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La odisea del espermatozoide

Ciencia Educacion3/19/2016
La odisea del espermatozoide

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La salida: cómo se preparan para la gran carrera

Esta salida está indicada con el pistoletazo de salida que conocemos como eyaculación. En esta salida, unos 250-300 millones de espermatozoides, que han estado madurando durante 2 -3 días, empiezan su tortuosa carrera con una sola meta en la cabeza: ser el primero en fecundar al óvulo. El primer problema con el que se encuentran los espermatozoides, es su propia síntesis. De todos los espermatozoides presentes en una eyaculación, menos de un 20% son sanos. El resto o ya empiezan la carrera muertos, o se han colado atletas paraolímpicos, que no están bien formados, apenas se mueven o están amorfos, lo que los condena a una muerte pronta y segura. De ahí que sea tan importante aguantar 2 o 3 días sin eyacular para acumular una cantidad suficiente de espermatozoides que garanticen un buen número de individuos sanos y competitivos. Éstos contarán con una cabeza, donde se encuentra el material genético que ha de introducir en el óvulo y una zona conocida como acrosoma que ayudará a que eso sea posible; un cuello o segmento medio justo debajo, que actúa como motor, quemando energía ATP en las mitocondrias que contiene, para general el movimiento de su cola que actuará como una hélice a propulsión y de la cual depende su supervivencia y su éxito.

Una excitación máxima por parte del hombre también ayuda a que se eyacule mayor número de espermatozoides y salgan con mayor propulsión, internalizándolos al máximo dentro de la vagina, sorteando así el medio hostil.

Estos espermatozoides empiezan la carrera con cierta ayuda, siendo impulsados junto al líquido seminal producido entre la próstata y vesícula seminal, que proporcionarán a los corredores un suplemento alimenticio y protección, además de un medio que les facilitará sus movimientos natatorios en el interior de la vagina. Y ahora es cuando van a llegar a ella, y donde peor lo van a pasar.




La carrera: la hostilidad de la vagina y útero.

Han salido del pene. Entrar en la vagina ya es un buen resultado, ya que si la eyaculación ocurre en el exterior, su vida no durará más de unas pocas horas, donde la sequedad y calor del ambiente eliminará el líquido seminal que los nutre y protege, matándolos.

Ya solo tienen por delante 18 cm de camino, bastante largo para un ser que se desplaza a 0.0025 cm/seg. Además, la carrera no puede empezar en peores condiciones. El interior de la vagina es ácido para los espermatozoides, con un pH inferior a 6, cuando el óptimo para ellos es de 7-7,5, que irá friéndolos en grandes masas, como si hubiera aterrizado en un infierno, acabando con un porcentaje muy elevado de corredores en los primeros 30 minutos de la carrera. Para suerte de los espermatozoides, el líquido seminal que les acompaña, mantiene un ambiente más propicio para ellos, disminuyendo la acidez vaginal. Si la mujer se encuentra ovulando, su pH aumentará 1 punto, facilitando así la supervivencia de los competidores. Además, se ha descubierto que el orgasmo femenino produce contracciones que facilitan la subida del espermatozoide hacia el cuello del útero, a modo de succionador, de ahí la importancia de que la mujer se excite y disfrute con el sexo.

Unos pocos millones alcanzan el cuello del útero donde, para pasar, se encuentran con un nuevo obstáculo. La entrada al cuello del útero se encuentra protegida por un moco vaginal, cuya viscosidad depende de si la mujer se encuentra en ovulación o no. En el primer caso, será menos denso, no oponiendo tanta resistencia a la entrada de los espermatozoides, mientras que en el segundo caso, otro montón de ellos quedarán pegados y retenidos hasta su muerte, sin poder finalizar la carrera.

Los pocos afortunados que consiguen pasar al cuello del útero, no se encontrarán con un camino relajado. Al contrario, entrar ahí es entrar en el laberinto del Minotauro. El cuello del útero se compone por una multitud de diminutas ramas de túneles que no llevan a ninguna parte, donde una vez que entran, no son capaces de salir. Sólo el 1% de los espermatozoides que llegan al cuello del útero, son capaces de llegar a la siguiente base: el útero.

mujer

Después del angosto túnel del cuello del útero, llegar al útero supone un paisaje abierto inmenso por el que deben navegar hasta encontrar la entrada a las trompas de Falopio. De nuevo, la ovulación les ayudará, produciendo contracciones del útero y de la trompa de Falopio que alberga al óvulo, facilitando el movimiento de los espermatozoides hacia la zona correcta, no sin antes dejar más caídos por el camino. Pero también aquí se encuentran con otro peligro. Para el útero de la mujer, los espermatozoides son células invasoras que pueden causar daño y enfermedades y, como tal, los atacan sin piedad, enviando miles de leucocitos a su encuentro con un sólo objetivo: caer sobre ellos, encapsularlos y, a la larga, matarlos. Solamente unos pocos cientos corredores de los 250-300 millones que comenzaron la carrera, llegarán a la recta final de las trompas de Falopio.

Sin embargo, no todos son bien recibidos en este último tramo. Los espermatozoides deben nadar con determinadas características para entrar a las trompas de Falopio, los que lo hagan de forma errante, quedarán fuera. Además posee potencialmente un sistema de reconocimiento celular, donde solo los espermatozoides con las moléculas adecuadas podrán pasar. Pero una vez que pasan esta barrera, ya está casi todo hecho. Las trompas de Falopio tienen un ambiente agradable para los espermatozoides, con un pH adecuado, concentración correcta de iones y hasta nutrientes de los cuales pueden surtirse. Sin embargo, algunos espermatozoides, ya agotados por el viaje, quedan varados en las paredes de las trompas, incapaces de acabar la carrera. Solo unas pocas decenas serán candidatos para ganar la carrera.


Llegada a la meta: perdura por siempre o muere en el intento
Ya a escasos centímetros de la línea de meta (el óvulo), los pocos espermatozoides que aún se encuentran con fuerzas para conseguir su objetivo final, recibirán señales químicas del óvulo, que les servirá para orientarse y saber hacia dónde tienen que nadar. Dónde se encuentra su premio. Es entonces cuando los corredores experimentan una hiperactividad frenética,en un proceso conocido como capacitación, donde liberan capas de proteínas, nadando a marchas forzadas a modo de sprint final en busca de la inmortalidad o, por el contrario, un final muy triste al haber llegado tan lejos para nada.

Finalmente encuentran el óvulo. Pero éste se va a resistir y no permitirá que cualquiera que llegue sea el campeón, y para ello se encuentra envuelto en varias capas de células que lo protegen y dificultan la entrada del ganador, conocida como zona pelúcida. De los casi 300 millones de espermatozoides que comenzaron la carrera, cerca de una docena llegaron a tocar el trofeo, pero sólo uno de ellos va a ser capaz de entrar y mezclar su material genético, sobreviviendo así, dándole la vida a un nuevo ser humano. Para ello, deberá usar unas enzimas hidrolíticas que contiene su acrosoma, destruyendo su cabeza para ello, pero con lo que conseguirá abrirse hueco en la envuelta del óvulo y convirtiéndose en el único ganador de la intensa y peligrosísima carrera. Una vez éste entre, los pocos corredores que intentaban abrir su entrada, ya pueden cesar su actividad, porque el óvulo se cerrará a cal y canto impidiendo una nueva entrada, condenándolos a ellos también a una futura muerte, que les ha llegado a pocos segundos de conseguir la gloria y la supervivencia.


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