No sabía si subirlo o no, me decidí..opinen a ver que tul.
Si les gusta bien, sino borro el comentario =) jaja
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Hace mucho tiempo que estoy acá. No sé si realmente este lugar es producto de mi imaginación o algo peor: es real. Traté de pensar detenidamente mi situación, pero cuánto más respuestas buscaba, más preguntas encontraba.
Esperando.
Mirando al horizonte. Vacío. No hay señales de que venga, pero sabía que en algún momento iba a llegar. Siempre llegaba, cuando menos uno lo pensaba. No era puntual, no a nuestro modo, nunca lo fue; pero realmente nunca le importó. Él cumplía su función a la perfección, eso era lo que más miedo me daba y lo que realmente me dejaba perplejo.
El frío me quemaba la cara, la soledad a mi alrededor daba un aspecto más trágico a la situación. Empecé a pensar. Cosa-no-tan-rara en estas situaciones. Las imágenes se mezclaban, armaba rompecabezas con cosas del pasado; era imposible. Una tortura. Una tortura necesaria por cierto, uno no puede sobrellevar estas situaciones sin su fiel amiga la memoria.
Él seguía sin venir. Realmente no importaba ya en ese momento, daba igual si venía o no. Cuando la desesperanza es más fuerte que la lógica y todas esas cosas tercermundistas ya nada importa. Es en esos momentos, cuando uno está totalmente rendido es cuando Él aparece. Es un experto.
A lo lejos se acerca, despacio, pero letal. Uno trata de buscar las palabras correctas pero sabe que en el momento que lo tenga cara a cara ningún vocablo del mundo es útil.
Se detuvo frente a mí, cómo si atendiera a mi llamado. Poderoso y hábil, me dio la bienvenida, como abriendo una puerta. Subí las escaleras que me brindaba con cierto recelo, entonces fue cuando pude verlo completamente. Había gente como yo, pero parecía que ninguno veía al otro, como ciegos, ni se daban cuenta de que existiera alguien a su alrededor.
De repente, sabía lo que tenía que hacer, no podía quedarme callado, no en ese momento, debía enfrentarlo. Ordené las palabras pensadas anteriormente. En vano. Sólo me salió decir lo más sutil, lo más rutinario, lo más mortal:
-75, maestro.
-¿Hasta dónde vas pibe?
Hace mucho tiempo que estoy acá. Esperando.
Esperando.
Mirando al horizonte. Vacío. No hay señales de que venga, pero sabía que en algún momento iba a llegar. Siempre llegaba, cuando menos uno lo pensaba. No era puntual, no a nuestro modo, nunca lo fue; pero realmente nunca le importó. Él cumplía su función a la perfección, eso era lo que más miedo me daba y lo que realmente me dejaba perplejo.
El frío me quemaba la cara, la soledad a mi alrededor daba un aspecto más trágico a la situación. Empecé a pensar. Cosa-no-tan-rara en estas situaciones. Las imágenes se mezclaban, armaba rompecabezas con cosas del pasado; era imposible. Una tortura. Una tortura necesaria por cierto, uno no puede sobrellevar estas situaciones sin su fiel amiga la memoria.
Él seguía sin venir. Realmente no importaba ya en ese momento, daba igual si venía o no. Cuando la desesperanza es más fuerte que la lógica y todas esas cosas tercermundistas ya nada importa. Es en esos momentos, cuando uno está totalmente rendido es cuando Él aparece. Es un experto.
A lo lejos se acerca, despacio, pero letal. Uno trata de buscar las palabras correctas pero sabe que en el momento que lo tenga cara a cara ningún vocablo del mundo es útil.
Se detuvo frente a mí, cómo si atendiera a mi llamado. Poderoso y hábil, me dio la bienvenida, como abriendo una puerta. Subí las escaleras que me brindaba con cierto recelo, entonces fue cuando pude verlo completamente. Había gente como yo, pero parecía que ninguno veía al otro, como ciegos, ni se daban cuenta de que existiera alguien a su alrededor.
De repente, sabía lo que tenía que hacer, no podía quedarme callado, no en ese momento, debía enfrentarlo. Ordené las palabras pensadas anteriormente. En vano. Sólo me salió decir lo más sutil, lo más rutinario, lo más mortal:
-75, maestro.
-¿Hasta dónde vas pibe?
Hace mucho tiempo que estoy acá. Esperando.