InicioApuntes Y MonografiasDrogas en el III Reich [en las venas de Hitler]
El ejército alemán consumió cientos de millones de dosis de metanfetamina

Drogas en el III Reich [en las venas de Hitler...]

Entrevista a NORMAN OHLER


EL PERIODISTA Y ESCRITOR ALEMÁN NORMAN OHLER HA REVELADO LA IMPORTANCIA
QUE TUVIERON LAS DROGAS EN EL III REICH. EN ESTA ENTREVISTA EXPLICA
CÓMO FUE EL CONSUMO DE ESTUPEFACIENTES EN LA ALEMANIA NAZI.

Droga
TEXTO: Fernando Cohnen, escritor

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El personaje que más me ha sorprendido de su libro es Theodor Morell, el médico personal de Hitler, que atiborró de drogas al Führer durante la guerra.

¿Quién era Morell?


Para mí, Morell también es la figura más sorprendente. Aunque se sabía de su existencia y aparece veladamente en las biografías de Adolf Hitler, no es tan conocido. Cuando investigaba en el archivo de Koblenz, accedí a todos sus escritos originales. Los archiveros me proporcionaron su diario médico, así como otros documentos personales y fotografías. Con ese material pude acercarme mucho a su personalidad y al tipo de atención médica que dispensó a Hitler, al que denominaba su paciente “A”.

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Morell era un buen escritor y muy meticuloso. Lo apuntaba todo, desde cuántas inyecciones y qué tipo de drogas dispensaba hasta los efectos que causaban en su paciente.
Es un personaje tan complejo, que podría hablar de él horas. Desde que contactó con Adolf Hitler, siempre estuvo a su lado.


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2 da guerra mundial

¿Por qué dispensó tantas drogas a Hitler y en tales cantidades?
Se limitaba a hacer lo que le pedía Hitler. Si le exigía más dosis de alguna droga, Morell terminaba proporcionándoselas. Trataba de satisfacer las necesidades de su paciente y de mantenerlo lejos de la enfermedad. Su mayor error fue que no controlaba a Hitler.
Era un médico muy particular: aunque no se trataba de un especialista, sí era experto en la utilización de métodos terapéuticos poco comunes.

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Drogas en el III Reich [en las venas de Hitler...]

En su libro, usted presenta al dictador nazi como un verdadero yonqui.
Porque Hitler era un yonqui.


En el libro describo el proceso por el que se fue convirtiendo en drogodependiente. Fue un lento descenso a los infiernos que comenzó en otoño de 1941 y que se fue agravando con el paso del tiempo. Tras el atentado fallido de Stauffenberg en julio de 1944, Hitler exigió dosis muy altas de Eukodal, una sustancia más fuerte que la heroína.

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Morell se la inyectaba cada dos días, que es el ritmo de consumo típico de un yonqui. Uno se hace adicto al Eukodal en tan sólo dos semanas. Por aquellos días, Hitler también comenzó a consumir cocaína para aliviar las heridas que sufría en los oídos y en la garganta. La mezcla de cocaína y Eukodal actúo en las venas de Hitler como el clásico speedball: la acción estimulante de la cocaína se mezclaba con el efecto sedante del opiáceo. Eso generaba estados de euforia desmedida, pero también grandes bajones que desembocaban en paranoias y pérdidas de control.

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¿Theodor Morell también era el médico personal de Eva Braun, la famosa amante del Führer?

Trató a Eva Braun ocasionalmente, pero no sé con certeza cuántas dosis de opiáceos le proporcionó. A la que sí dopó fue a la directora de documentales Leni Riefenstahl, a la que suministró supositorios de morfina. También trató a otros jerarcas nazis y a Mussolini, pero lo hizo de otra manera. No tenía nada que ver con la atención que dispensaba a Hitler, que era su paciente “A”, al que inyectaba a diario todo tipo de sustancias.


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Entre ellas, usted menciona asimismo las hormonas...

En agosto de 1941, en plena Operación Barbarroja (la invasión de Rusia), Hitler cayó enfermo por primera vez.

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A partir de entonces, Morell empezó a administrarle las más variadas sustancias, como el Tonophosphan (un estimulante metabólico que se utiliza en medicina veterinaria) o la sustancia reconstituyente Homoseran, muy rica en hormonas y anticuerpos. Morell pretendía prevenir las posibles enfermedades o debilidades de Hitler antes de que éstas se manifestaran. Con ese objetivo, también le inyectó dosis de Prostakrinum, una sustancia elaborada a partir de glándulas seminales y próstata de ternero.
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¿Hitler fue consciente de que se estaba convirtiendo en un drogadicto?
En ningún momento tuvo la impresión de ser un adicto. Hitler no tenía ni idea de lo que estaba haciendo con su cuerpo.

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El año 1943 fue especialmente catastrófico para los nazis: la capitulación en Stalingrado, la derrota de Rommel en África y los bombardeos aliados en ciudades alemanas.

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¿Cuál fue la reacción de Hitler?


Todo aquello le afectó tanto que le hizo envejecer rápidamente. Los que lo vieron esos días quedaron impresionados. Algunos lo reflejaron en sus diarios. Cuando se encontraba más abatido, Morell le inyectaba estimulantes para reanimarlo. La gente que rodeaba a Hitler se sorprendía de verlo tan agotado y a los pocos minutos tan vital, como si hubiera resucitado.

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En sus días finales, cuando se encontraba encerrado en su búnker de Berlín, Hitler ya no tuvo acceso a las drogas. Debieron ser unos momentos terribles para un hombre tan dependiente de los estimulantes...

Morell cometió el mayor pecado que puede cometer un camello: quedarse sin las sustancias habituales que proporciona a sus clientes. Con el búnker rodeado por las tropas soviéticas, ya no había manera alguna de conseguir Eukodal, ni tampoco otras sustancias. Hitler ya no tenía estimulantes para pasar sus últimos días de vida, lo que debió de ser tremendo para él en aquellos momentos finales. Morell fue despedido y huyó del búnker en el último coche oficial que quedaba. Logró volar a Múnich y al finalizar la guerra fue detenido por los estadounidenses, que lo pusieron en libertad dos años después. Murió el 26 de mayo de 1948.

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¿Podemos relacionar en parte las enloquecidas decisiones militares y políticas de Hitler con el efecto que le causaban las drogas?

No creo que su delirio ideológico fuera el resultado de las drogas. Su mentalidad y sus objetivos ya estaban determinados mucho antes. Hitler siempre fue dueño de sus actos, aunque vivió fuera de la realidad a partir de las primeras dificultades en Rusia. La enorme cantidad de drogas que consumió no le exime de su culpa. Su drogodependencia lo ayudó a cimentar su propensión a la violencia, a fantasear y a sostener su pérdida de la realidad. Todas sus ideas, su megalomanía y la subestimación del contrario ya estaban reflejadas en su libro Mi lucha, que escribió en 1921, muchos años antes de comenzar a consumir drogas de forma generalizada.

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¿La obsesión de Morell de apuntar en sus diarios todo lo que le inyectaba a Hitler era para protegerse?

Por supuesto. Se estaba cubriendo las espaldas. Si su paciente falleciese inesperadamente, sus anotaciones demostrarían que todo se debía a un plan terapéutico predeterminado, lo que evitaría posibles represalias de la camarilla de Hitler. Pero no tuvo necesidad de enseñar esas anotaciones a nadie. Los primeros que las vieron fueron los servicios de inteligencia estadounidenses al finalizar la guerra.

¿No hubo nadie que desconfiara de Morell o que tratara de alejar al médico del dictador nazi?

El primer movimiento planificado contra Morell lo llevó a cabo Bormann, que intentó dirigir él mismo el tratamiento médico que recibía Hitler. Pero fracasó. También lo intentó Himmler, que sospechó que Morell podría ser un agente infiltrado para envenenar a Hitler. Lo acusó de morfinómano y trató de apartarlo del Führer. Un otorrino llamado Giesing descubrió en la mesa donde comía Hitler una caja de pastillas antigases que contenían estricnina y acusó al médico personal de Hitler de estar envenenándolo. Su objetivo era derrocar a Morell y ocupar su puesto. Pero el Führer intervino y Morell continuó en su puesto. El dictador no estaba dispuesto a perder de vista a su camello* (dealer).

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¿Cómo es posible que el historiador Ian Kershaw, autor de una magnífica biografía de Hitler, haya dejado de lado la extraordinaria figura de Morell y su papel activo en el proceso de drogadependencia de Hitler?

Eso hay que preguntárselo a Ian Kershaw. Él leyó mi libro y lo alabó. Dijo que era un trabajo muy interesante y una investigación académica muy seria. Hans Mommsen, el historiador alemán con el que he trabajado, señala que mi estudio llena un vacío en la historia de Hitler. Hasta ahora, todo lo escrito sobre la personalidad del Führer y su papel en la II Guerra Mundial no ha explicado exactamente qué es lo que le ocurrió a partir del otoño de 1941, período en el que Hitler dio un bajón evidente, un aspecto que casi ninguno de sus biógrafos refleja. Creíamos que lo sabíamos todo del dictador, pero he tenido la suerte de encontrar un material inédito en el que nadie había profundizado lo suficiente.

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Aunque los nazis se presentaban como amantes del culto al cuerpo y de la vida saludable, el gobierno de Hitler permitió el consumo de un fármaco llamado Pervitin cuyo ingrediente era la pervitina, una metanfetamina popularmente conocida como “cristal meth”. ¿Era una droga popular?

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Era tan popular que enriqueció rápidamente a Temmler, la empresa farmacéutica que la fabricaba. Sólo el ejército alemán consumió cientos de millones de dosis de esta droga que te permitía pasar varias noches sin dormir y no tener apetito. Antes de la guerra, la pervitina era un producto de consumo masivo que se anunciaba en grandes campañas publicitarias.

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Se vendía en forma de píldoras o en bombones. Todo el mundo hablaba maravillas de sus efectos euforizantes. La patente de la pervitina era de 1937 y entró en el mercado un año después. No se consideraba una droga y la consumían los propios médicos que la recetaban, los jóvenes, los trabajadores o las amas de casa. Estaba de moda. Representantes de Temmler visitaron hospitales y clínicas universitarias para repartir muestras de la que ellos denominaban “droga de la autoestima”, la que proporcionaba estados de lucidez y renovaba la alegría de vivir a los deprimidos y resignados. Pronto pasó a ser consumida por el ejército. En el Archivo Militar de Friburgo encontré la orden de la Wehrmacht en la que pedía a los laboratorios Temmler millones de dosis semanas antes de emprender el ataque a Francia.

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¿Puede decirse que la blitzkrieg, la guerra relámpago, estuvo basada en la metanfetamina?

La pervitina funcionó de maravilla en la guerra relámpago. El ejército alemán atravesó las Ardenas con gran rapidez. Su estrategia era avanzar sin detenerse durante tres días y tres noches para sorprender al enemigo. La maniobra consistía en alcanzar la ciudad fronteriza francesa de Sedán e inmediatamente precipitarse hacia la costa atlántica. Los aliados concentraron sus fuerzas en el norte, donde creían que los alemanes iban a atacar. La idea de los alemanes era acorralar a los aliados en una especie de “golpe de hoz”. Pero yo no diría que la Wehrmacht triunfó gracias a la pervitina. Si los alemanes ganaron aquella primera embestida fue porque la guerra relámpago era una estrategia muy atrevida. Pero es cierto que los estimulantes contribuyeron a llevar a cabo esa estrategia con gran precisión.

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Parece ser que gran parte del Alto Mando alemán tuvo mucha prevención hacia la guerra relámpago...

Creían que era una locura. Pero el general Von Manstein, el comandante de división blindada Erwin Rommel y el propio Hitler apostaron por ella. Antes de iniciarla, el director del Instituto de Fisiología General y de Defensa del régimen nazi, Otto F. Ranke, fue invitado al Alto Mando para presentar la Orden de las Sustancias Despertadoras, que desvelaba los efectos estimulantes de la pervitina. La orden fue decretada el 12 de abril de 1940 y organizaba la manera en que la droga debía ser distribuida a las tropas. A partir de entonces, la pervitina se convirtió en la droga oficial de la Wehrmacht y en una sustancia decisiva para la guerra. El ejército alemán fue el primero en el mundo que utilizó un estimulante químico de forma sistemática para incrementar su resistencia y su poder de lucha. Es cierto que la metanfetamina no hacía más listos a los soldados, pero les ayudaba a combatir el cansancio y les hacía sentirse más seguros y eufóricos. Los soldados no se detenían ante nada ni nadie y empezaron a creerse la superioridad que les atribuía la propaganda nazi.

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Pero el 1 de junio de 1941 la pervitina fue declarada un narcótico en Alemania. ¿La prohibición supuso un cambio en el uso masivo de la metanfetamina en la sociedad y en el ejército alemán?

La incluyeron en la Ley del Reich del Opio y la prohibieron oficialmente, pero la sociedad alemana y el ejército no hicieron caso de la nueva regulación. En especial, la Wehrmacht, que otorgó su sello oficial a Temmler ordenando a los responsables de la empresa farmacéutica que centraran su atención en la obtención de los productos necesarios para la fabricación de la pervitina, lo que hicieron hasta casi el final de la guerra en 1945.

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¿La continua estimulación de las tropas conllevó efectos no deseados en otros frentes como el Oriental?

Un hombre mayor que estuvo en Stalingrado me contó que la pervitina no ayudó al esfuerzo de guerra en dicho frente. Él sabía que creaba adicción y tenía efectos secundarios, como la pérdida de fuerzas y la psicosis.] En una guerra de desgaste como la que se planteó en el frente Oriental, la privación de sueño dejó de ser una ventaja estratégica. Sin embargo, los estimulantes salvaron a algunos soldados que huyeron tras la derrota de Stalingrado. La pervitina les permitió andar horas y horas sin dormir ni comer. Los médicos también la utilizaron mezclada con morfina para ayudar a los heridos, ya que la combinación de ambas drogas aumentaba su ánimo y sus ganas de sobrevivir. En cualquier caso, con estimulantes o sin ellos, los alemanes ya no podían resistir una guerra de erosión prolongada contra Rusia.

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¿Hitler estaba fuera de la realidad?

Su falta de realidad fue tan grande que cuando comenzaron las primeras dificultades en Rusia no dudó en declarar la guerra a EE UU en 1941, abriendo un nuevo frente. Su alejamiento del mundo real fue funesto para el desarrollo de la guerra.

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¿Qué partes de su historia lo sorprendieron cuando investigaba?

La locura de la Alemania nazi. Mi abuelo siempre me dijo que en ese momento todo estaba en orden y no lo estaba.

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