Les dejo éste fragmento de Crónicas marcianas, publicado en 1920...más allá de que en lo personal me fascina la lectura, se preguntarán por qué lo dejo.
En realidad me sorprendió el señor y señora K...(en éste caso...emmm, sólo basta leerlo).
Visionario como tantos otros escritores de ciencia ficción,(recomiendo leer: "Que se mueran los feos" de Boris Vian),menos mal que no conoce la exitencia de los actuales sr y sra K...sino, pobre genio!
Aquí el fragmento:
Ylla (fragmento), de Crónicas marcianas
" Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblo marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas. "
En realidad me sorprendió el señor y señora K...(en éste caso...emmm, sólo basta leerlo).
Visionario como tantos otros escritores de ciencia ficción,(recomiendo leer: "Que se mueran los feos" de Boris Vian),menos mal que no conoce la exitencia de los actuales sr y sra K...sino, pobre genio!
Aquí el fragmento:
Ylla (fragmento), de Crónicas marcianas
" Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblo marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas. "