Bueno sin más nada que decir les dejó el pequeño cuento que acabo de hacer. Asi que nada comenten. Tengan en cuenta que es lo primero que escribo y es exclusivo para Taringa! La pantalla del televisor ilumina mi cara en la oscuridad del sótano. Sentado sobre un viejo sillón rojo me dispongo a pasar el último nivel del videojuego Contra. Mi nombre es Max Deckard, tengo diez años recién cumplidos y vivo con mis padres en una pequeña casa en la ciudad de Detroit. —Son las ocho y está lista la cena —dice mi madre. —¿Qué preparaste? —Lo mismo de siempre. Al otro día subo al autobús escolar y veo que han cambiado al chofer. Este tiene el pelo tan claro como el trigo. Levanto una escama del suelo. Sintoniza la radio y al ritmo del Rock & Roll arranca a toda velocidad haciendo un total descontrol en las calles. Comienza la clase y nadie le presta atención a la maestra. Esta tiene el pelo de color rojo como el fuego. Sus explicaciones aburren hasta al más aplicado. En el salón encuentro una escama. Perdemos el tiempo jugando con el cubo rubik, girando sus lados y combinando los colores. Suena el timbre de la salida y me voy a casa caminando, pero al llegar mis padres no están. Una nota pegada en la heladera me indica que se han ido a bailar tango. Me siento en el sofá de la sala y aprovecho para leer una novela de King. Normalmente trato de evitarlas porque de noche me generan pesadillas, pero esta tiene una portada no tan tenebrosa. Luego de un rato el cielo se oscurece y comienza a llover muy fuerte. No les temo a las tormentas, pero el sonido de los truenos y el hecho de que estoy solo, me inquieta un poco. En ese momento mis padres abren la puerta y entran. Por no hacerle caso al pronóstico del tiempo se encuentran muy mojados. Las luces titilan hasta que se cortan, parece que todo el pueblo ha sufrido un apagón. Tengo que ir con una pequeña linterna hasta mi cuarto, me arropo cómodamente en la cama y aparece el sueño. Pasadas las tres de la mañana siento golpes que provienen de la ventana. Al principio no les doy importancia, pero el sonido no se detiene. Cuando corro la cortina veo una silueta negra y delgada, con grandes garras y ojos amarillos brillantes. La puerta se abre con fuerza y un resplandor invade mis ojos. —¿Qué sucede? —dice mi padre. —Algo. —Aquí no hay nada. Al otro día la lluvia la lluvia se ha detenido y hay un árbol caído sobre un automóvil amarillo. El dueño es el carnicero y está furioso. Este no tiene pelo y su cabeza brilla con el sol. La policía pone cintas de peligro, pero nadie las respeta. Fuera del auto también hay una escama. Lo de anoche no me ha dejado dormir, aunque trato de no pensar en ello. Seguramente fue mi imaginación lo que me hizo ver cosas que jamás sucedieron. Al revisar la ventana del lado de afuera, dentro de una esquina de esta, encuentro una escama. Me doy cuenta de que todas esas pertenecen a Algo. Lo he descubierto. Si en todas los lugares dónde he estado hay escamas y en esos lugares estuvieron personas adultas entonces todos los adultos son... Agarro la linterna y me dirijo a la habitación de mis padres. Ellos se encuentran durmiendo. Abro la puerta lentamente para que no se despierten y entro. Otra vez aparece una escama en el suelo. Es el momento, es ahora o nunca. Me acerco silenciosamente e ilumino su cara. Lo que veo me deja asombrado, sus cabezas son iguales a la criatura que vi. Son parecidos a los reptiles. De los nervios grito con todas mis fuerzas. Abren sus ojos amarillos y se levantan. Corro desesperadamente y escapo a la calle. Lamentablemente, dentro de muchos años, yo también me convertiré en Algo.
Cansado de Maldonado? Escribí un cuento pasá
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