Las puertas del cielo
Juan Manuel Martínez, viejo jugador, astuto y malandrín. Dicen que siempre ganaba todas las partidas de generala que jugaba y que nadie nunca logro siquiera sacarle un peso. El viejo Martínez es asiduo de cabarets y bares donde el juego clandestino era la bedet de la noche. Apostaba todo y ganaba más, si hasta logro despojar de su casa al Doctor Batista en solo dos partidas.
Juan Manuel vestía de negro con un pañuelo rojo el bolsillo de derecho de su saco, zapatos de charol y corbata roja sobre camisa negra. Camina con la frente alta y dando sensación del de ser el amo del juego. Nadie se atrevía a cruzarle la mirada ni cruzarse frente a él.
Dicen que nació en el campo un seis de junio de mil novecientos seis, obvio nadie podía corroborar ese dato ya que su cuerpo se mantenía como de cincuenta años. Se decía que su madre era bruja y que su padre chacarero. El día que partió hacia la ciudad de Mendoza su padre le dio en mano un juego de dados que había recibido de un pasajero en transito que albergo una noche de mil novecientos. Ese juego de dados nunca fue usado ya que en su envoltura tenia la leyenda “puertas del cielo” y como la superstición esta a la orden del día nadie quería usarlos. Sin embargo Martínez descreyendo de esas supersticiones los utilizó y se dio cuenta poco a poco que la victoria con ellos, estaba asegurada. Parecía que la leyenda no era mala sino buena, claro, las puertas del cielo se abrían ante el en la tierra. No tenia mas que jugar un rato para ganar todo lo que el quería.
Un 25 de enero de 1985, al llegar la mañana se presento en la puerta de la casa del viejo Martínez un hombre pálido, robusto y provocador, le dijo: “llego el día, dame los dados y prepárate para morir” al recibir la negativa del viejo Juan Manuel el pálido hombre no tuvo mas que tocarlo con la punta de su dedo índice para que el cuerpo del jugador cayera redondo al piso y en pocos minutos envejeciera hasta tomar el aspecto que debía tener un hombre de su edad, y por supuesto puesto morir.
Del fondo del tercer cajón de la cómoda se escucho un latido muy fuerte, el pálido hombre lo abrió y sacó el juego de dados que Juan Manuel había negado, aun estaban en su envoltura original. Ese hombre pálido fue visto dirigirse en dirección oeste rumbo a las montañas donde se dice que arrojo los dados a las llagas del infierno.
Esa noche un terremoto azoto la provincia cuyana, dicen que el cielo se puso rojo, que las estrellas se juntaron y que el suelo se estremeció en un estruendo. Fue ahí donde comprendí que Juan Manuel solo fue un portador del diablo y que este mismo le había ganado la partida a Dios despojándolo del reino de los cielos.
Juan Manuel Martínez, viejo jugador, astuto y malandrín. Dicen que siempre ganaba todas las partidas de generala que jugaba y que nadie nunca logro siquiera sacarle un peso. El viejo Martínez es asiduo de cabarets y bares donde el juego clandestino era la bedet de la noche. Apostaba todo y ganaba más, si hasta logro despojar de su casa al Doctor Batista en solo dos partidas.
Juan Manuel vestía de negro con un pañuelo rojo el bolsillo de derecho de su saco, zapatos de charol y corbata roja sobre camisa negra. Camina con la frente alta y dando sensación del de ser el amo del juego. Nadie se atrevía a cruzarle la mirada ni cruzarse frente a él.
Dicen que nació en el campo un seis de junio de mil novecientos seis, obvio nadie podía corroborar ese dato ya que su cuerpo se mantenía como de cincuenta años. Se decía que su madre era bruja y que su padre chacarero. El día que partió hacia la ciudad de Mendoza su padre le dio en mano un juego de dados que había recibido de un pasajero en transito que albergo una noche de mil novecientos. Ese juego de dados nunca fue usado ya que en su envoltura tenia la leyenda “puertas del cielo” y como la superstición esta a la orden del día nadie quería usarlos. Sin embargo Martínez descreyendo de esas supersticiones los utilizó y se dio cuenta poco a poco que la victoria con ellos, estaba asegurada. Parecía que la leyenda no era mala sino buena, claro, las puertas del cielo se abrían ante el en la tierra. No tenia mas que jugar un rato para ganar todo lo que el quería.
Un 25 de enero de 1985, al llegar la mañana se presento en la puerta de la casa del viejo Martínez un hombre pálido, robusto y provocador, le dijo: “llego el día, dame los dados y prepárate para morir” al recibir la negativa del viejo Juan Manuel el pálido hombre no tuvo mas que tocarlo con la punta de su dedo índice para que el cuerpo del jugador cayera redondo al piso y en pocos minutos envejeciera hasta tomar el aspecto que debía tener un hombre de su edad, y por supuesto puesto morir.
Del fondo del tercer cajón de la cómoda se escucho un latido muy fuerte, el pálido hombre lo abrió y sacó el juego de dados que Juan Manuel había negado, aun estaban en su envoltura original. Ese hombre pálido fue visto dirigirse en dirección oeste rumbo a las montañas donde se dice que arrojo los dados a las llagas del infierno.
Esa noche un terremoto azoto la provincia cuyana, dicen que el cielo se puso rojo, que las estrellas se juntaron y que el suelo se estremeció en un estruendo. Fue ahí donde comprendí que Juan Manuel solo fue un portador del diablo y que este mismo le había ganado la partida a Dios despojándolo del reino de los cielos.