Con nadie
Una figura delgada, parada en la esquina, con la boca abierta como si estuviera gritando, muda.
Yo lo miraba, mientras caminaba por la vereda de enfrente.
No se le veían los ojos, la sombra de la gorra se los tapaba.
Seguí caminando, y en cada esquina había un pibe parado, gritando silenciosamente.
En mi vereda, en dirección opuesta a mí se acercó corriendo una señora grandota, de unos sesenta años, llorando y tapándose los oídos.
Simplemente nos cruzamos.
Seguramente no sospechó que la describiría en un cuento, no lo hizo, al igual que yo nunca pude imaginar que terminaría sordo, parado en una esquina, gritando silenciosamente, tratando desesperadamente de poder comunicarme con nadie.
Gabriel Fara