Registrate y eliminá la publicidad! Uno 1943 Música: Mariano Mores Letra: Enrique Santos Discepolo Uno, busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias... Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina... Uno va arrastrándose entre espinas y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender: que uno se ha quedao sin corazón... Precio de castigo que uno entrega por un beso que no llega a un amor que lo engañó... ¡Vacío ya de amar y de llorar tanta traición! Si yo tuviera el corazón... (¡El corazón que di!...) Si yo pudiera como ayer querer sin presentir... Es posible que a tus ojos que me gritan tu cariño los cerrara con mis besos... Sin pensar que eran como esos otros ojos, los perversos, los que hundieron mi vivir. Si yo tuviera el corazón... (¡El mismo que perdí!...) Si olvidara a la que ayer lo destrozó y... pudiera amarte.. me abrazaría a tu ilusión para llorar tu amor... Pero, Dios, te trajo a mi destino sin pensar que ya es muy tarde y no sabré cómo quererte... Déjame que llore como aquel que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte... Pura como sos, habrías salvado mi esperanza con tu amor... Uno está tan solo en su dolor... Uno está tan ciego en su penar.... Pero un frío cruel que es peor que el odio -punto muerto de las almas- tumba horrenda de mi amor, ¡maldijo para siempre y me robó... toda ilusión!… El último café Música: Héctor Stamponi Letra: Cátulo Castillo Llega tu recuerdo en torbellino, vuelve en el otoño a atardecer miro la garúa, y mientras miro, gira la cuchara de café. Del último café que tus labios con frío, pidieron esa vez con la voz de un suspiro. Recuerdo tu desdén, te evoco sin razón, te escucho sin que estés. "Lo nuestro terminó", dijiste en un adiós de azúcar y de hiel... ¡Lo mismo que el café, que el amor, que el olvido! Que el vértigo final de un rencor sin porqué... Y allí, con tu impiedad, me vi morir de pie, medí tu vanidad y entonces comprendí mi soledad sin para qué... Llovía y te ofrecí, ¡el último café! Las cuarenta 1937 Música: Roberto Grela Letra: Francisco Gorrindo Con el pucho de la vida apretado entre los labios, la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar, dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos, como volcando un veneno esto se le oyó acusar. Vieja calle de mi barrio donde he dado el primor paso, vuelvo a vos, gastado el mazo en inútil barajar, con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos, que se rompió en un abrazo que me diera la verdad. Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno, sé del beso que se compra, sé del beso que se da; del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga, y sé que con mucha plata uno vale mucho más. Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran y, si la murga se ríe, hay que saberse reír; no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive! ¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil! La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron; cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar; la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo... Toda carta tiene contra y toda contra se da! Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso, y aquél, el que está más alto, es igual a los demás... Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho, me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar. Fuimos Letra de Homero Manzi 1945 Fui como una lluvia de cenizas y fatigas en las horas resignadas de tu vida... Gota de vinagre derramada, fatalmente derramada, sobre todas tus heridas. Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve rosa marchitada por la nube que no llueve. Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza que no puede vislumbrar su tarde mansa. Fuimos el viajero que no implora, que no reza, que no llora, que se echó a morir. ¡Vete...! ¿No comprendes que te estás matando? ¿No comprendes que te estoy llamando? ¡Vete...! No me beses que te estoy llorando ¡Y quisiera no llorarte más! ¿No ves?, es mejor que mi dolor quede tirado con tu amor librado de mi amor final ¡Vete!, ¿No comprendes que te estoy salvando? ¿No comprendes que te estoy amando? ¡No me sigas, ni me llames, ni me beses ni me llores, ni me quieras más! Fuimos abrazados a la angustia de un presagio por la noche de un camino sin salidas, pálidos despojos de un naufragio sacudidos por las olas del amor y de la vida. Fuimos empujados en un viento desolado... sombras de una sombra que tornaba del pasado. Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza, que no puede vislumbrar su tarde mansa. Fuimos el viajero que no implora, que no reza, que no llora, que se echó a morir. Después 1944 Música: Hugo Gutiérrez Letra: Homero Manzi Después ... La luna en sangre y tu emoción, y el anticipo del final en un oscuro nubarrón. Luego ... irremediablemente, tus ojos tan ausentes llorando sin dolor. Y después... La noche enorme en el cristal, y tu fatiga de vivir y mi deseo de luchar. Luego ... tu piel como de nieve, y en una ausencia leve tu pálido final. Todo retorna del recuerdo: tu pena y tu silencio, tu angustia y tu misterio. Todo se abisma en el pasado: tu nombre repetido ... tu duda y tu cansancio. Sombra más fuerte que la muerte, grito perdido en el olvido, paso que vuelve del fracaso canción hecha pedazos que aún es canción. Después ... vendrá el olvido o no vendrá y mentiré para reír y mentiré para llorar. Torpe fantasma del pasado bailando en el tinglado tal vez para olvidar. Y después, en el silencio de tu voz, se hará un dolor de soledad y gritaré para vivir... como si huyera del recuerdo en arrepentimiento para poder morir. Maquillaje Música: Virgilio Expósito Letra: Homero Expósito No... ni es cielo ni es azul, ni es cierto tu candor, ni al fin tu juventud. Tú compras el carmín y el pote de rubor que tiembla en tus mejillas, y ojeras con verdín para llenar de amor tu máscara de arcilla. Tú, que tímida y fatal te arreglas el dolor después de sollozar, sabrás cómo te amé, un día al despertar sin fe ni maquillaje, ya lista para el viaje que desciende hasta el color final... Mentiras... son mentiras tu virtud, tu amor y tu bondad y al fin tu juventud. Mentiras... ¡te maquillaste el corazón! ¡Mentiras sin piedad! ¡Qué lástima de amor! Volver 1935 Música: Carlos Gardel Letra: Alfredo Le Pera Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos, van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron, con sus pálidos reflejos, hondas horas de dolor. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor. La quieta calle donde el eco dijo: "Tuya es su vida, tuyo es su querer", bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver. Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra. Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro otra vez. Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de las noches que, pobladas de recuerdos, encadenen mi soñar. Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar. Y aunque el olvido que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guarda escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón. Naranjo en flor 1944 Música: Virgilio Expósito Letra: Homero Expósito Era más blanda que el agua, que el agua blanda, era más fresca que el río, naranjo en flor. Y en esa calle de estío, calle perdida, dejó un pedazo de vida y se marchó... Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento... Perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon con el viento. Después...¿qué importa el después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado, eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz. ¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho para dejarme en el pecho tanto dolor? Dolor de vieja arboleda, canción de esquina con un pedazo de vida, naranjo en flor. En esta tarde gris 1941 Música: Mariano Mores Letra: José María Contursi ¡Qué ganas de llorar en esta tarde gris! En su repiquetear la lluvia habla de ti... Remordimiento de saber que por mi culpa, nunca, vida, nunca te veré. Mis ojos al cerrar te ven igual que ayer, temblando, al implorar de nuevo mi querer... ¡Y hoy es tu voz que vuelve a mí en esta tarde gris! Ven —triste me decías–, que en esta soledad no puede más el alma mía... Ven y apiádate de mi dolor, que estoy cansada de llorarte, sufrir y esperarte y hablar siempre a solas con mi corazón. Ven, pues te quiero tanto, que si no vienes hoy voy a quedar ahogada en llanto... No, no puede ser que viva así, con este amor clavado en mí como una maldición. No supe comprender tu desesperación y alegre me alejé en alas de otro amor... ¡Qué solo y triste me encontré cuando me vi tan lejos y mi engaño comprobé! Mis ojos al cerrar te ven igual que ayer, temblando, al implorar de nuevo mi querer... ¡Y hoy es tu voz que sangra en mí, en esta tarde gris! Cuesta abajo 1934 Música: Carlos Gardel Letra: Alfredo Le Pera Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser. Bajo el ala del sombrero cuantas veces, embozada, una lágrima asomada yo no pude contener... Si crucé por los caminos como un paria que el destino se empeñó en deshacer; si fui flojo, si fui ciego, sólo quiero que hoy comprendan el valor que representa el coraje de querer. Era, para mí, la vida entera, como un sol de primavera, mi esperanza y mi pasión. Sabía que en el mundo no cabía toda la humilde alegría de mi pobre corazón. Ahora, cuesta abajo en mi rodada, las ilusiones pasadas yo no las puedo arrancar. Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá. Por seguir tras de su huella yo bebí incansablemente en mi copa de dolor, pero nadie comprendía que, si todo yo lo daba en cada vuelta dejaba pedazos de corazón. Ahora, triste, en la pendiente, solitario y ya vencido yo me quiero confesar: si aquella boca mentía el amor que me ofrecía, por aquellos ojos brujos yo habría dado siempre más.