Cómo un racista, misógino y homofóbico puede llegar a ser presidente de Brasil
Jair Bolsonaro, quien va segundo en la intención de voto presidencial en Brasil, ha dicho que se puede evitar tener hijos homosexuales si se los corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, y que los analfabetos no deben votar
“No te violaría porque no te lo mereces”, le dijo Jair Bolsonaro a su colega parlamentaria María do Rosario. En una sola frase, se describió por completo. Un sujeto sin escrúpulos, racista, misógino y entusiasta de las dictaduras militares. Alguien que podría convertirse en el próximo presidente de Brasil.
No es broma. Bolsonaro, con 62 años, va segundo en las encuestas y ya empezó con fuerza su campaña electoral para los comicios generales del próximo año. El 13% de apoyo que le dan los últimos sondeos no es gratuito. En el 2016, se convirtió en el diputado más votado –460 mil personas lo eligieron– y ha sido electo congresista por Río de Janeiro siete veces consecutivas, desde 1991.
Bolsonaro, ‘Mito’ para sus seguidores que lo acompañan casi con fe religiosa, es el adalid de una extrema derecha que va ganando cada vez más adeptos en un país harto de la corrupción de sus políticos. La operación Lava Jato, como antes lo fue el ‘Mensalao’, y los millones de dólares en sobornos que han circulado por cientos de bolsillos han puesto en evidencia a los partidos y sus líderes. Con decenas de funcionarios presos y otros tantos investigados, el apoyo hacia Bolsonaro casi no sorprende.
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Jair Bolsonaro
Aunque falta casi un año para los comicios presidenciales, su presencia en el segundo lugar de las encuestas ya prendió las alarmas. Sobre todo porque en el primer puesto está el ex presidente Lula da Silva, cuya candidatura aún no se define debido a los procesos judiciales por corrupción que lo persiguen.
Varios medios internacionales, como “The Economist”, Bloomberg y “El País”, ya lo calificaron como el Donald Trump brasileño, debido a su discurso extremista, su afición a las armas y sus posiciones políticamente incorrectas.
“Yo creo, más bien, que es el Duterte brasileño”, afirma Henrique Gomes Batista, corresponsal de “O Globo” en Washington, para referirse al polémico presidente de Filipinas. “Bolsonaro no es solo antiestablishment. También defiende la pena de muerte, está en contra de los homosexuales, ha dicho que lo mejor para un país es un gobierno militar. Es un personaje muy polémico que puede empeorar la situación política en Brasil y crear problemas sociales más profundos”, dijo en NTN24.
Como muestra: ha dicho que se puede evitar tener hijos homosexuales si se los corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, que los analfabetos no deben votar y que los indígenas no tienen derecho a ocupar reservas. Y el año pasado, en la sesión legislativa que provocó la salida del poder de la presidenta Dilma Rousseff, Bolsonaro dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador del régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. Dilma, quien fue guerrillera en su juventud, fue torturada en la cárcel.
Jair Bolsonaro
Jair Bolsonaro en una imagen de marzo del 2016. (AFP).
Después de saltar por varios partidos, el último grupo que lo ha acogido es el Partido Social Cristiano (PSC), del pastor evangélico Feliciano, también conocido por su homofobia.
—Una estrella de Internet—
Sus frases altisonantes, ideales para generar titulares, le han dado exposición mediática a lo largo de los años, pero nunca tanto como ahora cuando su candidatura presidencial empieza a preocupar. Pero no solo los medios tradicionales le han dado cabida. Su principal caudal está en las redes sociales, donde es una estrella de Internet: 4’880.000 seguidores en Facebook, 751 mil en Twitter y 678 mil en Instagram.
“En tiempos normales, Bolsonaro nunca podría ser tomado como un candidato presidencial viable”, dijo Matías López, politólogo de la Universidad de Harvard, al portal independiente The Intercept. “Pero el nivel de división y erosión institucional en Brasil han permitido que emerja”.
Bolsonaro no solo está captando la atención de los brasileños cansados de la corrupción, sino que su principal tema de campaña se enfoca en la inseguridad. Su pasado militar y su nostalgia por la dictadura lo hacen ver como un tipo duro que sabrá poner a los criminales en la cárcel.
Por ahora, es prematuro saber si Bolsonaro será realmente una opción seria en las próximas elecciones y si las encuestas –que se han equivocado antes– lo seguirán considerando. Los partidos tradicionales, desacreditados y golpeados, deberán hacer un mea culpa y presentar candidaturas viables si quieren enfrentar a la ultraderecha más radical de la región.
Jair Bolsonaro, quien va segundo en la intención de voto presidencial en Brasil, ha dicho que se puede evitar tener hijos homosexuales si se los corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, y que los analfabetos no deben votar
“No te violaría porque no te lo mereces”, le dijo Jair Bolsonaro a su colega parlamentaria María do Rosario. En una sola frase, se describió por completo. Un sujeto sin escrúpulos, racista, misógino y entusiasta de las dictaduras militares. Alguien que podría convertirse en el próximo presidente de Brasil.
No es broma. Bolsonaro, con 62 años, va segundo en las encuestas y ya empezó con fuerza su campaña electoral para los comicios generales del próximo año. El 13% de apoyo que le dan los últimos sondeos no es gratuito. En el 2016, se convirtió en el diputado más votado –460 mil personas lo eligieron– y ha sido electo congresista por Río de Janeiro siete veces consecutivas, desde 1991.
Bolsonaro, ‘Mito’ para sus seguidores que lo acompañan casi con fe religiosa, es el adalid de una extrema derecha que va ganando cada vez más adeptos en un país harto de la corrupción de sus políticos. La operación Lava Jato, como antes lo fue el ‘Mensalao’, y los millones de dólares en sobornos que han circulado por cientos de bolsillos han puesto en evidencia a los partidos y sus líderes. Con decenas de funcionarios presos y otros tantos investigados, el apoyo hacia Bolsonaro casi no sorprende.
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Como muestra: ha dicho que se puede evitar tener hijos homosexuales si se los corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, que los analfabetos no deben votar y que los indígenas no tienen derecho a ocupar reservas. Y el año pasado, en la sesión legislativa que provocó la salida del poder de la presidenta Dilma Rousseff, Bolsonaro dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador del régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. Dilma, quien fue guerrillera en su juventud, fue torturada en la cárcel.
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Por ahora, es prematuro saber si Bolsonaro será realmente una opción seria en las próximas elecciones y si las encuestas –que se han equivocado antes– lo seguirán considerando. Los partidos tradicionales, desacreditados y golpeados, deberán hacer un mea culpa y presentar candidaturas viables si quieren enfrentar a la ultraderecha más radical de la región.