Morís
Empezó por mirar la ventana, se movía inquietamente de derecha a izquierda sin pronunciar palabra, de repente se escuchó su nombre desde el escritorio más lejano. Se dirigió a el con rápido paso, entrego una carpeta de color azul llena de papeles los cuales parecían tener mucha importancia. El secretario solo miraba las hojas, levanto la mirada, sonrió y le dijo.
“es usted el hombre que buscamos”. Un gesto de felicidad se vio en la cara de aquel anciano, solo faltaba que firmaran el contrato y el estaría dentro de la empresa que poseía ese gótico edificio a las afueras de la ciudad.
La mañana siguiente lo recibió el jefe de personal estrecho su mano y en ese momento fue como si el mundo rompiera el equilibrio que lo mantiene en orbita. Sintió un frió que lo hizo salir rápido de a oficina. Se acerco a la ventana y movió su cabeza en forma negativa y se dirigió a la sala de personal a colocarse la ropa de limpieza.
A la salida del personal, tarde en la noche, Morís entraba a cada oficina a ordenar y limpiar los desordenes que dejaban los largos trajinares de los oficinistas. Pero no podía entrar a la oficina donde el se encontró con aquella persona que leyó su currículum.
Largas noches pasaba pensando en como entrar a esa oficina, se mostraba por momentos casi perdido y absorto ante esa situación.
Luego de meses de esperar el momento y haber generado la confianza suficiente logro obtener la llave de esa oficina. Planeo todo perfectamente, no dejo detalle librado al asar. Entro a al oficina abrió la ventana y se arrojo al vació. Su muerte estaba segura, era la única ventana que caía hacia el acantilado de la playa donde su mujer decidió suicidarse.
Empezó por mirar la ventana, se movía inquietamente de derecha a izquierda sin pronunciar palabra, de repente se escuchó su nombre desde el escritorio más lejano. Se dirigió a el con rápido paso, entrego una carpeta de color azul llena de papeles los cuales parecían tener mucha importancia. El secretario solo miraba las hojas, levanto la mirada, sonrió y le dijo.
“es usted el hombre que buscamos”. Un gesto de felicidad se vio en la cara de aquel anciano, solo faltaba que firmaran el contrato y el estaría dentro de la empresa que poseía ese gótico edificio a las afueras de la ciudad.
La mañana siguiente lo recibió el jefe de personal estrecho su mano y en ese momento fue como si el mundo rompiera el equilibrio que lo mantiene en orbita. Sintió un frió que lo hizo salir rápido de a oficina. Se acerco a la ventana y movió su cabeza en forma negativa y se dirigió a la sala de personal a colocarse la ropa de limpieza.
A la salida del personal, tarde en la noche, Morís entraba a cada oficina a ordenar y limpiar los desordenes que dejaban los largos trajinares de los oficinistas. Pero no podía entrar a la oficina donde el se encontró con aquella persona que leyó su currículum.
Largas noches pasaba pensando en como entrar a esa oficina, se mostraba por momentos casi perdido y absorto ante esa situación.
Luego de meses de esperar el momento y haber generado la confianza suficiente logro obtener la llave de esa oficina. Planeo todo perfectamente, no dejo detalle librado al asar. Entro a al oficina abrió la ventana y se arrojo al vació. Su muerte estaba segura, era la única ventana que caía hacia el acantilado de la playa donde su mujer decidió suicidarse.