Relato: Usiacuri, el lugar donde el poeta de la muerte salvó su vida.
En un pueblo pequeño, escondido en la costa atlántica colombiana, fundado el 17 de septiembre de 1534, Usiacuri ese es al pueblo al cual me refiero, lugar donde las artesanías como los tejidos de palma de iriaca, sombreros, carteras, paneras, cestos, muebles entre otros son algunas de las fuentes de ingreso de sus pobladores, sin olvidar las historias que cuentan de los posos que contienen aguas especiales y se presume que curan enfermedades. Aquí inicia la historia de ese gran poeta que Colombia olvido, las letras que plasmo en su poesía son recordadas por pocos y esos pocos son los que hacen revivir nuestra cultura y hacen revivir al poeta cuando leen el legado de su poesía.
Julio Florez Roa, (Chiquinquirá, Boyacá, 22 de mayo de 1867 - Usiacurí, Atlántico, 7 de febrero de 1923)1 fue un poeta colombiano, muy controversial Flórez fue señalado como sacrílego, blasfemo y apóstata por la iglesia católica, pero eso no era impedimento para convertirse en ese gran poeta que marco a la literatura colombiana. Al final de su vida viaja a Usiacuri Atlántico con la ilusión de que las agua que habían en ese pueblo curaban enfermedades, se presume que era un cáncer que quería curar, pero esto fue inevitable, tal vez no fueron las aguas la que salvaron su vida, tal vez fue el amor que encontró en ese recóndito pueblo ubicado prácticamente en la mitad del departamento del atlántico, si, fue En ese pueblo donde se enamoró de una colegiala de 14 años de edad, Petrona, con quien comenzó un idilio, quedándose a vivir en este sitio por el resto de su vida y tuvo cinco hijos.
Así, el 14 de enero de 1923, al borde del sepulcro, Julio Flórez obtuvo un honor retrasado por treinta años. Pocos días después de esta forzada ceremonia, el poeta del pueblo colombiano murió rodeado de sus familiares y amigos, el 7 de febrero. Julio Flórez ha pasado a la historia como un bardo popular, que supo interpretar los amores y los dolores de la nación colombiana bajo temas absolutos como la naturaleza, la madre, la patria, la amada y la muerte. Su fama como «el último becqueriano», según palabras de Max Henríquez Ureña, ha desbordado las fronteras nacionales. La popularidad de Julio Flórez, extendida por todo el continente, hizo que muchos de sus poemas fueran cantados por multitud de artistas, entre ellos Carlos Gardel.
Y como en su poema:
Bajo los altos cipres
"Bajo los altos cipreses,
el sepulturero, un día,
cantaba de esta manera
con honda melancolía:
Entierro un grano de trigo
y el grano produce granos;
entierro un hombre... y el hombre
sólo produce gusanos."
Y entre los gusanos olvidaron su nombre, del gran poeta honorifico que pocos recuerdan, ni muchos sabrán que existió, pero si dejo un gran legado en su poesía que pocos se atreven a leerla, tal vez por la ignorancia o porque no les interesa, también dejo una base fuerte de que en la Colombia de esa época la guerra era lo que marcaba nuestro país, sino que también existían rebeldes que se atrevían a escribir y pensar. Actual mente la casa donde vivió sus últimos días es un lugar donde la cultura aflora a causa de esas personas que entendieron el tesoro que dejó. Sus restos están enterrados en una habitación de esa casa junto a los restos de su esposa, haciéndole honor a ese poema que relataba que después de la muerte existía el amor.
otro poema de Julio Florez
http://culturalquidada.blogspot.com.co/2017/02/poema-abstraccion.html
Gana dinero con celular Link
http://culturalquidada.blogspot.com.co/2017/05/un-dinero-extra-con-tu-celular.html
En un pueblo pequeño, escondido en la costa atlántica colombiana, fundado el 17 de septiembre de 1534, Usiacuri ese es al pueblo al cual me refiero, lugar donde las artesanías como los tejidos de palma de iriaca, sombreros, carteras, paneras, cestos, muebles entre otros son algunas de las fuentes de ingreso de sus pobladores, sin olvidar las historias que cuentan de los posos que contienen aguas especiales y se presume que curan enfermedades. Aquí inicia la historia de ese gran poeta que Colombia olvido, las letras que plasmo en su poesía son recordadas por pocos y esos pocos son los que hacen revivir nuestra cultura y hacen revivir al poeta cuando leen el legado de su poesía.
Julio Florez Roa, (Chiquinquirá, Boyacá, 22 de mayo de 1867 - Usiacurí, Atlántico, 7 de febrero de 1923)1 fue un poeta colombiano, muy controversial Flórez fue señalado como sacrílego, blasfemo y apóstata por la iglesia católica, pero eso no era impedimento para convertirse en ese gran poeta que marco a la literatura colombiana. Al final de su vida viaja a Usiacuri Atlántico con la ilusión de que las agua que habían en ese pueblo curaban enfermedades, se presume que era un cáncer que quería curar, pero esto fue inevitable, tal vez no fueron las aguas la que salvaron su vida, tal vez fue el amor que encontró en ese recóndito pueblo ubicado prácticamente en la mitad del departamento del atlántico, si, fue En ese pueblo donde se enamoró de una colegiala de 14 años de edad, Petrona, con quien comenzó un idilio, quedándose a vivir en este sitio por el resto de su vida y tuvo cinco hijos.
Así, el 14 de enero de 1923, al borde del sepulcro, Julio Flórez obtuvo un honor retrasado por treinta años. Pocos días después de esta forzada ceremonia, el poeta del pueblo colombiano murió rodeado de sus familiares y amigos, el 7 de febrero. Julio Flórez ha pasado a la historia como un bardo popular, que supo interpretar los amores y los dolores de la nación colombiana bajo temas absolutos como la naturaleza, la madre, la patria, la amada y la muerte. Su fama como «el último becqueriano», según palabras de Max Henríquez Ureña, ha desbordado las fronteras nacionales. La popularidad de Julio Flórez, extendida por todo el continente, hizo que muchos de sus poemas fueran cantados por multitud de artistas, entre ellos Carlos Gardel.
Y como en su poema:
Bajo los altos cipres
"Bajo los altos cipreses,
el sepulturero, un día,
cantaba de esta manera
con honda melancolía:
Entierro un grano de trigo
y el grano produce granos;
entierro un hombre... y el hombre
sólo produce gusanos."
Y entre los gusanos olvidaron su nombre, del gran poeta honorifico que pocos recuerdan, ni muchos sabrán que existió, pero si dejo un gran legado en su poesía que pocos se atreven a leerla, tal vez por la ignorancia o porque no les interesa, también dejo una base fuerte de que en la Colombia de esa época la guerra era lo que marcaba nuestro país, sino que también existían rebeldes que se atrevían a escribir y pensar. Actual mente la casa donde vivió sus últimos días es un lugar donde la cultura aflora a causa de esas personas que entendieron el tesoro que dejó. Sus restos están enterrados en una habitación de esa casa junto a los restos de su esposa, haciéndole honor a ese poema que relataba que después de la muerte existía el amor.
otro poema de Julio Florez
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