InicioApuntes Y MonografiasLa casa de Jesucristo
LA CASA QUE SAN PEDRO LE PRESTÓ A JESÚS
CUANDO Jesús empezó su vida pública, abandonó Nazaret, donde se había criado, y se instaló en Cafarnaúm.
Simón, un pescador de la villa, le ofreció su casa para vivir, y Jesús hizo de ella el centro de su actividad en Galilea.
Hoy los arqueólogos han descubierto esta casa. Y los detalles que han revelado permiten entender mejor muchas páginas de los Evangelios.

De desconocido a famoso


EN la región de Galilea, sobre la orilla norte del lago de Tiberíades, a 4 km de la desembocadura del río Jordán, yacía hace dos mil años un pequeño pueblito. Su nombre era Cafarnaúm, que significa "ciudad de la consolación".
A pesar de su gran antigüedad, puesto que ya era habitada desde hacía mil quinientos años, de su posición estratégica junto al lago, y de hallarse ubicado sobre una ruta comercial importante, nunca logró adquirir notoriedad alguna. Al punto tal de que jamás aparece nombrado en el Antiguo Testamento.
Pero repentinamente el pueblito se volvió célebre. Fue a partir del día en que Jesús decidió abandonar su ciudad natal. Nazaret, ubicada 34 km al sudoeste, e instalarse en él (cf. Mt 4, 13). Simón el pescador le prestó su casa, y desde entonces esta villa se convirtió en el centro de sus actividades en Galilea, y en el punto focal de las miradas de los pueblos vecinos. Al radicarse Jesús en ella, la humilde villa pasó a ser la capital del anuncio evangélico. Y a tal punto quedaron ambos ligados, que pasará a llamarse "la ciudad de Jesús" (cf. Mt 9, 1) a pesar de que Él no habla nacido en Cafarnaúm sino en Belén, ni se había criado allí sino en Nazaret.
Jesús la prefirió, pues el pueblo de Nazaret, donde había vivido toda su vida, estaba demasiado aislado en medio de las montañas de Galilea. En cambio Cafarnaúm, por su posición privilegiada sobre un cruce importante de caminos le otorgaba más posibilidades para el anuncio de su mensaje del Reino de Dios.

La casa de Simón


YA antiguos peregrinos que visitaban Tierra Santa en los primeros siglos contaban que, al pasar por Cafarnaúm habían podido ver la casa de Simón Pedro todavía en pie. Así, la española Egeria, que vino a Palestina en el año 381, dice que en esa época había podido tocar con sus manos las mismas paredes de la casa. Un poco más tarde, en el año 570, otro peregrino, procedente de Piacenza, dejó escrito en su diario que había podido estar en la casa del príncipe de los apóstoles, ahora convertida en iglesia.
Pero, ¿dónde hallar hoy esta casa, se preguntaban a comienzos del siglo XX los arqueólogos, entre tantas ruinas y escombros? Todo lo que quedaba en el lugar donde un día se alzara el antiguo pueblo, o "ciudad" como lo llaman los evangelios, eran restos de casas de piedras destruidas, en una extensión de 60000 m2. El pueblo entero estaba allí, pero dormía bajo los restos semiderruidos de sus edificios y los bloques de piedra caídos. Y la famosa casa admirada por los antiguos peregrinos se escondía en alguna parte, sepultada por el amontonamiento de tierra y la devastación de los años. ¿Su memoria se había perdido para siempre?

Una extraña habitación


ASÍ se creía, hasta que hace unos veinticinco años los investigadores comenzaron a remover los escombros y a excavar las casas de la aldea.
Lo primero que pudo saberse fue que Cafarnaúm era una ciudad más bien pobre. Las paredes de las casas se levantaban con gruesas piedras de basalto negro, toscas, sin pulir, y puestas una encima de otra a seco, es decir, sin argamasa. Los espacios entre piedra y piedra eran cerrados con guijarros. Los pisos de las casas eran de tierra, o estaban cubiertos con pequeñas piedras lisas.
Sorpresivamente, entre los ambientes excavados de aquellos pobres edificios, apareció una extraña habitación. Tenía el doble de largo que el resto de las viviendas de la aldea. Además había en ella algo único. No sólo tenía un bien cuidado y prolijo piso de cal, cosa rara para las casas de Cafarnaúm, sino que había sido refaccionado varias veces a medida que se desgastaba por el uso. Los excavadores lograron contar hasta seis estratos superpuestos de este hermoso pavimento blanco. ¿Por qué tanto interés en conservar el piso de esta habitación?
Desperdigados por el piso se hallaron restos del revoque caído de las paredes interiores. Estaban decorados con dibujos geométricos y motivos florales, que conservaban aún sus coloridos primitivos. Pero lo que resaltaba aún más hasta dónde había gozado de veneración esta sala, fueron los ciento setenta y cinco fragmentos de graffiti, monogramas e inscripciones que se descubrieron, dejados por los habitantes y peregrinos en las paredes. De ellos, ciento cincuenta y uno estaban escritos en griego, trece en sirio, nueve en arameo y dos en latín.



Los autores de tales escritos no podían ser sino cristianos, como se ve por el hecho de que el monograma de Jesús aparece dibujado en varios de ellos. Se leen también las palabras 'Señor', 'Cristo', 'Dios', 'Amén', y en algunos apareció también el nombre 'Pedro'. Una inscripción en sirio parece referirse a la eucaristía. La diversidad de idiomas de las inscripciones sugiere que la sala era visitada en la antigüedad como lugar de culto.



Ya antes de empezar las excavaciones se había notado la particularidad de una pequeña iglesia octogonal edificada encima de esta sala, de manera tal que ella quedara justamente en el centro de toda la construcción. Como si se hubiera querido dejar una perpetua señal indicadora, de la sala que se encontraba abajo.

La pregunta no podía evitarse: ¿Qué tenía de particular este alojamiento para ser el único de todo el pueblo con piso pavimentado, y paredes revocadas y decoradas? ¿Por qué, a pesar de que los arqueólogos llevaban ya excavados nueve caseríos o 'islas' de la ciudad, sólo en esta casa descubrieron inscripciones que databan del siglo I que daban señales de veneración? ¿No sería ésta la casa de Simón Pedro? ¿No sería la vivienda del humilde pescador, en donde cada tarde se agolpaba la gente en espera del regreso de Jesús? ¿No sería la habitación que Pedro le había prestado al Maestro para vivir, mientras se encontraba en Cafarnaúm? La respuesta no podía sino ser afirmativa.

Ahora el mundo podía conocer cómo había sido la casa del Señor, en qué ambiente vivió, cómo fue su barrio, qué vecinos tuvo, qué incomodidades había sufrido.

Ahora el mundo podía palpar más de cerca al Jesús de Cafarnaúm.


Un pueblo con funcionarios públicos



CAFARNAÚM se extendía sobre el borde del lago, y medía unos trescientos metros de este a oeste y unos doscientos metros de norte a sur. Bastante inferior a otras ciudades que se hallaban también en torno al lago, como Tiberíades, Magdala, Genesaret o Betsaida. Su población tampoco era muy numerosa. En la época de Jesús, según se ha calculado, podía contar con ochocientas o novecientas almas. Sin embargo, se encontraba en una posición aventajada.



En efecto, cien metros al norte del pueblo fue hallada una milla romana, que era una piedra utilizada para marcar el paso de las rutas importantes de comercio internacional. Se supo, pues, que por aquí pasaba la famosa 'ruta del mar', que las caravanas solían recorrer desde Egipto hasta Damasco. Esto le daba a Cafarnaúm una posición aventajada, ya que los comerciantes que pasaban continuamente debían pagar un peaje como impuesto caminero.

Así se explica por qué en Cafarnaúm había una aduana y un encargado de cobrar impuestos. Los Evangelios cuentan que un día Jesús, que ya llevaba tiempo viviendo en el pueblo, pasó al lado de esta aduana y vio al cobrador, sentado en su banco y recibiendo los pagos. Se llamaba Mateo. Jesús lo miró y le dijo una sola palabra: 'Sígueme'. Y él, que seguramente ya lo conocía, que sabía de su fama y su persona, y lo había oído predicar varias veces en el pueblo, dejó el despacho, la aduana, y los impuestos, y lo siguió (cf. Mt 9,9).



Aunque Cafarnaúm pertenecía a la región de Galilea y, por lo tanto, estaba bajo el gobierno de Herodes Antipas, era considerado un pueblo de frontera ya que 5 km al este, precisamente en el río Jordán, quedaba el límite de otra región: la Iturea, gobernada por Herodes Filipo. Por ello, no es extraño que hubiera allí militares que vigilaban la frontera. Comerciantes que pasaban continuamente debían pagar un peaje como impuesto caminero.
También a ellos alude el evangelio. Un centurión, que probablemente formaba parte de los mercenarios mantenidos por Herodes Antipas más que de un destacamento romano como suele pensarse, solicitó en una oportunidad a Jesús que le curara un criado que yacía enfermo en la aldea. Jesús, luego de alabar la fe de este militar, y a la distancia, realizó el milagro (cf. Lc 7, 1-10).


La vida en el patio


LOS arqueólogos han logrado trazar el plano urbanístico del antiguo poblado de Cafarnaúm. De planta armoniosa y ordenada, contaba con dos tipos de calles: las que corrían de norte a sur, llamadas 'cardos', y las de este a oeste, llamadas 'decumanos'. En el espacio cuadriculado conformado por el entrecruce de éstas se construían las pequeñas 'islas', es decir, los conjuntos de casas. La avenida principal era llamada el 'cardo máximo'.




Una característica de Cafarnaúm en que no existían viviendas individuales, sino que todas eran habitaciones 'del clan' o de la familia patriarcal. Las pequeñas habitaciones construidas en piedra se agrupaban alrededor de un único patio común para varias familias, con una única puerta de ingreso para todas que daba a la calle.

Las distintas habitaciones no tenían puerta. Todas permanecían siempre abiertas con respecto a la otra. La única puerta de clausura era la que daba a la calle. Este tipo de edificación era probablemente compartido por familias emparentadas entre sí.

A diferencia de lo que sucede con nuestras casas modernas, a aquellas, que no eran sino pequeños cuartos sólo se iba a dormir, y eran utilizadas para guardar las pertenencias. El resto de la vida familiar transcurría en el patio común. Allí se amasaba y horneaba el pan en los hornos colectivos, las mujeres molían el trigo, los artesanos hacían sus trabajos manuales, y seguramente se dormía en el verano, cuando el calor pasaba los 35°.

El patio abierto al aire libre era el centro vital de las casas y el foco de las actividades cotidianas. Cuando Jesús, hablando del fin del mundo en el último de sus sermones pronunciados, dijo que 'de dos mujeres que estén moliendo en el mortero, una será llevada y la otra será dejada' (Mt 24, 41), no cabe duda de que su frase se inspiró en esta estampa familiar, tantas veces contempladas durante los años de residencia en la casa.


Igual que las del barrio


LA casa de Simón Pedro estaba situada en una de las 'islas', o grupo de casas, más cercanas a la playa del lago. Pudo averiguarse que había sido construida, al igual que las demás casas, unos doscientos años antes, en el llamado 'período helenístico tardío'. El clan de Simón Pedro se instaló posiblemente unos cincuenta años antes del nacimiento de Cristo. Y ahora, hacia los años treinta de la era cristiana, Jesús de Nazaret se convirtió en huésped permanente de su nuevo amigo y apóstol mientras duró su ministerio público (fig. 6).



Pero ¿era realmente ésta la casa donde Él se alojó? ¿No habría parado en varias casas del pueblo?

La primera vez que los evangelios mencionan la casa donde se alojó Jesús, dice claramente que pertenecía a Simón Pedro (cf. Mc 1, 29).

De ahí en adelante cada vez que la nombra dirá sólo 'la casa', sin especificar más. Parecería que el evangelista, una vez dejado en claro a qué lugar aludía, pensó que no hacía falta seguir puntualizando a qué casa se refería. La arqueología, con el descubrimiento en Cafarnaúm de una casa semejante en todo a las demás, pero imprevistamente convertida en lugar de culto y venerada, viene a confirmar esta suposición.

Por otra parte, esto concuerda con lo que enseñaba el mismo Jesús. En su discurso misionero aconseja a sus discípulos no andar de casa en casa, sino que permanezcan siempre en el mismo lugar (cf. Lc 10, 7) hasta que se vayan de la ciudad (cf. Lc 9, 4).

Otro episodio puede confirmar un alojamiento permanente de Jesús en la casa de Simón Pedro. Un día, cerca ya del tiempo de su muerte y antes de que partiera definitivamente de Cafarnaúm, se acercaron unos cobradores de impuestos, y al ver a Pedro entrar con Jesús al pueblo le recriminaron:'¿Tu maestro no paga los impuestos al Templo, como lo hace todo buen israelita?' Pedro, con su habitual fogosidad contestó: '¡Claro que sí!' Y entró en silencio a su casa decidido a buscar el dinero y pagar por los dos el impuesto reclamado. Pero Jesús se le adelantó, y luego de explicarle por qué a Él no le correspondía pagar, le dijo que fuera al lago, echara el anzuelo, y al primer pez que sacara le abriera la boca, sacara la moneda que encontraría, y pagara por los dos (cf. Mt 17, 24-27).

¿Por qué los recaudadores se dirigieron a Pedro para reclamar el dinero? Probablemente porque Jesús, al ser huésped permanente en su casa, era considerado un miembro de la familia de Pedro. Por lo tanto, ambos estaban equiparados en la cuestión de los impuestos. Y Pedro, como jefe del clan y dueño de casa, debía responder ante la supuesta evasión de Jesús. Pero como siempre, cuando Pedro quiso salir a solucionar los problemas de Jesús, fue Jesús quien solucionó el problema de Pedro.


La tan mencionada puerta


LAS excavaciones en Cafarnaúm revelaron que en la casa de Pedro se ingresaba por el lado este. Tenía una ubicación excepcional en la villa, ya que la puerta de calle daba sobre el cardo máximo, es decir, sobre la calle principal del pueblo.



Por otra parte, se comprobó que la pared sobre la cual estaba la puerta de calle tenía una pequeña curvatura hacia adentro. Esto creaba, sobre la puerta de calle, del lado de afuera, un amplio espacio en el umbral, de unos 30 m2. Este hallazgo resulta de capital importancia para la comprensión de algunos detalles del evangelio.

Por ejemplo, el primer día que Jesús llegó a Cafarnaúm, luego de realizar algunos milagros, la gente se entusiasmó tanto que por la tarde todos le llevaron sus enfermos hasta la casa donde se alojaba, al punto tal que 'la ciudad entera estaba agolpada a la puerta' (Mc 1, 33).Esto se comprende más fácilmente ahora que sabemos que había espacio suficiente para bastante gente en la entrada, sobre el cardo máximo.

Igualmente, al día siguiente salió él temprano a orar. Simón y sus compañeros salieron a buscarlo, y al hallarlo le dijeron: 'Todos te buscan' (Mc 1, 37). Se sobreentiende 'en la puerta', ya que era el único lugar donde podía caber tanta gente.

Pero a veces, los vecinos que iban a escucharlo eran tantos que ese espacio resultaba insuficiente, como el día que curó al paralítico. Dice el evangelio que 'se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio' (Mc 2,2). Lo cual da a entender, por un lado, que ése era el lugar habitual de reunión, y por otro, que frente a la puerta había un sitio con bastante espacio. Fue lo que confirmó la arqueología.


Todo quedaba en familia


TRANSPUESTA la puerta de calle, se ingresaba en el patio, interior de la casa de Pedro, que tenía forma de “L” y medía unos 84 m2. Por el lado sur había un segundo patio.

La casa o 'isla' donde vivía Pedro y su familia estaba formada, según las investigaciones, por unas siete habitaciones, cada una de las cuales pertenecía a una familia.

Esto responde a una planteada por la narración evangélica: ¿a quién pertenecía la casa donde fue a vivir Jesús? El evangelista Marcos precisa que era 'de Simón y de Andrés' (cf. Mc 1, 29). Pero si cada uno de estos hermanos tenía su mujer y sus hijos, como era probable, ¿cuántos habitaban aquella casa? Y si a esto se agrega que también en el lugar vivía la suegra de Simón (cf. Mc 1, 30), la cual a su vez podía tener otros miembros de la familia, como su marido, o hermanos, la situación se torna compleja.

En cambio ahora entendemos que la casa de Pedro no era una casa individual, como las que nosotros conocemos actualmente, sino más bien una 'isla', es decir, un grupo de casas-habitaciones, como todas las de Cafarnaúm. Así, se comprende que un mismo complejo habitacional fuera compartido por esas tres familias: la de Pedro, la de su hermano Andrés y la de su suegra, además de otras posibles del mismo clan.

Esto también explica por qué el día que entró Jesús por primera vez en la casa, a la habitación que pertenecía a Pedro, como su suegra estaba enferma, los apóstoles tuvieron que 'hablarle de ella' (cf. Mc 1, 30). En efecto, Jesús no había tenido la posibilidad de verla ya que se encontraba en otra habitación.
Estas siete piezas que conformaban la 'isla' del príncipe de los apóstoles, nos lleva a pensar en un clan familiar más bien numeroso.


Un techo que aclara poco


EN el ángulo sudeste del complejo de estas casas-habitaciones estaba el ingreso a la sala venerada que hallaron los arqueólogos, y que probablemente fue la habitación que le cedieron a Jesús para habitarla durante su estada en Cafarnaúm . La pieza mide actualmente 7 m de largo por 6,50 m de ancho. Este ancho es semejante al de las otras casas del pueblo, pero el largo es el doble de las demás. Es factible que lo que hoyes la sala venerada, ocupe el lugar de lo que originariamente eran dos habitaciones separadas por una pared; de ser así, una tenía su ingreso sobre el patio norte y la otra con la puerta hacia el patio sur.

Una de estas dos fue la que seguramente Pedro le dio a Jesús para que viviera con él. Medía, pues, 3,50 m de largo y 6,50 m de ancho, es decir 22 m2. Años más tarde, para que la afluencia de peregrinos cristianos pudiera entrar más cómodamente a visitar y honrar el lugar, se derribó la pared divisoria y se alcanzaron las actuales medidas.

La casa de Pedro no tenía techo de material del tipo que nos resulta familiar actualmente. Las investigaciones realizadas en todo el pueblo no hallaron nunca restos de tejas. Debido a que las lluvias en esta zona de Galilea son más bien raras y no ocasionan demasiados problemas, los techos de las casas consistían en travesaños de ramas de árbol, sobre los que se acomodaba un entretejido de ramillas y hojas, y se colocaba encima una masa formada de tierra y paja. Este sistema de techado duraba un año, y debía ser reparado y asegurado permanentemente antes de la estación de las lluvias. Para ello, se construía una escalera de piedra que conducía hasta el techo. Por ella se subía para hacer este arreglo con comodidad. En varias casas de Cafarnaúm se han encontrado los restos de estas escaleras externas.

Esto nos ofrece una preciosa ayuda para entender mejor el relato de la curación del paralítico contado por san Marcos (2, 1-22). Los cuatro amigos que lo traían en la camilla, ante la imposibilidad de pasar debido a la gente amontonada en la puerta, subieron por la escalera externa, removieron el amasijo de tierra del techo, corrieron algunas ramas del travesaño, y bajaron la camilla con el paralítico hasta Jesús que estaba dentro de la casa. Naturalmente que al aparecer este nuevo e inesperado oyente, la prédica cesó y Jesús no pudo menos que admirar la fe de aquellos hombres, que le acababan de desarmar su habitación.

Otro detalle que arroja nueva luz sobre las enseñanzas de Jesús lo mostró el estudio del piso de la casa de Pedro. Lo mismo que las otras casas de Cafarnaúm, era de tierra apisonada, que hoy ya se encuentra ennegrecida por las cenizas y la humedad de los años. Algunos de estos pisos estaban pavimentados con piedritas de basalto irregulares. Si a alguien se le caía algo al suelo, especialmente un objeto chico como una moneda, resultaba difícil hallarlo. Es posible que de esta experiencia de Jesús en la casa de Pedro tengamos nosotros una de las más bellas parábolas que él pronunció: la de la mujer que, teniendo diez monedas, al perder una enciende la lámpara de aceite, barre la casa, busca cuidadosamente, hasta que la encuentra (cf. Lc 15,8-10). En efecto, en la irregularidad de este piso eran necesarios todos esos trámites para recuperarla. De ahí su alegría con amigas y vecinas.



La sinagoga del Pan de Vida


UNO de los hallazgos más excitantes del pueblo fueron los restos, cerca de la casa de Pedro, de una monumental sinagoga construida mirando hacia el sur. Desde un principio se pensó que se trataba de la sinagoga de Cafarnaúm de la que hablan los evangelios.



Mide 23 m de largo por 17 m de ancho, tiene adosados a las paredes bancos de piedra para sentarse, y un patio contiguo con columnas probablemente usado como lugar de estudio de la ley judía.

Pero después de las excavaciones, los arqueólogos concluyeron que el edificio fue construido, cuatrocientos años después de la muerte de Jesús. No era la esperada sinagoga.

Sin embargo, un hecho curioso llamaba la atención: si la casa de Pedro desde épocas tempranas había sido transformada en iglesia ¿cómo es que los judíos 400 años después habían construido una sinagoga tan cerca, siendo que para ellos, la proximidad con edificios de otros cultos los volvía impuros? Y peor aún cuando al edificarla orientada hacia el sur, es decir, hacia Jerusalén como era la obligación, la sinagoga quedó mirando directamente hacia la iglesia cristiana vecina. Alguna poderosa razón debía haber para una construcción tan contraria a sus tradiciones.

Al excavar los cimientos descubrieron la respuesta. Debajo de ella estaban los restos de otra sinagoga más antigua. Según una práctica común en oriente, los lugares sagrados reconstruidos siempre en el mismo lugar del precedente.

Y este nuevo edificio sí resultó ser del siglo I. Se había hallado nada menos que la sinagoga tantas veces visitada por Jesús los sábados que se quedaba en el pueblo. Un poco más pequeña que la construida encima, tenía 22 m de largo por 16 m de ancho, y cubría una superficie de 352 m2.



Sabemos por san Lucas quién la edificó: fue el centurión romano al que Jesús le curó su criado enfermo. El Evangelio dice que cuando el militar envió un grupo de judíos para implorarle el milagro al Señor, éstos le dijeron: Merece que se lo concedas porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga (Lc 7,5).

Este templo vio muchas veces entrar a Jesús para predicar su mensaje a la gente del lugar. Allí realizó también numerosos milagros, la primera vez que entró, mientras estaba predicando, curó a un enfermo poseído por un espíritu inmundo (Mc 1,21-28). Otra vez curó, de entre el público, a un hombre que tenía la mano derecha paralizada, a pesar de que los fariseos presentes se oponían (Lc 6, 6-1. 1).

Pero sobre todo, esta sinagoga escucho uno de los discursos más importantes y dramáticos pronunciados por Jesús: el del Pan de Vida. Allí dijo a su auditorio que era necesario comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna (cf. Jn 6,22-59).Y también allí lo abandonaron ese día muchos de sus discípulos porque les resultó demasiado duro su mensaje.



Otros hombres, otras casas


POR los relatos del Evangelio conocemos a varios personajes que eran oriundos o que vivían en Cafarnaúm.

Ya vimos a Simón Pedro y a su hermano Andrés, que aunque probablemente habían nacido en una localidad vecina llamada Betsaida (cf. Jn 1,44), se habían trasladado allí por las posibilidades que les ofrecía Cafarnaúm para la pesca. También hablamos de Mateo, el recaudador de impuestos convertido en apóstol por Jesús, y del centurión romano responsable de las tropas mercenarias apostadas en el pueblo.

Es posible que otros dos discípulos. Santiago y Juan (cf. Mc 1, 19), vivieran asimismo en el pueblo como se deduce de los relatos evangélicos (cf. Mc l. 19), aunque no sabemos si por nacimiento o también por su profesión.

Quien obtuvo del Señor un milagro espectacular en su pueblo fue Jairo, el jefe de la sinagoga a la que Jesús solía asistir. Jesús fue personalmente a su casa para realizar la única resurrección que hizo en Cafarnaúm: la de la única hija de aquél, de doce años (cf. Lc 8, 40-56).

Una anónima mujer, que padecía de una hemorragia desde hacía doce años, fue curada por las calles (cf. Mc 5,25-34). Su nombre no nos ha llegado, pero vivían en Cafarnaúm.

Otros dos ciegos, que se enteraron de los prodigios que realizaba, fueron a buscarlo y recuperaron la vista en la puerta de la casa de Pedro (cf. Mt 9,27-31).

No hubo persona alguna, hombre o mujer, chico o grande, influyente o insignificante, que no oyera hablar de él en la aldea, y no lo buscara para conversar, o para conseguir algún beneficio de sus dotes taumatúrgicas.

¿Dónde estarán ahora todas esas casas, de las que lo llamaban o en las que le ofrecieron hospitalidad? ¿Cuál de todas esas ruinas será hoy la casa del centurión romano, a la que no fue porque curó a su criado a distancia? ¿O la casa de Mateo, a la que lo invitaron a comer seguramente con ricas vajillas? ¿Y la de Jairo, de la que hizo salir el cortejo fúnebre en pleno velatorio, porque él había llegado para resucitar a su hijita?

¿Dónde estarán todos esos hogares? Seguramente en medio de las ruinas circundantes. Los arqueólogos han descubierto que las casas más espaciosas y mejor construidas del poblado no están en esta zona, sino un poco más al este, en un terreno poco explorado y fuera del ámbito de estas excavaciones. Es posible que allí viviera la guarnición romana, el centurión, el cobrador de impuestos, y la gente más adinerada. Pero el lugar y ubicación exactas, a diferencia de la de Pedro, se nos han escapado para siempre .




Lecciones privadas de teología


JESÚS utilizó la casa que le ofreció Pedro no sólo para albergarse personalmente, sino que allí solía reunirse con sus discípulos para explicarles los aspectos más profundos de su doctrina que no predicaba a toda la multitud.

Por ejemplo, después de pronunciar su discurso de las parábolas (cf. Mt 13, 1-35), dice el Evangelio que despidió a la gente y se fue a casa. Y a solas con los apóstoles, por pedido de ellos, les aclaró la parábola del trigo y la cizaña (cf. Mt 13, 36-43).

El día que expuso su enseñanza sobre lo puro y lo impuro contra las absurdas tradiciones de los fariseos, fue en la privacidad de su casa donde les desarrolló más ampliamente el tema (cf. Mc 7, 17-23).

En esta misma intimidad les anunció la maravillosa paradoja del primero y el último en el Reino de los Cielos (cf. Mc 9, 33-37). Y hasta es posible que el niño que tomó entre sus manos para poner el ejemplo de humildad en aquella ocasión, fuera uno de los hijos de Simón Pedro que correteaba por la habitación.


Una amarga despedida


CUANDO Jesús vio que su hora se acercaba y que el fin de su vida estaba ya próximo, resolvió abandonar Cafarnaúm, su base de operaciones norteña durante tres años, y emprendió su último viaje a Jerusalén.

Pero antes de partir hizo un balance de su actividad, de sus prédicas, de sus enseñanzas, de sus milagros, de los meses de trabajo empleados en aquella región de Galilea, a la que había dedicado tantos desvelos.

Y vio que la gente de Cafarnaúm y de las otras ciudades vecinas se habían acercado a Él sólo para pedirle luz para sus ciegos, oídos para sus sordos, vida para sus muertos, salud para sus enfermos, y pan para sus estómagos.

Pero, ¿qué había germinado como producto de toda su abundante siembra? Muy pocos se habían adherido de corazón a su 'buena noticia' en la región de Galilea.

El balance resultaba, en verdad, deficitario.

Por eso, el día en que se despidió, mientras se alejaba de la ciudad con el alma dolorida, emitió una de sus quejas más amargas: '¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que en saco y ceniza se habrían convertido. Por eso, les digo que el día del juicio habrá menos dureza para Tiro y Sidón que para ustedes.'

Pero las palabras más duras las reservó para su preferida, su dilecta, su querida Cafarnaúm, aquella a la que habían llegado a llamar 'su ciudad' porque le había dedicado sus mejores atenciones:'Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que hasta el Cielo te vas a encumbrar? Hasta el Infierno te hundirás. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún existiría. Por eso, les digo que en el día del juicio habrá menos rigor para Sodoma que para ti' (Mt 11, 21-24).

Severas palabras para la que había sido, durante tres años, el domicilio del Hijo de Dios en la tierra.



Recuerdos que no se olvidan


LOS compaisanos de Jesús, en realidad nunca se olvidaron de tan ilustre habitante. Poco después de su muerte y su resurrección, cuando estuvieron en condiciones de comprender mejor quién había sido Él y de dónde venía, quisieron conservar para siempre el recuerdo de la habitación que lo había alojado. Así es como resolvieron convertirla en una sala de culto para las reuniones y la liturgia de los nuevos feligreses cristianos. Debido a que el espacio resultaba insuficiente para la gente que en número cada vez más creciente se daba cita en la casa, decidieron voltear una de las paredes de la habitación, que la dividía de la sala contigua, y ampliaron así la capacidad de la pieza.

Años más tarde, a esta sala venerada se le agregaron nuevas dependencias para mayor comodidad de las celebraciones que en ella se realizaban. La rodearon de una muralla, y formaron con ella un recinto sagrado de forma cuadrada, de unos veintisiete metros de lado.

En el siglo V un nuevo grupo de cristianos, esta vez no de origen judío sino gentil, tomó posesión del edificio, y edificó sobre la casa de Pedro y de las demás construcciones una iglesia. Derribaron todos los muros de la casa (aunque no totalmente, pues la nueva edificación se hizo un metro por encima del nivel anterior), y erigieron encima una construcción octogonal, de tal modo que exactamente el centro de esta nueva iglesia pasó a ser la antigua casa de Simón Pedro.

Los peregrinos que en esta época pasaron por Cafarnaúm, cuentan haber visto estos edificios.

En torno al año 900, los habitantes empezaron a abandonar poco a poco y pacíficamente el pueblo para trasladarse a otros lugares, ya que las condiciones económicas y del comercio habían cambiado. Fue entonces cuando la iglesia, la sinagoga y las demás casas privadas fueron cayendo lentamente en ruinas. Y un manto de olvido y de silencio se apoderó de la villa de Jesús.

Sólo en el presente siglo la arqueología la volverá a sacar a la luz, para mostrarnos sus secretos, y contarnos los recuerdos que escondía de la vida cotidiana del Maestro.



Devolviendo los regalos


A la luz de las excavaciones arqueológicas podemos constatar que las descripciones que traen los evangelios no son narraciones abstractas, sino que conservan un verdadero substrato histórico. Y que muchos detalles que ellos relatan tuvieron un origen geográfico e histórico bien precisos.

Jesús, al comenzar su vida pública y tener que abandonar Nazaret, su ciudad natal, podía muy bien afirmar aquello de que el Hijo del Hombre no tenía dónde reclinar la cabeza (cf. Lc 9,58). Para que este exilio voluntario de su patria le resultara más llevadero y menos duro al Maestro, Simón Pedro, el humilde pescador de Cafarnaúm, quiso ofrecerle lo mejor que tenía. Así fue como le prestó gentilmente una parte de su casa para que se hospedara, lo acogió en su círculo familiar, y buscó proveer a todas sus necesidades.

Pero Jesús no es de olvidar favores. Por eso después de resucitar, quiso darle Él una casa a Pedro. No ya una parte, sino toda una casa, una nueva e inmensa casa, el hogar de los cristianos, la Iglesia. Se la entregó, y lo puso al frente de ella como fundamento y como pastor máximo.

El día que se la confería (cf. Jn 21, 15-17), Simón Pedro pudo comprobar que era cierto lo que una vez le había dicho el Señor en respuesta a una pregunta suya: 'por haberlo dejado todo por mí, Pedro, por haberme dado tu casa y tu familia, dentro de no mucho vas a recibir cien veces más en casas, hermanos, padres, hijos y bienes familiares' (cf. Mc 10, 28-31).

Después añadió: 'Y un día te voy a llevar a la vida eterna”. Esto último también lo cumplió.


RESUMEN LVL 5: durante una excavaciones a laciudad de Cafernaum, arqueoloos descubrieron ruinas de una iglesia en formaoctogonal debajo delas cuales estaban los restos de una casa que destacaba de las demas por unosdetalles : el piso revocado concal, restos de inscripciones en varios idiomas y el tamaño de la habitacion. Determinaro que ese fue un lugar de adoracion del naciente cristianismo, y sin lugar a dudas lque esa era la casade Simon Pedro, donde habia habitado Jesus. El hallasgo permite situarnos con mas exactitud en la geografia de los relatos del evangelio que narran la actividad publica de Jesus, como el hecho de que se cuenta que se congregaban multitudes para esperarlo fuera de su casa, o cuando le abrieron el techo de la casa para bajarle un enfermo, ya que la gente no podia entrar por la multitud que habia afuera
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
15visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
6visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

f
Usuario
Puntos0
Posts19
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.