Si es así, ¿a qué se debe? ¿A su familia, a su trabajo o a sus creencias religiosas? Quizás piense que será feliz cuando consiga graduarse, encontrar un buen empleo o comprarse un automóvil nuevo.
Muchas personas sienten cierto grado de felicidad cuando alcanzan una meta u obtienen algo que desean. Pero ¿cuánto dura esa oleada de felicidad? En la mayoría de los casos dura poco, lo que puede resultar frustrante.
La felicidad se ha descrito como una sensación de bienestar más o menos continua que va desde la satisfacción personal hasta una profunda e intensa alegría de vivir y que, como es natural, nadie desea que se acabe.
Es más, como es un estado continuo de bienestar, se dice que la felicidad no es un destino, sino un camino. Así que, si alguien dice: “Seré feliz cuando...”, en realidad, está posponiendo la felicidad.
Para entenderlo mejor, comparemos la felicidad con la salud. Si queremos tener una buena salud, debemos llevar un estilo de vida sano, cuidando la alimentación y haciendo ejercicio. De igual modo, la felicidad es el resultado de seguir un buen camino en la vida, es decir, de regirse por valores sólidos.
¿Qué valores o principios pueden guiarnos por el camino de la felicidad? Aunque algunos valores son más importantes que otros, los que mencionamos a continuación son claves:
ESTAR CONTENTOS CON LO QUE TENEMOS Y SER GENEROSOS
LA SALUD Y LA RESILIENCIA
EL AMOR
EL PERDÓN
TENER UNA VIDA CON PROPÓSITO
LA ESPERANZA
Un libro muy respetado por sus sabios consejos dice: “Felices son los que en su camino están exentos de falta” (Salmo 119:1). Veamos cuál es ese camino.
Estar contentos con lo que tenemos y ser generosos
¿SE HA FIJADO EN QUE SUELE MEDIRSE LA FELICIDAD Y EL ÉXITO DE ALGUIEN EN FUNCIÓN DEL DINERO Y DE LAS COSAS QUE TIENE? Influidas por ese punto de vista, millones de personas trabajan sin descanso para ganar más dinero. Pero ¿es así como se obtiene la verdadera felicidad? ¿Qué demuestran los hechos?
Según la revista Journal of Happiness Studies, una vez que se han cubierto las necesidades básicas, tener más ingresos no aumenta significativamente la felicidad ni la sensación de bienestar. “Lo que nos hace infelices no es el dinero en sí mismo, sino el afán por conseguirlo”, afirma un artículo de la revista Monitor on Psychology. Este comentario se parece a lo que la Biblia dijo hace casi dos mil años: “El amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos [...] se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10). ¿Cuáles son algunos de esos “dolores”?
LA PREOCUPACIÓN Y LA PÉRDIDA DE SUEÑO POR PROTEGER LO QUE TENEMOS. “Dulce es el sueño del que rinde servicio, sin importar que sea poco o mucho lo que coma; pero la abundancia que pertenece al rico no le permite dormir” (Eclesiastés 5:12).
LA DECEPCIÓN QUE SENTIMOS CUANDO NO SOMOS TAN FELICES COMO ESPERÁBAMOS. Esa decepción se debe en parte a que el deseo de tener más dinero es insaciable. “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos” (Eclesiastés 5:10). Además, para satisfacer ese deseo, algunos quizás sacrifiquen cosas importantes que sí producen felicidad, como pasar tiempo con la familia y los amigos, o realizar actividades espirituales.
EL DOLOR Y LA FRUSTRACIÓN QUE SENTIMOS CUANDO EL DINERO O LAS INVERSIONES SE PIERDEN O SE DEVALÚAN. “No te afanes por obtener riquezas. [...] ¿Has hecho que tus ojos les echen un vistazo, cuando no son nada? Porque sin falta se hacen para sí alas como las de un águila y vuelan hacia los cielos” (Proverbios 23:4, 5).
VALORES QUE NOS HACEN FELICES
ESTAR CONTENTOS CON LO QUE TENEMOS. “Nada hemos traído al mundo, y tampoco podemos llevarnos cosa alguna. Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas” (1 Timoteo 6:7, 8). Las personas que están contentas con lo que tienen no suelen quejarse ni sentir envidia. Además, como sus deseos no están por encima de sus posibilidades, se evitan mucha ansiedad y estrés.
SER GENEROSOS. “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Quienes son generosos son felices porque disfrutan haciendo felices a los demás, aunque lo único que puedan dedicarles sea su tiempo y sus energías. A menudo, estas personas obtienen a manos llenas cosas que el dinero no puede comprar: amor, respeto y amigos verdaderos, quienes a su vez corresponderán a su generosidad (Lucas 6:38).
DAR MÁS IMPORTANCIA A LAS PERSONAS QUE A LAS COSAS. “Mejor es un plato de legumbres donde hay amor que un toro cebado en pesebre y, junto con él, odio” (Proverbios 15:17). ¿Qué significan estas palabras? Que es mejor tener buenos amigos y sentirse querido que tener mucho dinero. Y el amor, como veremos después, es indispensable para ser feliz.
Sabina, una mujer de Sudamérica, comprobó lo sabios que son los principios bíblicos. Cuando su esposo la abandonó, tuvo que luchar mucho para cubrir sus necesidades y las de sus dos hijas. Tenía dos trabajos y se levantaba todos los días a las cuatro de la madrugada. Aunque terminaba agotada, decidió estudiar la Biblia. ¿Cuál fue el resultado?
Su situación económica no cambió mucho, pero su actitud ante la vida sí. Se sintió feliz al satisfacer su necesidad espiritual y al enseñar a otros lo que había aprendido (Mateo 5:3). Además, encontró amigos verdaderos entre sus compañeros de creencia.
La Biblia dice: “La sabiduría queda probada justa por sus obras”, es decir, queda demostrada por los buenos resultados que produce (Mateo 11:19). En efecto, estar contentos con lo que tenemos, ser generosos y anteponer las personas a las cosas es, sin duda, lo más sabio.
PUNTOS CLAVE
“El amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos [...] se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:10).
¿Qué consecuencias puede traer “el amor al dinero”?
Preocupación y pérdida de sueño.
Decepción.
Dolor y frustración.
¿Qué nos hace felices?
Estar contentos con lo que tenemos.
Ser generosos.
Dar más importancia a las personas que a las cosas.
La salud y la resiliencia
UNA DISCAPACIDAD O UNA ENFERMEDAD CRÓNICA PUEDEN AFECTAR MUCHÍSIMO A UNA PERSONA. Tras quedar paralítico, Ulf se sintió destrozado, pues era un hombre sano y muy activo. Él recuerda: “Caí en una profunda depresión. Perdí la fortaleza, el ánimo y la energía”.
Lo que le pasó a Ulf nos recuerda que nadie tiene la salud garantizada. Aun así, hay medidas razonables que podemos tomar para reducir el riesgo de contraer una enfermedad. Pero ¿y si nuestra salud se deteriora? ¿Estamos condenados a ser infelices? Como veremos, no tiene por qué ser así. No obstante, analicemos primero algunos principios que contribuyen a la buena salud.
SER EQUILIBRADOS. (1 Timoteo 3:2, 11). La costumbre de comer y beber en exceso es mala para nuestra salud y, obviamente, para nuestro bolsillo. “No llegues a estar entre los que beben vino en exceso, entre los que son comedores glotones de carne. Porque el borracho y el glotón vendrán a parar en la pobreza” (Proverbios 23:20, 21).
NO CONTAMINAR NUESTRO CUERPO. “Limpiémonos de toda contaminación de la carne y del espíritu” (2 Corintios 7:1). Hay personas que contaminan su cuerpo masticando o fumando tabaco, abusando del alcohol o tomando drogas. Por ejemplo, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el tabaquismo “causa enfermedades y discapacidades, y afecta a casi todos los órganos del cuerpo”.
VER LA VIDA COMO UN REGALO VALIOSO. “Por él
tenemos vida y nos movemos y existimos” (Hechos 17:28). Si reconocemos esto, evitaremos riesgos innecesarios al trabajar, conducir o divertirnos. No vale la pena arriesgarse a quedar discapacitado toda la vida por un solo instante de emoción.
CONTROLAR LOS SENTIMIENTOS NEGATIVOS. La mente y el cuerpo están muy relacionados. Así que intente controlar la ansiedad excesiva, la ira, la envidia y otros sentimientos negativos. La Biblia aconseja: “Depón la cólera y deja la furia” (Salmo 37:8). Y también recomienda: “Nunca se inquieten acerca del día siguiente, porque el día siguiente tendrá sus propias inquietudes” (Mateo 6:34).
PENSAR EN COSAS POSITIVAS. La Biblia dice: “Un corazón calmado es la vida del organismo”. Y añade: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador” (Proverbios 14:30; 17:22). La ciencia confirma estas palabras. El doctor Derek Cox, funcionario del Ministerio de Salud de Escocia, afirmó: “Las personas felices tienen menos probabilidades de enfermarse”.
ADQUIRIR RESILIENCIA. Al igual que Ulf, mencionado antes, tal vez no nos quede más remedio que afrontar una enfermedad crónica. Aun así, podemos decidir cómo afrontarla. Hundirse en la depresión solo empeora las cosas. La Biblia afirma: “¿Te has mostrado desanimado en el día de la angustia? Tu poder será escaso” (Proverbios 24:10).
Sin embargo, después del golpe inicial, hay personas que demuestran resiliencia, es decir, que se adaptan a su nueva situación y encuentran formas de hacerle frente. Ese fue el caso de Ulf. Él contó que, después de orar mucho y de meditar en el mensaje positivo de la Biblia, comenzó “a ver oportunidades en lugar de obstáculos”. Además, al igual que muchos otros que afrontan situaciones difíciles, Ulf aprendió lecciones valiosas sobre la compasión y la empatía que lo motivaron a hablar del animador mensaje de la Biblia a los demás.
Otra persona que también sufrió mucho fue Steve. Cuando tenía 15 años, un accidente lo dejó paralizado del cuello para abajo. Al cumplir los 18, ya había recuperado la fuerza en los brazos. Más tarde, fue a la universidad, donde empezó a llevar una vida inmoral y a consumir drogas y alcohol. No tenía ninguna esperanza, hasta que comenzó a estudiar la Biblia. Esto cambió su actitud ante la vida y lo ayudó a vencer sus vicios. Él relató: “El vacío que yo había sentido por años desapareció”. Y añadió: “Ahora, mi vida está llena de paz, felicidad y satisfacción”.
Los relatos de Steve y de Ulf nos recuerdan las palabras del Salmo 19:7, 8: “La ley de Jehová es perfecta, hace volver el alma. [...] Las órdenes de Jehová son rectas, hacen regocijar el corazón; el mandamiento de Jehová es limpio, hace brillar los ojos”.
PUNTOS CLAVE
Las leyes y los principios de Dios nos renuevan las fuerzas, nos alegran el corazón y hacen brillar nuestros ojos (Salmo 19: 7, 8).
¿A qué nos anima la Biblia?
A ser equilibrados.
A cuidar nuestro cuerpo.
A considerar que la vida es sagrada.
A controlar los sentimientos negativos.
A pensar en cosas positivas.
A adquirir resiliencia.
Nunca olvides lo bueno que puedes hacer con las herramientas que tienes a tu alcance,
siempre hay algo para hacer.
Muchas gracias querido lector por pasar por mi aporte y que tengas un excelente fin de semana.