
Un pantallazo azul es siempre una mala noticia, pero puede resultar mortal cuando el ordenador que falla es el de un F-22 en pleno vuelo o un portaviones de 70.000 toneladas
Lo que en el caso de los particulares es una molestia, a veces una pequeña tragedia, se convierte en otra cosa muy diferente cuando los ordenadores que controlan esos programas se encargan de operar los sistemas de armas más potentes del planeta. Aviones de combate o buques de guerra que cuestan muchos millones de euros utilizan no ya software con agujeros, parches y defectos; a veces incluso el mismo software de dudoso mérito que esta en el ordenador doméstico de cualquier paisano. Con las consecuencias que cabe imaginar.

El 11 de febrero de 2007, un escuadrón de 12 aparatos F-22 volaban de Hawaii hacia Japón cuando los ordenadores de a bordo dejaron de funcionar
Un escuadrón de 12 aparatos F-22 volaban de Hawaii hacia Japón en el primer despliegue de este aparato al otro lado del Pacífico, con el fin de mostrar la bandera (y subrayar la superioridad tecnológica) frente a China y Rusia. El escuadrón, sin embargo, no llegó a aterrizar en Japón aquel día ya que al cruzar la Línea Internacional de Cambio de Fecha los ordenadores de a bordo dejaron de funcionar. Radares, radios, sistemas de navegación y control, todo se apagó de repente en los 12 Raptors, aunque (afortunadamente para ellos) no los sistemas de control de vuelo ‘Fly-by-Wire’. Los aviones no tenían modo de orientarse y se vieron obligados a seguir a sus aviones de reabastecimiento en vuelo para que les guiaran de vuela a Hawaii, donde el error informático se subsanó con facilidad de modo que pudieran completar el vuelo otro día. El incidente debió gustar muy poco a los orgullosos pilotos del caza más sofisticado del inventario estadounidense.


Los submarinos nucleares de la clase Vanguard funcionan con un sistema operativo basado en Windows XP
Se ha detectado un fallo de seguridad que afecta a todas las versiones de Windows y que puede permitir a un atacante tomar el control de un sistema; b) los submarinos nucleares de misiles balísticos británicos de la clase Vanguard funcionan con un sistema operativo llamado ‘Submarine Control System’ (sistema de control para submarinos) que está basado en Windows XP. Por ello la plataforma tiene el mote de ‘Windows for Submarines’, algo preocupante si tenemos en cuenta que el fabricante Microsoft dejó de dar soporte a la plataforma (y, por tanto, dejó de crear parches para nuevas vulnerabilidades) en abril de 2014. Y si recordamos que los submarinos clase Vanguard no sólo transportan misiles atómicos, sino que están propulsados por un reactor nuclear.


El orgulloso USS Yorktown y sus casi 400 tripulantes se quedó al pairo con sus cuatro turbinas de gas paradas debido a un fallo de Windows NT
Otro que sufrió por un error informático fue el LCS-5 USS Milwaukee tuvo que ser remolcado a puerto tras perder la propulsión en su viaje de traslado a su base de San Diego. En principio el problema se achacó a virutas metálicas en el lubricante de la compleja transmisión con la que el navío mezcla sus dos fuentes de propulsión (turbinas de gas y motores diésel: propulsión CODAG), pero la subsiguiente investigación demostró que el problema había sido de software. Resultó que el ordenador encargado de accionar la transmisión cometió un error, lo que en la práctica ‘quemó el embrague’ del navío en segundos


El F-35 Ligthning
Otro de los sistemas que está causando quebraderos de cabeza a los constructores y usuarios del F-35 es el ALIS (Autonomic Logistigs Information System), una plataforma diseñada para facilitar el mantenimiento y mejorar la disponibilidad del aparato. Para ello los varios subsistemas del ALIS comprueban el estado de uso de todos los componentes y piezas del aparato, avisando cuando es necesario reemplazarlas o realizar tareas de mantenimiento antes de que lleguen a fallar. La idea es buena, pero el sistema está tan repleto de errores que hacerlo funcionar es una pesadilla.
ALIS es incapaz de distinguir entre piezas nuevas y ya usadas o de tener en cuenta cuándo el avión ha ‘forzado la máquina’ al acelerar en exceso. A menudo bloquea sin previo aviso el acceso de los técnicos a su información y los militares encargados de su mantenimiento se ven obligados a contactar al fabricante constantemente para que resuelva problemas. Cuando detecta que una pieza puede estar desgastada o averiada es incapaz de distinguir el grado de deterioro. Por si fuera poco ALIS podría ser vulnerable ante ataques cibernéticos capaces quizá de inhabilitar el aparato. Las nuevas versiones ‘parcheadas’ a menudo no resuelven los problemas antiguos pero introducen nuevos errores. Y todo son chapuzas para mantener los aviones en el aire.


Todos estos casos no son más que ejemplos militares de un problema más generalizado: la vulnerabilidad de la sociedad ante los peligros del mal software
Todos estos casos no son más que ejemplos militares de un problema más generalizado: la vulnerabilidad de la actual sociedad ante los problemas que puede causar el mal software. La radical intolerancia que castiga con la ley a quien construye edificios, carreteras, puentes o presas inseguras se torna en indiferencia cuando lo que defectuoso es es programa dentro del ordenador, por mucho que el creciente uso de la informática haga tan insegura la mala ingeniería cuando es informática como cuando es la de caminos, canales y puertos. Si el sistema que falla está pintado de verde caqui los problemas que causa el mal software son más visibles y llamativos pero no son muy diferentes a los que provoca en el ordenador de casa, que aceptamos sin más que un gruñido. Y eso es lo más preocupante de todo: que nos hemos acostumbrado a considerar los errores de software como inevitables, tanto en lo civil como en lo militar, pero las consecuencias son demasiado caras. No sólo en dinero.


Fin del Post!

