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Grandes sueños rotos de la aviación VI: K-7

Ciencia Educacion7/11/2016
Grandes sueños rotos de la aviación VI: K-7 [megapost]




KALININ K-7: MIENTRAS MÁS GRANDE, MEJOR. ¿O NO?



Si bien pensar en velocidad, poder de fuego o resistencia a los daños siempre han sido considerados aspectos importantes en un avión militar, hay uno que siempre fascina a todos: el tamaño. Incluso desde pequeños nos ha hipnotizado lo más grande de todo: el juguete más grande, el pedazo de torta más grande, los más grandes sen… (este, mejor dejémoslo ahí; total ya captaron la idea). Y los soviéticos – junto a los alemanes – eran los más entusiastas del tamaño. Así que como este es un posteo sobre aviones, a eso nos referiremos: a uno que en su época fue el más grande y devastador (y que todavía sería de los más grandes). El que relataremos a continuación es el más grande avión de ala elíptica que haya volado impulsado por motores de pistón.


El Kalinin K-7 reposando sobre un campo aéreo.


Nuestro avión es el ruso Kalinin K-7. Fue construido por la Unión Soviética y tuvo su primer vuelo en 1933, apenas 30 años después del vuelo de los hermanos Wright. Estaba planeado usarlo como bombardero o como un transporte civil capaz de llevar a 120 pasajeros. Como bombardero, existía la posibilidad de “armarlo hasta los dientes” con ametralladoras y cañones ligeros, pero despojándolo de su capacidad de transportar bombas. Estaba construido en torno a una inusual configuración con dos grandes góndolas debajo del ala que llevaban el tren de aterrizaje, y que estaban equipadas para recibir unas cuantas ametralladoras.


Esquema de tres vistas del K-7.


Grande incluso para las medidas actuales.

El K-7 fue diseñado por el antiguo piloto ruso de la 1 Guerra Mundial, Konstantin Kalinin, quien cambió de piloto a diseñador de aviones, liderando un equipo de construcción en Járkov. Ideó el K-7 con 28 metros de largo, una altura de más de 12 (!), y una enorme envergadura de 53 metros, con una superficie alar de 454 m2 (mayor que la de un bombardero B-52). El peso estaba calculado en 24 toneladas. Empujar semejante mole no era una tarea sencilla. El trabajo estaba a cargo –al menos inicialmente- de seis motores Mikulin AM-34 F de 750 cv cada uno, repartidos a lo largo del ala principal. Pero a la hora de probar el primer ejemplar del K-7, los ingenieros tuvieron que agregar un motor extra en la parte central del ala trasera, porque el peso del avión era mayor al planificado. Su velocidad máxima era de 225 kilómetros por hora. Para resistir todo este peso, la estructura del fuselaje fue construida como una estructura de acero al cromo-molibdeno soldada con autógena.



El Kalinin en tierra. En esta vista frontal no es posible observar el séptimo motor que tuvo que añadírsele para alcanzar una potencia capaz de mantener en vuelo al gigante, dentro de unos parámetros aceptables.


K-7: no sólo un bombardero.

Como se dijo anteriormente, el K-7 tenía dos configuraciones básicas, dependiendo de la misión. De esa manera podía desempeñar dos funciones: transporte civil/ militar, y bombardero/cañonero.
Si era configurado como transporte no podía llevar armas, pero a cambio transportaba a 120 pasajeros o a 112 paracaidistas plenamente equipados. En ambos casos, además, estaba capacitado para llevar 7 toneladas de correo. La tripulación mínima era de 11 personas. Un detalle notable es que los pasajeros o paracaidistas no serían transportados en fuselaje alguno, ni siquiera en las góndolas que llevaban las ruedas: ellos serían acomodados en las alas (!).
En cambio, como bombardero podía llevar 9600 kg de bombas, con poco armamento defensivo. Y como cañonero podía transportar 8 cañones de 20 mm y 8 ametralladoras de 7,62 mm. Así que su tripulación era de a lo menos 11 personas, más el personal destinado a las armas.



Uno de los prototipos antes de terminarse. La altura del ala es perfectamente notoria en los huecos que pueden verse, que corresponden a las puertas que deberían utilizar tanto la tripulación como los pasajeros para moverse dentro del gigantesco avión.


La cabina del piloto y navegante, la del artillero de proa y los habitáculos para el bombardero se proyectaban desde la gigantesca estructura del ala principal. La doble deriva estaba sustentada sobre dos largueros, en cuyo extremo trasero había dos artilleros más. El tren de aterrizaje doble se encontraba debajo de dos especies de góndolas que a su vez soportaban el peso del ala. Sobre ellos se encontraban las bodegas de las bombas y sitio para otros dos artilleros. El armamento defensivo original – como bombardero – estaba compuesto por seis ametralladoras ShKAS de 7,62 mm.


El K-7 antes de un vuelo, calentando motores y con parte de su tripulación en tierra. Una de las góndolas de los aterrizadores es visible detrás de la dotación, y puede notarse la puerta de acceso de los miembros del equipo de vuelo, así como el grosor de las alas.


El bombardero de Kalinin: asombroso para su época.

En su tiempo, el Kalinin constituía una clase en sí mismo, con medidas que sobrepasaban todo lo conocido (sólo los hidroaviones como los Clippers de PanAm y el enorme Do X podían comparársele). Todo lo demás era mucho más pequeño. Baste recordar que el bombardero norteamericano más popular de la época, el Martin B-10, que había volado en 1932, tenía una envergadura de apenas 21,5 metros, ¡menos de la mitad del Kalinin! Otras medidas resultaban igualmente impresionantes: 7 motores de 750 cv de potencia cada uno, un peso cargado de 38 toneladas, y un techo de vuelo de 4000 metros.
El único K-7 que se construyó realizó su vuelo inaugural el día 11 de agosto de 1933. No es difícil imaginar la enorme alegría que habrá causado ese evento en las personas que trabajaron en el proyecto. No debemos olvidar que en la época no había nada parecido, y menos que despegara desde tierra.



No corresponde a un aversión civil del K-7, pero este modelo, al mantener la misma configuración, permite hacernos una idea de cómo se habría visto el Kalinin como transporte de pasajeros.


“La amenaza fantasma”: la resonancia.

Pero aunque fue construido de manera muy robusta, mostró una preocupante inestabilidad durante su primer vuelo, ya que la construcción de la célula estaba en resonancia con la frecuencia de los motores. Este era un fenómeno físico que hacía que la célula oscilara (mucho) a causa de la vibración de los motores (algo así como lo ocurrido con el puente Tacoma). Debido a que se conocía muy poco de este fenómeno en la época de construcción del Kalinin, los rusos se limitaron a acortar y robustecer las estructuras de la cola del avión. Pero seguía sufriendo vibraciones que procedía de las grandes hélices propulsoras, que provocaron el colapso de las estructuras traseras del K-7 en su undécimo vuelo, inhabilitando las superficies de control de cola, que causaron la caída y choque del aparato. 14 miembros de la tripulación (de 18) y una persona en tierra murieron a causa del accidente.



El Kalinin en vuelo. Las hélices y la vibración que causaban constituían el más grave de los problemas de este aparato, problema que nunca pudo ser subsanado completamente y que a la postre, causaría la pérdida de la aeronave.


Doble rol político y militar

El avión no sólo era colosal y tenía un gran poder de fuego, también tenía un importante rol político, casi tanto como la ingente cantidad de acero al cromo molibdeno – procedente casi en su totalidad desde dentro de las fronteras de Rusia – que se utilizó en su construcción. Debido a que significaba un gran paso el haber construido casi enteramente dentro de la URSS ese gigantesco aparato, en lugar de importar el acero desde otro país, se creó toda una serie de suspicacias alrededor del accidente que acabó con el aparato. Pero la investigación no llegó a ningún resultado (o a lo menos no se hizo pública ninguna conclusión), y a pesar de ello se continuó con la construcción de otros dos prototipos, hasta que se cancelaron en 1935, cuatro años después que se hubiera iniciado la construcción del original.



Un prototipo en construcción. Si bien no hay una versión oficial sobre la cancelación del programa del K-7, algunos piensan que los problemas del prototipo eran insalvables, y otros, que en su construcción consumirían muchos recursos, en una época en la cual la VVS – la Fuerza Aérea Soviética – estaba reestructurándose y necesitaba de todos los insumos necesarios para el recambio de su flota entera.


La historia del K-7 fue muy corta, pero no por ello poco interesante. ¿Hubiese cambiado el curso de la Segunda Guerra Mundial un avión como este? Es difícil de responder a semejante pregunta, sobre todo porque su baja velocidad y gran tamaño lo hubiese convertido en un blanco perfecto para los aviones y defensas enemigas (como le ocurrió al Tupolev ANT-6 en Finlandia). Quizás en los pocos años que transcurrieron entre el desarrollo del K-7 y la Segunda Guerra Mundial los rusos hubiesen tenido oportunidad de mejorar su diseño, aunque parece poco probable.


El Kalinin en tierra. Quién sabe si hubiera podido rectificar sus defectos, si hubiera contado con la voluntad y sobre todo, el tiempo necesario para “planchar las arrugas”.


No existen muchas fotos del K-7, y muchas de ellas han sido mejoradas o manipuladas por medio de programas de edición de imágenes. Pero el logro conseguido por este avión sigue siendo asombroso. Ser capaz de transportar a 120 pasajeros en 1933 debía ser una capacidad sorprendente, sólo imagina la cantidad de personas que habían visto (o habrían sido capaces de ver) el – modesto – primer vuelo de los hermanos Wright y que estaban vivas al momento de elevarse este gigante, apenas 30 años después. ¡Qué tiempos para vivir! Muchos imponentes y osados proyectos fueron cancelados con los años, pero el K-7 siempre tendrá un lugar en nuestra memoria.


Una de las numerosas fotos editadas del Kalinin, con un armamento más propio de un acorazado que de un avión. Pese a lo evidente que resulta la inutilidad de tales armas ( ¿habría podido aguantar el disparo de uno de esos cañones sin desarmarse en el aire? ¿Dónde llevarían las municiones necesarias? ), se siguen exhibiendo - y creyendo - como representaciones fieles del K-7.


El Kalinin K-7. Uno de los primeros intentos por conseguir al más grande, pero estamos seguros que no el último.








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