Los Mexicanos Tienen Miedo al Triunfo
Tratando de explicar el fracaso de México
En las olimpiadas de río 2016
Pirandello señaló que el teatro era una metáfora del delirio, y también podemos decir eso de este deporte, especialmente en los partidos absolutamente inolvidables
J. Villoro
Los mexicanos fracasan porque tienen miedo al triunfo. La frase puede parecer escandalosa, pero analicemos un poco:
Desde niños, los mexicanos aprendemos que nuestros antepasados premiaban el triunfo con la muerte.
En todos los centros arqueológicos importantes de México, desde el Tajín hasta Chichén-Itzá, encontramos lo que, utilizando el lenguaje moderno podríamos llamar “canchas” para el juego de pelota.
En estas canchas, aun se observan vestigios que nos hablan del ganador siendo sacrificado para honrar a los dioses: el hombre que ha demostrado ser más capaz y poseer habilidades superiores, ha recibido como premio el filo de la obsidiana sobre su cuello, mientras que el perdedor es condenado a vivir el resto de sus días cargado la pesada loza de la derrota a cuestas. El mensaje intrínseco es que más vale una muerte gloriosa que una vida en la deshonra, pero bajo este mensaje subyace oculto otro aún más poderoso: que el vencedor no merece otra cosa que la muerte.
Octavio paz lo resume así: el juego de pelota era escenario de un rito en el que el victorioso ganaba la muerte por decapitación. (fin de la cita).
Tras lo conquista, un nuevo sistema de valores se superpuso al ya existente. En este nuevo sistema, el de la religión impuesta por los colonizadores, a veces nos está permitido ganar, pero es necesario acatar obligatoriamente una premisa: que antes de ganar hay que sufrir para merecerlo.
De esta manera, debes ser paciente y resignado en ésta vida para poder ganar el cielo en la otra.
Nada te será dado sin sufrimiento, si quieres un milagro, debes sufrir la mortificación de la carne, el pan lo has de ganar con el sudor de la frente, debes ser obediente, humilde, resignado y modesto.
si ganas sin sufrimiento, tu victoria es pecaminosa. La decapitación ya no es necesaria por que el nuevo premio para el vencedor es la culpa.
Nos sentimos culpables de ganar. Quizá por eso somos tan malos en los mundiales de fútbol, a nuestros equipos les gusta complicarse los partidos, se enredan y sufren, le echan ganas, juegan con pundonor y juegan como nunca para perder como siempre.
Nuestra culpa se minimiza cuando hay sufrimiento.
Y quizá por eso mismo en México hay tan buenos boxeadores, alzar victorioso la mano con el rostro lleno de sangre algo nos quita de ése miedo ancestral a la victoria, como si la sangre que hemos derramado lavase un poco ése sentimiento de culpa impuesto por los religiosos de la época de la conquista.
Entonces el miedo al triunfo del mexicano se ha transformado en una especie de veneración a la derrota. No se trata de que si el mexicano está dotado naturalmente para el triunfo o no. Hay muchos mexicanos que al vivir, entrenar o estudiar en el extranjero han logrado romper este lastre cultural y triunfar en cualquier área del deporte, las ciencias o las artes, pero siempre fuera de México, son mexicanos triunfadores, pero lejos del país, siempre lejos del patrón cultural que nos ata a la derrota.
Tradicionalmente, los deportes que le han dado satisfacciones a los mexicanos, son deportes de sacrificio individual: alzar el puño con el rostro sangrante, cruzar la meta desfalleciendo de cansancio, zambullirse en el agua después de múltiples giros mortales. El común denominador es la individualidad y el sacrificio.
El mexicano no está educado para triunfar, sino para venerar la derrota, sostiene el escritor y doctor en humanidades Juan Miguel Zunzunegui.
Entonces no es cuestión de capacidad, si no de educación. Al mexicano se la impuesto, por siglos, un patrón cultural, una especie de paganismo que pone a la derrota en un altar.
Basta echarle una mirada a nuestros libros de historia:
Somos los vencidos, nuestros héroes, son héroes en la derrota, héroes fusilados, decapitados o cocidos a balazos.
A Moctezuma lo mataron a pedradas. A Cuauhtémoc le quemaron los pies y lo colgaron de un árbol, al cura Hidalgo, lo fusilaron y a su cadáver le arrancaron la cabeza y metieron la cabeza en una jaula de hierro que colgaron en una esquina donde permaneció diez años pudriéndose al sol. Porque si quieres hacerte el héroe te vamos a arrancar la cabeza.
Juan Escutia se lanzó al vacío, perdimos Texas, perdimos la Alta California, perdimos, perdimos, perdimos.
Madero, murió cobardemente traicionado por huerta. A Villa lo ejecutaron de forma gangsteril dentro de su auto y Zapata murió cocido a balazos en el rancho de Chinameca. Esta es la historia que nos han contado. Nuestros héroes son héroes vencidos, héroes de la derrota, hombres sobresalientes que fueron premiados con una muerte honrosa, héroes que nos han heredado un miedo terrible a la victoria.
Me gustaría saber tu opinión : ¿crees que todo lo anteriormente mencionado es cierto?¿crees que el mexicano está acostumbrado a la derrota? ¿qué crees tú que sea necesario para cambiar ésta mentalidad?
Tratando de explicar el fracaso de México
En las olimpiadas de río 2016
Pirandello señaló que el teatro era una metáfora del delirio, y también podemos decir eso de este deporte, especialmente en los partidos absolutamente inolvidables
J. Villoro
Los mexicanos fracasan porque tienen miedo al triunfo. La frase puede parecer escandalosa, pero analicemos un poco:
Desde niños, los mexicanos aprendemos que nuestros antepasados premiaban el triunfo con la muerte.
En todos los centros arqueológicos importantes de México, desde el Tajín hasta Chichén-Itzá, encontramos lo que, utilizando el lenguaje moderno podríamos llamar “canchas” para el juego de pelota.
En estas canchas, aun se observan vestigios que nos hablan del ganador siendo sacrificado para honrar a los dioses: el hombre que ha demostrado ser más capaz y poseer habilidades superiores, ha recibido como premio el filo de la obsidiana sobre su cuello, mientras que el perdedor es condenado a vivir el resto de sus días cargado la pesada loza de la derrota a cuestas. El mensaje intrínseco es que más vale una muerte gloriosa que una vida en la deshonra, pero bajo este mensaje subyace oculto otro aún más poderoso: que el vencedor no merece otra cosa que la muerte.
Octavio paz lo resume así: el juego de pelota era escenario de un rito en el que el victorioso ganaba la muerte por decapitación. (fin de la cita).
Tras lo conquista, un nuevo sistema de valores se superpuso al ya existente. En este nuevo sistema, el de la religión impuesta por los colonizadores, a veces nos está permitido ganar, pero es necesario acatar obligatoriamente una premisa: que antes de ganar hay que sufrir para merecerlo.
De esta manera, debes ser paciente y resignado en ésta vida para poder ganar el cielo en la otra.
Nada te será dado sin sufrimiento, si quieres un milagro, debes sufrir la mortificación de la carne, el pan lo has de ganar con el sudor de la frente, debes ser obediente, humilde, resignado y modesto.
si ganas sin sufrimiento, tu victoria es pecaminosa. La decapitación ya no es necesaria por que el nuevo premio para el vencedor es la culpa.
Nos sentimos culpables de ganar. Quizá por eso somos tan malos en los mundiales de fútbol, a nuestros equipos les gusta complicarse los partidos, se enredan y sufren, le echan ganas, juegan con pundonor y juegan como nunca para perder como siempre.
Nuestra culpa se minimiza cuando hay sufrimiento.
Y quizá por eso mismo en México hay tan buenos boxeadores, alzar victorioso la mano con el rostro lleno de sangre algo nos quita de ése miedo ancestral a la victoria, como si la sangre que hemos derramado lavase un poco ése sentimiento de culpa impuesto por los religiosos de la época de la conquista.
Entonces el miedo al triunfo del mexicano se ha transformado en una especie de veneración a la derrota. No se trata de que si el mexicano está dotado naturalmente para el triunfo o no. Hay muchos mexicanos que al vivir, entrenar o estudiar en el extranjero han logrado romper este lastre cultural y triunfar en cualquier área del deporte, las ciencias o las artes, pero siempre fuera de México, son mexicanos triunfadores, pero lejos del país, siempre lejos del patrón cultural que nos ata a la derrota.
Tradicionalmente, los deportes que le han dado satisfacciones a los mexicanos, son deportes de sacrificio individual: alzar el puño con el rostro sangrante, cruzar la meta desfalleciendo de cansancio, zambullirse en el agua después de múltiples giros mortales. El común denominador es la individualidad y el sacrificio.
El mexicano no está educado para triunfar, sino para venerar la derrota, sostiene el escritor y doctor en humanidades Juan Miguel Zunzunegui.
Entonces no es cuestión de capacidad, si no de educación. Al mexicano se la impuesto, por siglos, un patrón cultural, una especie de paganismo que pone a la derrota en un altar.
Basta echarle una mirada a nuestros libros de historia:
Somos los vencidos, nuestros héroes, son héroes en la derrota, héroes fusilados, decapitados o cocidos a balazos.
A Moctezuma lo mataron a pedradas. A Cuauhtémoc le quemaron los pies y lo colgaron de un árbol, al cura Hidalgo, lo fusilaron y a su cadáver le arrancaron la cabeza y metieron la cabeza en una jaula de hierro que colgaron en una esquina donde permaneció diez años pudriéndose al sol. Porque si quieres hacerte el héroe te vamos a arrancar la cabeza.
Juan Escutia se lanzó al vacío, perdimos Texas, perdimos la Alta California, perdimos, perdimos, perdimos.
Madero, murió cobardemente traicionado por huerta. A Villa lo ejecutaron de forma gangsteril dentro de su auto y Zapata murió cocido a balazos en el rancho de Chinameca. Esta es la historia que nos han contado. Nuestros héroes son héroes vencidos, héroes de la derrota, hombres sobresalientes que fueron premiados con una muerte honrosa, héroes que nos han heredado un miedo terrible a la victoria.
Me gustaría saber tu opinión : ¿crees que todo lo anteriormente mencionado es cierto?¿crees que el mexicano está acostumbrado a la derrota? ¿qué crees tú que sea necesario para cambiar ésta mentalidad?