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El apocalipsis ¿El fin esta cerca?





Fruto de unas visiones que tuvo el apóstol Juan, el Apocalipsis habla sobre el fin del mundo, la derrota definitiva de Satanás y el día en que Dios juzgará a la Humanidad. Durante siglos, sus pasajes oscuros y simbólicos han obsesionado a la civilización occidental y no ha habido época en que no se haya creído ver los supuestos “signos del fin”.



Fruto de unas visiones que tuvo el apóstol Juan, el Apocalipsis habla sobre el fin del mundo, la derrota definitiva de Satanás y el día en que Dios juzgará a la Humanidad. Durante siglos, sus pasajes oscuros y simbólicos han obsesionado a la civilización occidental y no ha habido época en que no se haya creído ver los supuestos “signos del fin”.

El Apocalipsis, también conocido como Revelación, Libro de las revelaciones o Apocalipsis de Juan, es el último libro del Nuevo Testamento y de la Biblia, siendo también el más complejo, simbólico, difícil de comprender e intrigante por sus múltiples implicaciones escatológicas y relativas al fin de la historia humana tal cómo la conocemos. Supuestamente escrito por el apóstol Juan a raíz de las impactantes visiones que tuvo mientras cumplía su destierro en la isla de Patmos, este libro ha sido el más polémico de todo el canon bíblico, siendo recién integrado de forma oficial a la Iglesia Católica en el siglo IV.

Más que ningún otro, el Apocalipsis ha logrado inocular en el imaginario social de Occidente el temor y la obsesión por el fin de los tiempos, viniendo aquella obsesión cultural a tener su cima en este último siglo en que otras fuentes como el Calendario Maya o Las Profecias de Nostradamus han convergido con el amenazante Libro de las Revelaciones para mover a muchas mentes hacia una especulación interpretativa no desprovista de fantasía y poco rigor. Y es que el Apocalipsis, entre otras cosas, es conocido por hablar de cuatro poderosos ginetes que traerán plagas y desgracias, de un Gran Dragón que al parecer es el mismo Satanás, del famoso Anticristo y de un Jesus-Rey que vendrá por segunda vez para, luego de que la Tierra haya sido purgada bajo el poder del Ángel Exterminador y otras fuerzas purificadoras, juzgar a la Humanidad y llevarse consigo a “los justos”, los cuales morarán en la Nueva Jerusalén.





AUTORÍA Y CANONICIDAD

Existe cierto debate sobre quién (o quiénes) y cuándo se escribió el Apocalipsis. Su autor se identifica a sí mismo simplemente como “Juan”. Según algunos se trata del apóstol Juan y la diferencia entre el griego tosco del Apocalípsis y el del Evangelio de Juan se puede explicar como consecuencia de la premura con que debía transcribir las visiones y el estado de semi enajenación mística en que se hallaba cuando las recibió; no obstante, existen quienes piensan que, esas diferencias, la ausencia de temas juaninos como la dicotomía luz-oscuridad, el amor y la verdad, y las diferencias escatológicas entre ambos libros, son razones suficientes para dudar de que su autor haya sido el apostol Juan.

Concretamente, las dudas sobre la autoría del libro empezaron en el siglo III con el presbítero Cayo de Roma, quien creía que el autor era el hereje Cerinto. Y de tal magnitud fueron las sospechas que incluso en el siglo IV el libro era rechazado por los cristianos de Siria y la mayor parte del clero de la Iglesia Oriental y por ciertos Padres de la Iglesia como Teodoreto, Juan Crisóstomo, Cirilio de Jerusalén y Gregorio de Nacianzo; y, muchos siglos después, el debate sobre su canonicidad y autoría fue reabierto por los protestantes durante el periodo de la Reforma, llegando a decir Martín Lutero que el Apocalipsis “no es ni apostólico ni profético” y que “Cristo no se enseña ni se sabe de él aquí”




Pese a todo el debate, el Apocalipsis fue finalmente aceptado en el año 382 por un decreto del papa Dámaso I, ratificado en el concilio de Hipona en el 393, en el de Cartago en el 397, y más tarde en el Concilio de Trento durante la Contrareforma. Por su parte, la Iglesia Ortodoxa lo aceptó recién en el siglo IX y en la actualidad el libro es generalmente aceptado en el Protestantismo y sus diversas manifestaciones. Mas hay que señalar que, aún dentro de esta línea de canonicidad del libro, un amplio sector cree que el libro pudo haber sido redactado por una comunidad de seguidores de Juan (la llamada “comunidad juanina”), aunque obviamente en base al testimonio del propio apóstol.

Su fecha es también algo discutido: Ireneo, San Jerónimo y Eusebio, señalan el final del reinado de Domiciano, opinión ésta comunmente aceptada por los especialistas modernos, quienes piensan que fue escrita de una sola vez; Epifanio en cambio cree que la composición fue en el reino del emperador romano Claudio y Pio I que fue en época de Nerón (quien según ciertas interpretaciones es La Bestia que menciona el Apocalipsis). Finalmente, algunos estudiosos (Touilleux, Feuillet, Gelin, etc) hacen una separación: la fecha de publicación, supuestamente bajo el reinado de Domiciano; y la fecha de las visiones en la época de Vespasiano. Así, según estas teorías el documento habría sido retocado por varios editores, lo cual es muy útil para explicar las diferencias entre el Evangelio de Juan y el Apocalipsis.


CONTEXTO HISTÓRICO




A pesar de las discrepancias en cuanto a la fecha de redacción del texto, existe un amplio consenso en relación al hecho de que el Libro de las Revelaciones fue escrito en un contexto histórico de persecución contra los cristianos, llegando inclusive a darse casos como el del emperador Domiciano (fines del s.I) u otros césares, quienes blasfemamente (para los cristianos) se hacían llamar “Señor de Señores” o “Hijo de Dios” y exigían que sus estatuas fuesen adoradas por la gente, volviéndose con eso semejantes a La Bestia del Apocalipsis en su idolatra exigencia de culto. Resulta pues claro que el contexto pudo haber infuenciado en la composición del texto y que por ende éste podría estar haciendo referencia a aquel por medio de sus simbolismos, tal y como según algunos estudiosos (sobre todo de la escuela “preterista”) ocurre. Ya a nivel de hechos puntuales, podríamos señalar los siguientes como relevantes en el contexto histórico del Apocalipsis: (1) muerte y resurrección de Cristo en los años 30, (2) posibles muertes de los apóstoles Pedro y Pablo y persecuciones contra los cristianos, todo esto en los 60 (del s.I d.C.), (3) destrucción del Templo de Jerusalén y expulsión de los judíos de Jerusalén durante el 70-73, (4) surgimiento de conflicto y separación entre cristianos y judíos, desde el 73 al 90, (5) Imposición, por parte de Domiciano (81-96), del culto al emperador; y, con ello, acrecentamiento de las persecuciones contra los cristianos.



NIVELES DE SENTIDO




Fruto de unas visiones que tuvo el apóstol Juan, el Apocalipsis habla sobre el fin del mundo, la derrota definitiva de Satanás y el día en que Dios juzgará a la Humanidad. Durante siglos, sus pasajes oscuros y simbólicos han obsesionado a la civilización occidental y no ha habido época en que no se haya creído ver los supuestos “signos del fin”.

El Apocalipsis, también conocido como Revelación, Libro de las revelaciones o Apocalipsis de Juan, es el último libro del Nuevo Testamento y de la Biblia, siendo también el más complejo, simbólico, difícil de comprender e intrigante por sus múltiples implicaciones escatológicas y relativas al fin de la historia humana tal cómo la conocemos. Supuestamente escrito por el apóstol Juan a raíz de las impactantes visiones que tuvo mientras cumplía su destierro en la isla de Patmos, este libro ha sido el más polémico de todo el canon bíblico, siendo recién integrado de forma oficial a la Iglesia Católica en el siglo IV.

Más que ningún otro, el Apocalipsis ha logrado inocular en el imaginario social de Occidente el temor y la obsesión por el fin de los tiempos, viniendo aquella obsesión cultural a tener su cima en este último siglo en que otras fuentes como el Calendario Maya o Las Profecias de Nostradamus han convergido con el amenazante Libro de las Revelaciones para mover a muchas mentes hacia una especulación interpretativa no desprovista de fantasía y poco rigor. Y es que el Apocalipsis, entre otras cosas, es conocido por hablar de cuatro poderosos ginetes que traerán plagas y desgracias, de un Gran Dragón que al parecer es el mismo Satanás, del famoso Anticristo y de un Jesus-Rey que vendrá por segunda vez para, luego de que la Tierra haya sido purgada bajo el poder del Ángel Exterminador y otras fuerzas purificadoras, juzgar a la Humanidad y llevarse consigo a “los justos”, los cuales morarán en la Nueva Jerusalén.

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AUTORÍA Y CANONICIDAD

Existe cierto debate sobre quién (o quiénes) y cuándo se escribió el Apocalipsis. Su autor se identifica a sí mismo simplemente como “Juan”. Según algunos se trata del apóstol Juan y la diferencia entre el griego tosco del Apocalípsis y el del Evangelio de Juan se puede explicar como consecuencia de la premura con que debía transcribir las visiones y el estado de semi enajenación mística en que se hallaba cuando las recibió; no obstante, existen quienes piensan que, esas diferencias, la ausencia de temas juaninos como la dicotomía luz-oscuridad, el amor y la verdad, y las diferencias escatológicas entre ambos libros, son razones suficientes para dudar de que su autor haya sido el apostol Juan.

Concretamente, las dudas sobre la autoría del libro empezaron en el siglo III con el presbítero Cayo de Roma, quien creía que el autor era el hereje Cerinto. Y de tal magnitud fueron las sospechas que incluso en el siglo IV el libro era rechazado por los cristianos de Siria y la mayor parte del clero de la Iglesia Oriental y por ciertos Padres de la Iglesia como Teodoreto, Juan Crisóstomo, Cirilio de Jerusalén y Gregorio de Nacianzo; y, muchos siglos después, el debate sobre su canonicidad y autoría fue reabierto por los protestantes durante el periodo de la Reforma, llegando a decir Martín Lutero que el Apocalipsis “no es ni apostólico ni profético” y que “Cristo no se enseña ni se sabe de él aquí”

Pese a todo el debate, el Apocalipsis fue finalmente aceptado en el año 382 por un decreto del papa Dámaso I, ratificado en el concilio de Hipona en el 393, en el de Cartago en el 397, y más tarde en el Concilio de Trento durante la Contrareforma. Por su parte, la Iglesia Ortodoxa lo aceptó recién en el siglo IX y en la actualidad el libro es generalmente aceptado en el Protestantismo y sus diversas manifestaciones. Mas hay que señalar que, aún dentro de esta línea de canonicidad del libro, un amplio sector cree que el libro pudo haber sido redactado por una comunidad de seguidores de Juan (la llamada “comunidad juanina”), aunque obviamente en base al testimonio del propio apóstol.

Su fecha es también algo discutido: Ireneo, San Jerónimo y Eusebio, señalan el final del reinado de Domiciano, opinión ésta comunmente aceptada por los especialistas modernos, quienes piensan que fue escrita de una sola vez; Epifanio en cambio cree que la composición fue en el reino del emperador romano Claudio y Pio I que fue en época de Nerón (quien según ciertas interpretaciones es La Bestia que menciona el Apocalipsis). Finalmente, algunos estudiosos (Touilleux, Feuillet, Gelin, etc) hacen una separación: la fecha de publicación, supuestamente bajo el reinado de Domiciano; y la fecha de las visiones en la época de Vespasiano. Así, según estas teorías el documento habría sido retocado por varios editores, lo cual es muy útil para explicar las diferencias entre el Evangelio de Juan y el Apocalipsis.


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CONTEXTO HISTÓRICO

A pesar de las discrepancias en cuanto a la fecha de redacción del texto, existe un amplio consenso en relación al hecho de que el Libro de las Revelaciones fue escrito en un contexto histórico de persecución contra los cristianos, llegando inclusive a darse casos como el del emperador Domiciano (fines del s.I) u otros césares, quienes blasfemamente (para los cristianos) se hacían llamar “Señor de Señores” o “Hijo de Dios” y exigían que sus estatuas fuesen adoradas por la gente, volviéndose con eso semejantes a La Bestia del Apocalipsis en su idolatra exigencia de culto. Resulta pues claro que el contexto pudo haber infuenciado en la composición del texto y que por ende éste podría estar haciendo referencia a aquel por medio de sus simbolismos, tal y como según algunos estudiosos (sobre todo de la escuela “preterista”) ocurre. Ya a nivel de hechos puntuales, podríamos señalar los siguientes como relevantes en el contexto histórico del Apocalipsis: (1) muerte y resurrección de Cristo en los años 30, (2) posibles muertes de los apóstoles Pedro y Pablo y persecuciones contra los cristianos, todo esto en los 60 (del s.I d.C.), (3) destrucción del Templo de Jerusalén y expulsión de los judíos de Jerusalén durante el 70-73, (4) surgimiento de conflicto y separación entre cristianos y judíos, desde el 73 al 90, (5) Imposición, por parte de Domiciano (81-96), del culto al emperador; y, con ello, acrecentamiento de las persecuciones contra los cristianos.

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NIVELES DE SENTIDO

Existen cuatro niveles de sentido en el Apocalipsis:

Literal: Éste es el nivel de las cosas tal y como aparecen en el texto. Así, en este nivel La Gran Ramera se quedaría simplemente como tal y no sería interpretada como Babilonia, Roma o El Vaticano, por ejemplo. Este es el nivel más epidérmico del texto y no conduce a ninguna comprensión real del mismo; siendo, como se trata, de un texto que es indiscutiblemente simbólico y no de carácter discutiblemente simbólico

El nivel del género literario: Cada género literario se constituye, a nivel formal, de un conjunto de recursos expresivos y estructuras que tienden a repetirse, entre otras cosas. Por eso, este nivel resulta fundamental para ubicar al Apocalipsis en el contexto del género apocalíptico, pudiendo de ese modo analizarlo comparativamente y, a través de eso, hallar lo que lo particulariza y lo que lo integra a su género, vislumbrando consecuentemente sus intenciones expresivas (lo qué quizo decir) a partir de sus procedimientos expresivos (cómo lo dijo, qué herramientas textuales usó para transmitir su mensaje).

El nivel histórico: Éste, a diferencia de los otros, no es un nivel intrínseco o inherente al texto sino que es un plano de significaciones exterior al mismo: concretamente, es su contexto histórico aplicado a la interpretación del mismo (del texto). Este nivel es muy importante en tanto que proporciona una base real y concreta para el vuelo interpretativo, limitando de esa forma los vuelos fantasiosos de la especulación hermenéutica.

Nivel simbólico: Es el nivel que está más allá del nivel literal, es el nivel que se compone a partir de los múltiples símbolos presentes en el texto. Aquí la interpretación se encontrará con símbolos fáciles como el Dragón (Satanás) y el Cordero (Cristo), con símbolos de mediana dificultad como los Cuatro Ginetes y con otros de gran problematicidad como la Gran Ramera y los Siete Sellos.




CORRIENTES HERMENÉUTICAS



Preterista o Histórico-Contemporánea: Plantea que, en general, las visiones del Apocalipsis se refieren a hechos ocurridos en los últimos decenios del siglo I después de Cristo, época en la que aún vivía Juan. Basicamente, según los preteristas el Apocalipsis aludiría a la persecución desatada por la Bestia contra los cristianos, siendo la Bestia identificada con Nerón o Domiciano; consecuentemente, esta persecución habría sido continuada por la llamada Babilonia, interpretada así mismo en relación al Imperio Romano. Por todo eso, para la mayoría de preteristas el Apocalipsis habría sido escrito para fortalecer la moral cristiana en una época de grandes dificultades, inoculando a través del texto la esperanza en la futura intervención de Dios, con el subsiguiente aniquilamiento de la Bestia, la liberación del pueblo de Dios y el establecimiento del reino celestial. No obstante hay preteristas que dicen que el Apocalipsis solo remite a la destrucción del Templo de Jerusalén y a la era del judaísmo apóstata, situándose todo ello a comienzos de los 70 del siglo primero. Mas, lejos de no ser atacada, la Escuela Preterista ha recibido la acusación de ser reduccionista y parcial en sus interpretaciones, forzando así el sentido del texto y omitiendo cosas como el arrebatamiento de la Iglesia, el surgimiento del Anticristo y del falso profeta y el regreso de Cristo, hecho este último que obviamente es planteado como algo que ocurrirá literalmente.

Historicista: Esta corriente, aunque interpreta muchos hechos en relación al Imperio Romano tal como hacía el Preterismo, no se limita a eso sino que tiene una visión más amplia en la que las visiones son interpretadas en relación a una amplia línea de sucesos históricos que va desde los tiempos de Juan hasta nuestros tiempos y, potencialmente, más allá de nuestros tiempos. Muchas son las sub-corrientes e interpretaciones concretas dentro de esta corriente (la de los Adventistas del Séptimo Día, por ej.), habiendo, más marcadamente que en otras corrientes, unificación solo a partir de la actitud interpretativa más que de las interpretaciones concretas. Por ejemplo, en esta línea hay quienes han visto veladas referencias a las invasiones bárbaras, al surgimiento del Islam, a la Reforma y la Contrareforma, a la Revolución Francesa, a la Primera Guerra Mundial, a la Segunda Guerra Mundial (periodo de especial relevancia en esta corriente), etc. Así, la Bestia ha sido identificada con personajes como Mahoma, el Papa, Napoleón, Hitler, entre otros. Las críticas a esta corriente consisten basicamente en decir que todas las visiones aún no han ocurrido y, más que todo, en acusar a los historicistas de forzar mucho las interpretaciones y no tener en cuenta el amplio grado de aplicabilidad que en general tienen los hechos históricos en relación a textos tan difusos y generales como el Apocalipsis. En esta actitud de cuestionamiento, dijo José Grau lo siguiente de esta corriente en su Escatología: ‹‹Al igual que en el esquema futurista, los históricos cometieron en el pasado el error de suponer siempre que su siglo era el último de la historia de la humanidad y que se hallaban viviendo en los últimos días. Esto ha obligado a ir rectificando constantemente, de siglo en siglo, los calendarios propuestos, ya que el esperado fin del mundo no acaba de llegar››

Futurista: La naturaleza de esta corriente, según es descrita en algunos lugares del cyber-espacio, no queda del todo bien delimitada sin que se preste a cierta confusión con el Historicismo; mas algunos, como José Grau (a quien se citará a continuación), sí la presentan con suficiente claridad: ‹‹Esta escuela mantiene que, a partir del capitulo 4, el Apocalipsis sólo se ocupa de acontecimientos que tienen que ver con el final de los tiempos y con todo lo que está relacionado con la segunda venida de Cristo…[…]..Fue el jesuíta Ribera (en 1603) quien dio origen a esta interpretación, para oponerla a la histórica de los reformadores. El dispensacionalismo la adoptó en el siglo pasado y, desde entonces, ha sido ampliamente expuesta y difundida mediante la Biblia Anotada de Scofield, lo que la ha hecho popular entre nosotros. Para esta escuela, la mayor parte del texto del Apocalipsis es historia que todavía espera su cumplimiento, es decir, profecías no cumplidas. Pero profecías que ya comienzan a cumplirse en nuestro tiempo›› Por último, para los futuristas todo culminará con una nueva Tierra en la que Dios more en medio de los hombres, un reino de Cristo que no es de ninguna manera el paradigma mesiánico de corte político del Judaísmo convencional sino, lejos de eso, es un estado de la Humanidad caracterizado por la consecución de la redención espiritual definitiva.




Idealista, Espiritual o Simbólica:



En esencia plantea que el apocalipsis es una alegoría de la lucha espiritual que todo creyente debe librar para alcanzar el reino de Dios; entendido, en el contexto de la interioridad del sujeto, como un estado del alma. Consecuentemente tiende a encontrar muy pocas referencias a hechos pasados o por venir dentro del Apocalipsis, ya que aquel es concebido principalmente como una exposición simbólica y narrativa de los grandes “principios espirituales” encaminados a motivar y guiar al creyente de cualquier etapa histórica. Por lo anterior, a más de lo dicho al inicio, esta corriente proyecta significaciones sobre el plano social e histórico en tanto que plantea que el Apocalipsis ilustra el plan mismo de Dios en la historia, no ya a modo de sucesión de hechos concretos sino a modo de una dinámica, de un proceso constante que siempre se ha venido dando y cuya naturaleza estriba en la visión de un Dios-Juez-Rey que, mediante el desarrollo histórico, selecciona a lo largo del tiempo a sus elegidos, a quienes no se “inclinan ante la Bestia” (el mal) y siguen sus preceptos hasta conseguir que su alma acceda al reino de Dios, aunque, más allá de las salvaciones individuales, para esta corriente la historia se presentaría como un proceso que converge hacia “un nuevo cielo y una nueva tierra”, desencadenados no tanto por acontecimientos puntuales como por una evolución espiritual progresiva de la Humanidad. De entre todas parecería ser la más racional de las corrientes si no fuera porque, en opinión de sus detractores, incurre en el error de ignorar que el Apocalipsis se autodefine (Ap. 1:3) como un libro profético y por ende como un texto abocado a pronosticar sucesos concretos.

SIMBOLOGÍA
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La liturgia



Para el estudioso Ugo Vanni, en el trasfondo del Libro de las Revelaciones subyace la estructura propia de la liturgia de los primeros siglos del cristianismo. Por su parte, Scott Hahn cree que la Eucaristía está simbolizada en el Apocalipsis, por lo que empareja varios pasajes del libro con partes concretas del rito eucarístico: Culto Dominical (Ap 1:10), Sumo Sacerdote (Ap 1:13), Altar (Ap 8:3-4,11:1,14:18), Sacerdotes (Ap 4:4,11:16,14:3,19:4), Ornamentos (Ap 1:13,4:4,6:11,7:9,15:6,19:13-14), Célibes consagrados (Ap 14:4), Candelabros o menoráh (Ap 1:12,2:5), Penitencia (Ap 2,3), Incienso (Ap 5:8,8:3-5), Libro o rollo (Ap 5:1), Hostia eucarística (Ap 2:17), Cálices (Ap 16,15:7,21:9), La señal de la cruz (Ap 7:3,14:1,22:4), el Gloria (Ap 15:3-4), el Aleluya (Ap 19:1;3;4;6), Levantemos el corazón (Ap 11:12), ‹‹Santo, santo, santo›› (Ap 4:8), el Amén (Ap 19:4,22:21), el ‹‹Cordero de Dios›› (Ap 5:6 y a través de todo el libro), la Virgen María (Ap 12:1-6;13-17), Intercesión de ángeles y santos (Ap 5:8,6:9-10,8:3-4), el arcángel Miguel (Ap 12:7), Canto de antífonas (Ap 4:8-11,5:9-14,7:10-12,18:1-8), Lectura de la Sagrada Escritura (Ap 2,3,5,8:2-11), Sacerdocio de los fieles (Ap 1:6,20:6), Catolicidad o universalidad (Ap 7:9), Silencio meditativo (Ap 8:1), La cena nupcial del Cordero (Ap 19:9,17)



Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis



El orígen de este simbolismo se remonta al A.T. con el Libro de Zacarias. Ahora, dado que el cuatro representa la totalidad y está asociado a los cuatro puntos cardinales, no es fortuito el número de ginetes, siendo así el cuatro una forma de aludir al hecho de que estos cuatro ginetes serán los encargados de llevar plagas y desgracias a toda la Tierra y la Humanidad, esparciendo la miseria por los cuatro puntos cardinales. Los significados de los cuatro caballos son básicamente estos:

Caballo rojo: Guerra, violencia

Caballo negro: Hambre, pobreza, miseria

Caballo verde o amarillo: Enfermedad, pestes, muerte

Caballo blanco: Para unos sería la misma muerte; para otros, por llevar corona y no ser la muerte invencible (según el cristiano), aludiría al mismo Cristo, lo cual se apoyaría en el hecho de que en Ap 19:11-21 se ve a Cristo montando el caballo blanco. En síntesis, o bien sería la muerte; o bien, por su simbolismo crístico, sería la victoria sobre la muerte, la majestad, la pureza.


Los 144.000



Pese a que la Iglesia Adventista piensa que el 144000 es literal y representa al escaso número de elegidos, la interpretación más extendida es que aquella cifra es simbólica y representa a la totalidad del pueblo de Dios, a todos los que serán salvos. El argumento es el siguiente: 12 eran las tribus de Israel antes de Cristo, 12 fueron los apóstoles de Cristo; cuando Cristo vino, el pueblo de Dios dejó de ser Israel (simbolizado en el 12) para convertirse en la totalidad de seguidores de Cristo, sean o no judíos; con el tiempo, el nuevo pueblo de Dios pasó a ser una multitud enorme y mayor a la del inicial pueblo de Dios (Israel), llegando así a ser figurativamente incontable. Tenemos así que todo lo anterior se resume en las siguientes operaciónes simbólicas: “12 (Israel) x 12 (seguidores de Cristo) = 144 (simboliza el pueblo de Dios incrementado tras Cristo)” y “144 x 1000 (número simbólico que equivale a una gran cantidad) = 144000 (el multitudinario pueblo de Dios al final de los tiempos)”

La Bestia y su número



El famoso 666 o “número de la Bestia” es la cifra más famosa de todo el Apocalipsis pese a solo mencionarse una vez (Ap 13:18). En líneas generales su sentido es claro pues, si el 6 es imperfección, el 666 es la extrema imperfección, la antítesis diabólica (por tener 3 dígitos y ser el 3 un número asociado a Dios) de la perfección. En un plano de sentido literal, es el número de la Bestia que sirve al Dragón. Asociado con el Anticristo y con la marca que la Bestia pone a todos los que están del lado del Dragón, en el plano de las interpretaciones concretas el 666 ha dado lugar a numerosas hipótesis. Así, bajo el método de la gematría[1] se puede llegar a concluir que el 666 representa a Domiciano o a otro de los césares romanos que perseguían cristianos y hacían adorar sus estatuas; no obstante, la hipótesis más aceptada es que se trataba de Nerón. Otros han dicho que el 666 podría simbolizar a un papa, a Hitler o incluso a la Internet…Con todo, ciertas investigaciones han concluído que la presencia del 666 en el Apocalipsis es errada pues hay versiones anteriores (del siglo II o III) en las que el número que sale es 616.

La primera Bestia y los Dos Testigos



En general se ha pensado que la Bestia es Nerón y que, los dos[2] testigos asesinados por la Bestia, son Pedro y Pablo (que murieron en la época de Nerón); no obstante en el Apocalipsis no se precisa que la primera Bestia sea la misma que la del 666. Hahn cree que los dos testigos son el profeta Elías y Moisés puesto que ellos personifican a la Los Profetas y La Ley respectivamente. Por último, una hipótesis bastante importante es la que ve a Elías y a Enoc como los dos testigos, ya que estos son los únicos personajes bíblicos que no probaron la muerte (Elias fue llevado en un carro de fuego, Enoc desapareció caminando con Dios) y que por tanto pueden haber sido “testigos” de la historia humana; y además, justamente por no haber muerto, recién habrían de morir bajo el poder de la Bestia.

Babilonia y la Gran Ramera

Muchas han sido las teorías sobre quién es Babilonia[3] y quién es la Gran Ramera. No obstante cabe aclarar que no está muy delimitada una de la otra pues comparten las mismas significaciones de idolatría, perversión y desenfreno, entre otras, por lo cual se suele aplicar el título de “Gran Ramera” y “Babilonia” a la misma entidad que se elige en el marco de las interpretaciones. Ejemplificando, las hipótesis más populares son:

Roma Imperial: Debido a la persecución contra los cristianos y a la idolatría que los emperadores trataban de imponer a través del culto a sus estatuas, muchos han creído que Roma es Babilonia.

Jerusalén judía: La Jerusalén judía de los 70 del siglo I representaría a Babilonia, por contraposición a la Nueva Jerusalén que se ve al final del Apocalipsis, esto se debería basicamente a la oposición realidad-idealidad inherente en dicha contraposición entre aquella Jerusalén donde la ley divina no era practicada y aquella Jerusalén futura que no es otra cosa sino el mismísimo Reino de Dios.

El Vaticano: Sobre todo en estos últimos tiempos ha cobrado importancia aquella lectura apocalíptica en la que el Vaticano represente a Babilonia y a la Gran Ramera. Esto se debería a razones como estas: (1) el Vaticano representa la corrupción de la ley divina en manos de los hombres, (2) el Vaticano es una ramera en el sentido de que se ha vendido a los diversos poderes mundanos, politizándose y ajustando las enseñanzas de la Revelación a sus ambiciones terrenales, (3) el Vaticano representa una opulencia poco ética, una ostentación contraria a los principios de Cristo.



La Mujer Vestida de Sol y el Niño



En el Apocalipsis, el Niño (que quiere ser combatido por el Dragón) es engendrado por la “mujer revestida del sol, la luna bajos sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas”, luego el Niño es “raptado” hacia el cielo, donde reinará; finalmente, habiendo ido al cielo el Niño, el Dragón se vuelca para luchar contra la Mujer y su descendencia. En general se concuerda que el Niño representa a Jesús, sobre todo teniendo en cuenta el cristocentrismo del Libro de las Revelaciones; sin embargo, algunas corrientes protestantes piensan que el niño representa a una minoría elegida de la cristiandad, a un pequeño grupo que fue llevado al cielo previamente a los juicios del Apocalipsis, quedando así en la Tierra la enorme mayoría de creyentes (el “resto de sus hijos” según Ap 12:17), los cuales habrán de sufrir la persecución. En cuanto a la Mujer, dentro de la perspectiva mariológica, ella representaría a la Virgen María; aunque nuevamente, e incluso dentro del Catolicismo, muchos creen que ella representa al pueblo de Dios, tanto pre-crístico (Israel) como crístico. Pero las diferencias entre una y otra visión son más de forma que de fondo puesto que, quienes creen que la Mujer es María, lo hacen desde una perspectiva de comunidad en la que la Mujer representaría a María; pero, a su vez, María representaría a la comunidad creyente. Finalmente, cabe decir que el parecido entre la Mujer y la Virgen María es algo que parece haberse proyectado en la imagen de la Virgen de Guadalupe, imagen en la cual ella está tapando el sol (salen rayos amarillos detrás de su cabeza), tiene un manto de estrellas (no precisamente 12) en la cabeza y está encima de la luna; mas, como en los otros casos, si la Virgen de Guadalupe es o no es la Mujer del Apocalipsis, es algo que también se discute mucho.

La Nueva Jerusalén



La Nueva Jerusalén, en su oposición a la Babilonia del Apocalipsis, compone la dicotomía ciudad santa (Nueva Jerusalén) vs ciudad perversa (Babilonia). Jean Pierre Prévost, desde una perspectiva hermenéutica marcada por un cierto escepticismo realista, piensa que solo la parte de la Nueva Jerusalén (junto con el capítulo 20) tendría carácterísticas escatológicas (relativas a la vida después de la muerte y asuntos relacionados); así, el resto del Apocalipsis solo sería un sistema de referencias simbólicas que representarían la situación histórica dificultosa que estava viviendo la comunidad cristiana de aquel entonces, además de una exhortación a permanecer fieles y una predicción de que esos conflictos cesarían algún día y ellos (los cristianos) saldrían finalmente victoriosos. También, para este autor la Nueva Jerusalén estaría, en el marco de las descripciones apocalípticas, asociada al gozo y a la alegría frente a la lamentación y el sentido negativo atribuido a Babilonia.

Muchos son los movimientos religiosos que han creído que la Nueva Jerusalén era principalmente un lugar físico; entre ellos están los siguientes: (1) Los montanistas (s.II a s.VI d.C.), que incluso llegaron a creer que la Nueva Jerusalén descendería del cielo sobre Pepuza o Tymion…(2) La Iglesia Ortodoxa Orienta, que cree que la ciudad divina efectivamente descenderá al final de los tiempos tal y como dicen las visiones, (3) Los mormones, quienes no solo creen que se trata de una reino físico sino que también postulan que ese reino será construido en Norteamérica, cerca de Independence, en Missouri, (4) Los Testigos de Jehová, quienes piensan que la Nueva Jerusalén es una ciudad real habitada por 144000 elegidos que habitan como reyes en el cielo y sacerdotes en la Tierra.

Por su parte, el Catolicismo sí afirma que en efecto la Nueva Jerusalén representa un lugar en el que morarán los elegidos, aunque no por ello deja de atribuirle sentidos simbólicos, ya que postula que la Nueva Jerusalén existe como una comunidad triunfante en el cielo (la Iglesia Triunfante) y como una comunidad de avanzada en la Tierra: la Iglesia Militante.




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