Lunar Reconnaissance Orbiter ofrece evidencias de actividad volcánica en nuestro satélite hasta hace menos de 100 millones de años. Nuestro satélite es un lugar polvoriento, tranquilo, donde poco o nada a cambiado desde hace miles de millones de años, dejando de lado los inevitables impactos de pequeños asteroides contra su indefensa superficie, y en donde cualquier rastro de actividad volcánica se detuvo completamente y de forma abrupta hace como mínimo 1.000 millones de años. O al menos esta es la idea que se tenía de ella hasta ahora. Sin embargo la realidad, como suele ser habitual en la exploración de otros mundos es más compleja de lo que nos podamos imaginar, con señales de que los volcanes lunares siguieron activos hasta tiempos geológicos muy recientes, menos de 100 millones de años, quizás menos de 50, lo suficiente como para coincidir en el tiempo con los grandes dinosaurios. La formación denominada Maskelyne, uno de los muchos depósitos volcánicos jóvenes recién descubiertas en la Luna. Se cree que estas áreas son restos de pequeñas erupciones de lava que se han producido recientemente. Ejemplo de ello serían las partes oscuras y los montículos redondeados, que se elevan por encima del terreno brillante y abrupto. Así lo señalan las observaciones de la LRO, en concreto de ciertas y realmente extrañas formaciones conocidas como por los científicos como "irregular mare patches", zonas donde se mezclan montículos suavemente redondeados y poco profundos con zonas abruptas, un terreno fragmentado en bloques. La mayoría miden menos de 500 metros de diámetro, con la excepción de la mucha mayor Ina Caldera, considerado un domo o escudo volcánico, por el cual una vez fluyó hacia la superficie el magma lunar. Antes de la llegada de esta sonda se la consideraba una estructura única en La Luna, un fenómeno local y transitorio entre la eterna tranquilidad lunar, sin embargo el examen en profundidad de las imágenes enviadas por esta sonda ya han sacado a la luz más de 70 de ellas, especialmente en los "mares" lunares. Probable imagen de la Luna en la antigüedad, quizás como la observaron los dinosaurios. Los astrónomos estiman la edad de las características de La Luna contando el número y tamaño de los cráteres (cuanto menos y más pequeños, más joven de la superficie) y la pendiente de las laderas que van desde las cimas de las cúpulas más suaves al accidentado terreno inferior (cuando más empinada, más joven). "Sobre la base de una técnica que une mediciones de cráteres a la edad estimada de las muestras del Apolo, 3 de estas formaciones parecen tener menos de 100 millones de años, y tal vez menos de 50 millones de años en el caso de Ina", en claro contraste con la superficie que las rodea, que se mueven entre los 1.000 y los 3.500 millones de años. Ina Caldera, la mayor de las conocidas, se asienta encima de un gran domo o escudo volcánico, donde la lava una vez emergió a la superficie. Para que el magma fluya hacia el exterior es necesario un manto caliente, la capa profunda por debajo de la corteza que se extiende hasta el núcleo metálico de La Luna. Y eso significa un núcleo que todavía está emitiendo una gran cantidad de calor. Los científicos pensaban que La Luna había enfriado hace mil millones de años o más, por lo que los flujos de los últimos eran casi imposibles, pero ahora todo parece indicar que permaneció muy caliente mucho más tiempo que nadie había supuesto. "La existencia y la edad de estos "parches irregulares" nos dice que el manto lunar tuvo que permanecer lo suficientemente caliente como para proporcionar el magma a las erupciones de pequeño volumen que crearon estas características inusualmente jóvenes", explica Sarah Braden, una reciente graduada de la Universidad Estatal de Arizona y la autora principal del estudio. Las erupciones que ocurrieron en tiempos geológicos recientes en La Luna fueron parecidas a las que ocurren actualmente en Kilauea, Hawaii. Estos descubrimientos cambian la imagen que tenemos de La Luna como un mundo geológicamente muerto, remplazándola por otra de un mundo con una historia mucho más activa, posiblemente alimentado con el calor generado por las mareas gravitatorias de la Tierra, donde el vulcanismo tuvo acto de presencia hasta tiempos recientes. Y quizás incluso hoy día, lo que se podría relacionar con los TLP (Transient Lunar Phenomena, fenómenos lunares transitorios) observados en ella, resplandores y oscurecimientos locales que se cree tienen un origen geológico interno, posiblemente liberación de gases volcánicos. Si este es el caso serían las tenues señales del pasado, pero de uno no tan lejano como podríamos imaginar. Las mareas gravitatorias de la Luna sobre la Tierra generan las mareas oceánicas y frenan la rotación de esta última, mientras que en sentido opuesto esta primera ve como su órbita se aleja lentamente de la segunda y posiblemente genera calor por fricción en su interior. Letra chica: aunque comentar es lo que se prefiere, los comentarios que desvirtúen serán borrados.
La Luna de los dinosaurios
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