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La felicidad no tiene precio, si tú no le pones ninguno

La felicidad no tiene precio, si tú no le pones ninguno

Platón y Aristóteles, por Raffaello Sanzio (detalle de La escuela de Atenas, 1509)

Todo hombre y toda mujer aspira por naturaleza a ser feliz; es algo específico del ser humano. Esta aspiración se frustra cuando se confunde la felicidad con lo que no lo es; también cuando la buscamos de forma ansiosa. Hoy existe una tendencia a perseguir una felicidad utilitarista, entendida sólo como placer sensible y como satisfacción inmediata.

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Aristóteles en un fresco ubicado en Roma por Ludwig Seitz

Decía Aristóteles que la felicidad no está en lo efímero (las cosas y los placeres sensibles), sino en la vida honesta, conforme a la virtud; por eso aconsejaba vivir y obrar bien (eudaimonía), lo que incluía llevar una vida austera.

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La felicidad incluye cierto grado de placer y de bienestar material, pero el placer y el bienestar no son, por sí mismos, fuente de felicidad. La felicidad es una realidad espiritual; por eso ningún materialismo ha podido hacer feliz al hombre, incluido el consumismo. En la actual "civilización de las cosas" se pretende comprar y vender felicidad como si fuera un producto más de la sociedad de consumo.

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Se está extendiendo la costumbre de comprar el último objeto fabricado con una fe ciega de que nos ayudará a vivir y sentirnos mejor: sillones para relajarse, almohadas para dormir de un tirón, cinturones para adelgazar, etc. No se trata necesariamente de compradores compulsivos, sino de personas que se sienten impulsadas a llenar algún vacío interior; asocian ciertas compras superfluas con su falta de autoestima y de identidad y se aferran a ellas como a tablas de salvación Sean o no conscientes de ello, intentan comprar la felicidad. Pero ese planteamiento no funciona: tras comprar el último y más caro artilugio del mercado se sienten bien consigo mismos, pero cuando descubren que se están midiendo en relación con lo que han comprado y no por lo que son, desciende su autoestima, lo que les mueve a comprar una nueva cosa. No les resultará fácil escapar de ese círculo vicioso.

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El lema "a la felicidad por el consumismo" está desacreditado por la experiencia y por la moraleja del famoso cuento de Tolstoy "La camisa del hombre feliz".

"El rey que lo tenía todo en la material no tenía salud; estaba afectado por una misteriosa enfermedad que sus médicos eran incapaces de curar, pero sí se atrevieron a diagnosticarla: "su Majestad padece de infelicidad crónica y sólo podrá curarse poniéndose la camisa de un hombre feliz". Este hombre no fue encontrado por los emisarios del rey ni entre los más sabios ni entre los más ricos del reino, sino entre los más pobres. Se trataba de un ermitaño que vivía en una cueva; lo descubrieron porque estaba muy contento. Confesó que era muy feliz porque se conformaba con lo poco que tenía sin necesitar nada más. Cuando los emisarios le propusieron comprar su camisa, respondió que no la tenía".

Esa conformidad con la propia suerte, sin ambicionar nada es lo que Aristóteles llamó autarquía.

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Cajero automático de bitcoins, una criptomoneda concebida en 2009

La cuestión de si el dinero da o no da la felicidad está siendo muy debatida actualmente.
Un estudio, realizado por un equipo de psicólogos de "The University of British Columbia" concluye que el dinero no da la felicidad; sólo es una ayuda psicológica para sentirse menos triste y desgraciado en el día a día.

Según los expertos, "el dinero puede proporcionarnos un estilo de vida muy cómodo y placentero, así como una falsa sensación de seguridad, pero no puede comprar nuestra felicidad. Porque nuestro bienestar emocional no depende de lo que hacemos ni de lo que tenemos, sino de quiénes somos y de cómo nos sentimos".


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Existen también personas a favor de la tesis de que con más dinero podemos comprar más felicidad, sin ser conscientes de que están confundiendo la felicidad con el bienestar material. Esas personas creen en la existencia del supuesto binomio: "dinero-felicidad". Esas dos realidades no pueden ser dependientes la una de la otra. Un buen ejemplo es el de quienes tras tocarles la lotería exteriorizan su alegría de forma desproporcionada y desmesurada; en el fondo se debe a algo más que a ser nuevos ricos: asocian el dinero con la felicidad

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Para evitar falsas ilusiones, los "compradores de felicidad" deben conocer a tiempo la autorizada tesis de Aristóteles: la felicidad humana se basa en la autorrealización adquirida mediante el ejercicio de la virtud. En ese laborioso y permanente proceso no caben atajos.

Dos viñetas cómicas lo expresan muy bien

-"El dinero no hace la felicidad. Todo el mundo lo sabe.

-Claro que no. La felicidad la haces tú con el dinero."

-¿Sabes que el dinero no da la felicidad?

-Es posible, pero ya lloraré sentado en mi Ferrari

La felicidad no tiene precio, si tú no le pones ninguno

Delacroix - La Mort de Sardanapale (1827)

Eugène Delacroix plasmó en su lienzo una escena filosófica muy aristotélica, “La muerte de Sardanápalo” (1827-1828)1 no por describir el pensamiento del filósofo griego sino por mostrar aquello que Aristóteles atacaba en su obra: el hedonismo.“Hedonismo” significa la búsqueda de los placeres, la entrega a las pasiones carnales.
Para Aristóteles, la felicidad no consiste en conseguir los placeres, por el contrario, se es feliz cuando nuestro comportamiento se opone al placer dedicándose a la acción política y a la contemplación.

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Muchos están convencidos que la felicidad depende de las circunstancias que le rodean y que esas son las que le hacen ser feliz o infeliz. Sin embargo, ese planteamiento es erróneo, no son las circunstancias, sino cómo tú actúas antes esas circunstancias.
La felicidad no se encuentra, se crea. Sea cual sea tu situación puedes elegir ser feliz o no serlo.

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La vida es preciosa, demasiado preciosa para malgastarla siendo infeliz. La vida se hizo para vivirla. Cada día debe ser una alegría, no una lucha. Como si estuvieras en mitad del campo en un día de verano, no luchando siempre contra una interminable tormenta

Adam J. Jackson, Los diez secretos de la abundante felicicidad


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Hana Kanjaa, exparacaidista que flirteó con la muerte en el Peñón de Ifach explica su filosofía de la vida en un libro.

Para encontrar la felicidad hay que dejar de buscarla

En abril del 2011, se quedó colgada durante más de cuatro horas en el Peñón de Ifach, la tremenda roca que preside la localidad de Calpe (Alicante). Era la pionera del salto base en España, la única mujer que se atrevía a lanzarse desde un punto fijo equipada con un paracaídas. Pero aquella mañana primaveral, soleada y sin viento, marcó para siempre su vida.
A 150 metros del suelo y con la vida pendiente de los hilos que la unían a un paracaídas enredado milagrosamente en el acantilado, hasta que en una audaz operación los bomberos y un experimentado escalador voluntario lograron rescatarla de las garras de la muerte.

"El accidente impactó en mí, sobre todo en la forma de hacer las cosas. Me dio otra visión sobre la vida, empecé a tomar decisiones distintas. Le quitas importancia al miedo, a la crítica, al rechazo o al fracaso, y tomas las decisiones sin temor a hacer el ridículo o a que te critiquen"

"La clave para encontrar la felicidad es precisamente dejar de buscarla. Uno no se puede plantear ‘voy a ser feliz cuando todo en mi vida sea perfecto’ porque esto no es posible. La vida es un lío y siempre te va a dar golpes y te va a poner del revés cuando menos te lo esperas. Lo revolucionario de mi libro, por decirlo de alguna manera, es entender que en nuestro día a día, por muy insatisfechos que estemos con nuestra vida, siempre habrá reductos y espacios que nos pueden hacer sentir esa felicidad. Si dejamos de perseguir la perfección, quizá encontremos valor en lo que estamos viviendo"


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Martin Seligmann, uno de los máximos investigadores en la temática considera que la felicidad es un concepto muy amplio que no se puede reducir a una simple fórmula. En esta línea como señalan por ejemplo la denominada “Paradoja de Easterlin” o los trabajos de Richard Layard de la London School of Economics, el incremento indefinido de los ingresos no incrementa la felicidad a partir de que se cubren las necesidades básicas.

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Para Don Quijote la felicidad consistía en deshacer entuertos, mientras que Tales de Mileto consideraba que sólo se podía ser feliz con un cuerpo y un alma sanos, y fortuna".


El humanista, orador, educador y filósofo italiano Lorenzo Valla y más tarde el pensador inglés John Locke, considerado el padre del empirismo y del liberalismo moderno, pensaban que la felicidad era el máximo placer que se podía obtener.

En la Ilustración filósofos como Voltaire y Rousseau afirman que felicidad no es un capricho del destino, ni tampoco un don divino que uno recibe como premio a un buena conducta en vida, sino algo que todos deberíamos alcanzar en la Tierra, aquí y ahora. "El ser humano tiene derecho a ser feliz y es misión del gobernante conseguirlo"

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Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas

Pablo Neruda

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos

Henry Van Dyke

Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo

Leon Tolstoi

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Emilio Lledó Íñigo es un filósofo español formado en Alemania, que ha sido profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y Madrid. Es miembro de la Real Academia Española desde 1994 y ocupa el sillón "l" minúscula.

Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, Premio Nacional de las Letras Españolas

La felicidad no tiene precio, si tú no le pones ninguno

Autor del libro, Elogio de la infelicidad. "Sí, parece que en el título hay una contradicción, cómo elogiar lo que nadie quiere, cómo ser bueno en un mundo malo. La felicidad siempre fue un deseo de tener; somos seres que dependemos de los alimentos, del agua, del aire, ¡imagina el día en que no haya agua! Pero dependemos también de la verdad, de la bondad, de la belleza... La lucha por esos valores utópicos también da felicidad; cuando los hombres se humanizaron, ésos fueron los valores que buscaron: importa ser más por dentro. Sentir la infelicidad obliga a buscar la felicidad".


En el libro se puede disfrutar de varios ensayos cortos, basados en la antigua Grecia, escritos entre el 2000 y el 2004, de uno de los grandes filósofos y humanistas españoles sobre temas tan cotidianos como la felicidad, el propio cuerpo, el autoconocimiento, amistad y memoria, la definición de ser humano, la palabra en Atenas, el hombre depredador de sí mismo, cómo ganarle al tiempo la partida y la importancia de la lectura.

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Y es que el trato productivo con los clásicos vivos nos enseña, sin duda, “a mirar mejor este mundo de las cosas aún no bien dichas” y a esquivar las trampas que nos inducen “a conformarnos a vivir con la desesperanza de que lo que hay no da más de sí”.


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