¿Qué en realidad nos atrae de una mujer? Al principio nos atraerá la belleza de su cuerpo,sus ojos, su voz, la tersura de su piel y pelo... Pero al pasar el tiempo y el conocer a muchas mujeres. ¿Con cuál nos quedaríamos, SI TODAS SON ENCANTADORAS? En cada mujer hay una promesa de continuidad, pero si nuestros ojos no lo pueden ver, nuestro cuerpo sí, nuestra naturaleza primordial sí que lo puede ver; con el instinto animal y llenos de pasión nos dejamos llevar. PORQUE LA NATURALEZA PRIMORDIAL DE LA VIDA ES LA EXPANSIÓN. Y esa directiva está escrita en cada una de la células de nuestro cuerpo. El sexo, el amor, el apego; la cálida caricia que nos lleva al paraíso; el arrullo de una voz que pronuncia nuestro nombre con cariño; la punzada en nuestras entrañas reclamando a ese ser, como si fuese un insumo vital para nuestra existencia... El sistema/la matrix/el establishment, lo sabe desde el inicio de la historia, por ello precisa REPRIMIR la sexualidad dentro de los canales libres y solo permitirla dentro de los canales controlados: el matrimonio civil y religioso. Pero sabiendo que que el deseo sexual es uno de los más poderosos impulsos vitales que sostienen a la humanidad, tambien reconoce que es IMPOSIBLE contenerlo, por lo que ahora la propaganda REPRESIVA SEXUAL irónicamente se torna en un portavóz de los derechos sexuales, al tiempo que centra sus baterías en contra del promotor PRIMORDIAL del impulso sexual: la gratificación compartida. Hoy más que nunca el sistema perorata que somos libres de jercer nuestra sexualidad, y hoy más que nunca los medios de comunicación se sexualizan y erotizan hasta la náusea, con la finalidad de someternos a la doctrina de la intoxicación mediática: sí, somos "libres" de ejercer nuestra sexualidad, pero al mismo tiempo el sistema impone cánones de belleza casi imposibles de alcanzar, intoxicando nuestras mentes a tal grado que preferimos podrirnos en el celibato y/o el onanismo antes de aspirar a una pareja "imposible". Históricamente, los medios de comunicación han sido los transmisores o representantes de lo que se entendía como el canon de belleza. El canon se nos presentaba a través de estrellas de Hollywood, de las supermodelos que protagonizan las portadas de las revistas de moda. También esto se aplica al género masculino, aunque tiene un impacto mayor en la mujer. Dictados por unas directrices visuales, el canon se cuela en el cine, en la publicidad, y en última instancia en nuestro subconsciente. El canon no es más que un estereotipo más que nos empuja hacia la idealización de una belleza que parece ficticia en la gran mayoría de las veces, y no representa precisamente una vida saludable en la gran mayoría de sus casos. Es difícil luchar contra los estereotipos que rigen una sociedad. En pleno siglo XXI nace un nuevo agravante: las redes sociales, en las que los denominados influencers relevan a las clásicas celebrities en la implantación de nuevos cánones que son los mismo que antes, pero enmascarados bajo el discurso de que las nuevas estrellas de las redes “son cómo nosotros”. Se produce un ejercicio de identificación por parte de su audiencia. Mientras que resulta imposible identificarse con un actor o una actriz ganadora de un Oscar, con millones de dólares en su cuenta bancaria, todos tenemos acceso a Twitter, Instagram, o YouTube. Parece que podemos alcanzar de alguna manera ese estatus, algo conocido en las redes como ‘Goals’. Así, una vez más, nos encontramos que cada vez es más fácil tener acceso a las herramientas que nos permitan idealizar una belleza imposible, en muchos casos producto del retoque fotográfico o cirugías estéticas. En otros, producto de enfermedades y trastornos alimenticios. Este Canon Imposible es una fuente perfecta de inseguridades injustificadas, en una sociedad en la que la culpabilidad y la autoflagelación hacia nuestro físico son una constante a pesar de que no es una elección personal, sino de algo tan ajeno a nuestra voluntad como es el funcionamiento de la genética. Parece ridículo pensar que nos castigaríamos por algo en lo que no hemos tomado parte, como el color de nuestra piel, el tamaño de nuestros pechos, nuestra altura… Pero no es ridículo: es nuestra realidad. ¿Por qué no podemos escapar al Canon Imposible? ¿Por qué estamos subyugados a los estereotipos? Hemos crecido, sobre todo las generaciones más jóvenes, bajo el ala de una educación basada en el aplauso de la belleza y la recriminación de aquellos que no alcanzan el canon. Una educación que pone en evidencia desde la infancia lo importante que es ser guapo o guapa. Una madre le dice a su bebé desde el día de su nacimiento: “Qué bonito eres”, algo que no debería ser grave si se detuviese ahí, en el amor que procesa una madre a su hijo. Pero esta es una generación que crece bajo el entreteniendo y la educación que provee la fuente más contaminada por el Canon Imposible: la televisión, que no fomenta precisamente la imaginación o el individualismo. Y pasan los años. El bebé crece y su educación se rige bajo reglamentos y normas. Todo tipo de síes y noes: qué debes hacer, decir… Qué aspecto no debes tener, qué no debes pensar... Una educación que se basa en la censura del pensamiento individual y de la expresión libre como seres independientes que somos, a pesar de vivir en una comunidad. Al no desarrollar ese sentimiento de individualismo desde la juventud, es muy fácil verse arrollado por la corriente que se nutre de los estereotipos, y en general, de lo que es comúnmente aceptado como bueno. Buscamos un modelo de convivencia en el que todos seamos homogéneos, aclimatándonos a un canon absurdo e inalcanzable.
Poligamia: la verdadera naturaleza del hombre
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