La herencia
La escena se desarrolla en un mundo lleno de animales, se abren las cortinas del teatrillo y se ve aparecer al toro y a la vaca conversando.
Toro: Y qué…¿Te has enterado de la noticia?
Vaca: ¿Noticia, qué noticia?. Yo nunca me entero de nada.
Toro: He oído que el gato ha heredado.
Vaca: ¿Cómo?
Toro: Sí, sí, ¿Te acuerdas de su tía Enriqueta?.
Vaca: Sí, esa que era millonaria y vivía en Florida.
Toro: Esa, esa, pues parece ser que se ha muerto y le ha dejado toda la pasta.
Vaca: Pues sí que va a engordar, macarrones, tallarines, lacitos…
Toro: ¡Qué no, qué no me refiero a ese tipo de pasta!. Le ha dejado todo su dinero.
Vaca: Madre mía, pues entonces habrá que ir a visitarle y ayudarle a gastarse toda esa pasta ¿No crees?, jajajajajajaja.
Ambos se marchan riéndose, mientras aparece en escena el Cangrejo, narrador de la historia.
Cangrejo: Pues ya lo habéis visto, el gato parece ser ahora un gran millonario y todos parecen querer ser sus amigos, ¿Qué os parece?. Ahora me voy, viene alguien.
EL Cangrejo se va mientras entran en escena el León Y el Elefante.
León: Y a ti ¿Qué te pasa?.
Elefante: ¡Ah, perdona no te había visto, estaba pensando!
León: ¿Pensando, en qué?
Elefante: Pues en cómo hacerme amigo del gato, ahora que tiene dinero tengo que aprovechar.
León: Pues no creo que quiera ser tu amigo, siempre lo estás incordiando con esa trompa larga que tienes.
Elefante: Sí, es cierto que me encanta fastidiarle, sobre todo cuando está durmiendo.
León: Aunque me has dado una idea, podemos ir a verle y probar a ver si lo conseguimos.
Elefante: ¡Estupendo, vamos, no quiero perder la oportunidad!
Ambos se marchan juntos, y el amigo Cangrejo aparece de nuevo.
Cangrejo: ¿Lo veis?, ¡Qué barbaridad! Ahora todos intentan acercarse al gato cuando antes pasaban de largo, el saber que tienen dinero los está trastornando, por cierto, por ahí llega el príncipe rana, a ver qué le parece todo esto.
La Rana entra en escena
Rana: ¡Ehhhhhhhhhhh, hola amigo tenazas! ¿Qué haces aquí tan solitario?
Cangrejo: Aquí con unos amiguitos (señala al público) contándoles lo del gato y su dinero.
Rana: ¿Dinero? ¡Qué bromista, el gato es más pobre que los mendigos del barrio!
Cangrejo: ¡Qué nooooooooo, qué ha heredado y ahora tiene más dinero que…que…que…túúúúúúúú!
Rana: ¡No es posible!
Cangrejo: ¿Es que no te alegras por él?
Rana: ¿Alegrarme? Todo lo contrario, he de encontrar la forma de quitárselo, nadie puede ser más rico que yo aquí en mi reino.
Se marcha enfadadísimo dejando al Cangrejo pensativo.
Cangrejo: Pues ya lo veis, creo que el pobre gato no conseguirá tener ni un amigo verdadero, pero mirad y estar atentos porque creo que viene por allí.
EL Cangrejo desaparece y entra el Gato cabizbajo y muy triste.
Gato: (Mira al público) Ah, hola, ¿estás ahí? Perdonad no os había visto, estoy algo distraído. Seguro que sabéis por qué y si no yo os lo digo, pues nada que yo sólo quería tener amigos y me inventé lo de mi tía Enriqueta, pero ahora todos piensan en el dinero y no en mí ¡Qué tristísimo estoy! (Llora)
Mientras llora aparece el Erizo
Erizo: Ehhhhhh, Don gato ¿Qué es lo que te pasa?
Gato: Nada , seguro que ya lo sabes.
Erizo: ¿Enterarme, de qué? Yo venía a invitarte a merendar y como sé que no andas bien de dinero pago yo.
Gato: ¿Lo dices de verdad, así que tu ofrecimiento es sincero?
Erizo: Pues claro, yo tampoco tengo muchos amigos, por eso de las púas dicen que pincho todos los balones y no quieren jugar conmigo así que pensé que tal vez tú…
Gato: ¡Es fantástico! Siempre quise tener un amigo con el que compartirlo todo y ahora mi sueño se ha cumplido, no te doy un abrazo porque tus púas me impresionan, pero sabes algo, creo que esto es el comienzo de una gran amistad.
Erizo: ¡Yo también lo creo!
Ambos se marchan muy contentos, aparece el Cangrejo.
Cangrejo: Pues ya lo habéis visto, espero que hayáis aprendido que lo importante de alguien no es el dinero, ni de qué color sea, ni de dónde venga, lo importante es él mismo. Hasta pronto chicos-as, seguro que volveremos a vernos.
La ratita presumida
(Escenografía: se ve la casa de la ratita presumida, desde fuera. Debe tener unos pequeños escalones).
(Entra la Ratita Presumida vestida con un sencillo delantal, trae una escoba y con ella se pone a barrer delante de su casa).
RATITA.-
(Deja de barrer, mientras mira a un punto en el suelo).
¿Qué es esto que brilla?
(Se agacha y lo coge).
¡Es una moneda de oro!
(Mira a un lado y otro).
A alguien se le cayó, pero en este momento sola estoy yo.
(Y sin media palabra más, se guarda la moneda en su delantal).
(Sigue barriendo, como si nada hubiera pasado).
RATITA.-
Si en un rato no aparece nadie para reclamarla, me compraré algo con esta moneda de oro.
(Sigue barriendo. Cada vez que habla, deja de barrer; y cuando guarda silencio, barre).
RATITA.-
Parece que no viene nadie. ¿Y qué podré comprarme con la moneda? ¡Ya lo sé!, unos caramelos. No, no; las chuches producen caries y no quiero estropear mis bonitos y blancos dientes.
(Barre).
¡Ya lo sé! Unas buenas agujas con las que coser y dejar bonito mi delantal. No, no; me podría pinchar con una de las agujas.
(Barre).
¡Ya lo sé!, me compraré una rebeca nueva. El otro día vi una preciosa en la tienda que está en la plaza. ¡Eso haré!
(Y ni corta ni perezosa, deja su escoba apoyada en los escalones de su casa y sale de escena).
(Al poco rato, entra el Gallo).
GALLO.-
¡Qué mala suerte!, hoy no está la Ratita Presumida barriendo delante de su casa. ¡Cachis!, da igual, daré un paseo y volveré dentro de un rato.
(Sale el Gallo).
(Entra un Cerdo).
CERDO.-
Por las bellotas de mi tío Abelardo, no está hoy la Ratita… ¡Bellotas podridas! Iré a comer algo y pasaré a ver si la veo.
(Sale el Cerdo).
(Entra la Ratita Presumida, lleva puesta su nueva rebeca; se la ve muy guapa).
(Enseguida entra el Gallo).
GALLO.-
Ratita presumida, qué guapa estás hoy.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Gallo.
GALLO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
GALLO.-
Cuando llega la medianoche, grito a pleno pulmón: ¡kikiriki!
RATITA.-
No. No me casaré contigo, que por las noches me asustarás.
GALLO.-
Pues te pierdes a un tipo bien guapo como yo.
(Sale el Gallo todo digno).
RATITA.-
¡Menudo tonto!, ¿a quién se le ocurre ponerse a gritar a medianoche?
(Entra el Cerdo).
CERDO.-
Ratita presumida, qué guapa estás hoy.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Cerdo.
CERDO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
CERDO.-
Todas las noches, antes de acostarme, me paseo por toda la casa, gritando por si hay ladrones: ¡oink, oink!
RATITA.-
No. No me casaré contigo, que por las noches me asustarás.
CERDO.-
Vaya con la presumida. Que sepas que hay unas cuantas cerdas que estarán encantadas de casarse conmigo.
(Sale el Cerdo).
RATITA.-
¿A qué cochino se le ocurre pasearse por la casa gritando “oink, oink”?
(Entra un Perro).
PERRO.-
Ratita presumida, qué guapa estás hoy.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Perro.
PERRO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
PERRO.-
En cuanto llega la noche, me encanta ladrar, para desear las buenas noches a todo el vecindario. ¡Guau, guau!
RATITA.-
No. No me casaré contigo, que por las noches me asustarás.
PERRO.-
No hay problema, Ratita; que en otro lugar querrán mis ladridos.
(Sale el Perro).
RATITA.-
¡Qué vida de perros iba a llevar si me casaba con él!
(Entra un Ratón).
RATÓN.-
Ratita presumida, que guapa estás hoy.
RATITA.-
Vete de aquí, que no me casaré contigo, que eres más pobre que las ratas.
RATÓN.-
Pero si yo venía a avisarte que…
RATITA.-
Vete de aquí, que no comes sino del queso más barato.
RATÓN.-
Sólo venía a avisarte que se acercaba un…
RATITA.-
No me interesan tus avisos de pobre.
RATÓN.-
Vale, vale. ¡Vaya, si parece que las rebecas nuevas la ponen de mal humor!
(Sale el Ratón).
RATITA.-
Dicen mis amigas que es el mejor ratón del barrio… Si al menos tuviese un descapotable, o una casita en la playa… Menudo pobretón.
(Entra un Gato).
GATO.-
Ratita presumida, qué hermosa y elegante estás.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Gato.
GALLO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
GALLO.-
Maullar suavemente y cantarte las más hermosas canciones. Y después, dormir y callar.
RATITA.-
Pues contigo, señor gato, me voy a casar.
GATO.-
Entremos en tu casa y hablemos de los planes para la boda, que todo tiene que estar muy bien preparado, para que nada falle.
RATITA.-
Veo que piensas en todo, señor Gato.
GATO.-
No lo sabes tu bien, ratita. Entremos en la casa, querida mía.
(Entran ambos en la casa).
RATÓN.-
(Que asoma por un rincón).
Esto no me gusta ni un pelo de gato.
(Sale).
GATO.-
(En off).
Ven aquí, rata tontorrona. Empecemos por el banquete de bodas… ¿Dónde te has escondido?
(La Ratita sale por la puerta de su casa).
RATITA.-
Socorro, socorro; el gato me quiere comer.
RATÓN.-
Ven aquí y escóndete.
(La Ratita se acerca hasta el lugar en el que está el Ratón).
RATÓN.-
Escóndete aquí y llama con todas tus fuerzas al gato.
(La Ratita se esconde cerca del Ratón).
RATITA.-
(En off).
¡Señor Gato!, ¡dese prisa!, ¡que llegamos tarde al banquete!
(El Gato asoma desde la puerta de la casa. El Ratón se esconde también).
GATO.-
Será tontorrona, que aún no se ha dado cuenta de que el banquete es ella.
RATITA.-
(En off).
¡Señor Gato!, ¡dese prisa!
(El Gato se acerca hasta el lugar en el que se esconden los otros dos).
GATO.-
¿Dónde te escondes, preciosa mía?
(En ese momento, una red sale desde abajo y atrapa al Gato, que intenta escaparse, sin conseguirlo).
GATO.-
Querida Ratita, suéltame de aquí, si no, no podremos casarnos.
RATITA.-
Con usted señor Gato, no me casaré.
RATÓN.-
Vine a avisarte de que llegaba el gato, pero no me hiciste ni caso.
RATITA.-
Es usted muy valiente, señor Ratón.
RATÓN.-
En la vida hay que ser valiente, si no quieres que te coman los gatos.
RATITA.-
¿Y no querría usted casarse conmigo?
RATÓN.-
¿No se supone que tendría que pedirlo yo?
RATITA.-
¿No dices que hay que ser valiente?
RATÓN.-
Contigo me casaré, Ratita querida… Adiós, señor Gato; ya avisaremos al señor Perro que usted lo está esperando por aquí.
(Salen la Ratita y el Ratón).
GATO.-
¡Sardinas podridas!, espero que ese perro esté durmiendo la siesta.
(Escuchamos unos ladridos).
¡Sardinas!, ¡está despierto!
(Entra el Perro).
PERRO.-
¡Guau!, te buscaba amigo gato.
GATO.-
Me verás, pero no me cogerás.
(El Gato sale del lugar).
PERRO.-
Te cogeré, ya lo verás.
(Sale en pos del Gato).
(Al rato vuelven a hacer su aparición, el Gato gritando y el Perro ladrando. Entran y salen).
(Entra el Gallo).
GALLO.-
¡Kikiriki!, esta historia termina aquí. La Ratita y el Ratón se dieron un beso y fueron felices comiendo queso. Y todos fueron felices…
(Entra el Gato, aún con la red).
GATO.-
¿Pero qué dices?, yo no soy feliz.
(Sale el Gato. Se escuchan ladridos).
GALLO.-
Es verdad, todos fueron felices, menos el Gato, al que durante un tiempo, tocaron las narices.
¡Kikiriki!, ¡que ya me fui! (Sale el Gallo).Fin
La Manta
(En la escena vemos una casa en un extremo y en el otro una farola. Estamos en el exterior de una calle cualquiera, de un pueblo cualquiera).
(Entran el Marido y la Esposa).
MARIDO.-
Mi padre lleva viviendo con nosotros 14 años. Ya no lo soporto más.
ESPOSA.-
Pero es tu padre…
MARIDO.-
Él eligió ser padre y cuidó de mí 25 años. Yo no elegí ser hijo y ya llevo 14 cuidando de él. Es insoportable.
ESPOSA.-
No debes olvidar que es tu padre.
MARIDO.-
Porque es mi padre llevo cuidándolo tantos años. Y yo voy a morir pronto si continúa viviendo con nosotros. Me es imposible sufrir por más tiempo.
ESPOSA.-
No puedes echarlo a la calle…
MARIDO.-
Pues lo tengo decidido. O él o yo.
(Entran ambos en la casa).
(El Abuelo y el Marido salen de la casa. Primero el Abuelo, que camina renqueante y luego el otro).
MARIDO.-
Padre, salid ya de mi casa. Te he mantenido por más de 12 años. Vete a donde quieras.
ABUELO.-
Hijo, no me eches. Soy viejo y estoy enfermo.
MARIDO.-
El tiempo ya pasó, padre. Vete y no vuelvas.
ABUELO.-
Dame al menos una manta para abrigarme. Si no, moriré de frío.
MARIDO.-
Accedo a eso, para que veas que buen corazón tengo. ¡Hijo, ven aquí!
HIJO.-
(En off).
¡Espera que estoy liado con algo!
MARIDO.-
¡Qué salgas de una vez te digo!
HIJO.-
(En off).
¿No prefieres que entre?
MARIDO.-
¡Que salgas, alcornoque!
(Sale el Hijo de la casa).
HIJO.-
Tranqui, papa. Haberme dicho antes que estabas enfadao…
MARIDO.-
Entra en casa…
HIJO.-
Pero papa, si acabo de salir. ¿Me haces salir para decirme que vuelva a entrar?
MARIDO.-
¡Santa paciencia la mía! Ve al armario y coge una manta y se la das al abuelo.
HIJO.-
¿Y pa’qué?
ABUELO.-
Tu padre me echa de casa.
HIJO.-
¡Anda, será bruto!
MARIDO.-
Y date prisa con la manta, si no quieres que te eche a ti también.
(Y dicho esto Marido entra en la casa).
HIJO.-
Mi padre es bruto.
ABUELO.-
Sí, hijo; pero date prisa con la manta, que voy a terminar congelándome. Ya no hay nada que hacer.
HIJO.-
Espera, abuelo; voy a por la media manta.
(Entra el Hijo en la casa).
ABUELO.-
¿Media manta?
(Sale el Hijo de la casa).
HIJO.-
Aquí tienes la media manta. Ve y sé feliz. Y no te olvides de darme las gracias cuando termine el cuento.
ABUELO.-
¿Qué dices?
HIJO.-
Que quiero que te alejes. Por lo menos, hasta donde la farola.
ABUELO.-
No te entiendo.
HIJO.-
Tú, arrea…
(El Abuelo, sin entender nada, se aleja del muchacho en dirección a la farola).
HIJO.-
¡Papá, ven pa’cá, pa’que veas que buen hijo soy!
(El Marido sale de la casa).
MARIDO.-
¿Qué quieres?
HIJO.-
Que ya le he dado al abuelo la media manta.
MARIDO.-
¿Qué has hecho?, ve a donde está y dale también la otra mitad.
HIJO.-
Ni harto de bizcochos. La otra mitad la guardo para cuando tu seas tan viejo como el abuelo y te eche también de mi casa.
MARIDO.-
¿Qué dices?
HIJO.-
Que me has enseñado la lección. Cuando seas viejo, te marcharás de mi casa para que no me molestes.
(Y sin decir nada más, el Hijo entra en la casa).
(El Abuelo al ver que su nieto entra en la casa, se separa de la farola y comienza a alejarse aún más de la casa).
MARIDO.-
(Para si mismo).
¿Qué he hecho?
(El Abuelo está a punto de salir de la escena).
MARIDO.-
Padre, espere, no se vaya.
(Se acerca al trote hasta el Abuelo).
MARIDO.-
Tiene que perdonarme, padre; no sé qué es lo que me ha pasado. Por favor, vuelva usted a casa.
ABUELO.-
¿Estás seguro?
MARIDO.-
No he estado tan seguro de algo en toda mi vida. Vamos a casa, que le prepararé una buena sopa para cenar.
(Los dos se acercan hasta la casa y al llegar el Marido entra en la casa).
MARIDO.-
Voy a hacerle una sopa estupenda.
(Entra en la casa).
(Sale el Hijo).
HIJO.-
¿A qué tienes un nieto listo?
ABUELO.-
No puedo creer que tuvieses un plan así.
HIJO.-
Me lo enseñaste tu cuando me contaste el cuento aquel del Salomón que cortó por la mitad a un bebé que tenía dos madres.
ABUELO.-
No era exactamente así.
HIJO.-
Lo mismo da, abuelo; el truco salió, ¿no?; ¿y qué tienes que decir ahora?
ABUELO.-
Muchas gracias, nieto.
HIJO.-
Eso está mejor, y esta noche, en recompensa, me contarás el cuento aquel del cerdo que se comía a los tres lobitos.
ABUELO.-
No es exactamente así, nieto.
HIJO.-
Bueno, da igual; la cosa es que me cuentes uno de esos cuentos que tú sabes…
(Y entran ambos en la casa).
Fin
La cachiporra mágica
(El espacio está vacío).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Estimado y nunca bien pagado público… Estamos en el bosque…
(Corre de un lado a otro del escenario, comprobando que no hay nada).
(Desaparece hacia abajo).
(Desde abajo entran en escena un grupo de tres árboles).
ÁRBOLES.-
(Se sacuden como si estuviesen hablando).
Estimado y nunca bien plantado público…
(Entra desde abajo el Presentador).
PRESENTADOR.-
Esto no es así. Estos son los árboles del bosque y soy yo quien presenta.
(Y no sin cierto descalabro escénico, el Presentador consigue poner al grupo de árboles en un extremo del escenario).
PRESENTADOR.-
Estimado y nunca…
(Desde abajo y detrás del Presentador entra otro grupo de árboles que golpea al Presentador, que cae desmayado hacia delante).
ÁRBOLES.-
(Como si hablasen).
Estimado y nunca bien abonado público…
(El Presentador se incorpora desde el suelo).
PRESENTADOR.-
Esto es un disparate… ¡Vamos, vamos!
(Con descalabro incluido, coloca a este otro grupo de árboles en el otro extremo del escenario).
PRESENTADOR.-
Pido disculpas a tan memorable público. Esto no había pasado nunca en este grandioso teatro de títeres.
(Ambos grupos se árboles, se sacuden y ríen).
PRESENTADOR.-
¡Silencio, vegetales!
(Callan).
PRESENTADOR.-
A lo que vamos, o íbamos, no lo sé. Estamos en el bosque y en él habitan dos monos fuertes y malvados que hostigan y molestan continuamente a los aldeanos que viven cerca de aquí.
(Se escuchan los gritos de los monos).
PRESENTADOR.-
Aunque éstos, más que monos, parecen plátanos que gritan.
(Gritando hacia abajo, hacia los titiriteros).
¡A ver si mejoráis los gritos de los monos!
(Ahora hacia el público).
A lo que íbamos, o a lo que vamos, que estoy hecho un lío. Un día como hoy dos hermanos salen de la aldea dispuestos a dar caza a los molestos monos.
(Gritos de monos).
Y supongo que también a los plátanos.
(Saca desde abajo una hoja de papel y hace que lee).
PRESENTADOR.-
Esto no es un guión ni es nada. Por ahí vienen los dos hermanos cazadores y veréis qué pasa, y yo me voy a dormir; ¡qué dolor de monos tengo!, ¿o de plátanos?, ¿o tal vez de cabezas?
(Sale).
(Entran los dos hermanos: Pedro y Juan; cada uno trae una cachiporra).
JUAN.-
¿Pedro?
PEDRO.-
¿Qué pasa, Juan?
JUAN.-
¿Y si los monos esos nos comen?
PEDRO.-
Entonces podrán decir de nosotros que hemos tenido un mal día.
JUAN.-
¡Ah, vale!, si sólo es eso.
PEDRO.-
Lo importante es encontrar a los monos.
(Delante de ellos aparece un Sapo Bien Feo).
JUAN.-
¡Anda!, ¡un sapo bien feo!
SAPO BIEN FEO.-
(Habla con voz de mujer).
Yo os diré cómo podéis capturar a los monos, pero como condición os pongo que uno de vosotros tendrá que casarse conmigo.
(Los dos hermanos quedan un instante mirando hacia el Sapo Bien Feo, después ríen como locos por la ocurrencia).
PEDRO.-
¿Casarnos con el sapo más feo del bosque? Además de feo, estás muy loco.
JUAN.-
Yo no estoy dispuesto a casarme con un Sapo Bien Loco. Vamos, ni estando un poco loco.
PEDRO.-
Nos la arreglaremos sin tu ayuda, muchas gracias.
SAPO BIEN FEO.-
Es una lástima, unos chicos tan monos…
(Sale el Sapo Bien Feo).
(Detrás de Pedro aparece un Mono Bien Grande. Juan lo ve).
JUAN.-
¡Pedro, es un mono!; déjame darle.
(Juan enarbola su cachiporra y en el intento de darle al Mono Bien Grande, que no para de moverse, aporrea sin contemplaciones a su hermano Pedro, que queda tendido en el suelo).
(El Mono Bien Grande desaparece).
JUAN.-
¿Hermano?
(Pedro se incorpora lentamente desde el suelo).
PEDRO.-
Me has llamado mono y me has aporreado.
JUAN.-
Quien te llamó mono fue el Sapo Bien Feo y yo te aporreé porque me lié y pensé que eras el mono.
PEDRO.-
Tú no sabes lo que has hecho.
JUAN.-
Sí, te aporreé porque creí que eras el mono.
(Pedro le da a Juan con la cachiporra).
(Mientras los hermanos se atizan, debe sonar un pasodoble).
(Juan le da a Pedro).
(Y así entre cachiporrazos, ambos hermanos se acercan hasta uno de los grupos de árboles y desaparecen por ahí).
(Deja de sonar el pasodoble).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
¿Qué queréis que os diga? Los dos se liaron a cachiporrazos, de tal manera, que nunca más se les volvió ver el pelo, ni ninguna otra parte del cuerpo.
(Se agacha y saca una hoja de papel. Hace que la lee).
PRESENTADOR.-
¡Ah, sí!
(Tira la hoja de papel).
PRESENTADOR.-
Unas semanas después, Pepito, el hermano pequeño de Juan y Pedro, salió de la aldea dispuesto a conseguir lo que sus hermanos no habían logrado.
(Se escucha el sonido de un búho).
¿No se suponen que eran monos?
(Sonido de búho).
Bueno, el pequeño Pepito -algo flaquito- llega dispuesto a acabar con los monos búho. O al menos, a no hacer el plátano.
(Sale).
(Entra Pepito, realmente algo flaquito, con cachiporra y todo).
PEPITO.-
¡Juan! ¡Pedro!
(Ante él aparece el Sapo Bien Feo).
SAPO BIEN FEO.-
Jamás volverás a verle el pelo a tus hermanos.
PEPITO.-
¿Se lo han rapado?
SAPO BIEN FEO.-
No es así, pequeño Pito…
PEPITO.-
Pepito.
SAPO BIEN FEO.-
No me llamo Pepito, soy la Princesa Frambuesa; convertida en Sapo Bien Feo por los monos que habitan en este bosque.
PEPITO.-
¿Los mismos que le raparon el pelo a mis hermanos?
SAPO BIEN FEO.-
No son monos.
PEPITO.-
Son mis hermanos.
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
¡Alto! Os estáis liando. Los monos son monos y los hermanos, hermanos. ¿Está claro?
(Sale).
PEPITO.-
¿Qué fue eso?
SAPO BIEN FEO.-
Espejismos del bosque, que está encantado.
(Pausa).
Escucha: los monos han conseguido que tus hermanos desaparezcan en el bosque. Pero esos monos son en realidad unos terribles demonios.
PEPITO.-
¡Demonios!
SAPO BIEN FEO.-
Yo te diré cómo puedes capturar a los monos, pero como condición te pongo que tendrás que casarse conmigo.
PEPITO.-
¡Demonios!
(Queda mirando al Sapo Bien Feo).
PEPITO.-
¿No roncarás por la noche?
SAPO BIEN FEO.-
Por la noche, huelo a fragancia de frambuesas.
PEPITO.-
Entonces, acepto; me encantan las frambuesas.
SAPO BIEN FEO.-
Te contaré cómo acabar con ellos. Primero, tira esa cachiporra, que de nada te servirá…
(Pepito tira la cachiporra).
SAPO BIEN FEO.-
Y luego…
(Se escuchan los gritos de los monos).
SAPO BIEN FEO.-
¡Se acercan!, ven conmigo; te contaré el secreto mientras nos escondemos.
(Salen ambos).
(Se escuchan los gritos de los monos y al poco entran dos monos rematadamente feos).
MONO 1.-
¿Dónde se habrá metido ese flacucho?
MONO 2.-
Calla, que no escucho.
(Pepito aparece entre los árboles).
PEPITO.-
(A los monos).
¡Sois más feos que un trucho!
(Se esconde).
MONO 1.-
¡Acabemos con él!
(Los dos Monos salen por el lugar en que desapareciera Pepito).
(Pepito aparece en escena por otro lugar).
(Inmediatamente Mono 2 aparece delante de él).
MONO 2.-
Ahora no te atreverás a llamarme trucho.
PEPITO.-
¡Porra!
(Una cachiporra inmensa sale detrás de Mono 2 y de un único golpe lo deja inconsciente).
(Sale Pepito).
(Entra Mono 1).
MONO 1.-
¿Dónde estará ese flacucho?
(Pepito aparece delante de él).
PEPITO.-
¡Porra!
(La inmensa cachiporra aparece, golpea al Mono 1 con un único golpe y éste desaparece de escena, después de rebotar en el primer término).
(Entra el Sapo Bien Feo).
SAPO BIEN FEO.-
¡Has derrotado a los demonios!
PEPITO.-
Y ahora me casaré contigo.
(El Sapo Bien Feo comienza a sacudirse mientras suena un estruendo, hasta que, en un visto y no visto, el Sapo se convierte en Princesa Frambuesa, linda y bien compuesta).
FRAMBUESA.-
Has roto el encantamiento que me tenía presa.
PEPITO.-
Y ahora eres tan linda como la frambuesa.
(Los dos personajes se cogen de la mano y salen de escena).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Y así, y no de otra manera, termina esta historia. Nuestros personajes fueron felices, hasta que comenzaron a tocarse las narices.
ÁRBOLES.-
¡Porra!
(La considerablemente grande cachiporra aparece detrás del presentador, le da un único golpe y este cae al suelo con estrépito).
Fin
espero q les sirban !!!
NO SE OLVIDEN DE COMENTAR Y DEJAR SUS PUNTOS JAJA !!!!
La escena se desarrolla en un mundo lleno de animales, se abren las cortinas del teatrillo y se ve aparecer al toro y a la vaca conversando.
Toro: Y qué…¿Te has enterado de la noticia?
Vaca: ¿Noticia, qué noticia?. Yo nunca me entero de nada.
Toro: He oído que el gato ha heredado.
Vaca: ¿Cómo?
Toro: Sí, sí, ¿Te acuerdas de su tía Enriqueta?.
Vaca: Sí, esa que era millonaria y vivía en Florida.
Toro: Esa, esa, pues parece ser que se ha muerto y le ha dejado toda la pasta.
Vaca: Pues sí que va a engordar, macarrones, tallarines, lacitos…
Toro: ¡Qué no, qué no me refiero a ese tipo de pasta!. Le ha dejado todo su dinero.
Vaca: Madre mía, pues entonces habrá que ir a visitarle y ayudarle a gastarse toda esa pasta ¿No crees?, jajajajajajaja.
Ambos se marchan riéndose, mientras aparece en escena el Cangrejo, narrador de la historia.
Cangrejo: Pues ya lo habéis visto, el gato parece ser ahora un gran millonario y todos parecen querer ser sus amigos, ¿Qué os parece?. Ahora me voy, viene alguien.
EL Cangrejo se va mientras entran en escena el León Y el Elefante.
León: Y a ti ¿Qué te pasa?.
Elefante: ¡Ah, perdona no te había visto, estaba pensando!
León: ¿Pensando, en qué?
Elefante: Pues en cómo hacerme amigo del gato, ahora que tiene dinero tengo que aprovechar.
León: Pues no creo que quiera ser tu amigo, siempre lo estás incordiando con esa trompa larga que tienes.
Elefante: Sí, es cierto que me encanta fastidiarle, sobre todo cuando está durmiendo.
León: Aunque me has dado una idea, podemos ir a verle y probar a ver si lo conseguimos.
Elefante: ¡Estupendo, vamos, no quiero perder la oportunidad!
Ambos se marchan juntos, y el amigo Cangrejo aparece de nuevo.
Cangrejo: ¿Lo veis?, ¡Qué barbaridad! Ahora todos intentan acercarse al gato cuando antes pasaban de largo, el saber que tienen dinero los está trastornando, por cierto, por ahí llega el príncipe rana, a ver qué le parece todo esto.
La Rana entra en escena
Rana: ¡Ehhhhhhhhhhh, hola amigo tenazas! ¿Qué haces aquí tan solitario?
Cangrejo: Aquí con unos amiguitos (señala al público) contándoles lo del gato y su dinero.
Rana: ¿Dinero? ¡Qué bromista, el gato es más pobre que los mendigos del barrio!
Cangrejo: ¡Qué nooooooooo, qué ha heredado y ahora tiene más dinero que…que…que…túúúúúúúú!
Rana: ¡No es posible!
Cangrejo: ¿Es que no te alegras por él?
Rana: ¿Alegrarme? Todo lo contrario, he de encontrar la forma de quitárselo, nadie puede ser más rico que yo aquí en mi reino.
Se marcha enfadadísimo dejando al Cangrejo pensativo.
Cangrejo: Pues ya lo veis, creo que el pobre gato no conseguirá tener ni un amigo verdadero, pero mirad y estar atentos porque creo que viene por allí.
EL Cangrejo desaparece y entra el Gato cabizbajo y muy triste.
Gato: (Mira al público) Ah, hola, ¿estás ahí? Perdonad no os había visto, estoy algo distraído. Seguro que sabéis por qué y si no yo os lo digo, pues nada que yo sólo quería tener amigos y me inventé lo de mi tía Enriqueta, pero ahora todos piensan en el dinero y no en mí ¡Qué tristísimo estoy! (Llora)
Mientras llora aparece el Erizo
Erizo: Ehhhhhh, Don gato ¿Qué es lo que te pasa?
Gato: Nada , seguro que ya lo sabes.
Erizo: ¿Enterarme, de qué? Yo venía a invitarte a merendar y como sé que no andas bien de dinero pago yo.
Gato: ¿Lo dices de verdad, así que tu ofrecimiento es sincero?
Erizo: Pues claro, yo tampoco tengo muchos amigos, por eso de las púas dicen que pincho todos los balones y no quieren jugar conmigo así que pensé que tal vez tú…
Gato: ¡Es fantástico! Siempre quise tener un amigo con el que compartirlo todo y ahora mi sueño se ha cumplido, no te doy un abrazo porque tus púas me impresionan, pero sabes algo, creo que esto es el comienzo de una gran amistad.
Erizo: ¡Yo también lo creo!
Ambos se marchan muy contentos, aparece el Cangrejo.
Cangrejo: Pues ya lo habéis visto, espero que hayáis aprendido que lo importante de alguien no es el dinero, ni de qué color sea, ni de dónde venga, lo importante es él mismo. Hasta pronto chicos-as, seguro que volveremos a vernos.
La ratita presumida
(Escenografía: se ve la casa de la ratita presumida, desde fuera. Debe tener unos pequeños escalones).
(Entra la Ratita Presumida vestida con un sencillo delantal, trae una escoba y con ella se pone a barrer delante de su casa).
RATITA.-
(Deja de barrer, mientras mira a un punto en el suelo).
¿Qué es esto que brilla?
(Se agacha y lo coge).
¡Es una moneda de oro!
(Mira a un lado y otro).
A alguien se le cayó, pero en este momento sola estoy yo.
(Y sin media palabra más, se guarda la moneda en su delantal).
(Sigue barriendo, como si nada hubiera pasado).
RATITA.-
Si en un rato no aparece nadie para reclamarla, me compraré algo con esta moneda de oro.
(Sigue barriendo. Cada vez que habla, deja de barrer; y cuando guarda silencio, barre).
RATITA.-
Parece que no viene nadie. ¿Y qué podré comprarme con la moneda? ¡Ya lo sé!, unos caramelos. No, no; las chuches producen caries y no quiero estropear mis bonitos y blancos dientes.
(Barre).
¡Ya lo sé! Unas buenas agujas con las que coser y dejar bonito mi delantal. No, no; me podría pinchar con una de las agujas.
(Barre).
¡Ya lo sé!, me compraré una rebeca nueva. El otro día vi una preciosa en la tienda que está en la plaza. ¡Eso haré!
(Y ni corta ni perezosa, deja su escoba apoyada en los escalones de su casa y sale de escena).
(Al poco rato, entra el Gallo).
GALLO.-
¡Qué mala suerte!, hoy no está la Ratita Presumida barriendo delante de su casa. ¡Cachis!, da igual, daré un paseo y volveré dentro de un rato.
(Sale el Gallo).
(Entra un Cerdo).
CERDO.-
Por las bellotas de mi tío Abelardo, no está hoy la Ratita… ¡Bellotas podridas! Iré a comer algo y pasaré a ver si la veo.
(Sale el Cerdo).
(Entra la Ratita Presumida, lleva puesta su nueva rebeca; se la ve muy guapa).
(Enseguida entra el Gallo).
GALLO.-
Ratita presumida, qué guapa estás hoy.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Gallo.
GALLO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
GALLO.-
Cuando llega la medianoche, grito a pleno pulmón: ¡kikiriki!
RATITA.-
No. No me casaré contigo, que por las noches me asustarás.
GALLO.-
Pues te pierdes a un tipo bien guapo como yo.
(Sale el Gallo todo digno).
RATITA.-
¡Menudo tonto!, ¿a quién se le ocurre ponerse a gritar a medianoche?
(Entra el Cerdo).
CERDO.-
Ratita presumida, qué guapa estás hoy.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Cerdo.
CERDO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
CERDO.-
Todas las noches, antes de acostarme, me paseo por toda la casa, gritando por si hay ladrones: ¡oink, oink!
RATITA.-
No. No me casaré contigo, que por las noches me asustarás.
CERDO.-
Vaya con la presumida. Que sepas que hay unas cuantas cerdas que estarán encantadas de casarse conmigo.
(Sale el Cerdo).
RATITA.-
¿A qué cochino se le ocurre pasearse por la casa gritando “oink, oink”?
(Entra un Perro).
PERRO.-
Ratita presumida, qué guapa estás hoy.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Perro.
PERRO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
PERRO.-
En cuanto llega la noche, me encanta ladrar, para desear las buenas noches a todo el vecindario. ¡Guau, guau!
RATITA.-
No. No me casaré contigo, que por las noches me asustarás.
PERRO.-
No hay problema, Ratita; que en otro lugar querrán mis ladridos.
(Sale el Perro).
RATITA.-
¡Qué vida de perros iba a llevar si me casaba con él!
(Entra un Ratón).
RATÓN.-
Ratita presumida, que guapa estás hoy.
RATITA.-
Vete de aquí, que no me casaré contigo, que eres más pobre que las ratas.
RATÓN.-
Pero si yo venía a avisarte que…
RATITA.-
Vete de aquí, que no comes sino del queso más barato.
RATÓN.-
Sólo venía a avisarte que se acercaba un…
RATITA.-
No me interesan tus avisos de pobre.
RATÓN.-
Vale, vale. ¡Vaya, si parece que las rebecas nuevas la ponen de mal humor!
(Sale el Ratón).
RATITA.-
Dicen mis amigas que es el mejor ratón del barrio… Si al menos tuviese un descapotable, o una casita en la playa… Menudo pobretón.
(Entra un Gato).
GATO.-
Ratita presumida, qué hermosa y elegante estás.
RATITA.-
Muchas gracias, señor Gato.
GALLO.-
Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
RATITA.-
Y por las noches, ¿qué harás?
GALLO.-
Maullar suavemente y cantarte las más hermosas canciones. Y después, dormir y callar.
RATITA.-
Pues contigo, señor gato, me voy a casar.
GATO.-
Entremos en tu casa y hablemos de los planes para la boda, que todo tiene que estar muy bien preparado, para que nada falle.
RATITA.-
Veo que piensas en todo, señor Gato.
GATO.-
No lo sabes tu bien, ratita. Entremos en la casa, querida mía.
(Entran ambos en la casa).
RATÓN.-
(Que asoma por un rincón).
Esto no me gusta ni un pelo de gato.
(Sale).
GATO.-
(En off).
Ven aquí, rata tontorrona. Empecemos por el banquete de bodas… ¿Dónde te has escondido?
(La Ratita sale por la puerta de su casa).
RATITA.-
Socorro, socorro; el gato me quiere comer.
RATÓN.-
Ven aquí y escóndete.
(La Ratita se acerca hasta el lugar en el que está el Ratón).
RATÓN.-
Escóndete aquí y llama con todas tus fuerzas al gato.
(La Ratita se esconde cerca del Ratón).
RATITA.-
(En off).
¡Señor Gato!, ¡dese prisa!, ¡que llegamos tarde al banquete!
(El Gato asoma desde la puerta de la casa. El Ratón se esconde también).
GATO.-
Será tontorrona, que aún no se ha dado cuenta de que el banquete es ella.
RATITA.-
(En off).
¡Señor Gato!, ¡dese prisa!
(El Gato se acerca hasta el lugar en el que se esconden los otros dos).
GATO.-
¿Dónde te escondes, preciosa mía?
(En ese momento, una red sale desde abajo y atrapa al Gato, que intenta escaparse, sin conseguirlo).
GATO.-
Querida Ratita, suéltame de aquí, si no, no podremos casarnos.
RATITA.-
Con usted señor Gato, no me casaré.
RATÓN.-
Vine a avisarte de que llegaba el gato, pero no me hiciste ni caso.
RATITA.-
Es usted muy valiente, señor Ratón.
RATÓN.-
En la vida hay que ser valiente, si no quieres que te coman los gatos.
RATITA.-
¿Y no querría usted casarse conmigo?
RATÓN.-
¿No se supone que tendría que pedirlo yo?
RATITA.-
¿No dices que hay que ser valiente?
RATÓN.-
Contigo me casaré, Ratita querida… Adiós, señor Gato; ya avisaremos al señor Perro que usted lo está esperando por aquí.
(Salen la Ratita y el Ratón).
GATO.-
¡Sardinas podridas!, espero que ese perro esté durmiendo la siesta.
(Escuchamos unos ladridos).
¡Sardinas!, ¡está despierto!
(Entra el Perro).
PERRO.-
¡Guau!, te buscaba amigo gato.
GATO.-
Me verás, pero no me cogerás.
(El Gato sale del lugar).
PERRO.-
Te cogeré, ya lo verás.
(Sale en pos del Gato).
(Al rato vuelven a hacer su aparición, el Gato gritando y el Perro ladrando. Entran y salen).
(Entra el Gallo).
GALLO.-
¡Kikiriki!, esta historia termina aquí. La Ratita y el Ratón se dieron un beso y fueron felices comiendo queso. Y todos fueron felices…
(Entra el Gato, aún con la red).
GATO.-
¿Pero qué dices?, yo no soy feliz.
(Sale el Gato. Se escuchan ladridos).
GALLO.-
Es verdad, todos fueron felices, menos el Gato, al que durante un tiempo, tocaron las narices.
¡Kikiriki!, ¡que ya me fui! (Sale el Gallo).Fin
La Manta
(En la escena vemos una casa en un extremo y en el otro una farola. Estamos en el exterior de una calle cualquiera, de un pueblo cualquiera).
(Entran el Marido y la Esposa).
MARIDO.-
Mi padre lleva viviendo con nosotros 14 años. Ya no lo soporto más.
ESPOSA.-
Pero es tu padre…
MARIDO.-
Él eligió ser padre y cuidó de mí 25 años. Yo no elegí ser hijo y ya llevo 14 cuidando de él. Es insoportable.
ESPOSA.-
No debes olvidar que es tu padre.
MARIDO.-
Porque es mi padre llevo cuidándolo tantos años. Y yo voy a morir pronto si continúa viviendo con nosotros. Me es imposible sufrir por más tiempo.
ESPOSA.-
No puedes echarlo a la calle…
MARIDO.-
Pues lo tengo decidido. O él o yo.
(Entran ambos en la casa).
(El Abuelo y el Marido salen de la casa. Primero el Abuelo, que camina renqueante y luego el otro).
MARIDO.-
Padre, salid ya de mi casa. Te he mantenido por más de 12 años. Vete a donde quieras.
ABUELO.-
Hijo, no me eches. Soy viejo y estoy enfermo.
MARIDO.-
El tiempo ya pasó, padre. Vete y no vuelvas.
ABUELO.-
Dame al menos una manta para abrigarme. Si no, moriré de frío.
MARIDO.-
Accedo a eso, para que veas que buen corazón tengo. ¡Hijo, ven aquí!
HIJO.-
(En off).
¡Espera que estoy liado con algo!
MARIDO.-
¡Qué salgas de una vez te digo!
HIJO.-
(En off).
¿No prefieres que entre?
MARIDO.-
¡Que salgas, alcornoque!
(Sale el Hijo de la casa).
HIJO.-
Tranqui, papa. Haberme dicho antes que estabas enfadao…
MARIDO.-
Entra en casa…
HIJO.-
Pero papa, si acabo de salir. ¿Me haces salir para decirme que vuelva a entrar?
MARIDO.-
¡Santa paciencia la mía! Ve al armario y coge una manta y se la das al abuelo.
HIJO.-
¿Y pa’qué?
ABUELO.-
Tu padre me echa de casa.
HIJO.-
¡Anda, será bruto!
MARIDO.-
Y date prisa con la manta, si no quieres que te eche a ti también.
(Y dicho esto Marido entra en la casa).
HIJO.-
Mi padre es bruto.
ABUELO.-
Sí, hijo; pero date prisa con la manta, que voy a terminar congelándome. Ya no hay nada que hacer.
HIJO.-
Espera, abuelo; voy a por la media manta.
(Entra el Hijo en la casa).
ABUELO.-
¿Media manta?
(Sale el Hijo de la casa).
HIJO.-
Aquí tienes la media manta. Ve y sé feliz. Y no te olvides de darme las gracias cuando termine el cuento.
ABUELO.-
¿Qué dices?
HIJO.-
Que quiero que te alejes. Por lo menos, hasta donde la farola.
ABUELO.-
No te entiendo.
HIJO.-
Tú, arrea…
(El Abuelo, sin entender nada, se aleja del muchacho en dirección a la farola).
HIJO.-
¡Papá, ven pa’cá, pa’que veas que buen hijo soy!
(El Marido sale de la casa).
MARIDO.-
¿Qué quieres?
HIJO.-
Que ya le he dado al abuelo la media manta.
MARIDO.-
¿Qué has hecho?, ve a donde está y dale también la otra mitad.
HIJO.-
Ni harto de bizcochos. La otra mitad la guardo para cuando tu seas tan viejo como el abuelo y te eche también de mi casa.
MARIDO.-
¿Qué dices?
HIJO.-
Que me has enseñado la lección. Cuando seas viejo, te marcharás de mi casa para que no me molestes.
(Y sin decir nada más, el Hijo entra en la casa).
(El Abuelo al ver que su nieto entra en la casa, se separa de la farola y comienza a alejarse aún más de la casa).
MARIDO.-
(Para si mismo).
¿Qué he hecho?
(El Abuelo está a punto de salir de la escena).
MARIDO.-
Padre, espere, no se vaya.
(Se acerca al trote hasta el Abuelo).
MARIDO.-
Tiene que perdonarme, padre; no sé qué es lo que me ha pasado. Por favor, vuelva usted a casa.
ABUELO.-
¿Estás seguro?
MARIDO.-
No he estado tan seguro de algo en toda mi vida. Vamos a casa, que le prepararé una buena sopa para cenar.
(Los dos se acercan hasta la casa y al llegar el Marido entra en la casa).
MARIDO.-
Voy a hacerle una sopa estupenda.
(Entra en la casa).
(Sale el Hijo).
HIJO.-
¿A qué tienes un nieto listo?
ABUELO.-
No puedo creer que tuvieses un plan así.
HIJO.-
Me lo enseñaste tu cuando me contaste el cuento aquel del Salomón que cortó por la mitad a un bebé que tenía dos madres.
ABUELO.-
No era exactamente así.
HIJO.-
Lo mismo da, abuelo; el truco salió, ¿no?; ¿y qué tienes que decir ahora?
ABUELO.-
Muchas gracias, nieto.
HIJO.-
Eso está mejor, y esta noche, en recompensa, me contarás el cuento aquel del cerdo que se comía a los tres lobitos.
ABUELO.-
No es exactamente así, nieto.
HIJO.-
Bueno, da igual; la cosa es que me cuentes uno de esos cuentos que tú sabes…
(Y entran ambos en la casa).
Fin
La cachiporra mágica
(El espacio está vacío).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Estimado y nunca bien pagado público… Estamos en el bosque…
(Corre de un lado a otro del escenario, comprobando que no hay nada).
(Desaparece hacia abajo).
(Desde abajo entran en escena un grupo de tres árboles).
ÁRBOLES.-
(Se sacuden como si estuviesen hablando).
Estimado y nunca bien plantado público…
(Entra desde abajo el Presentador).
PRESENTADOR.-
Esto no es así. Estos son los árboles del bosque y soy yo quien presenta.
(Y no sin cierto descalabro escénico, el Presentador consigue poner al grupo de árboles en un extremo del escenario).
PRESENTADOR.-
Estimado y nunca…
(Desde abajo y detrás del Presentador entra otro grupo de árboles que golpea al Presentador, que cae desmayado hacia delante).
ÁRBOLES.-
(Como si hablasen).
Estimado y nunca bien abonado público…
(El Presentador se incorpora desde el suelo).
PRESENTADOR.-
Esto es un disparate… ¡Vamos, vamos!
(Con descalabro incluido, coloca a este otro grupo de árboles en el otro extremo del escenario).
PRESENTADOR.-
Pido disculpas a tan memorable público. Esto no había pasado nunca en este grandioso teatro de títeres.
(Ambos grupos se árboles, se sacuden y ríen).
PRESENTADOR.-
¡Silencio, vegetales!
(Callan).
PRESENTADOR.-
A lo que vamos, o íbamos, no lo sé. Estamos en el bosque y en él habitan dos monos fuertes y malvados que hostigan y molestan continuamente a los aldeanos que viven cerca de aquí.
(Se escuchan los gritos de los monos).
PRESENTADOR.-
Aunque éstos, más que monos, parecen plátanos que gritan.
(Gritando hacia abajo, hacia los titiriteros).
¡A ver si mejoráis los gritos de los monos!
(Ahora hacia el público).
A lo que íbamos, o a lo que vamos, que estoy hecho un lío. Un día como hoy dos hermanos salen de la aldea dispuestos a dar caza a los molestos monos.
(Gritos de monos).
Y supongo que también a los plátanos.
(Saca desde abajo una hoja de papel y hace que lee).
PRESENTADOR.-
Esto no es un guión ni es nada. Por ahí vienen los dos hermanos cazadores y veréis qué pasa, y yo me voy a dormir; ¡qué dolor de monos tengo!, ¿o de plátanos?, ¿o tal vez de cabezas?
(Sale).
(Entran los dos hermanos: Pedro y Juan; cada uno trae una cachiporra).
JUAN.-
¿Pedro?
PEDRO.-
¿Qué pasa, Juan?
JUAN.-
¿Y si los monos esos nos comen?
PEDRO.-
Entonces podrán decir de nosotros que hemos tenido un mal día.
JUAN.-
¡Ah, vale!, si sólo es eso.
PEDRO.-
Lo importante es encontrar a los monos.
(Delante de ellos aparece un Sapo Bien Feo).
JUAN.-
¡Anda!, ¡un sapo bien feo!
SAPO BIEN FEO.-
(Habla con voz de mujer).
Yo os diré cómo podéis capturar a los monos, pero como condición os pongo que uno de vosotros tendrá que casarse conmigo.
(Los dos hermanos quedan un instante mirando hacia el Sapo Bien Feo, después ríen como locos por la ocurrencia).
PEDRO.-
¿Casarnos con el sapo más feo del bosque? Además de feo, estás muy loco.
JUAN.-
Yo no estoy dispuesto a casarme con un Sapo Bien Loco. Vamos, ni estando un poco loco.
PEDRO.-
Nos la arreglaremos sin tu ayuda, muchas gracias.
SAPO BIEN FEO.-
Es una lástima, unos chicos tan monos…
(Sale el Sapo Bien Feo).
(Detrás de Pedro aparece un Mono Bien Grande. Juan lo ve).
JUAN.-
¡Pedro, es un mono!; déjame darle.
(Juan enarbola su cachiporra y en el intento de darle al Mono Bien Grande, que no para de moverse, aporrea sin contemplaciones a su hermano Pedro, que queda tendido en el suelo).
(El Mono Bien Grande desaparece).
JUAN.-
¿Hermano?
(Pedro se incorpora lentamente desde el suelo).
PEDRO.-
Me has llamado mono y me has aporreado.
JUAN.-
Quien te llamó mono fue el Sapo Bien Feo y yo te aporreé porque me lié y pensé que eras el mono.
PEDRO.-
Tú no sabes lo que has hecho.
JUAN.-
Sí, te aporreé porque creí que eras el mono.
(Pedro le da a Juan con la cachiporra).
(Mientras los hermanos se atizan, debe sonar un pasodoble).
(Juan le da a Pedro).
(Y así entre cachiporrazos, ambos hermanos se acercan hasta uno de los grupos de árboles y desaparecen por ahí).
(Deja de sonar el pasodoble).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
¿Qué queréis que os diga? Los dos se liaron a cachiporrazos, de tal manera, que nunca más se les volvió ver el pelo, ni ninguna otra parte del cuerpo.
(Se agacha y saca una hoja de papel. Hace que la lee).
PRESENTADOR.-
¡Ah, sí!
(Tira la hoja de papel).
PRESENTADOR.-
Unas semanas después, Pepito, el hermano pequeño de Juan y Pedro, salió de la aldea dispuesto a conseguir lo que sus hermanos no habían logrado.
(Se escucha el sonido de un búho).
¿No se suponen que eran monos?
(Sonido de búho).
Bueno, el pequeño Pepito -algo flaquito- llega dispuesto a acabar con los monos búho. O al menos, a no hacer el plátano.
(Sale).
(Entra Pepito, realmente algo flaquito, con cachiporra y todo).
PEPITO.-
¡Juan! ¡Pedro!
(Ante él aparece el Sapo Bien Feo).
SAPO BIEN FEO.-
Jamás volverás a verle el pelo a tus hermanos.
PEPITO.-
¿Se lo han rapado?
SAPO BIEN FEO.-
No es así, pequeño Pito…
PEPITO.-
Pepito.
SAPO BIEN FEO.-
No me llamo Pepito, soy la Princesa Frambuesa; convertida en Sapo Bien Feo por los monos que habitan en este bosque.
PEPITO.-
¿Los mismos que le raparon el pelo a mis hermanos?
SAPO BIEN FEO.-
No son monos.
PEPITO.-
Son mis hermanos.
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
¡Alto! Os estáis liando. Los monos son monos y los hermanos, hermanos. ¿Está claro?
(Sale).
PEPITO.-
¿Qué fue eso?
SAPO BIEN FEO.-
Espejismos del bosque, que está encantado.
(Pausa).
Escucha: los monos han conseguido que tus hermanos desaparezcan en el bosque. Pero esos monos son en realidad unos terribles demonios.
PEPITO.-
¡Demonios!
SAPO BIEN FEO.-
Yo te diré cómo puedes capturar a los monos, pero como condición te pongo que tendrás que casarse conmigo.
PEPITO.-
¡Demonios!
(Queda mirando al Sapo Bien Feo).
PEPITO.-
¿No roncarás por la noche?
SAPO BIEN FEO.-
Por la noche, huelo a fragancia de frambuesas.
PEPITO.-
Entonces, acepto; me encantan las frambuesas.
SAPO BIEN FEO.-
Te contaré cómo acabar con ellos. Primero, tira esa cachiporra, que de nada te servirá…
(Pepito tira la cachiporra).
SAPO BIEN FEO.-
Y luego…
(Se escuchan los gritos de los monos).
SAPO BIEN FEO.-
¡Se acercan!, ven conmigo; te contaré el secreto mientras nos escondemos.
(Salen ambos).
(Se escuchan los gritos de los monos y al poco entran dos monos rematadamente feos).
MONO 1.-
¿Dónde se habrá metido ese flacucho?
MONO 2.-
Calla, que no escucho.
(Pepito aparece entre los árboles).
PEPITO.-
(A los monos).
¡Sois más feos que un trucho!
(Se esconde).
MONO 1.-
¡Acabemos con él!
(Los dos Monos salen por el lugar en que desapareciera Pepito).
(Pepito aparece en escena por otro lugar).
(Inmediatamente Mono 2 aparece delante de él).
MONO 2.-
Ahora no te atreverás a llamarme trucho.
PEPITO.-
¡Porra!
(Una cachiporra inmensa sale detrás de Mono 2 y de un único golpe lo deja inconsciente).
(Sale Pepito).
(Entra Mono 1).
MONO 1.-
¿Dónde estará ese flacucho?
(Pepito aparece delante de él).
PEPITO.-
¡Porra!
(La inmensa cachiporra aparece, golpea al Mono 1 con un único golpe y éste desaparece de escena, después de rebotar en el primer término).
(Entra el Sapo Bien Feo).
SAPO BIEN FEO.-
¡Has derrotado a los demonios!
PEPITO.-
Y ahora me casaré contigo.
(El Sapo Bien Feo comienza a sacudirse mientras suena un estruendo, hasta que, en un visto y no visto, el Sapo se convierte en Princesa Frambuesa, linda y bien compuesta).
FRAMBUESA.-
Has roto el encantamiento que me tenía presa.
PEPITO.-
Y ahora eres tan linda como la frambuesa.
(Los dos personajes se cogen de la mano y salen de escena).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Y así, y no de otra manera, termina esta historia. Nuestros personajes fueron felices, hasta que comenzaron a tocarse las narices.
ÁRBOLES.-
¡Porra!
(La considerablemente grande cachiporra aparece detrás del presentador, le da un único golpe y este cae al suelo con estrépito).
Fin
espero q les sirban !!!
NO SE OLVIDEN DE COMENTAR Y DEJAR SUS PUNTOS JAJA !!!!