¿Por qué odian a la presidenta? ¿Por qué están en contra de los “planes sociales”? ¿Por qué odian Tecnópolis? ¿Por qué votaron un “cambio”?
Para un observador externo amante del progreso social puede resultar inexplicable como después de doce años, donde un país quebrado se puso en pié, la mayoría vote las mismas políticas que lo llevaron a la quiebra. En esta ocasión esas políticas se encarnan en un candidato torpe, de estrecha lucidez y abiertamente asociado con los históricos verdugos del país.
La sensibilidad de aquellos que apoyamos la continuidad es clara y tiene argumentos precisos: la conformidad con la inclusión social y el deseo de que se mantenga y se profundice, entre otros argumentos. La sensibilidad de aquellos que apoyaron el “cambio” subyace por detrás de argumentos débiles e irracionales que no alcanzan a articularse con claridad para expresar un argumento coherente.
Tuve la oportunidad de conversar distendidamente con representantes genuinos de la sensibilidad del globito. Lo que ellos sienten es que el sentido de su vida (su eje) es construir un estilo de vida alcanzando cierto nivel social , un “status” de casa linda, auto moderno, buena educación para sus hijos (privada), salud (privada), algún viaje a Europa, Disney, Miami o Punta del Este, adquisición de tecnología de última generación (celular, TV, computadora) y esta es la recompensa que obtienen por el esfuerzo invertido. Ellos expresan, mientras fruncen el seño: “yo me esforcé mucho para tener todo esto”.
Estamos dando un ejemplo muy extremo ya que si bien la sensibilidad del globito es mayoritaria en las clases altas (hasta se puede trazar un mapa habitacional por barrios) también resuena en mentalidades individualistas de cualquier estrato social dado que se trata de un armado totalmente ilógico e irracional. En muchos casos la gente no relaciona la situación general con su situación individual, o se quieren diferenciar de otros aunque tengan muy poco. (1)
Ahora bien, este status social o diferenciación se mide por comparación. Es decir, si yo tengo acceso a ciertas cosas a las que accede solo una minoría, el objetivo de mi esfuerzo se ve satisfecho. Pero en el momento en que las clases más bajas empiezan a adquirir los mismos beneficios, esa diferenciación se diluye y me trae problemas. No problemas de ideología, sino un problema de justificación del emprendimiento realizado en mi vida, de sentido de mi esfuerzo y mi trabajo.
Es obvio que ese planteo es caprichoso y plagado de falsedades, pero realmente así lo sienten y todo lo que sea equiparación concreta y real lo viven como un cuestionamiento medular a su estilo de vida, como una pérdida de sus espacios individuales conquistados.
Para armar todo esto como pensamiento y sensación interna, deberán necesariamente naturalizar a esos conjuntos de barrios “bajos” despojando a su gente de buenas intenciones para justificar así sus sentimientos. Esas personas serán llamadas y sentidas como “los negros” que solo buscan la vagancia, el robo y el aprovechamiento de los que realmente hacen las cosas bien (beneficiándose del pago de sus impuestos, cosa que viven como gran injusticia). El esfuerzo propio se siente como derecho al disfrute de beneficios exclusivos mientras que el esfuerzo de “los negros” es ignorado o degradado.
A partir de ahí se construye el discurso y el odio a los gobernantes que les otorgan derechos. Serán tildados con los insultos más viscerales sin necesidad de comprobación: corruptos, enfermos, asesinos, ladrones, etc. etc.
El caso de Tecnópolis es muy ilustrativo. ¿Por qué les molestaría algo que no los afecta en lo más mínimo? No lo visitan, no lo conocen ni les interesa conocerlo, no llevan a sus hijos, pero lo llaman de forma socarrona y degradatoria “Negrópolis”. Y no les gusta, no les gusta ni un poquito, porque es un símbolo de acercamiento de “los negros” a los beneficios que solo ellos pretenden disfrutar. Al planetario de Capital Federal, que es pago y bastante caro, sí que van y lo disfrutan, porque justamente ahí sienten que ellos pueden tener acceso a esos placeres que no son para todo el mundo. Justamente para eso trabajan y se esfuerzan.
Solo cuando la pobreza golpea en extremo se conmueven los más sensibles y son capaces de apoyar una solución general. Porque en el fondo, créanme, no son mala gente. En muchos casos es gente solidaria y servicial, claro que siempre bajo el formato de “caridad” o de limosna que no modifique el “orden social natural”. Si el gobierno ofrece ayuda se irritan, pero si la caridad la controlan ellos invocan al Papa y se regocijan.
Observamos la misma sensibilidad en Europa cuando se conmueven por las terribles e injustas muertes en sus países periféricos pobres, pero tampoco desean que alcancen el mismo nivel de vida que ellos, porque los consideran inferiores.
Esto viene de lejos en la historia de las sociedades: un grupo que domina el todo social justificado en un orden “natural” (a veces divino, otras hereditario, en algunos lugares a través de castas, etc) pero siempre anulando zonas de la intencionalidad de los naturalizados en sus necesidades más profundas. (2)
Si se destina dinero a políticas sociales (para ellos meramente “planes”) se enfurecen e insultan a cuatro vientos. Pero si el dinero se escurre de a millones con amigos del poder, como quedó claro en la Capital Federal, eso no les desata la menor pasión. ¿Por qué? porque no atenta contra el eje mencionado de mantener su distancia con “los negros”.
El voto por el “cambio” fue en su esencia un “paremos con las conquistas sociales porque nos van a igualar los negros”. (3)
Por supuesto que no lo expresan de este modo porque ni siquiera ellos lo tienen claro, pero se puede observar como sobre estas motivaciones arman sus argumentos siempre endebles. Es por esto que sus representantes políticos no necesitaron de ideas, definiciones o propuestas. Su público no lo pedía ya que la esencia “anti negro” de sus candidatos era muy clara y más que suficiente.
Sabemos que nunca es un solo factor el que determina un resultado electoral, también tenemos los despistados, los influenciables por los medios, los amantes de lo superfluo, los que se benefician en algo, situaciones de candidatos y campañas, y muchos detalles más que van sumando votos en un lado o en el otro, de modo que no se puede hacer regla de tres simple para explicar el resultado de una elección, pero lo que pretendemos comprender ahora es que tipo de sensibilidad es la que votó contra el avance de los derechos para todos.
Este país logró salir por un instante de la opresión del poder mundial actual: el capital financiero internacional. Y eso no es poca cosa. Esa gran experiencia común no se podrá extirpar ni cambiando el sentido de las palabras ni inflando más globitos, sino que se mantendrá como una referencia firme que ya está cambiando la mirada y la interpretación de los hechos. Bajo esta nueva mirada los poderes ya nos son incuestionables, los medios y los jueces ya no son independientes, la economía de la mano invisible no favorece nuestras vidas, la cultura ya no es extranjera, los bancos ya no son los amigos del pueblo, el “para todos” es algo realizable.
Pero hace falta un cambio interno y profundo que pueda desembocar en un nuevo tipo de ser humano. Ya no con una visión que termina en él o en su familia, sino percibiendo al mundo como espacio común y rechazando visceralmente el dolor ajeno, el sufrimiento innecesario e injusto de cualquier niño, de cualquier persona, de cualquier familia o población. Sea quien sea, viva donde viva y venga de donde venga.
Ese debe ser el eje de cualquier política y actividad humana: la compasión y la solidaridad.
Este cambio pertenece más al terreno espiritual que al político ya que, como siempre ha sucedido, la política no es la vanguardia de los cambios sino la articulación social y concreta mediante leyes, derechos y organización de aquellas sensibilidades que previamente ganaron el corazón de las poblaciones.
La política no construye vanguardia sino que refleja (siempre tardíamente) los cambios acontecidos en el interior del paisaje social . (4)
Son épocas de construcción y de posibilidades abiertas y esto constituye un estimulante desafío relacionado a la necesidad de un salto de nivel de conciencia y de registros más profundos de la raza humana que habita este planeta. Un crecimiento de la capacidad de compasión por el otro y no solo del producto bruto o las reservas monetarias. (5)
Se vienen tiempos de la verdadera alegría y de una aceleración en la evolución interior, porque como decía una antigua sentencia “dios escribe derecho con líneas torcidas”.
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(1) Por supuesto que esto ocurre porque los intereses económicos de los círculos privilegiados manejan al mundo, pero la visión de esa minoría privilegiada ha hecho carne aun en las capas más perjudicadas de la sociedad. De esta suerte, es patético escuchar en el discurso del ciudadano medio los acordes que antes percibiéramos en los representantes de las minorías dominantes a través de los medios de difusión. Y esto seguirá así y no será posible un diálogo profundo ni una acción concertada globalmente hasta que fracasen los intentos puntuales de resolver la crisis progresiva desencadenada en el mundo. En el momento actual se cree que no debe discutirse la globalidad del sistema económico y político vigente, ya que éste es perfectible. Opuestamente, para nosotros, este sistema no es perfectible ni puede ser gradualmente reformado, ni las soluciones desestructuradas de coyuntura producirán una creciente recomposición.
(Silo – Las condiciones del diálogo)
(2) …si hay algo "natural" en el ser humano, no es en el sentido mineral, vegetal o animal, sino en el sentido que lo natural en él es el cambio, la historia, la transformación. Tal idea de cambio no se aviene convenientemente con la idea de "naturaleza" y por ello preferimos no usar esta última palabra como se ha venido haciendo y con la cual se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano. Por ejemplo: porque los nativos de un lugar eran diferentes a los conquistadores de otro lugar, fueron llamados los "naturales". Porque las razas presentaron algunas diferencias morfológicas o de coloración, fueron asimiladas a diferentes naturalezas dentro de la especie humana y así siguiendo. De ese modo, existía un orden "natural" y cambiar ese orden era un pecado contra lo establecido de un modo definitivo. Razas distintas, sexos distintos, posiciones sociales distintas, estaban establecidas dentro de un orden supuestamente natural que debía conservarse de modo permanente.
(Silo – Acerca de lo humano)
(3) Noticia del día siguiente a las elecciones: Esperanza Aguirre, presidenta del Partido Popular en Madrid, felicitó a Macri y celebró el "fin del comunismo".
No es que esta mujer ignore que el gobierno saliente no es comunista, lo que expresa es su conformidad por cortar la posibilidad de una sociedad igualitaria, intención que estigmatiza como “comunista”.
(4) Por medio de la historia intentamos la comprensión de las variaciones que sobrevienen en el espíritu humano. Para ello necesitamos primero advertir que esas variaciones no son de un mismo rango. Ciertos fenómenos históricos dependen de otros más profundos, que, por su parte, son independientes de aquéllos. La idea de que todo influye en todo, de que todo depende de todo, es una vaga ponderación mística, que debe repugnar a quien desee resueltamente ver claro. No; el cuerpo de la realidad histórica posee una anatomía perfectamente jerarquizada, un orden de subordinación, de dependencia entre las diversas clases de hechos. Así, las transformaciones de orden industrial o político son poco profundas; dependen de las ideas, de las preferencias morales y estéticas que tengan los contemporáneos. Pero a su vez, ideología, gusto y moralidad no son más que consecuencias o especificaciones de la sensación radical ante la vida, de cómo se sienta la existencia en su integridad indiferenciada. Esta que llamaremos "sensibilidad vital" es el fenómeno primario en historia y lo primero que habríamos de definir para comprender una época.
(Ortega y Gasset – La idea de las generaciones)
(5) Tal compasión hace que el ironista se sensibilice frente al dolor y la humillación de otras personas –de diversas tribus, costumbres, sociedades, épocas, religiones–. En este contexto, el ironista será aquella persona que reemplaza la búsqueda tradicional de la objetividad por la solidaridad.
Y, ¿en qué consiste ser solidario? Para Rorty, ser solidario significa buscar todos los medios posibles para aliviar el sufrimiento ajeno. Ello se logra, no mediante una reflexión racional sino mediante una educación sentimental que aumente nuestra sensibilidad para responder a las necesidades ajenas y nos dé la capacidad de incluir en la categoría de nosotros a personas con creencias, valores y actitudes, muy diferentes a las nuestras.
(Paula Rossi - Más allá de la epistemología: contingencia, ironía y conversación)
Para un observador externo amante del progreso social puede resultar inexplicable como después de doce años, donde un país quebrado se puso en pié, la mayoría vote las mismas políticas que lo llevaron a la quiebra. En esta ocasión esas políticas se encarnan en un candidato torpe, de estrecha lucidez y abiertamente asociado con los históricos verdugos del país.
La sensibilidad de aquellos que apoyamos la continuidad es clara y tiene argumentos precisos: la conformidad con la inclusión social y el deseo de que se mantenga y se profundice, entre otros argumentos. La sensibilidad de aquellos que apoyaron el “cambio” subyace por detrás de argumentos débiles e irracionales que no alcanzan a articularse con claridad para expresar un argumento coherente.
Tuve la oportunidad de conversar distendidamente con representantes genuinos de la sensibilidad del globito. Lo que ellos sienten es que el sentido de su vida (su eje) es construir un estilo de vida alcanzando cierto nivel social , un “status” de casa linda, auto moderno, buena educación para sus hijos (privada), salud (privada), algún viaje a Europa, Disney, Miami o Punta del Este, adquisición de tecnología de última generación (celular, TV, computadora) y esta es la recompensa que obtienen por el esfuerzo invertido. Ellos expresan, mientras fruncen el seño: “yo me esforcé mucho para tener todo esto”.
Estamos dando un ejemplo muy extremo ya que si bien la sensibilidad del globito es mayoritaria en las clases altas (hasta se puede trazar un mapa habitacional por barrios) también resuena en mentalidades individualistas de cualquier estrato social dado que se trata de un armado totalmente ilógico e irracional. En muchos casos la gente no relaciona la situación general con su situación individual, o se quieren diferenciar de otros aunque tengan muy poco. (1)
Ahora bien, este status social o diferenciación se mide por comparación. Es decir, si yo tengo acceso a ciertas cosas a las que accede solo una minoría, el objetivo de mi esfuerzo se ve satisfecho. Pero en el momento en que las clases más bajas empiezan a adquirir los mismos beneficios, esa diferenciación se diluye y me trae problemas. No problemas de ideología, sino un problema de justificación del emprendimiento realizado en mi vida, de sentido de mi esfuerzo y mi trabajo.
Es obvio que ese planteo es caprichoso y plagado de falsedades, pero realmente así lo sienten y todo lo que sea equiparación concreta y real lo viven como un cuestionamiento medular a su estilo de vida, como una pérdida de sus espacios individuales conquistados.
Para armar todo esto como pensamiento y sensación interna, deberán necesariamente naturalizar a esos conjuntos de barrios “bajos” despojando a su gente de buenas intenciones para justificar así sus sentimientos. Esas personas serán llamadas y sentidas como “los negros” que solo buscan la vagancia, el robo y el aprovechamiento de los que realmente hacen las cosas bien (beneficiándose del pago de sus impuestos, cosa que viven como gran injusticia). El esfuerzo propio se siente como derecho al disfrute de beneficios exclusivos mientras que el esfuerzo de “los negros” es ignorado o degradado.
A partir de ahí se construye el discurso y el odio a los gobernantes que les otorgan derechos. Serán tildados con los insultos más viscerales sin necesidad de comprobación: corruptos, enfermos, asesinos, ladrones, etc. etc.
El caso de Tecnópolis es muy ilustrativo. ¿Por qué les molestaría algo que no los afecta en lo más mínimo? No lo visitan, no lo conocen ni les interesa conocerlo, no llevan a sus hijos, pero lo llaman de forma socarrona y degradatoria “Negrópolis”. Y no les gusta, no les gusta ni un poquito, porque es un símbolo de acercamiento de “los negros” a los beneficios que solo ellos pretenden disfrutar. Al planetario de Capital Federal, que es pago y bastante caro, sí que van y lo disfrutan, porque justamente ahí sienten que ellos pueden tener acceso a esos placeres que no son para todo el mundo. Justamente para eso trabajan y se esfuerzan.
Solo cuando la pobreza golpea en extremo se conmueven los más sensibles y son capaces de apoyar una solución general. Porque en el fondo, créanme, no son mala gente. En muchos casos es gente solidaria y servicial, claro que siempre bajo el formato de “caridad” o de limosna que no modifique el “orden social natural”. Si el gobierno ofrece ayuda se irritan, pero si la caridad la controlan ellos invocan al Papa y se regocijan.
Observamos la misma sensibilidad en Europa cuando se conmueven por las terribles e injustas muertes en sus países periféricos pobres, pero tampoco desean que alcancen el mismo nivel de vida que ellos, porque los consideran inferiores.
Esto viene de lejos en la historia de las sociedades: un grupo que domina el todo social justificado en un orden “natural” (a veces divino, otras hereditario, en algunos lugares a través de castas, etc) pero siempre anulando zonas de la intencionalidad de los naturalizados en sus necesidades más profundas. (2)
Si se destina dinero a políticas sociales (para ellos meramente “planes”) se enfurecen e insultan a cuatro vientos. Pero si el dinero se escurre de a millones con amigos del poder, como quedó claro en la Capital Federal, eso no les desata la menor pasión. ¿Por qué? porque no atenta contra el eje mencionado de mantener su distancia con “los negros”.
El voto por el “cambio” fue en su esencia un “paremos con las conquistas sociales porque nos van a igualar los negros”. (3)
Por supuesto que no lo expresan de este modo porque ni siquiera ellos lo tienen claro, pero se puede observar como sobre estas motivaciones arman sus argumentos siempre endebles. Es por esto que sus representantes políticos no necesitaron de ideas, definiciones o propuestas. Su público no lo pedía ya que la esencia “anti negro” de sus candidatos era muy clara y más que suficiente.
Sabemos que nunca es un solo factor el que determina un resultado electoral, también tenemos los despistados, los influenciables por los medios, los amantes de lo superfluo, los que se benefician en algo, situaciones de candidatos y campañas, y muchos detalles más que van sumando votos en un lado o en el otro, de modo que no se puede hacer regla de tres simple para explicar el resultado de una elección, pero lo que pretendemos comprender ahora es que tipo de sensibilidad es la que votó contra el avance de los derechos para todos.
Este país logró salir por un instante de la opresión del poder mundial actual: el capital financiero internacional. Y eso no es poca cosa. Esa gran experiencia común no se podrá extirpar ni cambiando el sentido de las palabras ni inflando más globitos, sino que se mantendrá como una referencia firme que ya está cambiando la mirada y la interpretación de los hechos. Bajo esta nueva mirada los poderes ya nos son incuestionables, los medios y los jueces ya no son independientes, la economía de la mano invisible no favorece nuestras vidas, la cultura ya no es extranjera, los bancos ya no son los amigos del pueblo, el “para todos” es algo realizable.
Pero hace falta un cambio interno y profundo que pueda desembocar en un nuevo tipo de ser humano. Ya no con una visión que termina en él o en su familia, sino percibiendo al mundo como espacio común y rechazando visceralmente el dolor ajeno, el sufrimiento innecesario e injusto de cualquier niño, de cualquier persona, de cualquier familia o población. Sea quien sea, viva donde viva y venga de donde venga.
Ese debe ser el eje de cualquier política y actividad humana: la compasión y la solidaridad.
Este cambio pertenece más al terreno espiritual que al político ya que, como siempre ha sucedido, la política no es la vanguardia de los cambios sino la articulación social y concreta mediante leyes, derechos y organización de aquellas sensibilidades que previamente ganaron el corazón de las poblaciones.
La política no construye vanguardia sino que refleja (siempre tardíamente) los cambios acontecidos en el interior del paisaje social . (4)
Son épocas de construcción y de posibilidades abiertas y esto constituye un estimulante desafío relacionado a la necesidad de un salto de nivel de conciencia y de registros más profundos de la raza humana que habita este planeta. Un crecimiento de la capacidad de compasión por el otro y no solo del producto bruto o las reservas monetarias. (5)
Se vienen tiempos de la verdadera alegría y de una aceleración en la evolución interior, porque como decía una antigua sentencia “dios escribe derecho con líneas torcidas”.
_____________________________________________________
(1) Por supuesto que esto ocurre porque los intereses económicos de los círculos privilegiados manejan al mundo, pero la visión de esa minoría privilegiada ha hecho carne aun en las capas más perjudicadas de la sociedad. De esta suerte, es patético escuchar en el discurso del ciudadano medio los acordes que antes percibiéramos en los representantes de las minorías dominantes a través de los medios de difusión. Y esto seguirá así y no será posible un diálogo profundo ni una acción concertada globalmente hasta que fracasen los intentos puntuales de resolver la crisis progresiva desencadenada en el mundo. En el momento actual se cree que no debe discutirse la globalidad del sistema económico y político vigente, ya que éste es perfectible. Opuestamente, para nosotros, este sistema no es perfectible ni puede ser gradualmente reformado, ni las soluciones desestructuradas de coyuntura producirán una creciente recomposición.
(Silo – Las condiciones del diálogo)
(2) …si hay algo "natural" en el ser humano, no es en el sentido mineral, vegetal o animal, sino en el sentido que lo natural en él es el cambio, la historia, la transformación. Tal idea de cambio no se aviene convenientemente con la idea de "naturaleza" y por ello preferimos no usar esta última palabra como se ha venido haciendo y con la cual se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano. Por ejemplo: porque los nativos de un lugar eran diferentes a los conquistadores de otro lugar, fueron llamados los "naturales". Porque las razas presentaron algunas diferencias morfológicas o de coloración, fueron asimiladas a diferentes naturalezas dentro de la especie humana y así siguiendo. De ese modo, existía un orden "natural" y cambiar ese orden era un pecado contra lo establecido de un modo definitivo. Razas distintas, sexos distintos, posiciones sociales distintas, estaban establecidas dentro de un orden supuestamente natural que debía conservarse de modo permanente.
(Silo – Acerca de lo humano)
(3) Noticia del día siguiente a las elecciones: Esperanza Aguirre, presidenta del Partido Popular en Madrid, felicitó a Macri y celebró el "fin del comunismo".
No es que esta mujer ignore que el gobierno saliente no es comunista, lo que expresa es su conformidad por cortar la posibilidad de una sociedad igualitaria, intención que estigmatiza como “comunista”.
(4) Por medio de la historia intentamos la comprensión de las variaciones que sobrevienen en el espíritu humano. Para ello necesitamos primero advertir que esas variaciones no son de un mismo rango. Ciertos fenómenos históricos dependen de otros más profundos, que, por su parte, son independientes de aquéllos. La idea de que todo influye en todo, de que todo depende de todo, es una vaga ponderación mística, que debe repugnar a quien desee resueltamente ver claro. No; el cuerpo de la realidad histórica posee una anatomía perfectamente jerarquizada, un orden de subordinación, de dependencia entre las diversas clases de hechos. Así, las transformaciones de orden industrial o político son poco profundas; dependen de las ideas, de las preferencias morales y estéticas que tengan los contemporáneos. Pero a su vez, ideología, gusto y moralidad no son más que consecuencias o especificaciones de la sensación radical ante la vida, de cómo se sienta la existencia en su integridad indiferenciada. Esta que llamaremos "sensibilidad vital" es el fenómeno primario en historia y lo primero que habríamos de definir para comprender una época.
(Ortega y Gasset – La idea de las generaciones)
(5) Tal compasión hace que el ironista se sensibilice frente al dolor y la humillación de otras personas –de diversas tribus, costumbres, sociedades, épocas, religiones–. En este contexto, el ironista será aquella persona que reemplaza la búsqueda tradicional de la objetividad por la solidaridad.
Y, ¿en qué consiste ser solidario? Para Rorty, ser solidario significa buscar todos los medios posibles para aliviar el sufrimiento ajeno. Ello se logra, no mediante una reflexión racional sino mediante una educación sentimental que aumente nuestra sensibilidad para responder a las necesidades ajenas y nos dé la capacidad de incluir en la categoría de nosotros a personas con creencias, valores y actitudes, muy diferentes a las nuestras.
(Paula Rossi - Más allá de la epistemología: contingencia, ironía y conversación)