La fe judeo-cristiana adora el filicidio, pero nadie se inmuta porque el sentido del acto se encuentra oculto en valores religiosos ancestrales o en la hipocresía. Los cristianos creen que Dios-padre mata a su hijo para redimir el pecado de los hombres comunes. Es, sin duda un hecho inmundo, que no se cuestiona, aunque cristianos, judíos e islamistas desprecian esa práctica pero la justifican en sus doctrinas. Matar a los hijos, sean menores o no, es un acto repudiable que se esconde en los pliegos de la cultura y que parece ser parte de nuestra esencia humana. Un viejo libro del Dr. Rascovsky sobre su obsesión, el filicidio, me inspiró para navegar libremente en estas ideas arbitrarias. Permítanme hablar de este tema impúdico.
Filicidio es un delito que consiste en atentar contra la vida y que es cometido por un genitor (padre/madre) hacia un hijo propio. Algunos los circunscriben solo a los menores. El término deriva del latín filius, que significa “hijo”.
Una momia inca de 5 siglos de una niña de 15 años, hallada en Salta, Argentina. Fue sacrificada por su familia y entregada a los dioses para mejorar las cosechas. El filicidio está en todas las culturas.
Nadie con sentido común puede imaginar que matar a sus hijos sea un acción natural, pero estamos rodeados de historias que son parte de nuestra cultura, de nuestras creencias y de nuestra condición humana. Existen muchas categorías que fueron estudiadas, pero todas conducen al mismo resultado.
La lucha contra el liderazgo ha condenado y perseguido a los primogénitos, pero no son los únicos. Sobre los hijos hay una constante amenaza de muerte a veces impulsada por sus propios padres biológicos, por la patria (el padre que nos contiene) o Dios (el padre eterno).
Uno de los escenarios más comunes de estos hechos deleznables son las guerras. Los hijos son llevados a la muerte por sus protectores en sendas guerras para que sean héroes. Dan la vida por sus ideas, la patria o la religión aunque la decisión sobre su sobrevivencia es ajena.
Un acto abominable que es parte de la historia.
En la mitología griega, Medea asesina a sus hijos en venganza de su esposo Jasón, quien mantenía una relación con la hija de Creonte, rey de Tebas. El patriarca Ibr"hîm o Abraham es perseguido desde antes de su nacimiento por el monarca mesopotámico Nimrod o Nemrod (el biznieto de Noé, el primer rey después del diluvio universal y creador de la Torre de Babel, según las mismas leyendas). También Abraham es engañado por dios para que sacrifique a su hijo Isaac en señal de fidelidadpero luego un ángel lo impide, reemplazando a su hijo por un cordero.
“Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.” Hebreos 11:28. El ángel exterminador llega a un hogar egipcio a matar al primogénito. Para los cristianos, la Pascua es la celebración de la resurrección de Jesús y los judíos conmemoran el Pesach que refiere a ese supuesto hecho sangriento.
Los niños judíos primogénitos son asesinados en Egipto por el faraón cuando nace Moisés, que es escondido para que sobreviva. En el éxodo bíblico los primogénitos son condenados por un ángel exterminador enviado por dios, así los judíos logran salir de Egipto. Herodes en las crónicas sobre Jesús de Nazaret ordena otra matanza masiva de niños y el propio Jesús termina torturado en una cruz donde muere por primera vez, sin que su padre lo impida, según relatan los escritos de sus seguidores.
Estas historias de verdaderas masacres rodean la vida de ciertas figuras heroicas y míticas, quienes deben exhibir en su biografía no solo alguna profecía sobre su necesaria existencia sino también el acoso sobre su vida.
El abandono o el enfrentamiento con sus progenitores son parte de esa vida heroica que concentra la atención de quienes son receptores de esas historias fantásticas y atrapantes. Los relatos antiguos intentan insistir con esas situaciones traumáticas, donde no falta sangre ni traiciones, cuyo desenlace da nacimiento a movimientos de fe que perduran en el presente. El hijo es entregado al poderoso como ofrenda o debe morir para ser un mártir, o salvarse de un genocidio porque es la voluntad de dios.
La historia de Jesús de Nazaret recoge costumbres y leyendas de la época. La vida y muerte del hijo de dios recorre la esencia humana del momento, pero oculta el verdadero sentido de las aberraciones contra los hijos.
Las leyendas o historias filicidas llegan a la realidad cotidiana. Romina Tejerina mata a su hija en 2003 porque era fruto de una violación, siendo condenada a 14 años de prisión pero liberada después y en marzo de 2012 Adriana Cruz asesina a su hijo de seis años ahogándolo en una bañera en venganza por su marido que la engañaba.
El doctor y psicoanalista Arnaldo Rascovsky.
En noviembre 2013 Oscar Gil golpeó de muerte con un palo en la cabeza de su hijo Brian de 3 años porque se interpuso en la pelea que mantenía con su madre. El año anterior un hombre angustiado por su realidad decidió quitarse la vida y arrastró a su hijo de 8 años a la muerte, ahorcándolo con la misma soga con la que se suicidó.
Estos hechos y otros han conmocionado a la opinión pública argentina, pero existen casos similares en todo el mundo, con igual crueldad despertando el repudio pero confundiendo aun más las delicadas bases de la civilización del hombre.
La historia demuestra que los grandes acontecimientos estuvieron teñidos de filicidios. Las religiones lo incluyen en sus crónicas y se adoran estos actos asesinos protagonizados por padres e hijos. Un argentino buceó sobre el tema hace medio siglo y sigue abriendo polémicas.
El Filicidio de Rascovsky.
Llega a mis manos por casualidad un viejo libro que marcó una época en la historia del psicoanálisis mundial. Se trata de la obra El Filicidio del médico y psicoanalista argentino Arnaldo Rascovsky (1907-1995), una obra teórica que lo identifica, traducida a muchos idiomas. Es la primera edición de 1973 con una sugestiva portada de soldados a cuerda dibujada por Páez.
Rascovsky era un mediático en su época, había encontrado un espacio en los medios de comunicación de Argentina para hablar de su especialidad con lenguaje claro y didáctico. Tuvo una especial inclinación a la pediatría y al desarrollo emocional del niño, y de eso hablaba a las grandes audiencias de la época. Su especialidad en psiquiatría le abrió las puertas al psicoanálisis y se transformó en una figura fundamental latinoamericana y mundial al fundar la Asociación Psicoanalítica Argentina y ser miembro titular en la Sociedad de Pediatría.
La guerra, filicidio oculto.La guerra, filicidio oculto.
En su libro afirma que las instituciones humanas reiteran conductas filicidas ancestrales en cada generación y las perpetúan en forma encubierta.
La patria (el padre) sacrifica a sus hijos en las guerras. La religión (dios padre) también se apropia de sus vidas. Niños o adultos son asesinados por sus genitores.
Rascovsky indica que la variante filicida histórica más constante y eficaz es la guerra, encubriendo así la persistencia del filicidio ancestral y lo ejecuta simbólicamente en el cuerpo de infantería (paradójico termino derivado de infantes). En este homicidio disfrazado de heroísmo se basa la amedrentación letal al resto de los jóvenes. La guerra constituye la institucionalización de la primitiva matanza y aterrorización de los hijos por parte de los padres, simbolizados por la patria. El grito bélico ¡Viva la patria! es igual a ¡Vivan los Padres! y oculta una realidad siniestra: ¡Mueran los hijos!.
Rascovsky considera al filicidio como el crimen humano primario, que se ha mantenido oculto, negado y reprimido a través de toda la historia, incluso precede al parricidio.
La tesis de Rascovsky resultó intolerable para la mentalidad paternalista-tradicional-convencional de inspiración religiosa monoteísta (Dios, Padre-Patria y Hogar) tan en auge en la Argentina de la última mitad de siglo XX, contemporánea con Rascovsky.
Se afirma que “el hijo del hombre ha sido traicionado” y Arnaldo Rascoksky considera que su sacrificio fue para denunciar ese sistema filicida pero lo condenan.
¿Quién puede traicionar al hijo del hombre sino sus padres? Consideramos que las condiciones creadas por la sociedad humana e intensificadas por la concepción monoteísta conspiran contra toda ‘unidad positiva parento-filial y han llevado a la jerarquía del poder constituida por la generación de los padres a instituir sistemas permanentes de sacrificio de los hijos.
Jesús denuncia muy especialmente estos sistemas. Su holocausto es la viva demostración de esa denuncia. Por otra parte, el Nazareno revela su cabal conocimiento del significado del sacrificio filial en el desarrollo socio-cultural, y busca la solución en la exaltación del amor.
El hijo abandonado.
¿Porqué me has abandonado? Le pregunta Jesús a su padre invisible mientras se retorcía en la cruz. Allí estaba alguien poderoso que supo hacer milagros pero que no podía evitar la tragedia de la tortura, hijo dilecto del creador, pero sin poder evitar el desenlace. Más allá de los simbolismos, el sangriento relato revela otros aspectos para la óptica de Rascovsky.
La última frase de Jesús en la cruz es también una exhortación contra el abandono de los hijos en todas sus formas. Es un llamado a la consideración del niño y al respeto de sus necesidades de identificación basadas en la presencia y asistencia amorosa de sus progenitores, quienes menosprecian la necesidad de afecto de sus hijos.
¿Porqué me has abandonado?”
La queja en el instante postrero revela la imposibilidad de vivir sin la presencia amorosa de los padres y lo indispensable que resulta en los momentos iniciales de la vida y también, aunque en menor medida, en los otros. EI abandono en sus diversas variantes, tan destructivo para el niño. se manifiesta incluso cuando la presencia de los padres está desprovista de la protección afectuosa o del mínimo amor necesario para vivir.
Negar el filicidio.
El pasaje bíblico del diálogo de Jesús con el apóstol Pedro (su sucesor y heredero de la doctrina) es la muestra que Rascovsky observa sobre la sistemática negación del filicidio o la amenaza permanente de matar a los hijos.
“Antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres”
Aquí Jesús muestra su extraordinaria comprensión del mecanismo más difundido para mantener el sacrificio de los hijos: la negación. Así, el proceso no se hace consciente y puede perpetuarse indefinidamente. La negación sirve entonces para ocultar el maltrato y la mortificación de los hijos y, por consiguiente, para realizarlos.
La contradicción y la verdad.
Si bien la doctrina religiosa busca valorizar a los hijos, los hechos demuestran lo contrario. Existe una oculta intencionalidad agresiva de los padres pese a que buscan proteger y amar a sus hijos. Parece que en el fondo de la naturaleza humana existe una actitud homicida contra lo que queremos que en miles de años de civilización no hemos podido revertir.
Otra escena del famoso Altar de Inseheim de Matthias Grünewald. Las atrocidades humanas de todos los tiempos.
Observen que quienes gobiernan o toman decisiones que atentan contra la vida de sus congéneres también condenan a sus hijos y al porvenir de millones. Por dinero o poder son atropellados los propios hijos y los hijos ajenos, como algo inevitable. La esencia humana más primitiva reaparece para demostrar que nada ha cambiado, pese al avance tecnológico y científico del presente.
Es decir, muchos males de la actualidad estarían minimizados si solo los padres protegieran a sus hijos sin amenazarlos de muerte con sus decisiones. Ni la guerra, ni la delincuencia, ni la droga, ni el hambre o el abandono hubiesen sido tan devastadores del presente y futuro de millones de niños.
La capacidad de amar se basa en la primitiva relación del niño con la madre y el padre, en la complacencia por el hijo amado. De esta complacencia surgirá el modelo que habrá de estructurar el amor del niño, del hombre, de los hombres.
Finalmente, la condición homicida del padre también está explícitamente señalada:
“Vuestro padre es el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre, Este fue homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.”
Surge entonces un interrogante acerca de esta reflexión sobre la mentira del padre homicida: ¿no constituye acaso una alusión directa a la negación de las actitudes agresivas contra los hijos?
Pero el reconocimiento de este aspecto negativo del padre no implica desconocer la existencia de las tendencias amorosas y protectoras que hacen posible la vida y la felicidad de los hijos.
Luego al ver lo que sigue, bueno parte, se surge el clasico pensamiento, todo esta relacionado. Pero, realmente quiere alguien mirar, ... de alguna forma el fin del mundo esta en el pasado.
La pregunta que queda es, ¿desde cuando es que no hemos convertido en esto? De alguna forma todos participamos, ya sea permitiendolo o, ... Es como si no se pudiera hacer nada, o puede que esta sea la respuesta, ¿que es lo que estamos haciendo? ¿Que es lo que una vez finaliza, permite a la vida continuar en armonia.?