InicioApuntes Y Monografias¿Queres entender el mal de los Ponjas?¿de los Chinos? Entra
Buen dia taringueros, es un hermoso dia de otoño aca en mi pueblo, en la zona metropolitana de Rosario El sol brilla, una tormenta asoma y nos baña un tierna garua, mientras las hojas tiñen las calles y veredas seria perfecto tener una compañera para apreciarlo juntos pero bueno, taringa me daña jeje Pero si pensas que sos un gordo ,virgo , fracasado e inutil bueno, al menos agradece que el unico que se caga a pedos por eso sos vos o a lo sumo tu familia de ves en cuando y agradece no haber nacido en asia, en una ciudad por lo menos en china Aca del blog del cual soy humilde seguidor, tengo espero pueda hacerte enteder y mas que nada comprender lo que sufre esa gente, y de lo afortunado que sos en que tengas el destino en tus manos Nota: Si te interesa tu desarrollo personal y dejar de ser un fraca y virgo te recomiendo la comunidad de taringa "El encare" no me creerias si te dijera que hay una comu que te ayuda a dejar de ser el perfecto virgo taringero, dentro del mal estaba la cura jajjaja Asi comienza la nota: ADOLESCENCIA ROBADA: LO QUE HAY DETRÁS DE LA VERDADERA TORTURA CHINA Por Marcandoelpolo En China Jun 13th, 2014 Hace un tiempo alguien compartió en Facebook un artículo que afirmaba que en China estaban los nenes más felices del mundo. Nos detuvimos a leerlo, y no podíamos creer lo que estábamos viendo. Según este articulo, los chinos son los más felices por ser los que mejores resultados académicos tienen. ¡¿Quéeee?! Ya habíamos estado en China en el 2011 y, si bien fue nuestra primera vez en el gigante asiático, dudábamos que esa afirmación fuera cierta. Cuando volvimos este año esa frase nos daba vueltas en la cabeza todo el tiempo, y cada día podíamos comprobar que no podía estar más lejos de la realidad. Era uno de los días más fríos que recordemos desde que salimos de viaje. Habíamos tenido un día de autostop durísimo, de esos que sacan las ganas de viajar a los más débiles. Nos sentíamos como en pleno Supermatch cuando los participantes tenían que caminar sobre la viga mientras unas pelotas gigantes intentaban golpearlos, pero no nos íbamos a caer tan fácilmente. Llegamos a un pueblo donde ni siquiera había alojamiento, y decidimos pasar la noche en la estación de trenes usando de “bolsa” de agua caliente un termo no térmico que hace que te quemes cuando lo agarrás. En ese momento no quemaba, sino que era nuestra estufa mochilera que mantenía nuestra sangre circulando. A la mañana siguiente llegamos a Xiangtan, donde nos estaría esperando Zyke, una chica de 17 años que conocimos en Couchsurfing. En realidad contactamos a su madre, pero como justo tuvo que pasar dos semanas en el hospital –y no quiso avisarnos ni cancelar nuestra visita, hospitalidad 100%– su hija fue la encargada de recibirnos. Cuando la contactamos la noche anterior para avisarle más o menos a qué hora llegaríamos, nos responde “Nos podemos encontrar en la estación de trenes, pero eso sí, después del mediodía porque tengo que ir a la escuela aunque sea domingo”. Llegamos demasiado temprano, y después de un par de horas de espera, llega toda agitada: “Perdonen, me demoré un poquito porque mi profesora me tenía que dar más ejercicios. Es que soy muy mala en matemática y tengo que ir a clases extra los domingos porque si no me va a ir mal en el Gaokao, ya les voy a contar más delante de esto, ahora vamos para casa que deben estar cansados”. Efectivamente, estábamos muy cansados y lo que más necesitábamos era una ducha caliente. Una vez que sentimos que nuestros cuerpos empezaron a descongelarse, pudimos ir uniendo las ideas. Mientras nos acomodamos, Zyke sigue haciendo ejercicios interminables. Notamos que quiere atendernos, pero no puede despegarse de su cuaderno. Sin levantar la cabeza de la hoja, nos muestra dónde podemos agarrar té, y nos alcanza un paquete de muffins para que comamos. “Podemos ir a almorzar en una hora, cuando avance un poco con mi tarea. Disculpen, es que el Gaokao es en sólo tres meses, tengo que estudiar mucho. Desde que empezamos la escuela primaria que nos estamos preparando para este momento. No puedo más de la presión. Tengo a toda mi familia pendiente, a mis profesores, a mí misma. No veo la hora de que pase esa fecha para poder dormir tranquila.” La vida de Zyke es como la de todos los chinos de su edad. Se levanta a las 5.00 am, y a las 5.30 ya está en el colegio. Las clases empiezan recién a las 8, pero tienen que ir dos horas antes para estudiar por su cuenta. Recién saldrá a las 9.30 pm, lo que da un total de 16 horas en la escuela. No existen los fines de semana: sólo hay dos días libres por mes. Si esto no es tortura china… ¿qué es? No hay tiempo para materias como música o arte, sólo se estudia lo que se toma en el famoso Gaokao, que es el examen a nivel nacional que establecerá su futuro –y el de sus familias-. La nota que saquen determinará la universidad a la que pueden ir. Considerando que China es el país más poblado del mundo, no nos sorprende ver la competencia que hay en todos los aspectos. Ese examen es todo: si no logran entrar a una buena universidad, están destinados a conformarse después con los peores trabajos, generalmente en fábricas. No hay compasión. Además, se les suma la presión que les imponen los padres. En la cultura china, los hijos tienen la obligación de ser la principal fuente de ingresos de los padres. Nos contaba Tina, nuestra host en Wuhan, que cuando estaba por rendir el odiado gaokao su mamá le decía que si le iba mal no iba a poder salir a la calle, porque no iba a poder aguantar la mirada de sus vecinos sabiendo que a su hija le había ido mal en el examen y estaba destinada a una vida miserable. Ahora que lo dio bien y pudo ir a una buena universidad, la madre la sigue presionando para que se case. Le dice que ya es muy vieja (¡tiene 24!), que va a ser considerada como “las sobras”, que es como llaman en China a los mayores de 25 que todavía están solteros. “Mi mamá dice que ya soy vieja, que nadie se va a querer casar conmigo. ¡Pero yo no me quiero casar todavía! No encontré a nadie con quien me quiera casar… no sé qué hacer, ya es algo que se vuelve insoportable.”. Es que los chinos empiezan a disfrutar de la vida cuando se jubilan. No hace falta raspar mucho sobre la superficie para darnos cuenta de esto: en los parques no hay chicos ni adolescentes. Sólo hay nenes de hasta 6 años, y jubilados. El resto de la población está demasiado ocupada como para ir a perder el tiempo “tomando aire fresco”. Desde que entran a la primaria que tienen que dedicar todo su tiempo a estudiar para el Gaokao, después tienen que terminar la universidad. Una vez que se reciben, tienen toda la presión para conseguir un buen trabajo y ¡casarse! Vamos, que no hay tiempo… quick quick!, como les encanta decir a los chinos. Una vez que lograron todo eso, tienen que dedicar todo su tiempo “libre” a hacer crecer su negocio, sino es tiempo perdido. Cuando se jubilan, es como si volvieran a nacer. Una tarde cualquiera en un parque de Xiangtan, China. Nos encanta verlos jugando a las cartas o al mahjong en los parques, bailando o tocando música. Pero, por otro lado, no podemos evitar sentir pena por Zyke y por todos los chinos que tienen su infancia y adolescencia perdida dentro de cuatro paredes. Pasan de ser un bebé a un adulto lleno de obligaciones. Les roban la etapa más linda de la vida y nadie dice nada. ¿Acaso el tiempo no es lo más valioso que tenemos? En las escuelas hay miles de chicos encerrados en una jaula pidiendo a gritos poder expandir sus alas y volar. Pero cuando intentan despegar, recuerdan que ya no las tienen, que se las cortaron varios años atrás. No hay tiempo para la creatividad. No hay tiempo para ir a jugar a la casa de tu amigo. No hay tiempo para juntarse en el parque a jugar a la pelota. No hay tiempo para perseguir los sueños. No hay tiempo para aprender a andar en bicicleta. "ESO NO LO TOMAN EN EL EXAMEN, ENTONCES NO SIRVE. SÓLO SE PUEDEN CONCENTRAR EN LO QUE LE VAN A TOMAR" Esto me recuerda a una clase de matemática que tuve en el secundario, cuando la profesora Rita nos llenó el pizarrón de ejercicios de logaritmos. Con sólo recordarlo ya me agarra escalofríos, y eso que no me costaba la materia, pero no lograba entender por qué teníamos que perder el tiempo resolviendo cuentas como máquinas, en vez de aprender cosas más últiles como cocinar, por ejemplo. Un día me cansé y le pregunté a la profesora en medio de la clase: – ¿Para qué tenemos que aprender esto? – Porque agiliza la mente. – Pero hay muchas maneras más productivas de agilizar la mente. Sinceramente, no le encuentro la motivación a resolver estos ejercicios. Si me dice cuál es la importancia, quizás me inspiro y los resuelvo con más ganas. -Los tiene que resolver porque están en el programa y los voy a tomar en el examen y tiene que aprobar la materia para poder pasar de curso. Tan simple como eso. Ahora póngase a estudiar. Resultado: cita de la rectora porque estaba “disturbando” la clase. ¿Acaso preguntar sobre lo que estamos estudiando está prohibido? Recuerdo ese día como si fuera ayer y me gustaría volver el tiempo atrás para poder haberle dado más fundamentos, e intensificar mi demanda. Igualmente, un planteo como este en China es algo simplemente impensable. El respeto a las autoridades ya se convirtió en miedo. Y no sólo con sus profesores, sino también con sus padres y, más adelante, jefes. Cuando a un chico le va mal en un examen, no sólo es una vergüenza para él y su familia, sino para sus profesores. Lo peor, es que éstos les pegan con la regla, algo que pensamos que era ya historia (aunque también lo vimos en Indonesia, lamentablemente). ¿Cómo puede ser que esté permitido, y alentado por los padres, que los profesores le peguen a los alumnos? "EN CHINA, QUIEN NO COMPITE DESDE LA INFANCIA NO SE ASEGURA EL ÉXITO." Después de este día con Zyke pudimos entender mucho más que el sistema educativo: pudimos responder varias preguntas que nos veníamos haciendo hace tiempo sobre los chinos. ¿Por qué son tan malos en los deportes? ¿Por qué parece que trabajan como si fueran máquinas? ¿Por qué les da miedo relacionarse con la gente? Durante 17/18 años estuvieron presos de su futuro, y ahora que salen del capullo no saben cómo reaccionar. Saben resolver problemas matemáticos, pero no saben cómo actuar frente a la vida real. ¿Cómo se puede pretender que lo sepan cuando estuvieron durante casi toda su vida sin poder despegar su vista de los libros? Si cada vez que se equivocaban, los avergonzaban en público y les pegaban… ¿cómo podemos pretender que intenten hablarnos en inglés si no pudieron superar el miedo a equivocarse? Al ver que el supermercado al que iba a comprar cerca de casa no cerraba ni feriados, ni domingos, me preguntaba cuál sería la razón. Suponía que era porque necesitaban mandar plata a su familia en China, pero después de varios meses conociendo gente de este país, pude empezar a atar cabos, y darme cuenta que seguramente esa no sería la razón principal. Producir, producir, producir… la presión social sobre ellos es tan grande que si la producción frena, la piedra los aplasta. Nuestro viaje por China avanza, y llegamos hasta Nanjing, donde nos estaban esperando Kevin y Christine, justamente dos profesores de inglés en la universidad que nos invitaron a dar una charla sobre nuestro proyecto en su clase. ¿Qué mejor oportunidad para cerrar nuestro viaje por China? Ellos están haciendo un trabajo que va mucho más allá de enseñar un idioma. Les abren la mente, y les muestran lo que hay más allá de las fronteras chinas. El tema de la clase que pudimos presenciar fue: ¿qué harías de tu vida si la opinión de tus padres no importara? De una clase de 50 chicos, sólo dos seguiría haciendo su misma vida. Me iría a viajar… Dedicaría mi vida al arte… Sería chef… Me gustaría ser escritora… “¿Y por qué no empezás a cambiar algo desde ahora si estar acá no es lo que querés?”, les preguntaba Kevin a cada uno de los alumnos. Palabras más, palabras menos, la respuesta siempre fue la misma: “Porque mis padres se enojarían mucho si no estudio lo que ellos quieren.” “Pero esta es tu vida, no la de tus padres.”, trataba de hacerles entender Kevin. Pero en la cultura china, el complacer a las autoridades es mucho más importante que complacerse a uno mismo. “No quiero decepcionar a mis padres”, respondió la mayoría. Cuando les contamos nuestra historia viajera y sobre Eliminando Fronteras, no lo podían creer. Hacían preguntas en chino que Kevin se encargaba de responder. Más tarde nos contaría que no había una barrera idiomática, sino mental. Ellos no podían comprender cómo podíamos estar viviendo esta vida alternativa sin pensar en las obligaciones que la vida tiene preparada para nosotros. Su mayor preocupación era nuestra vuelta, porque decían que nuestros pares iban a estar más avanzados y con más experiencia laboral, y a nosotros nos iba a costar competir contra ellos porque estuvimos “perdiendo el tiempo” todos estos años. ¿Y si viajar fuera obligatorio? Seguramente pensarían distinto… Los dormis de la facu, donde los universitarios viven La nota que te saques en el Gaokao define mucho más que la universidad en la que vas a estudiar. Determina el respeto que vas a recibir de la gente que te rodea, la relación con tus padres, el trabajo que vas a conseguir, la persona que va a ser tu pareja, tu estatus en la sociedad. Para los chinos, este maldito examen es el momento de la verdad, donde los caminos se bifurcan. Si lo das mal podés rendirlo el año próximo, pero para toda tu vida vas a ser un fudusheng, “estudiante que repite”. El país se paraliza durante este día. Hay taxis gratis para los alumnos, no se permite que ningún vuelo pase sobre el lugar del examen, los padres reservan habitaciones en hoteles cercanos para que los hijos no se distraigan cuando tengan que ir a rendir, las construcciones cierran para no hacer ruido y varias calles son cerradas al tránsito. Es común que se cambien las dietas alimentarias por otras que estimulen la concentración y que los alumnos tomen distintos tipos de energizantes para estudiar día y noche. Ufffff, con tanto stress llega un momento que la olla explota y aparte de alumnos con futuro soñado, el Gaokao nos trae una alta tasa de suicidios y renuncias de profesores. Kevin y Christina están casados, pero decidieron no traer un hijo a este mundo. Esto en China es un delito tan grave como rendir mal el gaokao. Por supuesto, eso fue y sigue siendo motivo de pelea familiar con sus padres que no respetan su decisión. “¿Quién se va a encargar de ustedes cuando sean viejos?”, “¿Cómo voy a salir a la calle? La gente comenta que no pueden tener hijos y eso me avergüenza”, les dice la madre de Kevin. Ellos ya lo vivieron, y no quieren que su hijo sufra lo que sufrieron ellos mientras eran dos víctimas más de la tortura china. Bueno Amigos, eso es todo, espero que hayan disfrutaod de la lectura, que tengan un buen inicio de semana y espero miren con aprecio aquel futuro que tienen por delante Salud! Por nosotros!
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