Aca les va este relato que escribi hace un tiempo, nunca supe que titulo ponerle, supongo que no soy muy avispado para hacerlo. Propongo que usted, cordial lector, sepa ponerle titulo a estas palabras escritas por un servidor, este pobre pelotudo de 18 años, pero un pelotudo con onda.
Hay veces en que una chica, cuyo nombre y procedencia desconozco, atraviesa una calle sin dirección a una determinada hora, para la cual no tengo reloj, en un determinado día, que no esta en el calendario.
Cada vez que la veo me dan ganas de saludarla y preguntarle como esta y me la he cruzado tantas veces que me pone los pelos de punta el enamoramiento que por ella manifiesto. Sé que ella me conoce y sabe que la conozco, pero tenemos vergüenza, miedo al rechazo. No quiero que esto sirva de ejemplo erróneo para pensar que soy un galán americano. Reparo en el hecho de que, ante la imaginación del lector, podría ser una chica de curvas pronunciadas o bien una señora de buen porte y avanzada edad (además de que no me levanto ni las medias).
Ahora me nace una propuesta de lanzamiento a emitir el saludo, pero se que no es verdad, no puedo tomarla como algo serio, muchas veces las propuestas son desplazadas por la realidad, que no nos deja vivir en la fantasía que deseamos.
Ahora se que no la saludaré, ni ella me saludará, pues ella camina por la calle sin direcciones, a la hora para la cual no hay reloj, en el día que no esta plasmado en el almanaque. Me pone nervioso, pues sé que la chica de carente procedencia y nombre, no existe.
Hay veces en que una chica, cuyo nombre y procedencia desconozco, atraviesa una calle sin dirección a una determinada hora, para la cual no tengo reloj, en un determinado día, que no esta en el calendario.
Cada vez que la veo me dan ganas de saludarla y preguntarle como esta y me la he cruzado tantas veces que me pone los pelos de punta el enamoramiento que por ella manifiesto. Sé que ella me conoce y sabe que la conozco, pero tenemos vergüenza, miedo al rechazo. No quiero que esto sirva de ejemplo erróneo para pensar que soy un galán americano. Reparo en el hecho de que, ante la imaginación del lector, podría ser una chica de curvas pronunciadas o bien una señora de buen porte y avanzada edad (además de que no me levanto ni las medias).
Ahora me nace una propuesta de lanzamiento a emitir el saludo, pero se que no es verdad, no puedo tomarla como algo serio, muchas veces las propuestas son desplazadas por la realidad, que no nos deja vivir en la fantasía que deseamos.
Ahora se que no la saludaré, ni ella me saludará, pues ella camina por la calle sin direcciones, a la hora para la cual no hay reloj, en el día que no esta plasmado en el almanaque. Me pone nervioso, pues sé que la chica de carente procedencia y nombre, no existe.