Artículo de mi blog :
Crónicas de una Española en Viena
A diferencia de otras personas yo no emigré por falta de trabajo. De hecho tenía una academia de idiomas en Valencia que funcionaba bastante bien. Me gustaba mi trabajo, como directora y profesora de inglés y, eventualmente, español para extranjeros.
La crisis tuvo tanto que ver en mi necesidad de emigrar como la época de las vacas gordas, cuando una parte jugosa de la poblacíón española se comportaba con una arrogancia supina, una falta de educación cabreante, y un individualismo atroz. Ya en 2004 me preparaba para la huida de tanto salvajismo, pero también porque don Manfredo y yo veíamos la que se avecinaba y no queríamos que la hecatombe se nos viniera encima.
El 17 de octubre de 2009 llegábamos a Viena con una furgoneta cargada de los muebles más elementales, los libros , la ropa, la vajilla, toda nuestra vida metida en cajas y un montón de dolor. Porque en mi caso, quizá por contar entonces con 44 años, era (aunque esto nunca se puede saber), para siempre, y para él un retorno a la tierra que había abandonado a los 28 años.
Nos instalamos en casa de un amigo y buscamos piso durante un mes.
A los 44 empecé de cero por ¿quinta vez en mi vida? Un nuevo negocio en el que me pasaba el día sola y teniendo que hablar en alemán. A las 16.30 ya era noche cerrada, de modo que pasé de una vida luminosa y rodeada de alumnos, profesores , bullicio, a estar aislada, sola y en la oscuridad del crudo invierno vienés. Y el de 2009 fue el invierno más crudo que ha habido desde entonces.
A las 19 h cerraba el negocio y me encerraba en casa sola. El mariden tenía un trabajo por horas para que no se nos fuera todo el dinero, ya que el primer año en un negocio por lo general, hay muchos gastos y cero ganancias.
Al llegar a casa me ponía la televisión en alemán y , aunque vine hablando, no entendía nada ( todavía hay mucho que no entiendo y supongo que siempre será así). Intentaba relajarme pero no podía. La mente me estallaba, no hallaba solaz en nada, salvo en una cosa: Inside the Actor´s Studio, un programa en inglés, y durante aquella época estaba tan frustrada que maldije haber dejado mi profesión de actriz. De hecho llegué a pensar que todo había sido un grave error. ( Obviamente, no es así, pero cuando uno está mal ya se sabe).
Todo era ajeno a mí y tener amigos aquí antes de llegar no ayudó mucho más. Me había negado desde el principio a cometer el mismo error que cometí en Londres : juntarme solo con españoles. De modo que no busqué amistades españolas, lo cual ayuda mucho a no sentirse solo pero retarda o impide integrarse en la nueva cultura.
Han sido unos de los años más duros de mi vida, también porque el negocio tardó más en funcionar de lo que habíamos creído. Volví a fumar, poco , pero varios días por semana. (Ahora llevo 7 días sin fumar, me he propuesto que no fumo más y punto). Pero también descubrí la escritura.
Hoy día, tras 6 años aquí, el negocio funciona, tengo amistades, no tengo por qué estar en casa si no quiero. Sé que no estoy sola ( a parte del mariden), y aún así... es tan difícil. Vivir en el extranjero es taaaan difícil.
Yo amo Viena , y hay días en que me levanto y sé que estoy viviendo en el lugar correcto, disfruto su belleza y hasta su cielo de panza de burra, como decía una amiga, me resulta de lo más acojedor cuando estoy de buen humor.
Pero hay días en que me duele el alma, en que pienso que dentro de esta bola de cristal con ese cielo asnal se está muy triste, sobre todo cuando me pasan las fotos de la playa de Gandía por el Facebook y veo el lugar donde me crié y me acuerdo de su sol y de sus montañas, porque a mí la playa no me gusta.
Sin embargo, voy a Gandía y sé que no es mi lugar, que si viviera allí me ahogaría como me ahogué siempre, que por algo me fui de muy joven y me volví a ir en cuanto hube encontrado al mariden ( en una discoteca de la playa, manda hueven).
La conclusión a esta reflexión es la que me decía mi profesora de canto en Valencia , que era israelí y llevaba años viviendo allí: "Vivir en el extranjero es vivir con el corazón partido".
Pues sí, la verdad es que sí. Que el dolor que a veces siento es normal y debo aceptarlo. Que cada vez seré más extranjera en España. Que yo no soy de ningún lado y de muchas partes: de Gandía, Valencia , Madrid, Londres (menos pero también) y Viena . Que soy ciudadana del mundo y no entiendo de pasaportes.
Y aun así, hay días que me duele España. Pero si alguna vez vuelvo, habrá días en que me duela Viena . Así que no tengo salvación.
Y es que un emigrante debe aprender a vivir con el corazón partido , vivir en Tierra de Nadie, aceptar que esta neurosis no tendrá fin.
Y sin embargo, es tan rico...
A diferencia de otras personas yo no emigré por falta de trabajo. De hecho tenía una academia de idiomas en Valencia que funcionaba bastante bien. Me gustaba mi trabajo, como directora y profesora de inglés y, eventualmente, español para extranjeros.
La crisis tuvo tanto que ver en mi necesidad de emigrar como la época de las vacas gordas, cuando una parte jugosa de la poblacíón española se comportaba con una arrogancia supina, una falta de educación cabreante, y un individualismo atroz. Ya en 2004 me preparaba para la huida de tanto salvajismo, pero también porque don Manfredo y yo veíamos la que se avecinaba y no queríamos que la hecatombe se nos viniera encima.
El 17 de octubre de 2009 llegábamos a Viena con una furgoneta cargada de los muebles más elementales, los libros , la ropa, la vajilla, toda nuestra vida metida en cajas y un montón de dolor. Porque en mi caso, quizá por contar entonces con 44 años, era (aunque esto nunca se puede saber), para siempre, y para él un retorno a la tierra que había abandonado a los 28 años.
Nos instalamos en casa de un amigo y buscamos piso durante un mes.
A los 44 empecé de cero por ¿quinta vez en mi vida? Un nuevo negocio en el que me pasaba el día sola y teniendo que hablar en alemán. A las 16.30 ya era noche cerrada, de modo que pasé de una vida luminosa y rodeada de alumnos, profesores , bullicio, a estar aislada, sola y en la oscuridad del crudo invierno vienés. Y el de 2009 fue el invierno más crudo que ha habido desde entonces.
A las 19 h cerraba el negocio y me encerraba en casa sola. El mariden tenía un trabajo por horas para que no se nos fuera todo el dinero, ya que el primer año en un negocio por lo general, hay muchos gastos y cero ganancias.
Al llegar a casa me ponía la televisión en alemán y , aunque vine hablando, no entendía nada ( todavía hay mucho que no entiendo y supongo que siempre será así). Intentaba relajarme pero no podía. La mente me estallaba, no hallaba solaz en nada, salvo en una cosa: Inside the Actor´s Studio, un programa en inglés, y durante aquella época estaba tan frustrada que maldije haber dejado mi profesión de actriz. De hecho llegué a pensar que todo había sido un grave error. ( Obviamente, no es así, pero cuando uno está mal ya se sabe).
Todo era ajeno a mí y tener amigos aquí antes de llegar no ayudó mucho más. Me había negado desde el principio a cometer el mismo error que cometí en Londres : juntarme solo con españoles. De modo que no busqué amistades españolas, lo cual ayuda mucho a no sentirse solo pero retarda o impide integrarse en la nueva cultura.
Han sido unos de los años más duros de mi vida, también porque el negocio tardó más en funcionar de lo que habíamos creído. Volví a fumar, poco , pero varios días por semana. (Ahora llevo 7 días sin fumar, me he propuesto que no fumo más y punto). Pero también descubrí la escritura.
Hoy día, tras 6 años aquí, el negocio funciona, tengo amistades, no tengo por qué estar en casa si no quiero. Sé que no estoy sola ( a parte del mariden), y aún así... es tan difícil. Vivir en el extranjero es taaaan difícil.
Yo amo Viena , y hay días en que me levanto y sé que estoy viviendo en el lugar correcto, disfruto su belleza y hasta su cielo de panza de burra, como decía una amiga, me resulta de lo más acojedor cuando estoy de buen humor.
Pero hay días en que me duele el alma, en que pienso que dentro de esta bola de cristal con ese cielo asnal se está muy triste, sobre todo cuando me pasan las fotos de la playa de Gandía por el Facebook y veo el lugar donde me crié y me acuerdo de su sol y de sus montañas, porque a mí la playa no me gusta.
Sin embargo, voy a Gandía y sé que no es mi lugar, que si viviera allí me ahogaría como me ahogué siempre, que por algo me fui de muy joven y me volví a ir en cuanto hube encontrado al mariden ( en una discoteca de la playa, manda hueven).
La conclusión a esta reflexión es la que me decía mi profesora de canto en Valencia , que era israelí y llevaba años viviendo allí: "Vivir en el extranjero es vivir con el corazón partido".
Pues sí, la verdad es que sí. Que el dolor que a veces siento es normal y debo aceptarlo. Que cada vez seré más extranjera en España. Que yo no soy de ningún lado y de muchas partes: de Gandía, Valencia , Madrid, Londres (menos pero también) y Viena . Que soy ciudadana del mundo y no entiendo de pasaportes.
Y aun así, hay días que me duele España. Pero si alguna vez vuelvo, habrá días en que me duela Viena . Así que no tengo salvación.
Y es que un emigrante debe aprender a vivir con el corazón partido , vivir en Tierra de Nadie, aceptar que esta neurosis no tendrá fin.
Y sin embargo, es tan rico...