Mike, el pollo sin cabeza, en inglés Mike the Headless Chicken (abril de 1945 – marzo de 1947) era un pollo Wyandotte que sobrevivió durante 18 meses después de que su dueño le cortara la cabeza. Como muchos pensaron que se trataba de un fraude, el dueño llevó al ave a la Universidad de Utah en Salt Lake City para que confirmaran su autenticidad.
El 10 de septiembre de 1945 el agricultor Lloyd Olsen Zweedijk de Fruita, Colorado (Estados Unidos), fue enviado por su mujer a buscar un pollo para la cena. Olsen seleccionó un joven gallo de cinco meses y medio llamado Mike. El hacha no alcanzó la vena yugular, dejando un oído y la mayor parte del tronco encefálico intacto.
A pesar del errado hachazo que le propinó Olsen, Mike seguía siendo capaz de mantener el equilibrio sobre una percha y caminar con torpeza; incluso intentó acicalarse y graznar, aunque no lo consiguió. Al contemplar que el ave no moría, el sorprendido Sr. Olsen decidió cuidar a Mike, dándole de comer una mezcla de leche y agua a través de un gotero; proporcionándole también pequeños granos de maíz.
Cuando se habituó a su inusual nuevo centro de gravedad, Mike pudo fácilmente alcanzar por sí mismo las perchas más altas sin caerse. Su canto, sin embargo, era menos impresionante y consistía en un gorgoteo hecho con la garganta, siendo incapaz de cantar al amanecer. Mike también pasaba su tiempo acicalándose y tratando de picotear moviendo su cuello en busca de alimento.
Una vez que alcanzó cierta fama, Mike comenzó a ser exhibido en compañía de otras criaturas tales como un becerro de dos cabezas. También fue fotografiado por docenas de periódicos y revistas, entre ellas Time y Life.3
Inicialmente el dueño de Mike cobraba 25 centavos por persona por mostrarlo públicamente. En su momento más álgido, el pollo llegó a ganar 4.500 dólares al mes, que equivaldría a unos 50.000 dólares actuales (2005), y fue valorado en 10.000 dólares.3 El inminente éxito de Olsen provocó una ola de decapitaciones de pollos, pero ningún otro pollo sobrevivió más de un día o dos.
En marzo de 1947, en una parada en un motel de Phoenix, Arizona, durante el viaje de vuelta a casa de la gira, Mike comenzó a asfixiarse en mitad de la noche. Como los Olsens habían olvidado su comida y sus jeringas de limpieza en la caseta el día anterior, no pudieron salvarle. Lloyd Olsen alegó que había vendido al animal, de modo que surgieron historias sobre Mike por todo el país hasta 1949. Otras fuentes, entre las que se encuentra el Libro Guinness de récords mundiales, afirman que la tráquea del pollo no podía obtener el aire suficiente para poder respirar; así que fue estrangulado en el motel.
Post mortem, se determinó que el hacha no había alcanzado la arteria carótida y un coágulo había impedido que Mike se desangrara. Aunque la mayor parte de su cabeza fue cortada, gran parte de su tallo cerebral y uno de sus oídos habían quedado intactos. Dado que las funciones básicas (respiración, ritmo cardiaco, etc), así como la mayoría de acciones reflejas de un pollo, están controlados por el tronco del encéfalo, Mike fue capaz de permanecer en un buen estado de salud.
¿Pero cómo hizo para vivir por tanto tiempo?
Lo que más sorprende a Tom Smulders, experto en pollos del Centro para el Comportamiento y la Evolución de la Universidad de Newcastle es que no se haya muerto desangrado. El hecho de que pudo continuar funcionando sin cabeza, es para él más sencillo de explicar.
Para un humano, perder la cabeza significa una pérdida casi total del cerebro. Para un pollo, es diferente.
"Te sorprendería cuán poco cerebro hay en el frente de la cabeza de un pollo", explica Smulders.
Está mayormente concentrado en la parte trasera del cráneo, atrás de los ojos, añade.
Reportes indican que el hachazo le quitó a Mike el pico, la cara, los ojos y una oreja. Pero Smulders estima que hasta un 80% de su masa cerebral -y casi todo lo que controla el cuerpo del pollo, incluidos el ritmo del corazón, la respiración, el hambre y la digestión- permaneció intacto.
En su momento, se sugirió que Mike sobrevivió porque parte o todo el tronco cerebral seguía pegado al cuerpo. Desde entonces la ciencia ha evolucionado y se descubrió que lo que se llamaba tronco cerebral es parte del mismo cerebro.
Por qué los que trataron de crear un Mike no lo lograron es difícil de explicar. Parece que el corte, en el caso de Mike, fue hecho en el lugar justo y un coágulo de sangre justo a tiempo evitó que se muriese desangrado.
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