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Hagamos Top a Sigmund Freud (106° años de su nacimiento)



Adicciones, fobias y filias del padre del psicoanálisis

por: @lea_del_molino2

Siete décadas después de su muerte, el genio del psicoanálisis es probablemente uno de los teóricos al que más leyendas oscuras persiguen

Sigmund Freud fue, es y probablemente será para siempre uno de los rostros más polémicos de la filosofía moderna. Revolucionario, controvertido, sin pelos en la lengua pero de gran influencia en la psicología, las opiniones de Sigmund Freud siguen siendo tema de debate y polémica siete décadas después de su muerte. Los «dimes y diretes» que lo acompañaron durante su vida se han transformado en controversias después de su muerte. Porque Sigmund Freud no pasó inadvertido.




Nacido tal día como hoy hace 160 años, Sigmund Freud, es probablemente el filósofo al que más leyendas -doradas y oscuras- persiguen. Su complicada personalidad ayudó a levantar el mito. Sus fobias y sus filias le convirtieron en un hombre mucho más odiado y despreciado que admirado, sobre todo en su tiempo. Tampoco ayudaron sus teorías. Los descubrimientos que se apuntó sobre la sexualidad infantil, y particularmente sobre el complejo de Edipo, lo colocaron en la diana del escándalo.

Tampoco acompañaban los tiempos. En la época en la que Sigmund Freud trabajó, la estricta moral victoriana impregnaba cada actividad del día a día. Y, seamos sinceros, Freud era en su tiempo y en cualquier otro, un hombre complejo. Para muestra, un botón. Sigmund Freud desarrolló un extraño e inexplicable miedo por el número 62. Jamás se alojó en una habitación que tuviera este número (o alguna de sus combinaciones) y si se topaba con estos dos dígitos juntos, huía de ellos de formas, a veces, realmente extrañas. Pero sus fobias no se resumían en este pequeño detalle. Freud también sentía terror por los helechos.



Tampoco sus filias mejoraron su imagen. Hombre de costumbres estrictas, Sigmund Freud tenía que almorzar todos los días a la 1 en punto de la tarde, tras lo que se levantaba -de manera obligatoria- para salir a dar un paseo de tres kilómetros exactos por las mismas calles de siempre. No era amigo de los cambios. Tampoco en lo que a ropa se refiere. Desarrolló desde temprana edad -en 1860, su familia se traslada a Viena- una curiosa aversión a la ropa nueva, por lo que en su armario colgaba siempre tres trajes, tres mudas de ropa interior y tres pares de zapatos.

Hijo de un comerciante de lana judío, era el único miembro de la familia que tenía una habitación para él solo. Ostentaba una posición especial entre sus hermanos y hermanastros, y de las muchas peculiaridades de su niñez, como su obsesión por el estudio, tenía como afición describir detalladamente los sueños de su infancia.



En 1881 se gradúa como médico. Fumador compulsivo, Sigmund Freud coqueteó con la cocaína, una droga que, tal y como él mismo escribió en una carta del año 1886 a su prometida, comenzó como una ayuda «para liberar la lengua» en las fiestas de la alta sociedad de la época y que finalmente se convirtió en una adicción que le perturbó el ánimo y en ciertas ocasiones hasta el juicio. Y dejó constancia de ello. Freud comentó sus experiencias con esta droga en un ensayo que se intentó censurar durante muchos años. La consideraba un elixir de la vida. Quizás por ello dedicó gran parte de su vida a intentar probar sus usos terapéuticos. Probó en su propia piel la efectividad que poseía la cocaína a la hora de calmar la ansiedad e incrementar la líbido. Le gustó. Y la recomendó. A amigos y familiares recetaba unos gramos de lo que él consideraba la mejor forma de «convertir los días malos en buenos, y los buenos en mejores».

Después de varios años bajo el poder blanco, Sigmund Freud decidió apartar el vicio de su vida cuando contaba 40 años. Las taquicardias que experimentó y la merma de sus capacidades intelectuales fueron razones suficientes para el genio.





Pero las sombras no pueden tapar a las grandes luces que acompañan a Sigmund Freud. La pluma de este médico neurólogo dejó lo que muchos siguen considerando la piedra angular del psicoanálisis y de la psicología. La teoría que sustenta el psicoanálisis, cuyo objetivo es básicamente el tratamiento de enfermedades mentales, intenta explicar el comportamiento de los humanos, para lo que se basa en el análisis de los conflictos sexuales inconscientes que se originan en la niñez. La teoría que lo sustenta sostiene que lo impulsos instintivos que son reprimidos por las conciencias acaban siendo permanentes en el inconsciente y afectando a los sujetos.

«Comencé mi actividad profesional intentando aliviar a los enfermos neuróticos. Descubrí datos muy importantes acerca del inconsciente», indicaba el padre de la psiquiatría moderna en una grabación de 1938, a los 81 años de edad.«La gente no creía en mis teorías y pensaba que mis ideas eran infames. Al final, triunfé. Pero la lucha no ha terminado», aseveraba en la grabación de los años 30.




Con motivo del 160º aniversario del nacimiento de Freud conviene repasar algunas de las curiosidades que marcaron la vida de Freud:




1. Devoción por la cocaína


Allá por el año 1880 Freud conoció una droga que se le suministraba a las tropas en la guerra para motivarlos. Se trataba de la cocaína y se obsesionó con saber sus beneficios terapéuticos. Empezó a consumirla mezclándola con agua y vio como mejoraba su digestión y su humor. También vio que desaparecía la depresión y las migrañas. Le encantaba el poder del polvo blanco y empezó a recomendárselo a sus allegados si querían mejorar la salud. Era su particular elixir de la vida. Aunque su idea sobre la cocaína cambió cuando se la recomendó a un buen amigo suyo para superar la adicción a la morfina, pero éste desarrolló una adicción mucho peor a la droga. A los 40 años dejó la droga por las taquicardias que experimentó y porque notó como se mermaban sus capacidades intelectuales.

2. Doctor por amor


A los 26 años conoció a la que más tarde sería su esposa Martha. Por aquel entonces su carrera como científico y su trabajo en laboratorios no le proporcionaba el sustento adecuado para poder mantener a una familia. Para conquistar a Martha decidió convertirse en doctor y abrir su propia consulta en Viena. A los cuatro años en la medicina consiguió casarse con ella.

3. Un Chow Chow como asistente


El amor que sentía Sigmund Freud por los perros era muy conocido, en especial a su Chow Chow Jofie. Con ella lo hacía todo, hasta pasar consulta. Para él su Chow Chow era el mejor asistente en sus sesiones de análisis. La compañía canina tranquilizaba a los pacientes. Además, Jofie también hacia de “reloj”: cuando ésta se incorporaba, Freud sabía que había terminado la consulta. En muchas ocasiones el padre del psicoanálisis afirmó que los perros tenían una innata capacidad para discernir a aquellos que brindaban amor y los que repartían odio. Una cosa que para los humanos era algo imposible, ya que eran propensos a confundir ambos sentimientos. “Prefiero la compañía de los animales a la humana, ellos son más sencillos”, decía Sigmund Freud.



4. Sus incomprensibles fobias


Sigmund Freud tenía varias fobias incomprensibles. Entre ellas, la más curiosa era su pánico al número 69. Evitaba a toda costa alojarse nunca en una habitación de hotel que tuviera ese número en la puerta, o alguna de sus combinaciones. Era ver el 6 y el 9 juntos y huía. También le tenía un miedo irracional a los inofensivos helechos.

5. Su adicción al tabaco


Freud fue un fumador empedernido desde los 20 años. Creía que con un cigarrillo en la boca mejoraba su capacidad de concentración. Llegaba a fumar 20 cigarros al día haciendo oídos sordos a las recomendaciones médicas. Esta adicción acabó traduciéndose en un cáncer de boca por el cual tuvieron que extirparle parte de la mandíbula. Además, necesitó 33 cirugías y le acabaron poniendo una prótesis. Aún así, no se dio por vencido y siguió fumando hasta que murió en 1939. El sufrimiento por el cáncer hizo que acabara pidiéndole a un médico amigo suyo que terminara con su vida. Tras tener el permiso de su hija Anna Freud, el doctor le suministró tres dosis de morfina que lo sumergieron en un estado de coma hasta la muerte.

6. Fuertes costumbres


A Freud no le gustaban los cambios. Era amante de seguir unas rutinas y no variarlas lo más mínimo. Siempre tenía que almorzar a la una de la tarde. A continuación, se levantaba de la mesa y se iba a caminar tres kilómetros, siempre haciendo el mismo recorrido y recogiendo algunas setas. Tampoco le gustaba comprar ropa nueva, no por falta de dinero, sino porque le bastaba con tener en su armario tres trajes, tres mudas de ropa interior y tres pares de zapatos. No necesitaba más.

7. Pasión por Don Quijote


Una de las curiosidades menos conocidas de Sigmund Freud era su pasión por Miguel de Cervantes. Tenía devoción por el escritor español hasta el punto de aprender castellano para leer ‘Don Quijote de la Mancha’ en versión original y no perderse ningún matiz de una de las obras literarias más importantes de la historia.

8. Enemigo del Tercer Reich


Freud era de familia judía, lo que hizo que fuera perseguido por los nazis. En 1938 fue declarado enemigo del Tercer Reich y tuvo que abandonar Viena y exiliarse en Londres. Sus libros fueron quemados en público. Sus cinco hermanas no lograron el pasaporte para huir y fueron apresadas y llevadas a campos de concentración. Allí murieron asesinadas por los nazis. Freud aún vivió algunas semanas más y falleció al poco de comenzar la Segunda Guerra Mundial.

9. Poco éxito de ventas


Aunque el legado de Sigmund Freud esté considerado como uno de las más importantes e influyentes en la psicología, lo cierto es que ‘La interpretación de los sueños’, su obra maestra, fue un fracaso de ventas en la época. A duras penas logró vender 600 ejemplares en trece años. Y eso que era el libro que inauguraba una nueva disciplina y un nuevo modo de entender al hombre mediante el psicoanálisis. Freud dijo de este libro que era un descubrimiento que se corresponde a uno de entre mucho, “pero solo se vislumbra una vez en la vida”.

10. Freud “está” en la Luna


Al poco de fallecer este psicólogo, se descubrió un pequeño cráter en la parte noroccidental del lado visible de la Luna. Como homenaje decidieron bautizarlo con el nombre de “Freud” en agradecimiento a su aportación.





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