"Le tememos menos a la violencia que a nuestros propios sentimientos. El dolor privado, personal, solitario es más aterrorizante que el que alguien pueda infligir"- JM
El dolor parece haber desaparecido en la mayoría de la población, reemplazado por el estrés. No hay tiempo ni deseos de dejar trabajar el dolor. Así el cuerpo debe expresarse fundiéndose anímicamente.
Los noticieros disparan noticia tras otra. Muerte, injusticia, desastre. Pero todo queda en una anécdota para expresar rabia ante el político de turno, o en información para tener la razón en alguna discusión.
Ya no sentimos y estamos orgullosos de ello. Somos criaturas eficientes. Fuertes. Ya no somos aquél que se quiebra ante el menor acontecimiento.
La realidad es amarga y quien oculta el dolor sólo está tapando el sol con la mano. Como lo hacemos al anticiparnos al acontecimiento doloroso con una expresión de violencia, o ira (La forma más utilizada)
Mucho se puede hablar de las repercusiones de ese ignorar. Pero, lo más cuestionable más allá de todo esto, que se reduciría más a una indagación personal, es la popularidad que ha perdido el dolor en la cultura general, ese otro lado de la vida que no es sólo momentos agradables
Películas, canciones, libros son malos porque son deprimentes. Se hacen estas apreciaciones como si nada, pero no notamos que nuestra escala de valores perjudica nuestro juicio.
¿Tendremos un nuevo concepto de la moral? ¿Todo lo que es placentero es bueno de por sí?
Así pensamos.
Mientras pasemos la vida ignorando que la vida tiene dos lados igualmente válidos, nunca nos vamos a deshacer de la violencia, nunca nos vamos a desarrollar totalmente, y curiosamente, nunca vamos a saber lidiar con el dolor, provocando que sigamos temiéndole injustamente.
El dolor parece haber desaparecido en la mayoría de la población, reemplazado por el estrés. No hay tiempo ni deseos de dejar trabajar el dolor. Así el cuerpo debe expresarse fundiéndose anímicamente.
Los noticieros disparan noticia tras otra. Muerte, injusticia, desastre. Pero todo queda en una anécdota para expresar rabia ante el político de turno, o en información para tener la razón en alguna discusión.
Ya no sentimos y estamos orgullosos de ello. Somos criaturas eficientes. Fuertes. Ya no somos aquél que se quiebra ante el menor acontecimiento.
La realidad es amarga y quien oculta el dolor sólo está tapando el sol con la mano. Como lo hacemos al anticiparnos al acontecimiento doloroso con una expresión de violencia, o ira (La forma más utilizada)
Mucho se puede hablar de las repercusiones de ese ignorar. Pero, lo más cuestionable más allá de todo esto, que se reduciría más a una indagación personal, es la popularidad que ha perdido el dolor en la cultura general, ese otro lado de la vida que no es sólo momentos agradables
Películas, canciones, libros son malos porque son deprimentes. Se hacen estas apreciaciones como si nada, pero no notamos que nuestra escala de valores perjudica nuestro juicio.
¿Tendremos un nuevo concepto de la moral? ¿Todo lo que es placentero es bueno de por sí?
Así pensamos.
Mientras pasemos la vida ignorando que la vida tiene dos lados igualmente válidos, nunca nos vamos a deshacer de la violencia, nunca nos vamos a desarrollar totalmente, y curiosamente, nunca vamos a saber lidiar con el dolor, provocando que sigamos temiéndole injustamente.