Hola!!! otra vez yo molestando con mis escritos, en esta oportunidad se trata de un cuento. Espero que no les aburra mucho, y espero comentarios, porque sé que no es de lo mejor que escrbí, o será tal vez que no me siento cómoda con la prosa jiji. Bueno desde ya se agradece que lo lean y todos los comentarios que deseen realizar.
EL PARTIDO
Era una noche clara y calma, la brisa susurraba arrullos que dormían hasta las flores más apasionadas. Sin embargo, el corazón de nuestro protagonista resonaba en su pecho cual tormenta veraniega aproximándose a la costa. Todo su futuro y el prestigio que había conseguido su perspicacia estaban en juego; aquella partida sería diferente, le decían sus ansías levemente con voces de deseo encarnado en la piel.
Con la convicción que le otorgaba la certeza de su talento, levantose por fin de la silla desvencijada de su camarín. Porque como no podía ser de otro modo, nuestro amigo se había asegurado de tener el camarín que le correspondía con una foto en la puerta, donde brillaban tanto sus ojos azules como los delgados hilos de plata de su cabellera –denotando la madurez de sus años-. Y también serias letras que revelaban su nombre y su orgullo: “ajedrecista”. Con paso firme y confiado se aproximó al salón, su exquisito gusto en trajes finos más el porte que le otorgaba su altura le daban un aire casi señorial. Se oían murmullos a lo lejos, a medida que avanzaba por el corredor se ampliaba su volumen dejando percibir ya las ovaciones que le cayeron sobre los hombros como guirnaldas encendidas al ingresar por fin al salón.
Con la sonrisa que mejor le sentaba a sus facciones saludó al público, y mirando no arrugar su traje saludo también a su oponente. Ya sentados, uno a cada lado de la tabla cuadriculada, todo entró en silencio. Las expectativas eran muchas, alguien pensó en ese momento desde las tribunas: -“es imposible, hasta para él, derrotar a diez contrincantes en una sola noche”-. Como si hubiera podido escucharlo, su frente dejó caer una pequeña gota de sudor que haciendo cosquillas sobre su rostro le recordó su humanidad.
Fue nuestro afamado personaje principal quien movió en primer término, con seguridad su mano hizo caminar uno de sus peones. El adversario no reflejaba en la mirada los nervios que quemaban sus pensamientos sin dejarlo actuar con claridad. Sin mayores complicaciones aniquiló al rey del color opuesto, y en pocas horas, nuestro querido jugador había derrotado a nueve grandes ajedrecistas. En el momento en que el último se hizo presente se vio flaqueada la fe en su dios máximo, su propia capacidad. Con el éxito a cinco movimientos de distancia su brillante sonrisa publicitaria regresó a iluminar el salón, el pobre oponente se sintió perdido y no realizó demasiados esfuerzos para cambiar su suerte.
Los labios de nuestro amigo pronunciaron las benditas palabras como sentencias determinantes, –“Jaque mate”- resonó en todo el auditorio. Se elevó la revoltosa marea de gente que había observado todo su desempeño, la gloria se alzó en gritos, aplausos y saludos de todas las clases. Su arrogante figura soportó todos los halagos y felicitaciones sin despeinar su cabellera.
Realizada la hazaña y concretado lo que su vanidad había predecido, el triunfo absoluto era suyo. Un leve pensamiento resonó en su mente en aquel momento, no había sido una partida diferente había ganado sin esfuerzos como estaba acostumbrado, y la victoria le pertenecía como correspondía. Ya se encontraba fuera del establecimiento, la noche seguía siendo serena y ya ni la brisa cantaba a las estrellas. Sintió una voz sobre su hombro, pensando en algún admirador giró calculando el impulso y la mirada, su esfuerzo fue en vano ya que nadie se encontraba allí.
En un primer instante no logró percibirlo y un segundo más tarde todo el desconcierto hizo coronas de espanto en su pecho, no existía más que un descampado, no había salón, ni admiradores fervorosos, ni camarín, ni alfiles. Nuestro desolado amigo nunca comprendió que sucedió aquella noche pero su prepotencia había sido erosionada en un instante, ya nadie sabía de él y sus logros, era un hombre más entre muchos otros.
Hoy ya no juega ajedrez, y mientras vende su fino traje por comida se desdibuja su afamada sonrisa de marfil.
FIN.
Bueno, espero no haberlos aburrido mucho, gracias por leer... y perdón desde ya a quienes no les haya gustado!!!
Saludos a todos!!!
