







El agua es incolora, inodora e insípida. Eso lo aprendimos en el colegio; viajando por el país aprendimos que es cierto siempre y cuando no cambies de ciudad. Hay lugares de agua fresca, riquísima y cristalina. Y hay lugares en los que, en fin, el agua sabe a rayos.
En un país donde cada año se venden 5.331 millones de litros de agua embotellada (creciendo a más de un 2.5% anual), en Xataka hemos decidido fijarnos en los más vintage: el agua del grifo. ¿Por qué sabe mal en algunos sitios? Y lo más importante ¿eso significa que no debemos tomarla?
¿De verdad es el agua insípida?

Sólo hay un ser en el universo que se alimente de agua pura (del famoso H2O): las planchas. El resto nunca bebemos agua pura sino una disolución de minerales, algunos compuestos químicos y, sí, H2O. Y menos mal, porque hay varios minerales necesarios para el organismo que sería difícil de consumir de no ser por el agua.
Esos minerales (y quizá algunos compuestos orgánicos como las algas) son los que le dan el sabor al agua - que sí es insípida per se. Al nivel de minerales del agua lo llamamos 'dureza'.
Además hay otros factores que afectan al sabor del agua como la temperatura (como con cualquier bebida, el agua fría no sabe igual que el agua caliente), los niveles de cloro (por costumbre y hábito tenemos asociados unos niveles concretos de cloro al agua fresca) o el tiempo que lleva en el recipiente (¿no te has dado cuenta de que si dejamos un vaso de agua toda la noche, a la mañana siguiente sabe mal ?). Todo eso es importante, pero la mineralización lo es más.
¿El agua del grifo lleva cosas?

En realidad, todas las aguas llevan cosas. Por algo a las aguas embotelladas se las llama también 'agua mineral'. Y como decía, es necesario que lo lleve.
La directiva 98/83/EU de la Unión Europea y el Real Decreto 140/2003 son la normativa que establece los requisitos mínimos del agua para consumo humano (excepto el agua mineral natural y las aguas medicinales).
Estos requisitos son microbiológicos (posibles de contaminaciones fecales o de otro tipo), químicos (contaminación industrial, agrícola, urbana o problemas en la potabilización), y radiactivos (contaminación natural o artificial por elementos radiactivos).
Entonces, ¿Si está tan controlada por qué tiene sabores distintos?

Aunque para pequeñas cantidades de agua se siguen los más variados procedimientos (destilación, recolección de lluvia, etc..), en el proceso de potabilización de grandes cantidades de agua no son efectivas. Eso limita (por cara e inviable) nuestra capacidad real para definir la composición del agua.
En general, el agua se recoge a nivel local (o regional) en presas y pantanos, se filtra y se clora. De esta forma, el resultado final de cada agua depende mucho del terreno por el que el agua ha discurrido antes de llegar a los grifos.
Esa (además de las desalinizadoras, claro) es la razón de que el agua de las ciudades costeras tradicionalmente 'estuviera mala': en su viaje desde las montañas arrastra muchos más sedimentos.
A veces las cosas salen mal

Más allá de ligeros sabores, y pese a los grandes controles, se pueden dar problemas durante el tratamiento, almacenamiento o distribución del agua. Es algo inusual, pero no imposible. Los problemas más habituales:
* Problemas en el proceso de potabilización del agua.
* Problemas en las redes de distribución (canalizaciones) ya sea por el estado de conservación (por ejemplo, corrosión) o por la recontaminación del agua debido a algún problema de la red.
* Problemas con las instalaciones interiores, sea por malas prácticas, problemas de mantenimiento o simplemente la edad del inmueble.
* Problemas con los depósitos privados y aparatos de potabilización doméstica.
No obstante, estamos hablando de sabores fuertes y olores desagradables. Por norma general, el agua aunque pueda sabernos mal tiene todas las garantías sanitarias.


