En el vídeo, obtenido el 11 de marzo pasado por el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA, puede verse claramente lo que parece ser una gigantesca esfera negra, de un tamaño superior al de Júpiter, muy próximo al Sol y conectado a éste mediante un filamento negro y que luego de 80 horas se aleja como si se tratase de un calamar.
La noticia presentaba dos datos curiosos: en primer lugar, el vídeo era completamente real, y así podía comprobarse en la web del SDO y en otras webs de la NASA. Por otro lado, el mutismo de la agencia espacial americana y del resto de organismos científicos, alimentaron el misterio.
Ante algo que desconocemos, caben dos modos de acción: el primero es investigar, averiguar si el fenómeno observado tiene explicación o tratar de encontrarla con los datos y conocimientos de los que disponemos. El segundo es mucho más sencillo: inventárnoslo. El primer proceder, racional y científico, es el que nos ha llevado hasta los confines del Sistema Solar, mientras que el segundo es el que nos tiene haciendo cartas astrales para averiguar si tendremos un novio rubio o moreno.
Es evidente que la investigación es mucho más costosa que la invención, y sus frutos tardan mucho más en cosecharse. Por ello, no es difícil comprender porqué, tras la divulgación del vídeo por las redes sociales, comenzaran a aparecer las explicaciones más rocambolescas que podamos imaginar.
De esta forma, se ha hablado de un OVNI gigante (y tan gigante) extrayendo energía del Sol, a modo de la nave espacial de Stargate Universe. También se postuló por un agujero negro que comenzaba a devorar nuestra estrella, o un planeta misterioso -Niburu, por fin- pegadito al astro rey. Por supuesto, el hecho de que la NASA no dijera absolutamente nada sotre el tema se achacaba al ocultismo que caracteriza al mundo científico, cuyo objetivo es que los mortales no conozcan las terribles consecuencias de la realidad.
POSIBLE EXPLICACIÓN
Afortunadamente, hay quien se dedica a cultivar el primero de los métodos, el de la inteligencia y la razón, y se preocupa de buscar informacion antes de dar rienda suelta a la fantasía. Y eso hizo José Manuel Nieves, que escribe para ABC Ciencia: buscar informacion de las fuentes. De esta sencilla forma comprobó que el fenómeno, desconocido para mucha gente, es algo tan normal que no mereció ni siquiera una aclaración de la NASA. Se trataba de un agujero coronal, una región de la corona solar más fría, oscura y con menor densidad de plasma que el resto y que, por contraste, aparece como una zona negra.
Agujero Coronal
Esta especie de hueco transitorio en la corona solar se conecta a la superficie del sol mediante un vórtice de filamentos y suele estar asociado a una eyección de masa coronal, justo lo que los instrumentos detectaron el día 12 de marzo
La noticia presentaba dos datos curiosos: en primer lugar, el vídeo era completamente real, y así podía comprobarse en la web del SDO y en otras webs de la NASA. Por otro lado, el mutismo de la agencia espacial americana y del resto de organismos científicos, alimentaron el misterio.
Ante algo que desconocemos, caben dos modos de acción: el primero es investigar, averiguar si el fenómeno observado tiene explicación o tratar de encontrarla con los datos y conocimientos de los que disponemos. El segundo es mucho más sencillo: inventárnoslo. El primer proceder, racional y científico, es el que nos ha llevado hasta los confines del Sistema Solar, mientras que el segundo es el que nos tiene haciendo cartas astrales para averiguar si tendremos un novio rubio o moreno.
Es evidente que la investigación es mucho más costosa que la invención, y sus frutos tardan mucho más en cosecharse. Por ello, no es difícil comprender porqué, tras la divulgación del vídeo por las redes sociales, comenzaran a aparecer las explicaciones más rocambolescas que podamos imaginar.
De esta forma, se ha hablado de un OVNI gigante (y tan gigante) extrayendo energía del Sol, a modo de la nave espacial de Stargate Universe. También se postuló por un agujero negro que comenzaba a devorar nuestra estrella, o un planeta misterioso -Niburu, por fin- pegadito al astro rey. Por supuesto, el hecho de que la NASA no dijera absolutamente nada sotre el tema se achacaba al ocultismo que caracteriza al mundo científico, cuyo objetivo es que los mortales no conozcan las terribles consecuencias de la realidad.
POSIBLE EXPLICACIÓN
Afortunadamente, hay quien se dedica a cultivar el primero de los métodos, el de la inteligencia y la razón, y se preocupa de buscar informacion antes de dar rienda suelta a la fantasía. Y eso hizo José Manuel Nieves, que escribe para ABC Ciencia: buscar informacion de las fuentes. De esta sencilla forma comprobó que el fenómeno, desconocido para mucha gente, es algo tan normal que no mereció ni siquiera una aclaración de la NASA. Se trataba de un agujero coronal, una región de la corona solar más fría, oscura y con menor densidad de plasma que el resto y que, por contraste, aparece como una zona negra.
Agujero Coronal
Esta especie de hueco transitorio en la corona solar se conecta a la superficie del sol mediante un vórtice de filamentos y suele estar asociado a una eyección de masa coronal, justo lo que los instrumentos detectaron el día 12 de marzo