Primero de todo, aviso que este artículo pertenece al número 111 de la revista Nueva Dimensión, el cual hablaba sobre las consecuencias de un ataque nuclear en Barcelona (recordemos que era en la Guerra Fría, y España pertenecía a la OTAN)
Qué hacer en caso de un ataque nuclear generalizado sobre Buenos Aires
La psicosis ecológica (justificada, no quiero que vengan ecologistas a bardear, ya que yo mismo soy ecologista) ha sustituido en buena parte a la psicosis atómica que dominó al mundo en la década de los cincuenta y buena parte de los sesenta. Pero esto no quiere decir que el peligro atómico haya desaparecido o haya sido anulado por otros peligros más insidiosos.
(esto pertenece a un articulo de Los Angeles Times, de la década de los ochenta)
El 11 de noviembre de 1918 fue un día de alegría para toda Europa. En París, la gente se lanzó a la calle alborozada para celebrar el fin de la primera y "última" guerra mundial. En Londres, los periódicos más importantes sacaron ediciones especiales que hablaban de victoria, pero también de erradicar de forma definitiva la violencia armadaen la historia de la humanidad. En Versalles, en Neully, en Sèvres y en Saint Germain, los diplomáticos tejían el hilo de unos pactos que eliminasen de un plumazo la posibilidad de un nuevo enfrentamiento entre las naciones. "Nunca más guerras", proclamaron los políticos. Los fabricantes de armas vieron aparecer el fantasma de la crisis. Los hombres de ciencia profetizaron el fin total de las hostilidades, debido al perfeccionamiento técnico de los artefactos bélicos, cada vez más sofisticados, cada vez más crueles, cada vez más mortales... Nació la Sociedad de las Naciones para que todas las diferencias se dirimieran por cauces civilizados. Había estallado la paz. También hoy, casi nadie piensa en la guerra (generalizada, claro).
Sólo seis años más tarde, Adolf Hitler exigió el "derecho" de Alemania a la anexión de otros territorios. Veinte años después, ya en el poder, los nazis, ocuparon Austria e iniciaron un proceso imparable de ampliación de sus fronteras. Hacia el final de la guerra, más o menos a las cinco y media de la madrugada, del 16 de junio del 45, Truman, entonces presidente de los EEUU, recibió su llamada tan esperada:"babies satisfactorily born" (Los bebés nacieron satisfactoriamente). Lejos de la Casa Blanca, en Nuevo México, estallaba la primera bomba atómica en la historia. Las segunda y tercera cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y 8 de agosto del mismo año.
No existen razones ni pruebas que permitan pensar que la experiencia bélica no se repetirá otra vez. Por ejemplo, EEUU ha utilizado la amenaza de usar su fuerza militar por lo menos doscentas veces en los últimos treinta años, en diecinueve veces estas amenazas incluían la utilización de bombas nucleares.
(este último articulo fue editado por mí, a fin de hacerlo más comprensible para el lector)
El mejor remedio contra la guerra atómica, contra la destrucción casi total, sería el desmantelamiento de los arsenales nucleares que hoy las potencias y no potencias tienen. Eso, desgraciadamente, no es posible.
En caso de una explosión atómica, la mayoría de las bajas se produciría por la lluvia radiactiva. A os primeros cien muertos (estamos hablando de un estallido de no más de un Megatón), habría que añadir entre stcientas y ochocientas mil víctimas más (entre muertos y heridos) por efectos igualmente térmicos y radiactivos. En una situación atmosférica normal, a tres kilómetros del epicentro de la explosión, una bomba atómica pùede incendiar todo el material inflamable (papel, cartón, madera, químicos, algodón). En un radio de un kilómetro y medio, las quemaduras en la piel serían irreversibles (tercer grado), y su gravedad desciende según nos vamos alejando: segundo grado, entre dos y tres kilómetros, y primer grado (las famosas ampollas) entr tres y cinco kilómetros.
En el momento de la deflagración, la bomba lanza también rayos gamma y partículas alfa y beta. Los rayos gamma se expanden a una velocidad cercana a la de la luz, penetran casi cualquier cosa y son necesariamente mortales aún en pequeñas dosis. Su acción inmediata puede llegar a afectar un radio de diecisiete kilómetros. Las partículas alfa y beta, no revisten tanto peligro, son menos penetrantes y no llegan tan lejos, hasta el punto en que una sola tela de vestido puede bloquearlas. Su amenaza contra la vida humana es que pueden depositarse en el aire o en el polvo y pueden ser ingeridos en el cuerpo al comer o tomar sustancias o alimentos contaminados. Pueden terminar con la vida de una persona saludable en pocos días. Y todavía quedan los neutrones, que pueden convertir en radiactivos algunos elementos de consumo diario como la sal.
Después de la explosión, una inmensa nube de miles de toneladas de tierra y materiales fundidos y evaporados por el calor asciende hasta unos trece mil metros de altitud, para luego bajar en forma de lluvia. Afecta a un área de varios cientos de kilómetros y su extensión y dirección depende del viento. Así una bomba que deflagrara en el microcentro de BsAs podría afectar toda la zona de Colonia, Uruguay, en el momento de la explosión, y llegaría hasta Corrientes si hubiera viento N, o hasta Mar del Plata con viento S. En resumen, una bomba que deflagrara en Buenos Aires mataría gente en uruguay y en una zona de 160 a 200 Kilómetros cuadrados. Así que toda la población debería inmediatamente a tomar refugio, suponiendo que se dispone de refugios nucleares en la Argentina.
(esto es de la revista Life, de su edición de 1979)
Consejos de la revista Life por si uno es sorprendido por la caída de una bomba atómica:
Si está usted al aire libre acurrúquese tras un arbol, si está en un interior, métase bajo una mesa , si está en la calle, refúgiese en un portal (o puerta, como lo prefieran), si no tiene cobijo posible, tiéndase en el suelo arrimado a una pared y cúbrase las partes expuestas del cuerpo. Una vez pasada la explosión, las autoridades deberán proceder inmediatamente a efectuar transfusiones de sangre, detección de la radiactividad, tratamiento de las quemaduras, y evacuación de heridos de entre los escombros. Un panorama francamente alentador...
La muerte producida por la radiactividad es lenta y especialmente dolorosa. Y si tenemos en cuenta que debido a la centralización, la mayoría de los centros sanitarios quedarían destrozados y los demás colapsados, pueden imaginar el caos. Los heridos reventarían en las calles sin ningún tipo de asistencia.
Los primeros síntomas se manifiestan al cabo de unos seis o siete días: náuseas, vómitos, diarreas, y malestar general. A los quince días aparecen las primeras hemorragias por la boca y el ano. Casi inmediatamente después, se producen las primeras ulceraciones y cae el cabello. Al final, se declara una infección generalizada que provoca la muerte entre espasmos y convulsiones, aproximadamente al mes de la contaminación.
El refugio
los investigadores norteamericanos han establecido un factor de seguridad, que mide cuán seguro es un refugio:
- Una casa al aire libre tiene un factor de 3.
-Un sótano tiene un factor que oscila entre 20 y 40, según la situación y los enlaces con el exterior.
-Un refugio subterráneo cubierto con unos 60 centímetros de tierra o 40 centímetros de hormigón, puede oscilar entre 60 y 100, según vayamos cubriéndolo con más tierra u hormigón.
Una máscara antigás se convierte en un elemento indispensable para no permitir que ente el polvo radiactivo en la boca o la nariz. En caso extremo un pañuelo puede servir durante un período corto.También es importante usar guantes de goma y botas de cualquier material que ofrezca mayor resistencia a la radiación. Si uno tiene alguna parte de su cuerpo contaminada, debe lavársela por lo menos dos veces con agua no contaminada y jabón.
Un refugio casero se puede hacer excavando una parte del patio, reforzándola, y cubriéndola con 0,70 metros de cemento y 0,22 metros de acero, que disminuyen la radiación instantánea a la mitad, y evitan casi totalmente la lluvia radiactiva. Dentro de éste deben estar:
-Alimentos enlatados.
-Agua embotellada.
-Un generador y una mini heladera (opcionales).
-Un aparato portátil de radio con pilas, y muchas pilas.
-Linternas eléctricas.
-Un equipo QBN casero, que se puede hacer con tela engomada, bien al estilo El Eternauta (sirve de veras).
-Espacio como para la cantidad de personas que vayan a estar allí (típico del que lo llena y no tiene lugar para meterse dentro).
Pero de todas formas, en caso de que esto suceda, no hay mucho futuro.