The Green Inferno: película de caníbales en Perú
Otra vez los chilenos
Todo en este largometraje es perverso, desde su premisa hasta su concepción como homenaje al gran clásico del subgénero Holocausto Caníbal.
Para empezar, The Green Inferno es una coproducción entre Estados Unidos y… Chile.
Por lo tanto, como ya adivinaron, la mayor parte del reparto ¡es chileno! Varios de ellos encarnan personajes estadounidenses, incluida la protagonista.
¿Y el coguionista junto a Eli? Uruguayo… afincado y desarrollado profesionalmente en Chile.
Sólo hay dos actores peruanos con roles diferenciados: Antonieta Pari, como sacerdotisa lideresa de la tribu (nada que ver con su intervención en NN) y Percy Chumbe, como jefe de vigilancia de la multinacional que explota la selva virgen… más probablemente todos los extras lugareños que ejercen de pobladores caníbales. Sobre el rodaje con los extras en la selva y su inexperiencia ante las cámaras, aquí el director aparece presentando la película y afirmando “¡Ellos creían que estábamos haciendo una comedia!”:
“Peru is a dangerous country…“
La protagonista me empieza cayendo bien porque se llama Justine (como la heroína del Marqués de Sade) y tiene pegado en la pared de su cuarto un póster de la cinta francesa Betty Blue, en honor de la mítica Béatrice Dalle.
Justine es una estudiante gringa que contacta a una pandilla de activistas oenegeros, los cuales ya son presentados con joda, pues organizan una de sus protestas en el campus de su universidad… ¡con una huelga de hambre!
Su líder, Alejandro, es un cretino narcisista, pero pese a las advertencias de la mejor amiga de Justine (“Activism is so fucking gay!”, una de esas frases que Iñárritu jamás se permitirá incluir en sus películas), la muchacha cae de bruces en el seductor círculo de estos justicieros sociales que se masturban pensando en salvar a los más desfavorecidos: “¿Alguna vez han fantaseado con salvar a una tribu moribunda?”, arenga Alejandro al borde del orgasmo.
El padre de Justine, abogado que trabaja para las Naciones Unidas, es otro cretino atildado que advierte a su hija de lo peligroso que es unirse en la próxima misión del grupo: “Honey, Peru is a dangerous country, you know anything about it?”.
Y tanto que es peligroso, como descubren en su primera escala en la selva: dos adultos en moto sosteniendo bebés desprotegidos entre ellos, un vendedor que machetea la fruta con mirada poco fiable, tarántulas campando en la selva y por supuesto un otorongo observando a los extranjeros a la orilla del río, tal vez lanzándoles una maldición… ¡no falta nada para construir el inquieto choque cultural con el “otrismo local”! Convenientemente manipulado para que resulte lo más otrista posible, claro…
Es todo tan lógico como cuando el Inspector Clouseau deducía que sin duda el maltratador asesino de la víctima era su esposo porque se trataba de un español…
El gran cliché que es aquí todo el escenario humano sólo queda redimido por la estupidez de los voluntarios:
-What’s quechua? -pregunta uno de ellos.
-She’s a singer. Shut up! -le responden.
En su acción de protesta en la selva, los muchachos cumplen su objetivo: logran nada menos que una denuncia mundial contra “las autoridades peruanas” por la explotación ilegal del Amazonas. Pero en el minuto 40 empieza el horror: un accidente en la avioneta les mete de lleno en la pesadilla que estábamos esperando…
Otra vez los chilenos
Todo en este largometraje es perverso, desde su premisa hasta su concepción como homenaje al gran clásico del subgénero Holocausto Caníbal.
Para empezar, The Green Inferno es una coproducción entre Estados Unidos y… Chile.
Por lo tanto, como ya adivinaron, la mayor parte del reparto ¡es chileno! Varios de ellos encarnan personajes estadounidenses, incluida la protagonista.
¿Y el coguionista junto a Eli? Uruguayo… afincado y desarrollado profesionalmente en Chile.
Sólo hay dos actores peruanos con roles diferenciados: Antonieta Pari, como sacerdotisa lideresa de la tribu (nada que ver con su intervención en NN) y Percy Chumbe, como jefe de vigilancia de la multinacional que explota la selva virgen… más probablemente todos los extras lugareños que ejercen de pobladores caníbales. Sobre el rodaje con los extras en la selva y su inexperiencia ante las cámaras, aquí el director aparece presentando la película y afirmando “¡Ellos creían que estábamos haciendo una comedia!”:
“Peru is a dangerous country…“
La protagonista me empieza cayendo bien porque se llama Justine (como la heroína del Marqués de Sade) y tiene pegado en la pared de su cuarto un póster de la cinta francesa Betty Blue, en honor de la mítica Béatrice Dalle.
Justine es una estudiante gringa que contacta a una pandilla de activistas oenegeros, los cuales ya son presentados con joda, pues organizan una de sus protestas en el campus de su universidad… ¡con una huelga de hambre!
Su líder, Alejandro, es un cretino narcisista, pero pese a las advertencias de la mejor amiga de Justine (“Activism is so fucking gay!”, una de esas frases que Iñárritu jamás se permitirá incluir en sus películas), la muchacha cae de bruces en el seductor círculo de estos justicieros sociales que se masturban pensando en salvar a los más desfavorecidos: “¿Alguna vez han fantaseado con salvar a una tribu moribunda?”, arenga Alejandro al borde del orgasmo.
El padre de Justine, abogado que trabaja para las Naciones Unidas, es otro cretino atildado que advierte a su hija de lo peligroso que es unirse en la próxima misión del grupo: “Honey, Peru is a dangerous country, you know anything about it?”.
Y tanto que es peligroso, como descubren en su primera escala en la selva: dos adultos en moto sosteniendo bebés desprotegidos entre ellos, un vendedor que machetea la fruta con mirada poco fiable, tarántulas campando en la selva y por supuesto un otorongo observando a los extranjeros a la orilla del río, tal vez lanzándoles una maldición… ¡no falta nada para construir el inquieto choque cultural con el “otrismo local”! Convenientemente manipulado para que resulte lo más otrista posible, claro…
Es todo tan lógico como cuando el Inspector Clouseau deducía que sin duda el maltratador asesino de la víctima era su esposo porque se trataba de un español…
El gran cliché que es aquí todo el escenario humano sólo queda redimido por la estupidez de los voluntarios:
-What’s quechua? -pregunta uno de ellos.
-She’s a singer. Shut up! -le responden.
En su acción de protesta en la selva, los muchachos cumplen su objetivo: logran nada menos que una denuncia mundial contra “las autoridades peruanas” por la explotación ilegal del Amazonas. Pero en el minuto 40 empieza el horror: un accidente en la avioneta les mete de lleno en la pesadilla que estábamos esperando…