La paradoja de la predestinación es una paradoja que establece que todos los actos que están ocurriendo y que van a dar lugar a un resultado futuro, no pueden ser modificados de ninguna manera. Lo que tiene que ocurrir, ocurrirá, es inevitable.
Esto nos lleva a pensar en diversos temas, como por ejemplo:
La relación que tenemos con las personas a lo largo de nuestra vida, si todo está predestinado a ocurrir de una manera, hagamos lo que hagamos, queramos o no queramos, estaremos dando como resultado la acción que va a ocurrir y que es inevitable.
Todo está matematizado y mecanizado, con lo que no puede ser alterado por nada ni por nadie. Este concepto choca con la teoría del libre albedrío que hace referencia a la capacidad de los seres humanos de tomar sus propias decisiones y de poder conducirlas hasta lograr su resolución o meta.
Según la teoría de la predestinación, el hombre, como ser dotado de una capacidad de transformar el mundo, se ve imposibilitado para cambiar el curso único e inamovible que tiene nuestro futuro. Nuestros actos y nuestra voluntad se ven subyugados al poder de una entidad superior. Dicha entidad tiene establecido cómo deben suceder las cosas y en qué momento deben suceder. La paradoja de la predestinación asegura que el destino es inmutable y no posee variación, se mantiene tal cual como está escrito y planeado. No hay excepción.
Por ejemplo, si uno decide no hacer algo para cambiar el mundo, esto ya estaba predestinado a suceder (el hecho de haber decidido no hacerlo). Esta paradoja está especialmente presente en religiones como la católica y otras religiones ortodoxas, donde por un lado el libre albedrío es parte del canon religioso y por otro lado existen profetas que anuncian algo que va a ocurrir.
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