “a-la-mano” que la hacen frente en su “ver-en-torno” cotidiano y el mundo compartido (O “ser-con”), donde el “ser-ahí” “procura-por” otros entes con la misma forma de ser de este.
Siempre es bueno recordar que Heidegger difiere de la concepción cartesiana del mundo como podrán haber notado. Descartes decía que existen solo dos cosas (desde un punto de vista ontológico): res extensa (materia) y res cogitans (mente, el sujeto). Esto significa que el mundo cartesiano (res extensa) es una totalidad de entes que se encuentran esparcidos en un espacio geométrico y el sujeto (res cogitans) se relaciona con estos entes de forma cognitiva. Si bien Heidegger no niega la relación cognitiva entre sujeto-objeto, el va a decir que en la cotidianidad el “ser-ahí” se relaciona de forma existencial con su mundo.
Ahora que manejamos estos conceptos clave, ya no estamos acercando mas y mas al tema que nos compete, pero primero es menester cuatro fenómenos que conforman el “ahí” del “ser-ahí”. El “ahí” es lo que permite la apertura al mundo, esto hace que al abrirse al mundo el “ser-ahí” no solo se abre a este, sino que también a sí mismo. Podemos decir entonces, “El ‘ser-ahí’ es su ‘estado de abierto’”. Entonces, ¿Cuáles son los cuatro fenómenos que componen al “ahí” del “ser-ahí”? “El encontrarse”, “el comprender”; su derivado, “la interpretación” y el derivado de esta última, “la proposición”, “el habla” y “la caída”. En este ensayo no se hablara de el fenómeno de “la caída”, ya que, aunque sea sumamente interesante, no hay tanta relación con el tema al que queremos dirigirnos.

§ 3. “El encontrarse”

El “ser-ahí”, como hemos visto, no se encuentra flotando en la nada, sino que siempre está-en el mundo, no de forma cognitiva, sino que de forma afectiva, en esto consiste “el encontrarse”. Creo que es mejor es mejor dejar al mismo Heidegger hablar en este caso: “Lo que designamos ontológicamente con el término ‘encontrarse’ es ónticamente lo más conocido y lo más cotidiano: el temple, el estado de ánimo.”
Este “encontrarse” es fáctico, pero no fáctico de “efectividad” de factum brutum que es algo propio de un “ser-ante-los-ojos”; o sea, un hecho observable, la “facticidad” del “ser-ahí” es algo que se le revela al “ser-ahí” en su temple de ánimo. No es un hecho “ante-los-ojos”, sino algo que es parte de su ser.
Heidegger va a decir que al “ser-ahí” no le es indiferente su mundo, sino que el temple de ánimo va a ser algo con lo que siempre va a tener que cargar, se impone siempre sobre el “ser-ahí”. A este fenómeno Heidegger lo va a llamar geworfenheit o, en español, “estado de yecto” que significa que el “ser-ahí” se encuentra en el mundo en condición de yecto, o para que se entienda mejor, de arrojado. “El ente del carácter del ‘ser-ahí’ es su ‘ahí’ en el modo consistente en que, expresamente o no, ‘se encuentra’ en su ‘estado de yecto’”.

§ 4. “El comprender”, “la interpretación” y “la proposición”

“El comprender” es, probablemente, el concepto más importante de todos los que forman la estructura del “ahí” del “ser-ahí”. Si “el encontrarse” pertenece a la dimensión fáctica del “ser-ahí”, “el comprender” pertenece a la existencia. Y es que claro, sin “el comprender” nuestra forma de ser seria la misma que la de un gato o un pez. No hay que confundir “el comprender” que plantea Heidegger con la concepción óntica, y que involucra cognitivamente al ser, del comprender. Hay que recordar que Heidegger está haciendo un análisis ontológico-existenciario del “ser-ahí” y no le interesan las acepciones vulgares de los conceptos derivados de la comprensión pre-ontológica del ser.
Entonces, “el comprender” significa proyectar posibilidades, como el “ser-ahí” “comprende” su existencia este puede elegir las posibilidades que el va a tomar. Estas son solo de él y de nadie más. Esto es la capacidad de existir en cuanto tal.
Este concepto siempre me hace acordar a los libros de elige tu propia aventura, estamos siempre eligiendo nuestro próximo movimiento, y cada movimiento terminará, tarde o temprano, por determinar nuestras próximas posibilidades, hasta que la posibilidad más peculiar, la muerte, imposibilite todas nuestras posibilidades. Estas posibilidades, de todas formas, no son planeadas con antelación, ya que, el “ser-ahí” siempre se está proyectando y siempre se proyectara mientras exista. Es bueno recalcar que estas posibilidades siempre las “comprendemos” mientras nos “encontramos” lo cual significa que van a estar determinadas por nuestra facticidad.
A la hora de hablar sobre interpretación creo que es mejor que el mismo Heidegger los introduzca al concepto: “En cuanto ‘comprender’, el ‘ser-ahí’ proyecta su ser sobre posibilidades. Este compresor ‘ser relativamente a las posibilidades’ es él mismo, por obra de la repercusión de las posibilidades en cuanto abiertas sobre el ‘ser-ahí’, un ‘poder-ser’. El proyectar del comprender tiene la posibilidad peculiar de desarrollarse. Al desarrollo del comprender lo llamamos ‘interpretación’. En ella el comprender se apropia, comprendiendo, lo comprendido. En la ‘interpretación’ no se vuelve el comprender otra cosa, sino él mismo. La ‘interpretación’ se funda exitenciariamente en el comprender, en lugar de surgir éste de ella. La interpretación no es el tomar conocimiento de lo comprendido, sino el desarrollo de las posibilidades proyectadas en el comprender”. En resumen, si “el comprender” hace posible nuestra proyección de posibilidades, “la interpretación” las hace explícitas.
A la hora de hablar de “la proposición” (el juicio), lo que en la lógica se conoce como “portador de verdad”, Heidegger la define como “una indicación determinante comunicativamente” y un “modo derivado de la interpretación”. Esto nos lleva a concluir que la proposición es algo que se dice en forma de verdad, pero que termina siendo meramente una interpretación del “ser-ahí”.

El “ser-ahí” y el habla. El lenguaje

§ 5. Aclaración importante antes de continuar con la exégesis del habla Heideggeriana

Antes de empezar con el análisis del “habla” y el lenguaje, me gustaría aclarar que lo que sigue a continuación, así como lo anteriormente escrito, es una interpretación propia de estos conceptos centrales para la existencia del “ser-ahí” mismo. Probablemente no haya logrado captar del todo lo que Heidegger quiso decir verdaderamente en “Ser y Tiempo”. Espero que esto sirva como excusa a lo que podría ser una interpretación errónea de ese libro tan oscuro y críptico, pero como dijo Nietzsche en una de sus mas célebres frases, “No existen hechos, solo interpretaciones”.

§ 6. El habla como articulación permisora de la existencia misma

El habla, al igual que “el encontrarse” y “el comprender”, determina el “ahí” del “ser-ahí”. Este fenómeno ontológico-existenciario es el engranaje clave para la posibilitación de la existencia del “ser-ahí”. El habla es la articulación de la comprensibilidad del mundo, esto permite que las significaciones existentes a priori en la totalidad referencial puedan ser comprendidas. El habla es el fundamento ontológico que da origen a lo que nosotros queremos tratar primordialmente en este ensayo: el lenguaje.
No hay que pensar en el fenómeno del habla como si fuera una conversación entre dos personas, eso sería llevar este fenómeno tan original al plano del onticidad y eso es lo que se quiere evitar por sobre todas las cosas. A pesar de todo, el habla es justamente quien facilita el fenómeno de la comunicación “con-otros”.
Si decíamos que todo es comprender y todo comprender puede derivar en interpretación, el habla es aquel que hace que esto pueda ocurrir. Si bien en éste ensayo no hemos hablado verdaderamente sobre el mundo circundante y los entes intramundanos que se revelan al “ser-ahí” como útiles “a-la-mano”, creo que es bueno mencionar que todos los entes, que forman parte de esa familiaridad mundana del mundo, están atados a un sistema de referencias que hace que nos sea posible utilizar estos útiles de forma automática, ya que como estamos absorbidos en nuestro mundo y en la cotidianidad nos relacionamos con estos entes de forma existencial y no de forma cognitiva como diría Descartes. Para entender este sistema de referencias creo que es mejor dar un ejemplo: Un carpintero usa el martillo todos los días de su vida. Un día llega a su taller y su martillo no está. El carpintero se molesta y empieza a buscar el martillo por todas partes. No lo encuentra. No puede realizar su trabajo del día hasta no comprar un nuevo martillo. Lo que se quiere mostrar con este ejemplo es como al carpintero, al menos inconscientemente, se le reveló el sistema de referencias que componen su mundo. Sin martillo, no puede clavar los clavos que van a ir en la madera para poder construir una casa. Las significaciones de estos entes que forman parte del sistema de referencias cotidiano sólo pueden ser comprendidas e interpretadas a través del habla.
Como dijimos anteriormente el comprender contiene en sí mismo prácticamente la capacidad de la existencia, o sea, la esencia del “ser-ahí”. Y el comprender se hace en un mundo, por lo tanto se comprende fácticamente, encontrándose, y a la vez el “ser-ahí” comprende (o al menos, pre-comprende) su facticidad. Esto nos lleva a concluir que la facticidad y la existencia están estrictamente relacionadas entre sí, ¿Pero como? A través del habla que hace a su vez de articulación, como si de la unión de dos huesos se tratase, de estos dos fenómenos. Entonces, podemos decir que el habla es el soporte de la existencia misma. Sin habla el ser del ser-ahí sería igual al de los animales que se “encuentran” pero son incapaces de (pre) comprenderse a sí mismos.

§ 7. El lenguaje

Al principio de este texto definimos al lenguaje como “El estado de ex-presada del habla” y bien, ¿Qué significa esto? El lenguaje es la expresión óntica del habla que se manifiesta en forma de proposición como una totalidad de palabras que hacen referencia a los entes intramundanos. Por tener está capacidad, la de ser la peculiar forma de ser mundana del habla, el lenguaje pasa a ser automáticamente algo “a-la-mano”. Un ente derivado del habla que se encuentra en el “ver-en-torno” cotidiano del “ser-ahí”. El “ser-ahí” “habla” “con-otros” a través del lenguaje, es importante recordar que el lenguaje no sólo es oral y signico, sino que también es simbólico, ya que asi como todo interpretar es gracias al habla, todo lo que “está-ante-los-ojos” interpretado previamente es lenguaje.
El autor de este texto comparte la concepción que “Ser y Tiempo” plantea del lenguaje; un útil para generar comunicación e interpretación ónticas, ya que todo lo intramundano debe ser definido por su funcionamiento, así como una mesa es un mueble para sostener diversos objetos sobre si, el lenguaje es el creador de coherencia ontica. Todo hablar (ontico) sobre algo es, como dice Heidegger, un expresarse, “Hablando se expresa el ‘ser-ahí’, no porque como algo ‘interno’ empiece a estar recluso relativamente a un ‘afuera’, sino porque en cuanto ‘ser-en-el-mundo’ y comprendido ya es ‘afuera’. Lo que quiere decir Heidegger con está frase es que gracias a la aperturidad inherente al “ser-ahí” es imposible la inexpresividad, ya que el “afuera” al que hace referencia es en cada caso nuestro “adentro”.
La capacidad del habla es lo más importante que podría tener el ser humano es lo que permite la verdadera vida como la conocemos nosotros. El lenguaje es el ente más peculiar de todos. El lenguaje es el único ente que es tanto ontico como ontológico, el “ser-ahí” tiene solo una comprensión pre-ontológica de sí mismo gracias al lenguaje. Detrás de este se encuentra el sentido del ser, el problema es que para analizar ontológicamente a nuestro lenguaje tendríamos que concebir un lenguaje totalmente nuevo para comprender en su totalidad a este. Quizá estas cuestiones no aparecen expresas en “Ser y Tiempo”, pero sin duda hay un atisbo de está idea que Heidegger más adelante en su vida empezaría a tratar de forma casi obsesiva. En su “Carta Sobre el Humanismo”, Heidegger daría una de sus definiciones más importantes e interesantes del lenguaje: “el lenguaje es la casa del ser, que ha acontecido y ha sido establecida por el ser mismo. Por eso se debe pensar la esencia del lenguaje a partir de la correspondencia con el ser, concretamente como tal correspondencia misma, esto es, como morada del ser humano.”, pero el análisis de está concepción merece ser tratada en otro ocasión.
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