La bomba de grafito

La bomba de grafito es un arma no letal que se utiliza para neutralizar las centrales de distribución eléctrica sin destruirlas y sin provocar graves daños en su estructura y equipos. La bomba está formada por varios cilindros de unos 20 centímetros de largo por 5 de diámetro rellenos con unos delgados filamentos de grafito y otros compuestos conductores que al ser dispersados forman una densa nube conductora de la electricidad. Al rededor de 200 de estos cilindros (sub-municiones) se cargan en un dispersador táctico, que se abre a una determinada altura programada. Cada sub-munnición posee un pequeño paracaídas que orienta y ralentiza la caída del cilindro. A una determinada altura se detona una pequeña carga explosiva, lo que provoca que la sub-munición se abra dispersando la masa de filamentos de grafito y produciendo una nube de dichos filamentos. Cuando la nube entra en contacto con los cables de alta tensión y otros aparatos como transformadores, los cortocircuita vaporizándose el grafito y aumentando su conductividad provocando arcos eléctricos. Dependiendo de las características de la instalación, ésta sufrirá daños de diversa consideración pudiendo llegar los arcos eléctricos a fundir los conductores y otros elementos antes de que cese el fluido eléctrico. Este arma se utilizó en el año 1999 en la guerra contra Serbia provocando un apagón en el 70 por ciento del país en solo un día.