Los bancos no las dan porque pierden plata con la operatoria. Las empresas de colectivos las usan para pagar horas extras y revenderlas. El Banco Central tiene en la mira a la firma Maco, dueña de más de cien camiones de caudales.
Por las monedas se paga entre 6 y 10 por ciento de su valor. Las miradas apuntan hacia unos camioncitos blancos y rojos –en total hay más de cien– que circulan por Buenos Aires y que suelen ir cargados de las preciadas monedas.
La falta de monedas se convirtió en un flagelo nacional. No se las consigue por ningún lado, a pesar de que la Casa de Moneda acuña dos millones de unidades por día. Las monedas hacen tanta falta y faltan tanto –especialmente en los últimos seis meses– que las cadenas de supermercados, las de comidas rápidas, correos, autoservicios de origen chino y concesionarios de autopistas, por citar algunos casos, pagan por ellas. Lo mismo hacen los pequeños comercios. Para algunos, la escasez ha devenido en un negocio redondo. Por las monedas se paga entre 6 y 10 por ciento de su valor. Las miradas apuntan hacia unos camioncitos blancos y rojos –en total hay más de cien– que circulan por Buenos Aires y que suelen ir cargados de las preciadas monedas. La empresa dueña de esas unidades se llama Maco, y es una transportadora de caudales. Su funcionamiento es clave para entender las causas de la escasez.
Los dueños de Maco tuvieron la virtud de ver un buen negocio: quedar como nexo entre los recaudadores y los demandantes de monedas. De un lado, tienen como clientes a empresas de colectivos y a bancos líderes. Del otro, a las grandes cadenas comerciales y compañías de servicios públicos. Esa posición privilegiada los encumbró como los verdaderos dueños de las monedas. Y lo aprovechan.
Las rutas del negocio son las siguientes:
Cada día, Maco –compañía que los comerciantes conocen como “monedero”– recibe las piezas de empresas de colectivos que son los principales recaudadores del sistema. También se abastece del Banco Central y de las casas centrales de los bancos líderes para que se distribuyan entre las sucursales barriales.
Con la carga en su poder, la compañía ya está dispuesta a ofrecer sus servicios a la otra parte de sus clientes, aquellos que precisan las monedas para dar vueltos. Se estima que en cada camión entran entre 250 mil y 300 mil pesos en monedas. Para guardar el dinero, Maco cuenta con un tesoro propio. De hecho, se ofrece como “tesorería periférica” de las entidades financieras.
El ejecutivo de una cadena de supermercados contó a Crítica de la Argentina que paga $120 por cada entrega, en cada sucursal, sin importar la cantidad de monedas.
Miguel Calvete, secretario general de la cámara que agrupa a los autoservicios de origen chino, dijo a este diario que cada comercio debía abonar 200 pesos. Pero como a los comerciantes les pareció muy caro, prefirieronarreglar con empresas dueñas de colectivos. Les cobran entre 6% y 7% del valor que llevan en monedas.
Los súper chinos compran alrededor de $5 millones semanales en metálico, lo que les genera una pérdida de $350 mil en comisiones.
Maco ofrece sus servicios en internet. Justamente, uno de los rubros es el de las monedas. “Las monedas son cada vez más necesarias, por eso nuestra empresa decidió atender a nivel nacional ese tema. Desarrollando metodologías y procedimientos propios”, informa. El negocio de la empresa es dar un servicio integral: las monedas se clasifican, se embalan y se entregan en mano.
La compañía domina ampliamente el mercado. Controla alrededor del 80% del negocio con las monedas. Su principal competidor entre las transportadoras de caudales es Prosegur-Juncadella, que, en cambio, lidera cómodamente el mercado de los billetes. Entre ellos no hay discordias. Fernando Der, actual presidente del directorio de Maco, es un ex Prosegur-Juncadella.
Ante consultas de Crítica de la Argentina, desde Maco declinaron hacer comentarios.
Desde el Banco Central admitieron que existen “mercados negros” de monedas, pero no dieron mayores precisiones. Y que hace unos meses denunciaron a varias líneas de colectivos (247 y 249) después de que se difundieran cámaras ocultas sobre negociados.
Ni los banqueros ni los dueños de colectivos son ajenos a que falten monedas en la calle. Gerentes bancarios consultados por Crítica de la Argentina admitieron que son renuentes a aceptar las monedas porque no les deja negocio. Al contrario, las entidades financieras pierden plata: deben poner personal especialmente a contar piezas y pagarles a las transportadoras de caudales.
Los bancos líderes tienen contratada a Maco para transportar las monedas. En la práctica funciona como una forma de sacarse de encima la obligación de dar cambio a sus clientes y evitarse costos.
Suele ocurrir que, cuando una casa central pide monedas para sus filiales al Banco Central, después éstas no reclaman el envío o piden la mitad. Un verdadero “regalo” a la transportadora de caudales, que agradece el gesto y hace negocios con sus clientes necesitados.
Pero es cierto que hay gerentes que reciben mercadería desde el Banco Central y lucran con los comercios de la zona. Los quioscos, por caso, deben abonar entre 8% y 10% por las monedas que reciben. Existen, además, ejemplos más chicos del negocio. En la localidad de Don Torcuato, en la ruta 202 y Panamericana, una señora vende todas las tardes monedas a $10 por ocho monedas de un peso. En el barrio saben que su proveedor es una empresa de colectivos.
Las líneas de transporte son un caso aparte. Su recaudación es ciento por ciento en metálico, por lo que se ven obligadas a cambiarla por billetes. Eso les permite hacerse una renta extra.
* Su ingreso principal son los subsidios y se sacan de encima las monedas. Les permite pagar en negro una porción de los salarios de los choferes, en especial premios y horas extras. Los trabajadores aceptan ya que, a su vez, les pueden sacan una diferencia colocándolas a pequeños comercios.
* Las empresas también son fuente directa de otras compañías que necesitan de las piezas para dar vueltos. Les cobran una comisión de entre 5 y 7 por ciento.
* Lo que no pueden colocar sin intermediarios, los transportistas se lo dan a las transportadoras de caudales. Ahí es cuando aparece Maco. El mismo circuito existe con otras empresas de servicios, como el transporte ferroviario. De acuerdo con las cifras informadas por el Banco Central, nunca hubo tantas monedas en circulación. La realidad marca otra cosa. Ahora se sabe quiénes le ponen precio al vuelto.
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