




El ARA General Belgrano (antes era el USS Phoenix y luego ARA 17 de Octubre) fue un crucero de la Armada Argentina hundido con importantes pérdidas humanas en un ataque durante la Guerra de las Malvinas.
Es el único barco hundido por un submarino nuclear en tiempos de guerra. Este nombre había sido usado antes por la Armada Argentina para un crucero blindado, dado de baja en 1947.
El USS Phoenix en la 2° guerra mundial


El 7 de diciembre de 1941 sorprendió al navío fondeado en la Bahía de Pearl Harbor cuando se produjo el ataque japonés que marcó la entrada de los EEUU a la 2º Guerra Mundial. A pesar de la eficacia del ataque el buque salió indemne y solamente sufrió la baja de un tripulante debido a un sincope cardíaco.
Durante el ataque, zarpó junto a una pequeña flota hacia fuera de la bahía donde intentaron, sin éxito, encontrar los portaaviones japoneses.
Participó luego en la Batalla del Golfo de Leyte, donde fue destruído el el grueso de la flota japonesa del sur. El USS Phoenix tomó parte activamente en el combate, hundiendo al acorazado “Fuso” de 29330 Tn, armado con cañones de 356 mm.
Al mes siguiente, mientras patrullaba la zona junto a otros buques, fue victima del ataque de diez aviones torpederos “Aichi”, siendo impactado un destructor por un Kamikaze, mientras el Phoenix derribó a dos aparatos con sus cañones antiaereos; en otro ataque, logró derribar a un Kamikaze a solo cien metros del buque.
Luego de la invasión a Filipinas, participó en Corregidor, Bataan y Balik Papan antes de la victoria norteamericana.
Ante la necesidad de reequipar a las armadas de Brasil y Chile que no poseían ningún crucero en servicio, y para no romper el equilibrio regional, en 1951 el gobierno de EEUU vendió a cada uno de estos países dos cruceros de la clase Brooklyn, e incluyó a la Argentina que ya poseía dos cruceros, el “ARA 25 de Mayo” y el “ara La Argentina”.

La Armada Argentina por Decreto secreto Nº 222 del 11/01/1951, compró el “Phoenix” y el “Boise” por U$s 7.800.000.- cada uno. Este costo representaba el 21 % del valor original de U$s 37.000.000.-. El 12 de abril de 1951, en Philadelphia, el “Phoenix” fue entregado a la Armada Argentina donde fue bautizado “17 de Octubre” “C4” afirmándose el pabellón nacional por primera vez. Su gemelo “Boise” paso a llamarse “9 de Julio” “C5”.
El “17 de Octubre” zarpó el 16 de noviembre de 1951 hacia la Base Naval de Puerto Belgrano , donde arribó el 5 de diciembre. Pasó a integrar la División Cruceros como buque insignea que, junto con el ARA “Almirante Brown” C1, el ARA “25 de Mayo” C2, el ARA “La Argentina” C3 y el ARA “9 de Julio” C5, constituyeron la flota más poderosa de América del Sur en ese momento.
En la armada argentina

Ya integrado a la flota, participó de diferentes ejercicios navales con el resto de los buques de la Armada Argentina. El primero de ellos de gran magnitud, fue denominado “La invasión a Mar del Plata”, para el cual la flota de mar navegó desde la Base Naval de Puerto Belgrano siendo hostigada por aviones de la aviación naval y unidades submarinas, para culminar en un desembarco en las playas de Punta Mogotes y un asalto a la Base Naval de Mar del Plata.
El 24 de octubre de 1952, en el Puerto de Buenos Aires, el C4 recibió en donación del Ministerio de Aeronáutica el pabellón de guerra que lo acompañó en su vida activa y aún lo acompaña en su destino final.

El 16 de setiembre de 1955 zarpó hacia el río de la Plata junto a otras unidades integrando una poderosa flota que conformaron luego la revolución libertadora, la cual derrocó al Gral. Perón.
En Servicio en las Malvinas y hundimiento

El 12 de febrero de 1982 zarpó hacia Puerto Belgrano para el mantenimiento que cada año se daba al crucero. Aunque se habían añadido tecnologías de radar y misiles, el barco estaba en malas condiciones de turbinas y no podía alcanzar más de 18 nudos. Por entonces, su comandante era el Capitán Héctor Bonzo.

Durante esta puesta a punto recibió la noticia de las crecientes tensiones con el gobierno del Reino Unido con respecto a la soberanía de las islas Malvinas. Así los trabajos tuvieron que detenerse debido a la necesidad de emplear a los obreros en la disposición de las demás unidades. El 2 de abril toda la tripulación del crucero fue avisada de la operación anfibia que las restantes unidades de la escuadra realizaron para tomar las islas Malvinas.
El barco recibió el resto de la tripulación para tiempos de guerra, completando 1091 tripulantes y dos civiles que trabajaban en la cantina y que rehusaron dejar el barco, aunque sabían que ahora zarparía en misión de guerra (de hecho ellos fueron de los primeros en morir, pues el primer torpedo dio en la zona de la cantina).
El gobierno británico, por su parte, tras enviar a dos submarinos nucleares a la zona y preparar el envío de un contingente más importante después, estipuló la creación de una zona de exclusión que comprendería una circunferencia de 200 millas (370 km), centrado en latitud 51° 40' Sur y longitud 59° 30' Oeste (el centro geográfico de las Islas Malvinas).

Zarpó el 16 de abril de 1982 formando parte de la Fuerza de tareas 79 número 3 (GT 79.3) con las siguientes instrucciones:
* Zarpar al teatro de operaciones y estacionarse en la Isla de los Estados. Derrota costera (es decir, seguir un rumbo paralelo a la costa) y tratar de velar intenciones.
*Tareas:
Vigilar los accesos Sur al teatro de operaciones.
Interceptar unidades enemigas
Disuadir en el marco regional
Evitar el contacto táctico con unidades del enemigo dotadas de misiles antibuque.
En caso necesario y de acuerdo con la situación, reabastecerse en la Base Naval Ushuaia.
El barco recibió también orden de navegar en silencio, pues unidades británicas podrían encontrarse en las inmediaciones.
El 19 de abril, llegó a la Isla de los Estados. Allí realizó ejercicios de tiro donde se descubrieron problemas en la munición de los cañones antiaéreos Bofors 40 mm. Por eso y por necesidad de reabastecimiento se dirigió luego a la base de Ushuaia.

Los días siguientes fueron de ejercicios y de continuas misiones de reconocimiento por parte del helicóptero Alouette embarcado en el Belgrano . El 29 de abril recibieron permiso de usar cualquier armamento contra las unidades británicas que descubrieran.
Hundimiento del General Belgrano el 2 de mayo de 1982.
Sucesos en el Atlántico Sur durante el hundimiento del Belgrano .

Hundimiento

Pocos minutos antes de las 16:00 el submarino nuclear HMS Conqueror recibió la orden de hundir al ARA General Belgrano . A las 16:02, mientras los artilleros que se encontraban de guardia probaban algunos mecanismos y la Torreta II buscaba posibles blancos en el horizonte, el buque se sacudió violentamente fruto de una poderosa explosión, seguida del cese inmediato de energía e iluminación que paralizó a los 1093 tripulantes.12 Este fue el primero de los 3 torpedos MK-813 lanzados por el Conqueror desde una distancia de 5 km aproximadamente (aunque solo los 2 primeros dieron en el blanco, el tercero golpeó en el casco del Bouchard sin explotar). El capitán del submarino declaró después que la elección del arma usada fue dictada por la antigüedad del mismo crucero: un torpedo de la Segunda Guerra Mundial hundiría a un crucero del mismo período. El primer torpedo mató a 274 tripulantes.
Unos momentos más tarde una segunda explosión se produjo a la altura de proa de la nave. Este segundo impacto provocó el desprendimiento de 12 metros de la proa del barco. Inmediatamente comenzó la inclinación a babor, cesó la fuerza motriz y se apagaron las luces, la generación eléctrica de emergencia también quedó inutilizada. Hacia las 16:05, se dio la orden de zafarrancho de siniestro, pudiendo constatarse que únicamente las líneas con la Central de Control de Averías estaban totalmente disponibles. Esta se encontraba en la cubierta 05. Los puestos de combate de Control de Averías distribuidos en todo el buque estaban en una situación muy crítica, habían sido gravemente afectados por las explosiones y los daños causados eran demasiados y muy importantes como para controlarlos con los medios disponibles en ese momento. Se inició la apertura de las puertas estancas que daban a la cubierta principal para permitir agilizar la evacuación de las zonas inferiores, tarea extremadamente complicada debido a que la red de parlantes había quedado fuera de servicio.

Una cubierta más abajo se encontraba el cuarto de radio y, cercano al camarote del comandante, se encontraba el CIC (Centro de Información y Combate del buque). Los daños en esta sala fueron variados y provocaron algunas heridas al personal por caída de tuberías y parte de los tableros de información. Pese a la oscuridad y otros inconvenientes, todo el personal salió y logró llegar a la cubierta principal. Los compartimientos de máquinas C-1 y C-2 fueron afectados por el primer torpedo británico. El impacto fue justo en la cuaderna 106 del mamparo popel del compartimiento, la explosión no dejó supervivientes en ese sector.
La sala C-1 tuvo un repentino corte de energía, pues los generadores principales 1 y 2 habían cesado ya de operar. El comedor de la tripulación, ubicado sobre el compartimiento C-2, fue el área más afectada y donde más efecto tuvo sobre la tripulación, debido al humo las linternas individuales no lograban alumbrar más allá de 30 centímetros.
Los tambores de combustible del helicóptero fueron arrojados al mar, para que no explotaran. La Central de Tiro pudo ser evacuada rápidamente gracias al inmediato funcionamiento de las linternas y a que el zafarrancho de siniestro se había dado justo en el momento en que los problemas comenzaron a agravarse. En las torretas 4 y 5 de popa, el humo que salía era muy denso, puesto que el torpedo había impactado en las proximidades de la cámara de proyectiles de la Torreta 4 y su correspondiente santabárbara. Las unidades de Control de Averías definieron al sector como área de destrucción total.
La enfermería se situaba en la tercera cubierta. El personal de sanidad corría por las cubiertas bajas, revisando los camarotes para que no hubiera personal malherido que pudiera quedar abandonado. En el momento que concluyeron en que no había internados en la enfermería y que los camarotes estaban vacíos, se procedió a recoger mantas y se dirigieron hacia la cubierta.
Durante esos minutos, el personal comenzó a dirigirse a las estaciones de abandono asignadas. El buque tenía 72 balsas salvavidas, de las cuales 62 eran las necesarias y el resto eran de reserva. Las órdenes llegaban a través de simples megáfonos de mano y se retransmitían gritando lo más alto posible. Abundaban los heridos, quienes llegaban cargados a hombro por sus compañeros. El jefe de sanidad, una vez supervisada la evacuación de los internados en la enfermería, se dirigió también a la cubierta y junto a otro oficial de sanidad, aplicó morfina a los casos más graves.

A las 16:23 el comandante Héctor Elías Bonzo dio la orden de abandonar la nave. Comenzó así la maniobra de abandono. La marejada que había, dificultó la visión y comunicación entre las balsas, por lo cual algunas quedaron sobrecargadas con 30 personas y otras subocupadas con no más de 3 personas. A las 16:50 la escora de 60° preanunciaba el hundimiento, y en 10 minutos el crucero fue engullido por las aguas aproximadamente en el punto 55°24′0″S 61°32′0″O del Océano Atlántico.
Operación de rescate

2 Aviones Neptune
1 Avión Fokker
1 Avión Electra
Buques Gurruchaga, Bahía Paraíso, Bouchard y Piedrabuena.
Al destructor Piedrabuena se le ordenó regresar a toda máquina al lugar, mientras el Bouchard seguiría aún alejado. Las condiciones meteorológicas eran precarias, había una fuerte tormenta que dificultó seriamente a los buques llegar a la zona. El Piedrabuena fue el primero en hacerlo, pero en el punto de contacto (donde se presumía que había sido el ataque) no quedaban rastros, ni del ARA General Belgrano , ni de las balsas salvavidas.
Aproximadamente a las 09:00 del lunes 3 de mayo, el avión Neptune 2-P-111 de la armada argentina, comandado por el capitán Pérez Roca, avistó en la zona una gran mancha de petróleo, pero la localización de las balsas seguía siendo negativa.

Comenzaron así los trabajos de rescate, siempre dificultados por la fuerte tormenta que azotaba el Atlántico. En gran parte de las balsas se encontraba algún fallecido, heridos, quemados, y la mayoría de los supervivientes presentaba principios de hipotermia en algunas partes de su cuerpo (en casi todos los casos las piernas).
En la madrugada del 5 de mayo, los buques arribaron al puerto de Ushuaia con los supervivientes, que fueron transportados por vía aérea a Bahía Blanca, donde los esperaban sus familiares.

Los buques recogieron un total de 793 tripulantes, entre los que resultaban 23 fallecidos.
El total de bajas sufridas en el ataque ascendió finalmente a 323





