InicioApuntes Y MonografiasVerdad y mentira en Nietzsche


La verdad como perspectiva



Para Nietzsche, la verdad en un sentido absoluto no existe y es una ilusión
inventada por el hombre, predeterminado a la no-verdad.

La tesis de Nietzsche tiene sus razones y es “en oposición a la tradición
racionalista y positivista dominante en el S. XIX. Ella se dirige contra la creencia de una
verdad absoluta, sea la de la ciencia o la de la metafísica. No es la posibilidad de todo
conocimiento lo que niega sino su carácter absoluto y afirma, por el contrario, que toda
perspectiva ha de ser necesariamente relativa”.

La “verdad” tiene en Nietzsche un doble significado, por una lado es en realidad
la “mentira”; por el otro Nietzsche llama “sus verdades” al resultado de su posición
escéptica con respecto a Dios pensado como la verdad suprema.

El centro de la reflexión nietzscheana lo ocupa la crítica al nihilismo de la moral
cristina, por eso Nietzsche se separa conscientemente de la metafísica a la cual
interpreta como producto de la moral. Ésta es la causa del pesimismo y del nihilismo.
Precisamente: “en una muy determinada interpretación, en la interpretación
moral y cristiana se esconde el nihilismo”... Los valores de la moral se
desvalorizan al mostrar en su última fase de qué modo la “voluntad de verdad”
entendida como una voluntad tendiente hacia Dios, hacia un mundo verdadero en el más
allá, es en realidad una “voluntad de nada”, explica Laiseca.

Según Nietzsche, el filósofo se equivoca al no admitir que el conocimiento es un
producto del intelecto y una simulación del mismo, desarrolla las formas y los
conceptos a partir de los datos de la sensibilidad. Ellas son sólo una desfiguración de la
realidad de las cosas y no dicen nada con respecto a su verdad. (Laiseca, 2001)

¿En qué sentido es para el hombre alcanzar la verdad una tarea imposible?,
pregunta Laiseca remitiendo a los fundamentos de Nietzsche. “En primer lugar, ya
desde épocas tempranas Nietzsche presentará las bases de lo que dentro de la
gnoseología se conocería posteriormente como el perspectivismo. En sus escritos
“Sobre el pathos de la verdad” de 1872 y “Sobre verdad y mentira en un sentido
extramoral” de 1873, el entendimiento es caracterizado como un “aparato
simplificador”, cuya tarea, en una primera fase, es elaborar los conceptos y las palabras
a partir de la multiplicidad de impresiones. En una segunda fase, a partir de los
conceptos más elementales, forma idea cada vez más generales en una gradación,
llegando a los conceptos más abstractos, propios de la filosofía. Con el desarrollo de la
cultura y el lenguaje ese origen es olvidado, tomándose estos conceptos por adecuados
y verdaderos, es decir por coincidentes con una realidad externa. Esta situación se vuelve más grave a medida que el intelecto crea conceptos más abstractos para abarcar
toda realidad, con lo cual se cae en una clase de autoengaño y automentira.”

Esta inadecuación de los conceptos con las cosas se debe a dos razones. “En
primer lugar, Nietzsche descarta la posibilidad de una intuición intelectual que captaría
lo que sea “la cosa en sí” o la esencia de las cosas”28, en clara oposición a lo afirmado
por Descartes. “No existe según su punto de vista tal facultad, sino que todo
conocimiento obedece a una determinada “perspectiva”, es decir, a un punto de vista
particular distinto en cada especie. De esta forma, la especie humana, presta atención a
todos aquellos estímulos que son necesarios para su preservación, desoyendo otros.”

La primer forma del “arte de simulación” del intelecto humano es - para
Nietzsche - el lenguaje, que surge ante la necesidad de la vida en común, es una
convención. El hombre construye conceptos y verdades fijas para poder comunicarse,
pero el lenguaje no es la expresión adecuada para “toda realidad”. El tomar a tal
convención como la “verdad”, lleva al hombre a pensar que las reglas del lenguaje se
corresponden con las “leyes de la verdad”. “La verdad, en el sentido de correspondencia
del juicio de las cosas, es relativizada al punto de volverse una “ficción” necesaria para
la vida. Las palabras son metáforas que describen sólo relaciones del hombre con las
cosas, pero no son las cosas mismas.”

“La ambigüedad del lenguaje es notable, pues intenta hablar más allá de la
metafísica y evitar la dualidad fenómeno-cosa en sí. Los conceptos no serían adecuados
al fenómeno e inadecuados a la cosa en sí. Este es el punto que separa a Nietzsche de
Kant para quien la ciencia del fenómeno era posible, aunque no se pudiera conocer la
cosa en sí”.31 En consecuencia, la verdad científica es para él una forma más de la
“mentira”, siendo sus leyes y sus regularidades productos del intelecto humano.

Para Nietzsche tampoco es posible el conocimiento último de las cosas, – pero
por razones diferentes a Kant -, debido a que la totalidad de lo real está en permanente
devenir, determinada por el eterno retorno, con lo cual el conocimiento de toda
substancia última es imposible. Este carácter de perpetuo devenir que posee la realidad
hace que sea inatrapable por los esquemas construidos por el intelecto humano. En
consecuencia, deben ser excluidas las categorías metafísicas como substancia, finalidad,
unidad, etc. (Laiseca, 1998)

En síntesis, la conciencia, el intelecto tiene como función configurar esquemas
de permanencia – los conceptos -, luego los relaciona y los interpreta; todo pensamiento
consciente, racional, es una interpretación de la realidad. No existe un más allá de la
conciencia para conocer, una esencia, una “cosa en sí”. (Laiseca, 2001)

Por consiguiente, explica Laiseca, siguiendo los razonamientos del filósofo
“todo conocimiento se vuelve relativo, provisorio, no permanente. Han sido los conceptos y las “formas” propias de la metafísica, las que han dado una apariencia falsa
de permanencia a los entes en devenir constante. Pero en ningún momento debe
olvidarse que los conceptos son formas “simplificadas”, regidas por la perspectiva
particular del ser humano para su desarrollo. Consecuentemente tampoco el
conocimiento científico es definitivo, ni desinteresado. También la ciencia como
capacidad para alcanzar la verdad última es una “mentira”.

Como podrá observarse, los planteos de Nietzsche van en oposición a la
búsqueda de certeza de la verdad absoluta que caracterizó el pensamiento filosófico
desde Descartes hasta Hegel, ello se visualiza cuando escribe:


“Pienso de otro modo con respecto al no saber y a la ausencia de
certeza. El hecho de que algo permanezca desconocido no es mi
preocupación. Me alegro de que una clase de conocimiento pueda
darse y me maravillo de la complejidad de esta posibilidad”.


Para él no es importante si un concepto o sistema conceptual son verdaderos sino
que su interés pasa por determinar si son útiles o no para la especie, su conservación y
perdurabilidad. En este contexto, el conocimiento es siempre un medio para un fin.

Respecto a la metafísica, su postura es más radical que Kant – para quien la cosa
en sí es pensable – en términos de considerar que no hay una cosa en sí ni para pensar ni
para conocer:


”No obstante admitiendo que hubiera un en sí, algo incondicionado,
entonces y por eso no podría ser conocido. Algo incondicionado no
puede ser conocido: caso contrario no sería incondicionado. Conocer
significa “ponerse en condición para algo”... sentirse condicionado
por algo y entre nosotros, es bajo toda circunstancia un fijar,
caracterizar y ser conscientes de las condiciones (no un penetrar en
esencias, cosas, “en sí”). ... Como los empiristas, cree que son
ficciones del intelecto ... Mas la hipótesis perspectivista lo distingue
de aquéllos. “Conceptualizar (begreifen) todo significaría eliminar
toda relación perspectivística y eso significaría no conceptualizar
nada, desconocer la esencia (Wesen) del conocer””


Ante la postura del filósofo respecto a la metafísica, Laiseca comentará que en
consecuencia Nietzsche se enfrentó con la dificultad de encontrar un nuevo lenguaje no
metafísico para explicar como tiene lugar el conocimiento sin un sujeto, substrato de
referencias. (Laiseca, 2001)

Finalmente, y según Heidegger, en Nietzsche la palabra verdad significa “lo
mismo que lo verdadero, y esto quiere decir: lo en verdad conocido. Conocer es
aprehender teórico-científicamente lo real en el más amplio sentido”. Para este autor, la concepción nietzscheana de la esencia de la verdad se mantiene en el ámbito de la
gran tradición del pensamiento occidental.
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