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Disney, de la misoginia a la xenofobia

Info6/25/2012

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"When one thing is so dominant, then it’s no longer a choice: it’s a mandate, cannibalizing all other forms of play. There’s the illusion of more choices out there for girls, but if you look around, you’ll see their choices are steadily narrowing.” - Lyn Mikel Brown

Sex sells: descubriendo la "magia" de Disney
"Entretenimiento sano" son dos vocablos opuestos en nuestros días. El mejor ejemplo de ello son las series y películas animadas para niños de Disney, que han estado presentes en la historia de nuestras vidas desde 1937, cuando se estrenó Blancanieves y los siete enanos. Quien haya visto alguna de las antiguas películas sobre princesas y heroínas de Disney, sabe que los clásicos de esta empresa no siempre ofrecen las lecciones que la mayoría de nosotros desearía enseñar a sus hijos sobre roles de género y diversidad humana. Tal es la escuela con la que hemos crecido muchos de nosotros y con la que muy probablemente crecerán también nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

La Walt Disney Company (WDC) es un consorcio bastante lucrativo, si se toma en cuenta que sólo la industria cinematográfica de este gigante del entretenimiento - sin contar las ganancias que generan los parques de atracciones, servicios y productos de consumo de la empresa - hoy en día genera ingresos netos de alrededor de seis mil millones de dólares al año. Tan sólo con sus historias de princesas y heroínas, unos cuatro mil millones. La empresa Disney es parte de un negocio imperial que incluye cadenas de televisión (como ABC Network), canales de cable, burós de publicidad, estudios cinematográficos, parques temáticos y una cadena creciente de negocios minoristas en todo el mundo. La WDC tiene su sede en Burbank, California, y cuenta con alrededor de 156,000 empleados. Durante 2011, la empresa obtuvo 40,893 millones de dólares en ingresos y sus beneficios fueron de 1,878 millones de dólares.



Tras bastidores, Disney oculta todo un mundo de pornografía, películas snuff, explotación laboral, interés económico, manipulación mental y seducción por el fetichismo que afecta a varias generaciones. Todo bajo el sello de "apto para toda la familia" y sutilmente disfrazado de entretenimiento. Muchos padres y madres de familia se sorprenderían al conocer lo que verdaderamente se oculta tras los dibujos animados y las historietas de Disney y las empresas que lo secundan. Touchstone, Miramax, Hollywood Pictures, DisneyToon y Pixar fueron creadas para camuflar la producción de películas para adultos de Disney, de manera que el consorcio funciona de manera clandestina en cuanto a la promoción, distribución y posición de las películas producidas por sus filiales. Si usted firmemente ama y cree en la pureza de las películas de Disney, no querrá continuar leyendo esta publicación.

Con el fin de producir películas que contengan el carácter tradicional que Hollywood ofrece, a saber, sexo y violencia, el consorcio Disney ha creado empresas subsidiarias que él mismo dirige, tales como Pixar, Marvel, ABC, ESPN y A+E Networks, entre otras. Esto ha permitido que Disney guarde su buena reputación, sin dejar de elaborar material según las expectativas de los exigentes aficionados de Holliwood. Así, muy poco se ha dado a conocer de forma pública sobre el material pornográfico hardcore, que desde 1993 la empresa Disney ha estado realizando en secreto para la élite norteamericana y que, incluso, ha sido llegado a televisar a través del Disney Channel.

In 1989 Disney became a partner, and the one to own the largest percent of shares in Viewer's Choice "Hot Choice" - a leader in Pay-Per-View cable soft porn. Until Disney showed up, Viewer's Choice had only played action films and comedies. The profits were decent but Disney wanted better, and decided to launch the "soft porn" division in 1993. To develop original programming for their creation, Disney offered porn star Becky LeBeau a $7-figure deal and share of the profits. She appeared in many films herself and hosted an all-nude modeling program which showed explicit footage of women, some as young as 18. Disney also signed the infamous and famous Marilyn Chambers, a veteran hard core porn star, to an exclusive multi-project deal a year after she won the "Lifetime Achievement Award" from the Adult Video Association.


Disney es uno de los socios principales de la compañía más grande del mercado de pornografía softcore en los Estados Unidos que es pionera en la modalidad de "pago por evento", la Viewer's Choice (también conocida con el nombre in Demand), que distribuye material pornográfico a través del canal "Hot Choice". Según los datos proporcionados por Peter y Rochelle Schweizer en el libro Disney: The Mouse Betrayed. Greed, Corruption and Children at Risk, la Viewer's Choice provee más de mil sistemas de cable y cuenta con 59 millones de suscriptores en la categoría de "pago por evento" en alrededor de 18 millones de hogares en los Estados Unidos. [cfr. 4] No obstante el éxito de sus ganancias, Disney no hace mención de su colaboración con el socio norteamericano en sus reportes anuales.

La Disney Music Group (DMG) posee muchas de las grandes marcas (Walt Disney Records, Buena Vista Records, Lyric Street Records, Mammoth Records, Hollywood Records y Walt Disney Music Publishing) que producen y hacen públicas las composiciones musicales que se señalan con la etiqueta de advertencia "Parental Advisory - Explicit Content". Esta "advertencia sobre contenido explícito para los padres" se encuentra en muchos de los álbumes que se venden hoy día en los Estados Unidos - muchos de ellos producidos por subsidiarias de Disney - y es una indicación sobre el contenido textual obsceno de las canciones que éstos contienen. Esta etiqueta da testimonio de que en una o varias canciones contenidas en un álbum musical, se tiende a glorificar explícitamente la violencia, el estupro, cualquier forma de violación, las drogas, el incesto, el asesinato, el odio racial, la xenofobia y la misoginia. La advertencia se encuentra en los álbumes de artistas como Madonna, Lil' Kim, Tupac Shakur, Prince, TLC, Marilyn Manson, Slipknot, Linkin Park, Green Day, Guns'n Roses, Nine Inch Nails, Britney Spears, Metallica, Limp Bizkit y Eminem, entre muchos otros artistas que gozan de gran éxito en el mundo y cuyo público es prioritariamente menor de edad.

A través de su subsidiaria, la Walt Disney Motion Pictures Group, Disney posee muchos de los enormes estudios cinematográficos que producen los éxitos más escandalosos de Hollywood y que tienen gran repercusión en el imaginario del público infantil del mundo occidental, tales como Piratas del Caribe, Alicia en el País de las Maravillas, Toy Story, Enredados, Monstruos Inc. y Cars, entre otros. En 2009, Disney compró ABC Network, la empresa que produce las series televisivas más famosas sobre sexo doméstico en el mundo occidental, tales como Desperate Housewives, Dirty Sexy Money y GCB.

Actualmente se encuentran más de 25 mil artículos de princesas de Disney en circulación. Las "Princesas" no son sólo la marca más rápida de crecimiento que la compañía haya creado alguna vez, sino que además están a punto de convertirse en el privilegio de las mujeres caucásicas más conocidas del planeta: Claudia Schiffer, Christina Aguilera, Paris Hilton, Madonna, Whitney Spears y Hanna Montana.


La vida en rosa

A través de sus dibujos animados, Disney pone a disposición del público infantil un régimen intensivo de fascinación, ocultismo y superstición en el que los niños (y no tan niños) son programados para pensar en Disney como un modelo de distracción y "sana diversión", transmitiendo la idea permanente de que todo está bien en el mundo y que nada merece preocupación: Hakuna Matata. Los clásicos de Disney muestran un mundo fantástico regido por una vida idílica y perfecta, que (aparentemente) nada tiene que ver con la realidad, con la continua promesa de un final feliz: las princesas encuentran a su príncipe azul y se unen a él sin conocerlo, el héroe triunfa pese a cualquier obstáculo y los malvados mueren. No obstante, el contenido del material animado de Disney dista mucho del propósito constructivo que caracteriza cualquier forma de sano entretenimiento, a saber, transmitir al público infantil valores de justicia, igualdad y tolerancia, así como promover pautas de conducta cívica.

Por mucho que se modifiquen los efectos especiales, los argumentos y los temas de las películas animadas, la relación hombre-mujer no ha sufrido cambios a través de los años en las historias de Disney. El eje central de la producción filmográfica entera se fundamenta en la relación de parejas heterosexuales, cuyos roles están bien definidos y son idénticos en todas las cintas. La filmografía entera de Disney perpetúa los roles de género a través de estereotipos sexistas que se reflejan tanto en el lenguaje, como en el contenido textual de las canciones y en las relaciones sociales entre los personajes.

Las películas animadas están basadas en cuentos infantiles tradicionales, donde aparecen representados los valores, actitudes, jerarquías y creencias considerados adecuados para niños y niñas. No obstante, con bastante frecuencia, los personajes de estas películas están cargados de valores y actitudes estereotipadas: varones valientes que interpretan papeles de héroes, muchachas jóvenes extremadamente pálidas (con excepción de dos o tres personajes femeninos que son morenas y raramente una afroamericana), hacendosas, hogareñas, bondadosas, virginales, obedientes, cariñosas y, sobre todo, bellas, cuyo único objetivo en la vida es ser atractivas para atraer al hombre de sus sueños (un príncipe o lo más parecido a ello). El encuentro entre ambos marca la cúspide de la historia, cuyo clímax se sella con un beso, y concluye con la unión matrimonial (con excepción de la india americana Pocahontas). Disney hace una mezcla de viejas y nuevas heroínas que viven en un mundo color de rosa, pero no cualquier rosa. Para ellas, Disney creó el mundo de tono rosado (tono No. 241) que ha hecho popular a princesas como la Cenicienta, la Bella Durmiente, Blancanieves, Ariel, Bella, Jazmín, Mulán y Pocahontas.

El color rosa y las princesas de Disney resucitan la fantasía romántica que amenazó con desaparecer tras el auge del feminismo. Pese a los derroches que la feminidad tradicional ha conferido a las mujeres, Disney concede poderes taumatúrgicos únicamente a determinados personajes femeninos que, evidentemente, no son las protagonistas, es decir, a brujas o hadas madrinas. Ninguna protagonista posee un poder particular que le permita liberarse a sí misma de su situación, ni siquiera inteligencia. La única excepción es, quizás, Rapunzel, que tiene una fortaleza física y un don mágico (honestamente) absurdos: ella y su cabello son suficientemente fuertes para jalar a su madre Gothel hasta lo alto de la torre o para salvar a Flynn y a ella misma de un par de dificultades, pero con todo y eso, Rapunzel no logra prescindir del uso de una sartén de hierro para defenderse de un hombre. Sin olvidar que su cabello tiene el inverosímil poder de curar y revivir a Flynn, cuando éste cae muerto.


Disney convirtió al rosa en el color de la feminidad infantil y la inocencia, en el color de la belleza de la vida y la esperanza, y para ello creó mitologías individuales y aisladas en forma de princesas, incapaces de comunicarse unas con otras. Así es como ellas también aparecen representadas en los carteles publicitarios de Disney, sin hacer contacto visual unas con otras: cada una mira fijamente en dirección diferente, como si no tuviera conciencia de la presencia de las demás. Las princesas dan la impresión de ser vírgenes "sagradas", felices y solitarias.

Pero la vie en rose no es privilegio exclusivo del público femenino. Para apelar también al auditorio masculino y, por lo tanto, vender más, Disney elige cuidadosamente los títulos de sus películas de dibujos animados para niños, con el fin de evitar aludir atributos "exclusivamente femeninos". Por mencionar un ejemplo, para garantizar el éxito en taquillas de Enredados, que originalmente se estrenó en noviembre de 2009 bajo el nombre de Rapunzel, Disney cambió el nombre de la película en diciembre del mismo año.


Entretenimiento con un toque de violencia

Cuando los padres muestran a sus niños películas de Disney, asumen que protegen a sus hijos de la influencia de drogas, sexo y violencia. No obstante, estos elementos están presentes en la producción de Disney, aunque no siempre de forma visible. Muchas de las historias presentan cierto nivel de abuso o violencia, por ejemplo, el envenenamiento a Blancanieves, el cobarde asesinato al rey Mufasa, las amenazas de Strómboli a Pinocho, los encarnizados enfrentamientos entre Simba y Scar o entre Diego y el tigre alfa en Ice Age (donde se ve sangrar a Diego), el secuestro de la princesa india o de Campanita en Peter Pan, etc. En Cenicienta, las hermanastras Griselda y Anastasia le destrozan violentamente el vestido a Cenicienta, mientras Lady Tremaine observa complacida la escena desde la puerta. También en algún momento se ve a Griselda golpear a Anastasia en la cabeza con el clarinete. En La Bella Durmiente, la lucha por el rescate de Aurora termina en una confrontación a espadazos entre el príncipe Felipe y Maléfica, convertida en un terrible dragón. El padre de Pinocho, Gepetto, se arma con una carabina, que detona incidentalmente, para defenderse contra el "intruso". La anciana de la película Ratatouille se arma con una escopeta, que descarga contra las ratas, y con gas y máscara antigas.

En El Rey León, Scar entona la canción "Listos ya", en la que expresa su plan de asumir el poder asesinando a Mufasa y a Simba. También en La Bella y la Bestia, la gente del pueblo tiene sed de sangre y entona a coro una canción dedicada a matar a la Bestia: “Kill The Beast!”. Por cierto, el clásico moderno La Bella y la Bestia es todo un modelo de violencia: Bella se encuentra en una relación de abuso, es aislada y controladala por la Bestia, que es intimidante, aterradora y violenta. El propósito de los demás caracteres en la historia (objetos) es animar a Bella para que persuada a la Bestia de cambiar, con la motivación de que él, entonces, se convertirá en un hermoso príncipe y podrán vivir felices. Lo único que tiene que hacer Bella es aprender a cambiarlo. Pero en la vida real, abusadores como la Bestia no pueden ser cambiados así como así. Sin importar cuán perfecta, hermosa o encantadora sea su víctima, cualquier cambio que un abusador pueda experimentar, tiene que ser promovido de forma individual y voluntaria, internamente, y muy probablemente con la ayuda de un buen psicoterapeuta. Ser una mejor víctima no va a hacer que cese el abuso por parte del explotador.

Siguiendo con el hilo de violencia, citaré a los coches animados de la película Cars 2, que la mayor parte del tiempo se encuentran implicados en situaciones de violencia extrema: accidentes, explosiones, e incluso torturas (generalmente causadas por descargas eléctricas o algo similar). Los coches "malos" manipulan, secuestran, disparan y "matan" a otros coches. Otro aspecto relevante es el diálogo que sostienen los carros mientras beben "aceite" en la barra de un bar, en el que externan su propósito de matar a Relámpago McQueen. Para tratarse de una película infantil, Cars 2 contiene un nivel intenso de violencia. Si todas éstas no son expresiones de violencia, entonces, por favor, ¡que alguien me explique el mundo!

Mujeres sumisas
El déficit de heroínas femeninas auténticas, junto con la sobreexageración de las (supuestas) virtudes de los caracteres masculinos en los clásicos de Disney, ha permitido que los miembros más jóvenes de la sociedad sean bombardeados con la antinorma, permitiendo que las semillas de la misoginia y la desigualdad de género


Es verdaderamente lícito referirse a Disney como la industria del abuso y la misoginia: mujeres que son obligadas a sacrificarse con el propósito de ser desposadas por un hombre sin oficio ni beneficio. Yo, verdaderamente, sigo sin entender el valor del príncipe Eric en La Sirenita.

Cada cinta de Disney presenta un toque de violencia contra la mujer. Una forma del abuso se presenta en La Sirenita: la destrucción de la propia identidad con el propósito de cuadrar en el patrón que la cultura caucásica dominante nos da a entender. Mulán cambia su aspecto para impedir que su padre vaya a la guerra. Ariel cambia drásticamente su aspecto, renuncia a su inmortalidad y pierde su voz, familia, amigos y hogar por un hombre que ama únicamente debido a su aspecto físico. Pierde todo lo que la hace una sirena: su cola, su capacidad para nadar y para vivir bajo el agua... Eric, por su parte, se enamora perdidamente de ella sin ningun motivo razonable, intrigado por su silencio. Analizado de cerca, la privación del compañerismo, como resultado del sacrificio, es también una forma de abuso que equivale tanto como a un secuestro. La historia de La Sirenita elogia la sumisión femenina y apela al conformismo de la mujer a ponerse a disposición del hombre a manera de decoración. Esto se hace evidente a través de la canción "Pobres almas en desgracia" de la bruja Úrsula:

"Los hombres no te buscan si les hablas, no creo que los quieras aburrir. Allá arriba es preferido que las damas no conversen, a no ser que no te quieras divertir. Verás que no logras nada conversando, a menos que los quieras ahuyentar. Admirada tú serás si callada siempre estás, sujeta bien tu lengua y triunfaras.”

En efecto, sin necesidad de hablar, la sirena Ariel logra que el príncipe Eric se enamore de ella. También La Bella Durmiente y Blancanieves muestran otras formas en las que el abuso puede repercutir en mujeres convencionalmente atractivas, quienes deben ser rescatadas por hombres que son convencionalmente atractivos, aunque estén desprovistos de personalidad. Tanto el príncipe Felipe (del que no conocemos más que el nombre y el título nobiliario) como el príncipe de Blancanieves (del que no se conoce siquiera el nombre) consideran respectivamente a Aurora y a Blancanieves dignas de rescate: ninguno de ellos desafía la hegemonía de la feminidad de ningún modo, porque dan por echo que, ante la amenaza, las mujeres son indefensas por naturaleza, sin notar que ellos mismos resultan sus perseguidores. De esta manera, tenemos que los protagonistas masculinos son tanto las causas o los autores de la violencia como los protectores de las mujeres violentadas.

Las relaciones de pareja en Disney surgen de la existencia de enormes diferencias entre las partes. Jamás se encuentran ambos en una posición de igualdad. Todos los romances terminan en la unión de un varón dominante y dinámico con una mujer sumisa. Tristemente, esto influye en el auditorio, intencionalmente dirigido a mujeres jóvenes y niñas, que terminan por admitir esta situación como "normal" y la consideran singular por idílica.

La misoginia en Disney está directamente vinculada con el ideal estereotipado de belleza. Si un personaje es bello, entonces es digno de ser amado, admirado, protegido, rescatado, imitado, respetado, consumido, etc. La fealdad, en cambio, está directamente relacionada con la vejez y con la decrepitud, y a menudo es asociada con personajes turbadores, intimidatorios, inmorales, malvados o ridículos. Pensemos en la madrastra de Blancanieves convertida en vieja pordiosera, o en Lady Tremaine y las hermanastras de Cenicienta, en Maléfica, en la bruja Úrsula de La Sirenita, en el jefe invasor Shan-Yu en Mulán o Jafar en Aladdin, Cuasimodo en El Jorobado de Notre Dame o Scar en El Rey León.

En el perfil femenino conviven atributos clásicos estereotipados de belleza: una voz melodiosa, labios rosados, un cuerpo envidiable, la capacidad de comunicarse con los animales o de "resucitar", como es el caso de Aurora y Blancanieves. Algunos de los rasgos generales que caracterizan a los personajes femeninos de Disney son: inestabilidad emocional, pasividad, sumisión, bajo desarrollo intelectual, irracionalidad, miedo, apego a las costumbres, intuición, bajo nivel de autocontrol, ternura, dependencia, debilidad, frivolidad, subjetividad y fe (ciertamente, en algún momento vemos rezar a Blancanieves). Las princesas de Disney emiten todo el tiempo los mensajes: no hay que ser inteligente para ser feliz y, si el amor es verdadero, él llegará a ti.





En varios momentos, los personajes de Disney sacan a relucir su marcada tendencia misógina. El pretendiente de Bella, Gastón, por ejemplo, dice en algún momento: "No es bueno que la mujer lea. Eso la hará pensar". Los pieles rojas en Peter Pan exclaman: "Mujer no bailar, mujer estar en casa. Mujer cuidar niños", etc.

Conclusiones
¿En qué queremos que se conviertan nuestras niñas y nuestros niños? ¿Ellas: en sumisas y obedientes esposas o en personas independientes con capacidad de elección? ¿Ellos: en bravucones machistas y superficiales o en hombres sensibles y honestos? Si el tráfico de estereotipos no es algo que deba importarnos, sólo porque nuestros hijos sólo tienen tres años, ¿cuándo será prudente que nos importe? ¿Cuando tengan seis? ¿Ocho? ¿Trece? ¿De verdad queremos seguir promoviendo roles de modelos retrógrados? Estamos educando a nuestros hijos dentro del marco que Disney nos ha enseñado: Desde nuestra temprana niñez, Disney nos ha educado para consumir, para distinguir entre roles de género, para diseñar las dimensiones y apariencia de nuestro cuerpo, para dar forma a nuestras relaciones sociales y para admitir el poder que ejercen otros sobre nosotros.

“El problema con el modelo cultural imperante es que hay mucha gente que se encuentra bien en él, pero no se da cuenta de que otra mucha gente no lo hace, porque no encaja en el estereotipo. La igualdad no es ser iguales: igualdad es el derecho a poder ser diferente sin sentirse – ni ser– desplazado” (Eva Velasco)

El mensaje que ofrece Disney es continuamente unilateral: los hombres tienen el poder, las mujeres sólo tienen que ser dignas de utilizar su fuerza y energía en beneficio de los hombres, y no contra ellos. El símbolo de la opresión patriarcal de todas las mujeres es Cenicienta: un ejemplo claro del control mental que ejercen los medios corporativos sobre las niñas.


Las libertades que otorgó el movimiento feminista llegaron acompañadas de una corriente oculta de aprensión entre las mujeres, influyendo a personajes femeninos como Ally McBeal, Bridget Jones (Bridget Jones' Diary), Julianne Potter (My Best Friend's Wedding), Susan Mayer (Desperate Housewives) o Carrie Bradshaw & Co. (Sex and the City), quienes viven obsesionadas con la perfección y las dietas, temerosas de perder el amor de un hombre, de no tener hijos, de envejecer solas y de ser privadas de su femineidad. Ellas se autoconfirman llevando a cabo las actividades que el poder patriarcal ha destinado para ellas en el mundo moderno: ser bellas y exitosas (ganar dinero), ser sexys (con tendencia a la promiscuidad), vestir ligera y elegantemente, explorar la diferencia entre amistades y amoríos (como eternas adolescentes), ir de shopping (consumir), etc. Tales son los modelos de princesas modernas que han crecido con la escuela Disney.

Aunque se trata de aspectos terriblemente negativos, es necesario agregar que, como compañía, Disney no tiene más obligación moral que la que pudiera tener, por ejemplo, Playboy: su propósito es vender y obtener ganancias, y verdaderamente lo hace muy bien. La responsabilidad recae en los padres de familia, quienes deberían asegurarse de que sus hijos interpreten con sentido común y en el contexto correcto el material audiovisual. Las palabras claves son siempre: conocimiento y comunicación.

Conociendo la influencia que tienen estas películas en las mentes de nuestros pequeños, a quienes debemos todo nuestro respeto porque serán los adultos del mañana, invito al lector a hacer una reflexión sobre los ejemplos mostrados, deseando que tenga la fortaleza suficiente para seleccionar a conciencia las películas que comparte (y que ojalá también comente) con sus hijos.
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