Me place inaugurar mi espacio para crear Post.
Siempre he estado un poco pendiente de los creyentes en general,
no importa cuál sea la religión a la que aferran sus esperanzas.
Sabemos bien que religiones hay de sobra. Sólo basta que alguien
hable de un dios, que tenga un libro, que también hable de un dios, bajo el brazo y que jure lealtad
ante todo al mencionado dios para que alguien se acerque, mire,
recuerde que su vida (como la de la mayoría de los seres humanos)
es un desastre (pero a su vez pensando que el desastre es sólo su
vida, porque cree que las otras personas son felices como aparentan serlo)
vea que esa persona que habla de dios aparenta ser una buena persona,
entregue su dinero a esa persona y, lo más triste ¡Crea!
Crea que la vida es diferente,
crea que la vida puede ser fácil, si bien no en éste mundo, en el otro.
Crea que lo difícil por lo que ha pasado no es para aprender de los errores,
sino que es por un propósito del tal dios.
Crea que dios no quiere que sufra, pero que es necesario porque así demostrará que es
mas fuerte que su enemigo.
Crea que tiene muchos enemigos y entonces sea un creyente más.
No le importa que la Biblia no hable de la electricidad, dinosaurios, planetas,
galaxias, pero adora que hable de humanos que duraron más de 900 años.
Su principales temas son la vida, el cielo, el fuego y la muerte.
Utiliza el mayor descubrimiento de la historia de la humanidad; el fuego, para sembrar
el miedo, vinculándolo fuertemente con el sufrimiento y la muerte y luego lo que es peor;
EL SUFRIMIENTO ETERNO.
Obvio; si se hubiese descubierto la electricidad, los dinosaurios y las galaxias en los años
que inventaron la Biblia, también fueran temas principales en los relatos del que,
para mí, no es más que un libro de ciencia ficción prehistórico.
La realidad es que todos tenemos problemas, que no son pequeños, medianos o grandes, sólo son nuestros problemas y tenemos que resolverlos.
Me despido con éste pequeño punto de vista sobre los creyentes y lo que creen,
sobre la realidad y la fantasía.
Siempre he estado un poco pendiente de los creyentes en general,
no importa cuál sea la religión a la que aferran sus esperanzas.
Sabemos bien que religiones hay de sobra. Sólo basta que alguien
hable de un dios, que tenga un libro, que también hable de un dios, bajo el brazo y que jure lealtad
ante todo al mencionado dios para que alguien se acerque, mire,
recuerde que su vida (como la de la mayoría de los seres humanos)
es un desastre (pero a su vez pensando que el desastre es sólo su
vida, porque cree que las otras personas son felices como aparentan serlo)
vea que esa persona que habla de dios aparenta ser una buena persona,
entregue su dinero a esa persona y, lo más triste ¡Crea!
Crea que la vida es diferente,
crea que la vida puede ser fácil, si bien no en éste mundo, en el otro.
Crea que lo difícil por lo que ha pasado no es para aprender de los errores,
sino que es por un propósito del tal dios.
Crea que dios no quiere que sufra, pero que es necesario porque así demostrará que es
mas fuerte que su enemigo.
Crea que tiene muchos enemigos y entonces sea un creyente más.
No le importa que la Biblia no hable de la electricidad, dinosaurios, planetas,
galaxias, pero adora que hable de humanos que duraron más de 900 años.
Su principales temas son la vida, el cielo, el fuego y la muerte.
Utiliza el mayor descubrimiento de la historia de la humanidad; el fuego, para sembrar
el miedo, vinculándolo fuertemente con el sufrimiento y la muerte y luego lo que es peor;
EL SUFRIMIENTO ETERNO.
Obvio; si se hubiese descubierto la electricidad, los dinosaurios y las galaxias en los años
que inventaron la Biblia, también fueran temas principales en los relatos del que,
para mí, no es más que un libro de ciencia ficción prehistórico.
La realidad es que todos tenemos problemas, que no son pequeños, medianos o grandes, sólo son nuestros problemas y tenemos que resolverlos.
Me despido con éste pequeño punto de vista sobre los creyentes y lo que creen,
sobre la realidad y la fantasía.